El Trono de las Bestias - Capítulo 19
- Inicio
- Todas las novelas
- El Trono de las Bestias
- Capítulo 19 - 19 Capítulo 18 El ataque de los bandidos
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
19: Capítulo 18: El ataque de los bandidos.
19: Capítulo 18: El ataque de los bandidos.
Capítulo 18: El ataque de los bandidos.
Sir Aliss rodearía el carruaje llegando a la parte trasera del mismo, esto además de servir como una buena cobertura lo haría desparecer momentáneamente de la vista de los bandidos principales, sin embargo Sir Aliss sospechaba fuertemente que no sería el final.
“Esta es una ruta comercial protegida por múltiples guardias, es improbable que bandidos comunes pudiesen infiltrarse.” Pensó Sir Aliss con su mente acelerada debido a la situación.
El experimentado caballero no entró en pánico debido a su basta experiencia, inclusive cuando era un caballero solitario contra 10 bandidos y otras posibles amenazas ocultas, este maniobraría con velocidad, agarrando parte del chasis expuesto del carruaje este extraería parte de la estructura la cual se desplegaría revelando una función secreta en la misma.
Un extraño brillo sería perceptible, este brillo de color azulado se expandiría en forma de cúpula envolviendo un radio alrededor del propio carruaje, radio al cual también entrarían los bandidos.
Repentinamente, los bandidos asaltarían con velocidad, aparentemente ignorando el efecto ocasionado por la burbuja, dividiéndose en 2 grupos, 5 de ellos cazarían al caballero mientras que los otros 5 intentarían tomar el control del carruaje.
Sir Aliss saltaría anormalmente alto, apoyándose en la caja del carruaje este maniobraría con velocidad cayendo del lado opuesto, sorprendiendo a los bandidos que habrían rodeado el contorno del carruaje pretendiendo flanquear al caballero.
Sir Aliss con el factor sorpresa de su lado rápidamente alzaría ambos brazos, elevando su capucha y notándose la Vaina en su cintura, asomándose de la misma elevando mango de una espada larga sería notable, Sir Aliss de un movimiento veloz extraería la hoja, dibujando de menta impecable un golpe descendente sobre el hombro de un bandido a su derecha.
Un corte no tan profundo se marcaría en el bandido quien daría unos cuantos pasos hacia atrás, cambiando al agarre con un rápido movimiento Sir Aliss agarraría al reverso su hoja, con el filo apuntando hacia el, girando sutilmente este lanzaría una estocada contra el otro bandido a su izquierda, el bandido, de armadura de placas oxidada rápidamente alzaría su brazo derecho, empuñando un escudo.
Crash El sonido de la madera rompiéndose retumbaría en el ambiente mientras el bandido de armadura retrocedería por la inercia, el golpe no solo habría casi partido el escudo a la mitad sino que también habría mandado una gran onda de fuerza a través del antebrazo del bandido quien se quejaría de dolor.
— H-hijo de puta.
Antes de poder contraatacar Sir Aliss liberaría una poderosa patada frontal contra el pecho del bandido, en algún momento Sir Aliss se habría girado para observarlo completamente.
El bandido impotente solo podría girar en dirección del impacto, utilizando su experiencia en combate para mitigar el daño, sin embargo el peso de su propia armadura le jugaría el contra haciendo que cayese de espaldas contra el suelo.
Sir Aliss alzaría su espada larga cerca de su cuello, bloqueando una Saeta dirigida directamente hacia el.
Alzando su brazo libre para bloquear un gran golpe proveniente de una masa desde su espalda, obligándole a avanzar levemente.
¡Los otros 3 bandidos!
Sir Aliss no podría evadir un impacto de Saeta contra su hombro, el golpe certero liberaría un ruido en particular, sin embargo en contraste con lo que los bandidos esperarían, el ruido de la carne siendo atravesada se escucharía el chirrido del metal chocando contra el metal.
Rasgando parte de su capucha y ropa de tela sencilla, una pechera de placas delgadas se harían notar, exudando un color plata azulado el cual los bandidos observarían con cautela.
