El Trono de las Bestias - Capítulo 20
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20: Capítulo 19: Trío de batallas.
20: Capítulo 19: Trío de batallas.
Capítulo 19: Trío de batallas.
Sir Aliss tosió violentamente, el ruido de su garganta raspando sería mitigado por el campo de silencio alrededor de la carroza, los ojos de Sir Aliss rápidamente analizaron su cuerpo como alrededores ¿qué habría sido el causante de esto mismo?
Dudaba que alguien sería capaz de utilizar conjuros dentro del campo de silencio, entonces ¿qué habría podido ocasionar esta violenta tos casi incontrolable?
Repentinamente su aguda mente le proporcionaría una pista clave, el pequeño dolor en su antebrazo se hizo notar, rápidamente comprendiendo, habría sido envenenado en el instante que recibió aquella saeta.
Aunque era común para variedad de bandidos imbuir sus armas con veneno, Sir Aliss habría optado por confiar su anormal constitución como portador de una senda marcial centrada en el combate directo.
¿Acaso este era un veneno de alta calidad?
“Estos tipos, definitivamente estaban preparados.” Su razonamiento apenas tomó una fracción detuvo segundo mientras se recuperaba de su repentino ataque de tos cuando, la mente de Sir Aliss, le advertiría del potente peligro que parecía correr estando tan vulnerable.
Sin dudar alzó ambos brazos cubriendo su rostro, clavícula y cuello.
¡Tsssssh!
Una sensación dolorosa recorrería los antebrazos de Sir Aliss, 3 saetas se habrían clavado firmemente en sus antebrazos golpeando el músculo sin embargo no logrando penetrar a través del músculo duro que rodearía los huesos de Sir Aliss, una oleada de advertencias serían llevadas a la mente de Sir Aliss.
¿Podrían tener más veneno?
Retrocediendo Sir Aliss apenas pudo bajar su brazos; moviendo su cabeza de último momento evitando una última saeta contra su cuello, dejando un sutil rozon.
Aquellos otros 5 bandidos habrían optado por actuar finalmente, arrojando un ataque en conjunto tras que la guardia de Sir Aliss flaquease un breve instante, los ojos de Sir Aliss captarían al grupo de 5 bandidos que habrían quedado al margen del campo de batalla ahora apuntando sus ballestas contra este mismo, 2 de ellos se acercarían al carruaje con prudencia saliéndose del rango de visión de Sir Aliss.
“Mierda.” Sir Aliss maldijo su situación actual, su prioridad proteger al hijo de su amo Bedivere, correría riesgo, la anormal coordinación como recursos que estos bandidos tendrían le harían dudar a Sir Aliss si solo se tratarían de auténticos bandidos o eran alguna clase de grupo mercenario disfrazados, en su actual estado sería incapaz de darle la espalda a sus atacantes, por lo cual debía de asesinar con rapidez a los ahora 4 bandidos, de lo contrario podrían quizá asestarle un impacto crítico, si caía Beltran estaría a merced de estos, como mínimo Sir Aliss debía de asegurar que Beltrán podría huir aún a costa de su vida.
Tomando una rápida decisión, Sir Aliss decidió cuáles serían sus próximas acciones, arrancándose el cuerpo de las Saetas de sus antebrazos mientras parecería prepararse, su boca con un claro sabor metálico debido al veneno ahora en su sangre.
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Beltrán, quien habría estado al tanto del desenlace de la actual batalla tuvo un mal presentimiento, notándose la división del segundo grupo de bandidos Beltrán observaría como dos bandidos encapuchados se acercarían al carruaje, uno sería más alto que la media rondando por los 1.88 metros de altura, el otro quien Beltrán intuiría que sería una mujer tendría una altura de apenas los 1.54 metros, sin embargo para Beltrán incluso de las partes más bajas sería 1 cabeza de diferencia probablemente pesaría mucho más que el por lo cual descartó toda posibilidad de hacer frente a ambas figuras.
Entre sus cosas Beltrán solo pudo obtener una daga que medía un poco más que la mitad de su antebrazo, su filo de color gris se encontraría con los ojos anaranjados de Beltrán, quien observaría en claro conflicto su propio reflejo.
En este un joven de rostro preocupado se dibujó, su corazón no paraba de latir con fuerza.
“Definitivamente dudo que Sir Aliss pueda venir a socorrerme.” Aún si gritaba por ayuda, nadie sería capaz de escuchar sus palabras, si luchaba sería severamente lastimado, por lo cual Beltrán tuvo que pensar con rapidez.
Su mente se aclararía con una idea repentina.
