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El sueño de las estrellas - Capítulo 23

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  4. Capítulo 23 - Capítulo 23: Capítulo 23: El descubrimiento de una nueva América.
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Capítulo 23: Capítulo 23: El descubrimiento de una nueva América.

Michelle va caminando por Monterrey, nada fue de común, pero ve algo desagradable para ella, ahí está Aixa en una esquina con un hombre —Lo que me faltaba. —va tras ella —¿Quién les dieron el permiso para estar aquí?

—¿Qué te pasa?

—Por favor, no intente hacer o terminaremos muy mal.

—Tienes razón Aixa, vamonos.

—Ja, tan rápido huyen, no tienen nada civilización en su sangre, en diferencia de mí que soy hija de españoles y mexicas, y nieta de mayas y romanos.

—Por favor Michelle, no le estamos haciendo nada.

—Como si no fuera que sus existencias me arruinen el día, Aixa. —aprieta el puño cuando un policía aparece

—Oye señorita, ¿Los musulmanes le hicieron algo?

—Simplemente no quiero verlos por aquí.

—Lo siento oficial, no queremos causar problemas, ya nos vamos. —dice el hombre extraño

—Está bien, deberían irse a su gueto correspondiente porque la señorita se siente incomoda por su presencia.

—Eso haremos. —comienza a irse

—No vayan a esa dirección, a 5 cuadras hay un hospital y si se acercan demasiado, no tendré de otra que arrestarlos.

—Disculpe oficial, es que nos equivocamos. —se van a la dirección contraria

—Disculpe señorita, ¿Está bien?

—No se preocupe, ya me siento mejor, y que le bendiga. —ella se va del lugar, y a dos cuadras agarra un taxi, Citlalli está en la casa leyendo un libro en el sofá con una botella de soda en la mano, la puerta se abre y entra Michelle —Al fin llegué.

—¿Por qué tan tarde? Ya casi anochece.

—Es que finalmente estrené mi tarjeta de transporte agarrando el metro y luego un taxi, y lo peor es que un par me echaron a perder mi día.

—¿Y tu carro?

—En el taller, los cuatro motores se quemaron, se acuerda que hace cinco días salí del servicio.

—Sí, ¿Y esa qué tiene que ver?

—Bueno, es que quería guardar mi Cuetlaxóchitl en el hangar de la base en Lotz, todos los remolcadores estaban ocupados y, usé mi coupé para remolcarlo y los motores echaron humo por el exceso de peso.

—Vaya, eso costará un chingo de lana.

—Lo sé, y lo peor es que dirán que soy pobre por usar el transporte público.

—Tampoco es para tanto, a veces lo uso y nadie dicen nada.

—Sí, ya que Pléyades está entre los más pobres del Pacto.

—Pues desde que llegó el Imperio las cosas están cambiando.

—¿Y qué está leyendo?

—Sobre la liberación de información sobre la extraña especie de Aztlán, al parecer tenía tecnología y su escritura está siendo descifrada.

—Interesante, pero no entiendo porqué los gobiernos del Pacto decidieron ocultarlo en primer lugar.

—Pues tampoco lo entiendo, a veces el mundo pasan cosas bien extrañas.

—Ya sé, ahora sabemos que no estamos solos en el Universo. —se sienta en el sofá justo al lado de su tía

—Por cierto, ¿Ese par que dice eran musulmanes?

—¿Cómo lo sabe?

—Ya me lo imaginaba, creo que viajar un poco puede hacer que cambies de opinión sobre ellos.

—Eso es imposible, además, ese tipo tenía una barba tan larga que seguramente está lleno de piojos, a ver si no se me pegó.

—Bueno, habrá una expedición pleyadiana a territorio desconocido.

—No lo sé, no me interesa ir a un planeta sin nada para ver.

—Pero la expedición va a un planeta llamado Ÿong ʒoŋ,

—¿Ÿong? Escuché que ahí se detectaron señales raras, como si fueran tecnofirmas.

—Lo sé, pero quién sabe que habrá allá.

—¿Pero si hay una civilización ahí y nos ataca?

—No creo que pase algo malo, tal vez habrá muchos tesoros por encontrar.

—¿Y si ese planeta está vacío?

—Podremos explorar a los otros dos planetas del sistema solar, que son Mëmpf məmp̪f y Tzanchque tsantʃˈke.

—Mmm, déjame pensarlo.

—Pues te espero mi sobrinita.

—¿Quién estará a mando de la expedición y en qué nave?