El bandido con armadura oxidada rápidamente se recompondría observando la escena, dándose cuenta de algo.
“Aquella es una armadura de aleación con Mithril” El mithril era un material bastante costoso el cual sería conocido por su propiedades mágicas, poseería una dureza superior a la de la mayoría de metales comunes además de poder dispersar la energía de los impactos con bastante facilidad convirtiendo impactos mortales en soportables y aquellos soportables en impactos ligeros.
Debido al costo de los materiales era más factible utilizar otra clase de metales para crear aleaciones capaces de mantener cierta efectividad del Mithril, sin embargo incluso con un costo aminorado por el uso de otros metales estas armaduras serían algo que muy pocos podrían permitirse por completo.
Como un antiguo soldado el bandido rápidamente reconocería la amenaza, este alzaría su voz intentando advertir a sus compañeros sobre la posible amenaza que podría representar este individuo.
— …!
El ruido no sería emitido por este individuo, casi como si algo o alguien le hubiesen robado todas las palabras hasta dejarlo con un insignificante suspiro.
“¿Un campo de silencio?” Repentinamente los sentidos del bandido le incitarían a rodar hacia un costado evadiendo una bota la cual aplastaría el suelo debajo suyo; este mismo crujiría mientras grietas se marcarían notoriamente, la fuerza del caballero no sería normal bajo ningún precepto.
Tomando distancia el bandido rápidamente se prepararía para contraatacar, tomando de su cintura una ballesta de mano cargada, este no tardaría en disparar una Saeta directamente a Sir Aliss quien apenas levantaría su pie del suelo tras haber intentando pisar donde se encontraría el bandido.
Sir Aliss no temería las consecuencias de aquello preparado para recibir el impacto incluso si este sería en alguna zona desprotegida de las placas puestas estratégicamente en su cuerpo.
Clan Un ruido metálico llamaría la atención de tanto los bandidos como el propio Sir Aliss, la puerta entre medio de ambos se habría abierto de golpe, enseñando una puerta reforzada en metal decorada por cortinas finas, el bandido de armadura oxidada podría ver si reflejo en el opaco cristal.
Sir Aliss quien, por un momento se habría mantenido estupefacto no desaprovecharía la oportunidad para contraatacar directamente a quienes se encontraban a sus espaldas, extrayendo una daga de su cintura Sir Aliss, impactaría un golpe certero con un bandido tirador, quien habría intentado recargar discretamente su ballesta pesada a no mucha distancia.
Beltrán, quien tan rápido como abría abierto la puerta interna del carruaje volvería a cerrarla de golpe, su corazón dando giros con cada ruido de combate afuera, aquello era malo, pues habría delatado su presencia y se demostró como un posible obstáculo para los bandidos, pero Beltrán creía que Sir Aliss era su mejor oportunidad para poder sobrevivir a la situación.
Fuesen cuales fuesen las intensiones de los bandidos Beltrán preferiría no saberlas, habiendo estado completamente pendiente del combate con sus sentidos agudizados debido a la adrenalina Beltrán habría predicho con una mezcla de temor y concentración el impacto de la Saeta; al no considerarse nisiquiera una parte de rápido como lo sería Sir Aliss quien parecería poder esquivar algunas saetas, Beltrán se habría arriesgado a abrir de golpe la puerta momentos antes de que el bandido lograse crear suficiente distancia.
La suerte le habría dado la oportunidad de apoyar un poco a Sir Aliss, sin embargo Beltrán creía que si en el pasado no hubiese sido tan expuesto al estrés como al temor actualmente estaría temblando nisiquiera pudiendo asegurar con cerrojo las puertas internas del carruaje.
Rápidamente cerrando con cerrojo la puerta metálica Beltrán agacharía la cabeza esperando no haber llamado demasiado la atención en lo cual Sir Aliss parecería contraatacar a los bandidos.
La mirada de Beltrán se centraría en el segundo grupo de 5 individuos, quienes en un principio habrían pretendido centrar su atención en asaltar el carruaje, pero aparentemente habrían desistido de aquella idea, manteniéndose al margen, Beltrán podría notar como los 5 individuos cambiarían de estrategia con un ojo pendiente a Sir Aliss quien lucharía precisamente con los distintos individuos cercanos al carruaje.
