El sucio secreto de mi hermanastro alfa - Capítulo 152
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152: Capítulo 152 152: Capítulo 152 POV de Anna
—Los chicos ya nos están esperando fuera —la voz de Sasha me sacó de mis pensamientos mientras se colocaba detrás de mí, retocándose el pintalabios por última vez mientras yo me miraba en el espejo.
Mi vestido de zafiro se ceñía a mi cuerpo en los lugares adecuados, y la abertura que subía por mi muslo me hacía parecer mucho más atrevida de lo que en realidad me sentía.
Llevaba el maquillaje perfecto, el pelo recogido de forma que me enmarcaba la cara y, sin embargo, por muy bien que me viera, la marca de mi cuello resaltaba como una señal de alarma.
Tragué saliva, diciéndome a mí misma que no importaba, pero en el fondo sí que importaba.
Importaba más que nada.
—Estoy lista.
Vámonos —mascullé al fin, irguiéndome.
Sasha me lanzó una rápida mirada en el espejo.
Estaba deslumbrante con su vestido rojo, del mismo corte que el mío, pero de un tono diferente, y su abertura se dejaba ver cuando se movía.
Las dos nos veíamos sexis, atractivas, como chicas que se suponía que debían mostrarse seguras esta noche.
Yo no lo estaba, pero al menos daba el pego.
Cuando salimos, el elegante coche que ya esperaba junto a la residencia de estudiantes captó mi atención.
Las puertas se abrieron y dos chicos salieron, ambos con trajes negros que se ajustaban perfectamente a sus anchas espaldas.
Parecía que acababan de salir de la portada de alguna revista de moda.
Reconocí al instante a uno de ellos.
Liam.
El mismo Liam que llevaba semanas intentando hablar conmigo, el mismo que siempre encontraba excusas para merodear a mi alrededor.
El otro chico era Caleb.
—Joder —silbó Liam mientras sus ojos recorrían mi cuerpo como si no fuera más que un premio que hubiera ganado—.
Estás preciosa.
Forcé una sonrisa, aunque cada músculo de mi cuerpo gritaba lo incómoda que me sentía por su forma de mirar.
Su mano se movió como si fuera a sujetarme, quizá para guiarme hasta el coche, pero antes de que pudiera tocarme, resonó una voz tan profunda, familiar y autoritaria.
—¡No te atrevas ni a tocarla!
Me quedé helada y me giré, y allí estaba.
Ryan.
Saliendo de su propio coche como una tormenta.
Se me cortó la respiración porque ni siquiera me había dado cuenta de que había llegado, pero ahora estaba aquí, de pie, con un traje de un tono azul más oscuro que combinaba tan perfectamente con mi vestido que parecía planeado.
Caminó directo hacia mí y, antes de que pudiera reaccionar, me atrajo hacia él.
Su agarre era firme, fuerte, posesivo, y en el momento en que intenté apartarlo, me sujetó con más fuerza.
Sus ojos fulminaron a Liam, y todo su cuerpo parecía desafiarlo a que lo intentara de nuevo.
Liam se puso rígido, y luego inclinó la cabeza con una especie de respeto que parecía casi automático.
—Príncipe Ryan —su tono estaba lleno de reconocimiento, como si supiera exactamente quién era Ryan y de lo que era capaz.
Ryan no le contestó.
Se limitó a quedarse allí, sujetándome como si fuera suya y solo suya, con la mandíbula apretada.
El aura que emanaba de él hizo que Sasha retrocediera visiblemente.
Vi cómo le fruncía el ceño, dispuesta a hablar, pero lo que fuera que quisiera decir murió en su lengua en el segundo en que sintió ese poder puro que él portaba.
No pudo articular palabra.
Ninguno de nosotros pudo.
—Ella está conmigo —dijo Ryan al fin, con voz grave pero autoritaria—.
Yo soy la cita de Anna esta noche.
Me revolví en su agarre, fulminándolo con la mirada.
—¿Y una mierda!
—espeté—.
Me has ignorado durante tres días enteros, Ryan.
¡Tres días!
¿Y ahora qué?
¿De repente decides que eres mi cita?
¿Después de salir con otra mujer?
Después de…
—me interrumpí, con la ira hirviendo tan intensamente que apenas podía articular palabra—.
¿Cómo te atreves a aparecer ahora y actuar como si todo estuviera bien?
—No voy a ir contigo —añadí con firmeza.
Mi pecho subía y bajaba, y mi voz temblaba, pero era lo suficientemente firme como para hacerse oír—.
Liam es mi cita, y no voy a dejarlo plantado porque creas que puedes aparecer y adueñarte de mi vida cuando te dé la gana.
La mandíbula de Ryan se tensó aún más, sus ojos fijos en los míos, pero antes de que pudiera replicar, la voz de Liam intervino, sorprendentemente suave.
—No pasa nada, Anna.
Encontraré otra pareja.
Puedes ir con el Príncipe Ryan.
—¿Qué?
—parpadeé, desconcertada.
Se me revolvió el estómago.
Liam no dio más explicaciones.
Solo me dedicó una última mirada, se dio la vuelta, se metió de nuevo en el coche con Caleb, y una Sasha todavía en silencio lo siguió sin decir nada más.
El coche se alejó, dejándome allí de pie con Ryan, con todo el cuerpo temblando de furia.
—Increíble —siseé, liberándome por fin de su agarre—.
¿De verdad crees que puedes llegar y apropiarte de mí de esta manera?
Vete a la mierda, Ryan.
Lo digo en serio.
Vuelve con Sophie, o con quien coño sea, porque estoy muy harta de ti.
Hartísima.
Seguía hablando, las palabras salían de mi boca, afiladas y furiosas, cuando de repente las manos de Ryan volvieron a posarse sobre mí.
Antes de que pudiera defenderme, me atrajo con fuerza contra él y estrelló sus labios contra los míos.
Mis ojos se abrieron de par en par.
Mi cuerpo se congeló.
No me gustaban las muestras de afecto en público, ni de lejos, y sin embargo, ahí estaba él, besándome tan profundamente a la vista de todos, delante de cualquiera que pudiera estar mirando.
Su boca se movía contra la mía con una especie de hambre desesperada, como si hubiera estado muriéndose de ganas por mí.
—Dios, Anna —gimió contra mis labios, con la voz quebrada por la emoción pura—.
Joder, te he echado tanto de menos.
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