Era muy probable que los bandidos no quisiesen asesinarle, fuera de cualquier razón de por medio, aparentemente ya habiendo tenido tiempo para planificar un asalto, estos optaron por tener especial cuidado con el carruaje evitando atacarlo deliberadamente, aún si sus ballestas de mano serían incapaces de penetrar las paredes de grueso metal, las ventanas nunca habrían sido asaltadas, inclusive tomándose el lujo de enfrentar frontalmente a Sir Aliss sin comprometer la seguridad del carruaje en el proceso.
Aquello sería demasiado cauteloso, ademas, el hijo de un noble como Beltrán valía mucho más vivo que muerto, intuyó que esto permitiría que el sería el cebo perfecto para negociar un fructuoso trato con Bedivere.
Aún si al final tenían pensado matarle, era preferible no oponerse directamente a aquellos bandidos que tendrían la capacidad de matarle en un momento, podrían matarle accidentalmente, mientras estuviese vivo existían altas posibilidades de poder salir con vida o ser rescatado por su padre quien aún parecía tenerle el suficiente aprecio como para poner a uno de sus caballeros como tutor de esgrima y guardián.
Beltrán rápidamente observó la daga un segundo, y la dejó caer entre los asientos, se agacho haciéndose una pequeña pelota de si mismo mientras pretendía temblar asustado, dejando que su pánico infantil fluctuase haciéndole temblar del temor auténticamente.
No tardó demasiado hasta que sus oídos captaría el sonido de las puertas siendo forzadas.
“Es curioso como sólo nuestras palabras son anuladas pero otros ruidos o vibraciones aún son perceptibles.” Pensó Beltrán buscando distraer su mente.
Con brusquedad sentiría como era jalado de la parte trasera de sus ropas, haciendo que su garganta doliese debido a que la zona alrededor de su cuello se tensaría apretándose ¡este sería sujetado!
Siendo obligado a mirar al bandido Beltrán abrió sus ojos, los cuales habría cerrado fingiendo pánico, su mirada se topó con 2 fríos ojos grises, Beltrán analizaría un rostro de aparente aspecto humano, de piel pálida, el bandido encapuchado de rostro cincelado observó a Beltrán con sumo detalle por una fracción de segundo, en este tiempo Beltrán pudo captar pequeños detalles.
El bandido tendría un grueso cuello y aparentaba poseer numerosas cicatrices, dejando en claro su robusta musculatura como experiencia en batalla, desde la distancia habría podido observar como dentro de sus capuchas parecerían vestir armaduras de cuero ligeras, en su cintura poseerían una daga, y una espada corta, junto con varias saetas agarradas a su pecho.
Estos llevaban aquellas telas rojizas alrededor de sus hombros.
Con una señal de mano, el hombre parecería indicarle algo a la mujer, la cual asintió, Beltrán sería rápidamente llevado a rastras fuera del carruaje tras comprobarse que este no llevaría nada consigo.
Beltrán apenas pudo observar como los bandidos seguirían luchando con Sir Aliss, su cuerpo presentaría ciertas magulladuras menores como leves cortes alrededor de sus brazos y piernas, 2 de los 4 bandidos tendrían heridas severas, ocasionadas por armas arrojadizas o ataques directos del experimentado caballero, los otros 2 presentaron heridas leves apenas significantes.
Beltrán intentaría buscar al conductor del carruaje con la mirada, sin embargo este se habría esfumado.
Cubriéndose con el carruaje ambos bandidos se alejaron del rango de Sir Aliss volviendo inclusive los ataques con ballestas de mano inútiles debido a la distancia, aunque Sir Aliss se habría centrado en atacarles desde el lado izquierdo del carruaje dejando el abismo a su derecha como única zona para poder actuar lejos de su rango efectivo, los astutos bandidos no dudarían en rodear todo el lado derecho para generar la suficiente distancia prudente y huir hacia las colinas.
Cuando ambos bandidos parecerían estar dispuestos a terminar de cruzar el carruaje desde uno de los flancos de la derecha, en ese mismo instante, Beltrán quien no habría hecho nada más que quedarse quieto actuando con sumisión notó como todo a su alrededor se agitó.
Su visión de los alrededores dio un revés cuando caería violentamente de espaldas contra el suelo rodando apenas un poco.
Su visión estaría de cabeza y su mente daría vueltas, su vista se centraría en las dos figuras, los bandidos que habrían pretendido secuestrarle se encontrarían en un estado similar al de Beltrán, algo los habría derribado momentáneamente.
En ese instante Beltrán observaría al conductor del carruaje, quien habría aparecido a una escasa distancia de donde antes se encontrarían los bandidos, alzando algo semejante a una de papel la cual se prendería en llamas amarillas pálidas, reduciéndose rápidamente a ceniza.