Beltrán dudaba que la misma estrategia funcionase nuevamente, observando a través de la ventana delantera, este podría apreciar al conductor del carruaje, un hombre experimentado de aproximadamente 40 años, el mismo quien Beltrán creía que saldría corriendo una vez comenzado el ataque, habría optado por esconderse en la pequeña cobertura proporcionada directamente por los enganches los cuales estarían sostenidos al Sifraleon quien salvajemente se movería de un lado a otro sin embargo parecería reacio a obedecer al propio conductor.
“¿Porque no huyó?” La mente de Beltrán repleta de preguntas se puso de acuerdo para que el eco de una se hiciese notar.
Sacudiendo su cabeza en búsqueda de dispersar sus pensamientos extraños, Beltrán buscaría rápidamente en los asientos interiores algo que podría funcionarle para defenderse, rápidamente encontraría un objeto dejado por Sir Aliss antes de salir, entre medio de los colchones finos, una daga que mediría poco más de la mitad del antebrazo de Beltrán se encontraría recargada.
Tomándola entre sus manos Beltrán observaría hacia la ventana nuevamente convenido claramente que la esgrima aprendida en el instituto resultaría completamente inútil en una pelea tan salvaje.
“Estupido instituto de mierda.” Beltrán maldeciría en sus adentros.
“¡Aprender cosas que te servirán en la vida mi trasero!” La molestia de Beltrán sería aminorada cuando notaría como un pequeño golpeteo de haría notar en la ventana de su carro, Beltrán observaría la parte delantera ignorando la momentánea sacudida dada debido a los choques de ataques cercanos, en la ventana el conductor en sus tempranos 40, habría extendido su brazo dando sutiles golpes a la misma a fin de llamar la atención de Beltrán.
Con su mano haría una seña de espera, lo suficientemente clara como para que Beltrán prestara atención.
Debido a su estado extremadamente nervioso de Beltrán este habría intentando agradecer en un susurro, cuando nisiquiera una simple palabra habría salido de su boca.
“¿No puedo hablar?” La mente de Beltrán se sacudiría en confusión cuando recordaría la extraña acción de Sir Aliss al activar algo en la carreta, debido a su concentración en la batalla habría ignorado momentáneamente las razones debido a que creía que se encontraba muy lejos de comprender el comportamiento de un adulto experimentado como Sir Aliss.
¡Pero el también fue un adulto!
Beltrán rápidamente se giraría a observar el combate, podría observar como algunos de los bandidos habrían emitido palabras sin embargo serían incapaces de ser escuchadas ¿acaso el fenómeno habría afectado a todos por igual?
Recordando las acciones del conductor Beltrán sospecho que este habría intentado llamar su atención mediante el habla pero al darse cuenta que sería inefectiva habría utilizado aquel método.
Con la posibilidad de tratarse de algún efecto mágico ocasionado a propósito por Sir Aliss Beltrán se haría finamente una pregunta importante.
¿Cuál fue la razón de Sir Aliss para hacerlo?
Rápidamente la mente aguda de Beltrán le daría una sutil pista, Sir Aliss pretendía arruinar la comunicación entre los bandidos, dejándolos desprovistos de advertencia.
Ya habiendo supuesto que algo iría mal con anterioridad Beltrán llegaría a la misma suposición de Sir Aliss, la situación en sí misma era rara.
¿Qué hacía bandidos en una ruta comercial segura?
Otra de las cosas fue la prudencia de estos mismos a Sir Aliss, aunque fuese una ruta comercial habitual y muchos comerciantes traerían consigo guardaespaldas, Sir Aliss no era un simple mercenario, sino un temible caballero bajo órdenes de un noble como lo sería el padre de Beltrán.
¿Cómo ellos podrían haber asumido esto?
Inclusive en el momento actual los mismos parecerían haber predicho la capacidad como especialidad de combate a corta distancia de Sir Aliss optando por ataques intercalados entre armas cuerpo a cuerpo como ballestas de mano.