—Es una científica bien importante en Clascamburgo, se llama Ana María Vën Dÿianclong aˈna ma.riˈa vən dʒjaŋˈkloŋ , e iremos en el HPR Möncloph mœŋˈklof.

—Ya lo pensé e iré.

—¡Excelente! Prepara todo porque en un mes viajaremos a Ÿong.

—Claro que lo haré.

En Clascamburgo todo está listo para el viaje, en el estación orbital sobre la ciudad, ambas llenan varias maletas llenas hacia la nave —Oye sobrinita, ¿Y esa arma por qué lo llevas?

—Por si acaso, ya que dicen que es mejor estar preparado.

—Pero ese rifle podría causarnos problemas.

—Es el que me dieron en el servicio y tengo todos sus documentos en orden para llevarla a dónde sea.

—Y a ver si dejan entrar con eso. —llegan a la entrada de la nave donde hay un guardia —Discoup, vir cäntz enctratt vitz die pfahñell? disˈkuːp viʁ kænts eŋkˈtʁat vits diː p̪faːˈɲel (Disculpa, ¿Podemos entrar con el arma?)

—Ij ûëtzna das peperl vën die pfahñell. ix wətsˈna das peˈpeʁl vən diː p̪faːˈɲel (Quiero los papeles del arma.) —ve que Michelle entrega su credencial, su constancia de registro y su cartilla militar. —Ij ûach esh du ars vën Méxicah. Ix watʃ eʃ du ars vən me.ʃiˈkaː (Veo que eres de México.) —meten todo la escáner y salen todo perfecto —Okey, dux cäntëm enctratt vitz die pfahñell. oˈkei duks kænˈtəm vits diː p̪faːˈɲel (Está bien, pueden pasan con el arma.) —regresa los documentos y ambas entran, dentro de la nave ellas lo recorrer entre los estrechos pasillos hasta llegar a su zona y cuelgan las maletas en los amarres de las paredes

—De una vez agarra mi saco para dormir.

—Tía, ni siquiera salimos de la órbita del planeta y quiere dormir.

—Es que siempre me duermo en los viajes espaciales, esa de estar flotando por ahí no es lo mío. —se mete al saco y lo cierra —La vida no es lo mismo sin la gravedad. —bosteza —A soñar con los angelitos.

—Bueno, exploraré toda la nave. —se sale de la habitación, la nave se separa de la estación y se lanza hacia el infinito vacío, todo comienza a flotar adentro, ella recorre y recorre por todos lados hasta que choca con una mujer —Ay, disculpa, es que no la vi.

—No te preocupes, era yo la distraída, vaya, tienes un acento curioso.

—Es que soy de México, me llamo Michelle, es un gusto conocerla.

—Hola Michelle, soy Fátima Etxagarai, vengo de España.

—¿En qué parte?

—Barcelona, ¿Y tú?

—Monterrey, aunque crecí en Ciudad de México.

—Interesante, siempre pensé que todos son morenos.

—Muchos lo son, sobretodo en el sur, y aparte que es un bien grande que haya un poco de todo, conozco gente que literalmente parece chino, solo le falta que diga “Ni hao”.

—Y tú pareces que te escapaste de Rusia.

—Eh, casi, estoy registrada como de “Etnia Alemana”, aunque mi papá sea mestizo y mi mamá yamato que francamente no sé que es un yamato.

—¿Yamato? Si mal no recuerdo, es el grupo principal en Japón.

—Ah, lo único que sé de ese país es que está aislado del resto del mundo, casi nadie entra o sale de ahí.

—Tengo entendido que tu país es el único de todo el Pacto que comercia con Japón.

—Da igual, además, todo el mundo sabe que el doblaje en México es mil veces mejor que de España.

—Jajaja, quién lo dice, si el español de tu país está lleno de palabras del inglés.

—¿Y? Por lo menos es el estándar.

—Que importante si es el estándar o no, lo importante es que en España tenemos la versión más pura.

—Lo importante de un idioma no es que sea “pura” o no, sino que sirva para comunicar y punto, y hacerlos más “puros” es una perdida de tiempo, todos los idiomas siempre toman palabras de otros sin excepción.

—¿Y cómo lo sabes?

—Hablo varios idiomas, es útil para un país como el mío, hay tantos que es necesario ser por lo menos un bilingüe para vivir ahí.

—Ah, ya entiendo, me caes bien, si quieres puedes ser mi nueva amiga.

—Mmmm, me encanta la idea, pues seamos amigas.

