El sucio secreto de mi hermanastro alfa - Capítulo 9
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9: Capítulo 9 9: Capítulo 9 POV DE LIANA
El coche estaba en un silencio sepulcral.
Lo único que podía oír era mi propia respiración entrecortada.
Killian no dijo ni una palabra.
Ni una sola vez.
Sus manos se aferraban al volante con tanta fuerza que sus nudillos se pusieron blancos, y su mandíbula… Dios… su mandíbula estaba tan apretada que parecía a punto de estallar.
Ni siquiera me di cuenta de adónde íbamos hasta que vi la carretera en la que estábamos.
Se me encogió el estómago.
Conocía ese camino.
Íbamos a casa.
Bueno… a lo que solía ser mi hogar y el de Ryan, pero que ahora, de repente, pertenecía a otra persona.
Se detuvo frente a la casa y paró de golpe.
Sin decir palabra, salió.
Yo me quedé en el coche, paralizada, con los brazos rodeándome con fuerza como si pudieran protegerme de lo que estuviera a punto de ocurrir.
Entonces lo vi caminar hacia la parte de atrás, abrir el maletero y empezar a meter nuestras cosas: mis maletas, nuestra ropa, incluso los juguetes de Ryan, sin siquiera mirarme.
El corazón se me empezó a acelerar.
—Killian… —lo llamé en voz baja.
Me ignoró.
Salté del coche y corrí hacia allí cuando vi la pequeña bolsa de Ryan.
Su juguete favorito asomaba por la cremallera.
Intenté cogerla antes de que Killian la viera.
—No, por favor, deja eso —dije deprisa, sujetándola como si fuera lo único que me mantenía en pie.
Pero me la quitó con facilidad.
Le echó un vistazo a la etiqueta con el nombre.
Ryan.
Su mandíbula se tensó.
No dijo nada.
Simplemente la arrojó al maletero y lo cerró de un portazo.
Me estremecí con el ruido.
Entonces se giró hacia mí, con los ojos oscuros y furiosos.
—¿Dónde está?
—preguntó.
Parpadeé.
—¿Dónde está quién?
Su rostro era frío e indescifrable.
—¿Dónde.
Cojones.
Está mi hijo, Liana?
Sentí como si el mundo se hubiera detenido.
No podía respirar.
—Yo… no sé a qué te refieres —dije deprisa, intentando mentir a pesar de que me temblaban las manos.
Enarcó una ceja.
Solo ese pequeño gesto se sintió como un cuchillo.
—No.
Me.
Mientas.
Pero tenía que mentir.
Tenía que proteger a Ryan.
No podía dejar que Killian se apoderara de su vida y lo estropeara todo.
—No es tuyo —dije, con la voz temblorosa—.
Me quedé embarazada después de irme.
Fue de otra persona.
Un lío de una noche que tuve.
Es… es complicado —reí nerviosamente—.
No es tu hijo.
Killian no se movió.
No habló.
Pero su silencio era peor que los gritos.
Su mandíbula volvió a tensarse.
Su voz, cuando por fin habló, era fría, tan fría que me dio un escalofrío.
—¡¿Dónde.
Has.
Tenido.
A.
Mi.
Hijo?!
Se me llenaron los ojos de lágrimas.
—Killian, por favor…
—¡¿Dónde, Liana?!
—espetó, alto y enfadado.
Di un respingo.
Me temblaron los labios.
—Está… está con la familia de su niñera —susurré—.
Solo por esta noche.
Ni siquiera parpadeó.
—Sube —ordenó.
Esta vez no protesté.
Tenía demasiado miedo.
Condujimos en silencio.
De ese silencio que parece que podría aplastarte.
Le di la dirección, apenas capaz de pronunciar las palabras.
Llegamos unos minutos después.
Killian salió primero y caminó directo a la puerta como si tuviera una única misión: recuperar a su hijo.
Yo lo seguí, con las piernas temblándome.
Sentía el pecho oprimido.
No podía tragar bien.
Llamó a la puerta.
Se abrió casi de inmediato.
El señor Clark sonrió en cuanto me vio.
—Ah, Liana.
¿Vienes por Ryan?
Ya está dormido.
Entonces sus ojos se posaron en Killian.
Se le iluminó el rostro.
—Ah, debes de ser el padre de Ryan —dijo con una sonrisa—.
Se parece mucho a ti.
Me quedé helada.
Abrí la boca para decir algo, lo que fuera, pero Killian se me adelantó.
—Sí —dijo con calma—.
He venido a recogerlo.
Quise que me tragara la tierra.
La señora Clark se acercó a la puerta, y luego Rosa.
Todas sonreían como si aquello fuera normal.
—¡Hala, vaya!
—rio la señora Clark, echándole un ojo a Killian—.
¡Nunca nos dijiste que tu hombre estaba tan bueno, Lia!
Forcé la sonrisa más falsa que pude.
—Estuvo en el ejército, ¿verdad?
—añadió—.
Rosa dijo que estaba fuera.
¿Cuándo ha vuelto?
Killian me miró de reojo, pero respondió con naturalidad.
—Hace poco.
Acabo de volver.
Se me secó la boca.
Esto no podía ser real.
Entonces el señor Clark se fue y volvió con Ryan en brazos.
Estaba profundamente dormido con su pijamita, respirando suavemente y con un aspecto tan tranquilo.
Killian dio un paso al frente y lo tomó en sus brazos como si fuera lo más natural del mundo.
Como si ese fuera su lugar.
Sentí una opresión en el pecho.
No podía apartar la mirada.
La señora Clark sonrió.
—Deberíais pasar a tomar un té.
Solo uno rápido.
Killian negó con la cabeza, educado pero firme.
—Gracias, pero tenemos un vuelo.
Tengo que llevar a mi familia a casa.
Familia.
La palabra me golpeó tan fuerte que apenas podía mantenerme en pie.
—¡Oh, claro!
—dijo la señora Clark, y luego me abrazó—.
Nunca dijiste que era tan guapo —bromeó.
Le dediqué otra sonrisa falsa y le devolví el abrazo, conteniendo a duras penas las lágrimas.
—Cuídate, cariño —dijo antes de despedirnos con la mano.
Seguí a Killian hasta el coche, bastante aturdida.
Abrochó con cuidado a Ryan en el asiento trasero como si no me hubiera gritado hacía unos minutos.
Subí a su lado.
Arrancó el coche sin decir palabra.
Lo miré fijamente.
El corazón me latía a mil por hora.
Ryan dormía plácidamente detrás de nosotros, ajeno a la tormenta que sus padres estaban a punto de afrontar.
Todo lo que había pasado siete años ocultando se había desmoronado en una sola noche.
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