Desconcertado por lo sucedido Beltrán apenas podría girar dificultosamente mientras sentía algo de dolor recorriendo su cabeza, su mejilla frente y barbilla sangrarían sutilmente mientras observaba como los bandidos habrían recibido la peor parte.
Ambos poseerían marcas similares a las de un latigazo en su espalda, destruyendo parte de sus armaduras ligeras revelando carne roja sangrante, sus capuchas habrían salido volando revelando sus aspectos más precisos, en ambos se podría notar un par de orejas particulares pues se asemejarían a las de un animal.
“Galibranos.” Pensó Beltrán reconociendo la sub-raza humana.
Los galibranos serian una raza derivada de la cruza de un humano y un Gekko, raza la cual sería conocida vulgarmente como “hombres bestia” dando como resultado un Galibrano, sus aspectos variaban pero solían poseer una gran cantidad de rasgos humanos y algunos rasgos de Gekko, que solían ir desde orejas miradas, garras o colas de aspecto animal.
Poseían un intelecto semejante al del humano con las cualidades físicas de un hombre bestia, sin embargo serían considerados una raza “incompleta” considerándose inestables mentalmente, derivando en tendencias violentas las cuales los haría reconocidos como busca pleitos por naturaleza, no era raro que se dedicasen a la vida criminal.
“Bastante racista, pero no poco acertado.” Buffo en su mente Beltrán con ironía mientras se levantaba.
Las orejas en sus cabezas eran semejantes a la de dos animales que reconocía, siendo el tipo más grande poseedor de unas orejas que le recordarían a las de un oso, mientras que la mujer poseía orejas semejantes a las de un guepardo.
Por un momento Beltrán pensó que ambas partes habrían quedado inconscientes sin embargo demostrando la fiereza de una bestia, ambos bandidos se levantarían sin mostrar aparentes muecas de dolor, remplazada con una ira palpable.
El conductor quien habría soltado la aparente hoja reducida a cenizas, no habría simplemente esperado a que ambos bandidos Galibranos se recuperasen, sacando otra aparente hoja de papel arrugándola contra su pecho, un destello de color gricaseo apenas perceptible se manifestaría mientras la hoja volvía a quemarse en llamas amarillo pálido, el cuerpo del conductor se transformaría en gas atravesando a los Bandidos galibranos y apareciendo delante de Beltrán.
Con un movimiento veloz el conductor sostendría agarraría a Beltrán por detrás de su camisa corriendo con velocidad en dirección hacia las colinas; no le importó arrastrar de cara al suelo a Beltrán quien habría utilizado sus manos para evitar que su rostro se raspase contra este mismo.
“¿Qué mierda está pasando?” Beltrán pensaría con confusión y frustración mientras el dolor en sus manos le harían formar una mueca.
Haciendo todo lo posible por pararse Beltrán casi tropezaría, sea lo que sea que pretendiese el conductor prefería seguirlo, habría demostrado poseer una fuerza mágica capaz de incapacitar temporalmente a los dos bandidos Galibranos.
Cuando Beltrán finalmente logró ponerse de pie, no dudó en nuevamente observar el estado del campo de batalla.
Sir Aliss trastabillaría mientras casi tropezaba sobre sus propio pies, escupiendo un coágulo de sangre su piel se habría tornado pálida, su destreza como capacidades físicas anteriores parecieron decaer en picada mientras, uno de los bandidos heridos caería al suelo, aparentemente sucumbiendo a las heridas.
Sir Aliss, observado a Beltrán de reojo, aparentemente no teniendo intensiones de detener al conductor, mientras de una manera brusca volvía a cubrir sus puntos vitales dejando que las Saetas golpeasen en lugares protegidos de su cuerpo, de manera repentina Beltrán observó como Sir Aliss concentraba su respiración, una gran aspiración rompió con el ruido metálico y de pisadas mientras este exhalaba expulsando una leve bruma de color gris azulado de su boca, Beltrán observó como puntas de Saeta caerían de su piel, y este recuperaría el color, las heridas superficiales se cerrarían a un ritmo acelerado.
Sin poder apreciar demasiado debido a que tendría que dividir su atención Beltrán sintió que algo andaba mal, el conductor tiraría hacia abajo a Beltrán desde su camisa haciéndolo golpearse contra el suelo de cara a este, Beltrán sentiría como su nariz sangraría sutilmente y su labio se partiría, cuando una daga pasaría por encima de este, golpeando el hombro del conductor haciéndolo tropezar contra el suelo casi cayéndose.
Beltrán despegaría su rostro del suelo escupiendo algo de tierra con sangre mientras giraba su cuerpo, a apenas un metro de distancia la bandida galibranos femenina habría casi alcanzado al conductor su rostro demostraría una mezcla de ira con satisfacción.
“Si el conductor no le hubiera arrojado.” Pensó Beltrán con temor.