En las sabanas de Johannesburgo un guepardo acecha entre la maleza, se acerca un antílope a pastorear tranquilamente, el guepardo ataca, y ambos corren a lo bestia cuando de la nada aparece una patrulla, el antílope logra escapar, del vehículo sale Iñaki y le pone esposas al guepardo —Vamonos pa’ la fiscalía por exceso de velocidad. —el animal hace ruidos de molesta —Mas respeto a la autoridad, la velocidad máxima aquí es de 60 kilómetros por hora y te vi que corrías 100 kilómetros por hora. —el guepardo vuelve a hacer los mismos ruidos —Me vale madres si estabas cazando, súbete a la patrulla, órale cabrón. —el guepardo finalmente se sube, y la patrulla se va del lugar —Tienes derecho a guardar silencio. —el guepardo gruñe —Todo lo que maúlles puede ser usado en tu contra. —ambos recorren la carretera cuando el celular comienza a sonar, él contesta —¿Qué pasó carnal?

—¿Dónde andas?

—Chambeando, agarré a un cabrón que iba a exceso de velocidad, nada fuera de lo normal. —el guepardo gruñe

—Andas manejando.

—Sí, no te preocupes que tengo manos libres pa’ que nadie diga nada.

—No mames, acá en la sinagoga andan discutiendo sobre la información que filtraron, hay gente que dice que la humanidad en realidad no viene de la Tierra, si no que llegó desde otro planeta.

—Sí, hace rato escuché un podcast donde dice que El Vaticano está considerando esa posibilidad.

—¿Crees que esa posibilidad sea correcta?

—No lo sé, puede que sí, ya sabes que en este mundo funciona de maneras bien extrañas, tal vez esa expedición pleyadiana encuentre algo por el camino.

—Ya veremos que pedo con eso, luego te llamo porque ya me llaman pa’ dar mi opinión.

—Chao bro.

—Bye. —cuelga la llamada

—¿Qué opinas de esta situación Señor Guepardo? —solo escucha que gruñe una vez más —Excelente pregunta mi peludo amigo.

En Estrasburgo las naciones miembros se reúnen, el ambiente se siente tenso y las miradas no paran de cruzarse una y otra vez, entonces el canciller alemán habla —No sabemos que era esa especie en particular, pero su mera existencia nos hace cuestionar nuestros verdaderos orígenes, y de algo es seguro es que lo ocultamos para analizar toda la evidencia disponible con más calma, y solo encontramos preguntas sin respuestas que no tuvimos de otra que liberarla.

—Eso ya lo sabemos, Señor Otto Herz, es claro que tuvieron una civilización espacial, su presencia en otros sistemas solares lo confirma junto con el resto de naves que hay en el vacío interestelar. —dice el emperador pleyadiano

—Lo entiendo majestad, y esos restos que usted dice son solo pequeños fragmentos.

—¿Y sobre las señales que vienen de otras zonas de la Galaxia? Si eso de la teoría del Bosque Obscuro es cierta, entonces que alguien explique que son exactamente, porque no parecen ser naturales. —el presidente Petrus dice con los brazos cruzados

—Tiene razón, debemos enviar misiones para ver que son. —el rey español grita

—No se preocupen, tengo una expedición en camino, explorará el Sistema Solar Danu, y uno de los objetivos más importantes de la misión es Ÿong, es probable que algo vive por ahí.

—Necesitamos reformarnos para unir nuestras fuerzas por si hay alguien hostil allá afuera.

—El rey mexicano tiene razón, hay que hacerlo cuando antes mejor, no sabemos que intenciones tendrán. —dice el canciller con gotas gordas recorriendo si frente.

En la nave todo va con normalidad, Michelle realiza una caminata espacial rutinaria, revisa una zona golpeada —El asteroide solo causó un pequeño rayón superficial, necesitamos remplazar la loseta por evitar más problemas.

—La loseta nueva va en camino. —se escucha en el intercomunicador del traje, llega una robot esférico llevando la pieza con un rayo tractor blanca, ella toma la pieza y logra arreglar el daño, y finalmente entra en la nave, se quita el traje —¿Quedó bien?

—Fue algo fácil, lo he hecho durante el servicio militar.

—Lo bueno que eres ingeniera, si no francamente no sé que haríamos.

—Tampoco es para tanto Ana María.

—Está bien, ve a descansar.

—Pues gracias. —se va flotando acompaña por la esfera, pasan por la habitación donde Citlalli sigue durmiendo, y la esfera se queda y ella sigue con su camino, llega a la habitación de su nueva amiga que anda leyendo algo —Hola, vengo a avisar que ya entramos en el sistema solar.

—Ya era hora, fue monótona este viaje de dos meses.