.
.
.
Sir Aliss blandiría su espada larga a una mano, mientras que aprovecharía su mano libre para arrojar pequeñas dagas de vez en cuando, estas volarían por los aires cortando e impactando en distintos tiradores, la esgrima de Sir Aliss lejos de ser delicada como “honorable” de la manera tradicional sería mucho más salvaje y brutal, como la de un veterano en el arte delicada la guerra.
Habiendo medido la distancia con exactitud, no sería la primera vez que el caballero pelearía de manera tan desproporcionado, intercalando rápidamente de individuos, un bandido robusto de medias placas cargaría hacia el con una gran maza, obligando que Sir Aliss rodase indispuesto a recibir daño innecesario pudiendo esquivar.
Su respiración aunque incapaz de oírse; haría eco en el cráneo del caballero, indicándole su fatiga física como mental.
“Esta estrategia no sirve, me es imposible sorprenderles.” Estando consciente que su explosivo ataque repentino habría sido inutilizado debido a la precaución de los bandidos Sir Aliss rápidamente se adaptaría.
Retrocediendo de un salto, ante el filo de una espada corta proveniente de otro bandido, Sir Aliss se elevaría casi 3 metros en el aire, cayendo en la parte superior del carruaje, tirando su cuerpo hacia atrás este caería de espaldas al techo del carruaje sintiendo como dos saetas rozarían su rostro.
“Estos tipos coordinan bien sus ataques inclusive sin comunicación.” La mayoría de bandidos, inexpertos e imprudentes solían ser combatientes fáciles de predecir, sin ninguna forma sistemática de atacar podrían ser descartados si se les era puesta una trampa, sin embargo estos mismo no parecían ser bandidos comunes, contando sus ataques ninguno se quedaría totalmente sin municiones en sus ballestas, permitiéndose atacar menos veces pero teniendo un respaldo con el cual obligar a retroceder a Sir Aliss, inclusive si Sir Aliss utilizaba las placas de su armadura para frenar los impactos, el acercarse podría permitirles a los demás atacarle directamente rodeándolo e impidiendo su huida.
Inclusive con su gran fuerza física potenciada por sus conductos internos de Prana, Sir Aliss tenía que priorizar el salir de con vida a largo plazo del combate, recibir impactos imprudentemente confiando únicamente en su vitalidad superior.
Si empleaba mucha energía para atacar y luego huir, llegaría un punto donde los impactos finalmente podría impactar contra el.
“Tendré que utilizarlo.” Con la frente algo sudada Sir Aliss tomaría cobertura en la parte trasera de la carreta, creía que el objetivo principal de los bandidos sería preservar el estado interior del carruaje, pues ningún impacto habría sido dirigir de lleno contra el interior del carruaje, por lo cual supuso con simpleza que el objetivo sería capturar a Beltrán el hijo de su gran señor a quien habría jurado lealtad.
Indispuesto a dejar que aquello sucediese Sir Aliss formó una estrategia en breves instantes, rápidamente este arrojaría una daga directo al costado izquierdo del carruaje haciendo que momentáneamente la atención de los bandidos se dirigiese en aquella dirección, aunque sin ser estúpidos ninguno malgastaría alguna saeta ni centrarían completamente su atención en aquel flanco.
Esperando la salida por descarte del lago izquierdo del carruaje, estos observarían como la capucha de Sir Aliss flotaría leves instantes antes de caer.
“¿Desde arriba denuevo?” Se preguntaron los bandidos finalmente dirigiendo su atención a la parte superior del carruaje.
El sonido de la tierra moviéndose llamaría la atención de los bandidos quienes escucharían la fricción debajo del carruaje, habiéndose apenas impulsado Sir Aliss saldría deslizándose por debajo del mismo carruaje.
Con una de sus piernas extendidas y otra tocando el suelo Sir Aliss utilizaría su mano libre para impulsarse del suelo, girando sobre sí mismo lanzando un fuerte corte en diagonal contra el muslo de un bandido quien portaría 1 espada corta en una mano junto con un escudo en otro brazo.