—Ya sé que estamos lejos de casa, y dime, ¿Qué está leyendo?

—El Corán.

—¿El qué?

—El Corán, es como la Biblia pero para el islam.

—¡¿Desde cuándo permitan animales en esta nave?!

—¿Ahora qué te pasa Michelle?

—¡Alejase!

—Pero…

—¡No hablo con salvajes!

—¿Qué está pasando aquí? —aparece Ana María en la escena

—Pues esa musulmana no debería estar aquí.

—No voy a soportar esa actitud.

—¿Por qué si tengo razón…? —recibe un puñetazo en la cara, luego su cabeza queda entre la pared y el pie de la capitán

—Aquí nadie discrimina a nadie, discúlpate con ella.

—Perdón, ya entendí.

—Muy bien. —le quita el pie —Que sea la última vez. —se larga de lugar

—Ya veo, por fuera pareces una linda manzana, pero una llena gusanos adentro.

—Hasta nunca Fátima. —da una mirada como de asesina y se va a toda velocidad, recorre la nave hasta toparse con su tía

—¿Qué pasó, por qué esos gritos?

—No es nada, solo una mala experiencia. —se mete en su saco

—Ay mi sobrinita, no sé porque eres así, creo el sistema te pudrió. —también se mete en su saco, en centro de mando de la nave, las imágenes de Ÿong se ven en las pantallas, es un mundo con grandes océanos, montañas, islas y continentes, es claro que tiene vida, la capitán hace zoom

—¿Qué es eso? —nota una estructura cuadrada y delgada pasa por el frente del planeta, y en el centro hay un pequeño cilindro metálico —¿Alguien sabe qué es?

—No. —sus dos compañeros dicen

—Hay líneas rectas en la superficie, forma cuadrada en algunas zonas. —dice uno de los compañeros

—¿Qué? Déjame ver. —ella checa y ahí están, se ven perfectos, dentro de los cuadrados sobresalen estructuras altas que parecen rascacielos —Parecen que son ciudades.

—¿Vamos a preguntarle a Michelle sobre qué es el objeto espacial?

—Hazlo, a ver que dice.

—Está bien, ahora vamos por ella. —ambos se van, ella es queda viendo al extraño objeto, nota que en el cilindro central hay unos símbolos nunca antes vistos, destacan por su color naranja sobre en fondo blanco, son líneas casi rectas con algunas curvas y pequeños trazos alrededor de los grandes, pasan los minutos hasta que Michelle

—¿Qué está pasando?

—Es esa cosa que no sabemos qué es, ¿Sabes qué podría ser?

—Déjame ver. —ve el objeto en la pantalla —Eso es un velero solar, es una tecnología que se dejó de usar hace más 400,000 años.

—Entonces es un objeto…

—Artificial.

—Okay, envíen un rover al planeta. —una de las compuertas se abre, de ahí sale un pequeño cohete que va directo a su objetivo, se acerca a la atmósfera y se separa la parte de los motores, y baja a toda velocidad protegido por las loseta térmicas, luego libera sus paracaídas y freno en seco bajando poco a poco, aterrizar en medio de lo parecen casas de paredes azulados con grandes ventanas rodeadas de vegetación extraña, la compuerta de la cápsula se abre y sale rover que es casi del mismo tamaño que una camioneta, sus ochos tocan el suelo y sus cámaras ven figuras humanoides a lo lejos que se acercan, en la nave al ver las figuras todos en centro de mando abren los ojos como si hubieran visto un fantasma —Si son humanos, pero… ¿Por qué hay personas aquí?

—No lo sé. —Michelle no logra quita la mirada de las pantallas, el rover está completamente rodeado por estás personas, rápidamente proyecto un holograma, muestra el alfabeto pleyadiano en orden como Aa, Ää, BB, Cc, Dd, Ee, Ëë, Ff, Gg, Hh, Ii, Jj, Kk, Ll, Mm, Nn, Ññ, Oo, Öö, Pp, Qq, Rr, Ss, Tt, Uu, Üü, Ûû Vv, Ww, Xx, Yy, Ÿÿ, Zz (Áá, Éé, Íí, Óó, Úú), junto con la bandera del país, las personas se acercan al rover, de pronto una niña toca una de las ruedas del aparato, las cámaras la ve y proyecta una imagen de una muñeca, la niña lo ve y dice —Mama, Jhonö qenëzhi yege ke’tsü? mæ.mæ dʒo.nœ qe.nə.ʒi je.ɡe keˈtsy (Mamá, ¿Qué es esa máquina?)

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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