Zas La sangre saldría del muslo del bandido mientras caía sobre su trasera, la sangre caliente derramándose mientras el bandido abriría los ojos con amplitud.
Sir Aliss ahora posicionado detrás suya, habría cambiado el agarre de su espada, apuntando nuevamente su filo hacia dentro y tirado con fuerza hacia atrás, atravesando la garganta del bandido quien con un grito ahogado sentiría como la sangre se acumularía en su garganta, de manera desesperada pondría sus manos alrededor de su garganta cuando Sir Aliss no perdería velocidad arrancando su afilada hoja.
El bandido caería retorciéndose en el suelo mientras observaba como Sir Aliss se alejaba, sin dar casi oportunidad a los otros 2 combatientes cuerpo a cuerpo, uno el bandido de armadura oxidada quien ahora sostendría una espada corta en una mano y una ballestas de mano en otra, el otro aquel robusto bandido con una masa de dos manos, los mismos observarían a Sir Aliss, agarrar una daga de su cintura.
La misma pasaría entre ambos combatientes bandidos, insertándose con fuerza en la cuenca de una bandida al fondo, la misma no gritaría, exhalando un aliento silencioso, mientras soltaba la ballesta pesada en sus manos, alzando las mismas para intentar alcanzar la daga clavada fuertemente en su cuenca, sin embargo su cuerpo perdería fuerzas lentamente cayendo de espaldas y balbuceando incoherencias mientras perdía el enfoque en su mirada.
Los bandidos apretarían los dientes mientras cargarían, las acciones de Sir Aliss no pasarían desapercibidas, en mitad de sus movimientos Sir Aliss habría renunciado a la oportunidad de defenderse, debido a su cercanía con los bandidos, tanto aquel de armadura oxidada como aquel robusto de igual armadura, asaltarían a Sir Aliss golpeando su mazo contra la cabeza del mismo y apuñalando la espada corta contra el cuello del mismo.
O por lo menos aquella fue la idea.
El rostro de Sir Aliss se llenaría de venas, mientras sus ojos se llenarían de sangre un breve instante, rompiendo los límites físicos permitidos por su cuerpo, Sir Aliss se movería tan rápido que una imagen residual quedaría suspendida en el aire, dándole la ilusión de los bandidos que estos habrían conectado sus ataques.
La hoja de Sir Aliss impactaría contra el cuello del bandido de armadura oxidada, decapitándolo casi al instante, su mano libre se habría cerrado en un puñetazo gusto en la manzana de la garganta del bandido robusto, aplastándola y haciéndole asfixiarse.
Moviéndose abrumadoramente rápido, Sir Aliss se posicionaría detrás del bandido robusto quien apenas podría empezar a dejar caer su cuerpo en el sentido del primer impacto de Sir Aliss, cuando una daga se clavaría entre su mandíbula y paladar emergiendo sangrientamente, los dientes de Sir Aliss se apretarían haciendo que su muñeca girase con tanta fuerza que media cabeza quedaría despegada, trayéndole agonía momentánea al robusto Bandido quien entraría en shock sin siquiera comprender que estaría muerto.
Por otro lado el bandido decapitado aprecio todo aquello, mirando con ojos húmedos a Sir Aliss masacrar en un instante a 4 de ellos, su mente perdiendo oxígeno para razonar solo pudo divagar entre pensamientos como recuerdos pasajeros.
“La ruptura de limitantes de un guerrero.” Sir Aliss sería un guerrero, un portador de una senda anormal, el guerrero, estos poseían una habilidad bastante particular conocido como “ruptura de límite” habilidad la cual les permitiría por un breve instante desligarse de los límites físicos de su cuerpo, acelerándolos en una explosión de energía, esto les permitiría atacar a una velocidad anormal inclusive para el individuo en particular.
La cabeza del bandido rodaría ligeramente un rostro marcado de horror el cual Beltrán observaría desde la ventana del carruaje, levemente manchada de sangre.
“¿Estos son los poderes de un guerrero?”
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com