Estaba claro que la bandida galibrana habría sucumbido a sus instintos salvajes perdiendo el temple en sus acciones, la venganza al herir al conductor pareció traerle satisfacción.
Por un momento considerando acabar con Beltrán o dañarle severamente para arruinar el objeto del conductor el cual parecería aparentemente salvaguardar a Beltrán.
El conductor, rápidamente sacaría un amuleto de su ropa, una mascara de piedra con un rostro dividido en dos partes se dejaría ver; en ese instante una de las caras abriría sus ojos, demostrando una expresión severa como iracunda, un brillo amarillento de encendería en el amuleto de piedra.
Beltrán observó a la bandida Galibrana retorcerse mientras casi caería al suelo, encorvándose con rapidez y aparente dolor, Beltrán apreció como la herida en la espalda de esta misma brillaría causando un dolor horripilante a la misma.
Sin estar dispuesto a dudar un segundo más Beltrán se arrastró por el suelo, pequeños golpes de adrenalina ayudándole a ignorar el dolor con tal de salvaguardar su vida lo llevarían a recorrer unos cuantos pasos.
Tanto el conducto como la galibrana bandida parecieron recuperarse al mismo tiempo, la Galibrana ignoró a Beltrán quien apenas se habría alejado para saltar contra el conductor.
Quien apenas pudo atinar a rodar de espaldas eludiendo a medias un ataque, las manos de la Galibrana presentarían un aspecto peludo semejante a la mezcla de una mano humana junto con la pata de un animal, repentinamente esta misma crecería dejando notar garras afiladas las cuales cortarían parte del hombro del conductor.
La sangre se derramaría mientras este evitaba que el impacto llegase hasta un punto crítico.
Sin dudarlo un segundo más, el conductor extendió su mano izquierda hacia la Galibrana, su mano derecha trazaría leves movimientos en el aire propiciando un extraño efecto a su mano, la cual parecería electrificará emitiendo sutiles rayos amarillentos.
La Galibrana, retrocedería de un salto, guiada por sus instintos, repentinamente la ira momentánea desparecería permitiéndole notar como Beltrán de arrastraría hacia el carruaje de regreso, ahora bastante cerca del rango útil de Sir Aliss, para su deleite pudo apreciar como su compañero bandido quien se habría recuperado de acercaría a paso veloz donde Beltrán.
El conductor pudo notar aquello, sin embargo sería incapaz de moverse alejándose de la Galibrana sin permitirse recibir un impacto, apretando los dientes el conductor miró nerviosamente el acantilado detrás de la Galibrana, casi como si esperase a que algo sucediera, pero nada pareció surgir en el instante.
Beltrán quien habría intentado pasar desapercibido arrastrándose pudo escuchar los ruidos de pasos cercanos a él, observando al robusto Galibrano correr en su dirección, la ira aún grabada en su vista pero pareciendo renuente a encargarse de su labor primero.
La confianza que Beltrán habría adquirido debido a que pensó que los mismos no pretenderían matarle al instante se esfumó por completo, aún siendo un niño apostó todo a correr casi a gatas contra el carruaje, no sintiéndose seguro de su futuro vivo a corto plazo con los bandidos galibranos.
En ese mismo momento Beltrán recordó una frase que alguna vez habría leído.
“No puedo ser más rápido que un oso; pero puedo ser más rápido que tú.” Definitivamente perdería la carrera, concentrándose totalmente Beltrán vislumbró al Sifraleon trota-vientos sacudiéndose debido a los ruidos de impacto cercanos.
Con destreza que nisiquiera el sabría que tendría Beltrán lograría recoger una piedra del suelo; la cual tendría un tamaño menor que el de su mano, y haciendo uso de todos los conocimientos en el poco béisbol que aquel a quien pertenecían sus memorias practicó en su etapa durante la secundaria, arrojaría la roca, aunque su objetivo sería golpear el cuello del caballo, la piedra terminó impactando limpiamente en el rostro de este, alterándolo aún más, sin algún tipo de control el Sifraleon, saltaría antes de impulsarse hacia delante arrastrando el carruaje consigo, Beltrán correría hacia el peligro acercándose al Sifraleon.
“Concéntrate.” Se presionó Beltrán luchando por ir en contra de todos sus instintos.
“Si fallas serás aplastado.” “No me puedo dar el lujo de fallar ahora.” Su concentración sería totalmente dirigida a la simple acción de continuar sin cuestionar un solo segundo; el bandido galibrano abrió los ojos con sorpresa, apenas dudando un segundo antes de perseguir a Beltrán, cada paso más cerca de alcanzarlo, hasta quedar a escasos centímetros del mismo.
Cuando sus gruesos dedos estarían a puntos de agarrarle Beltrán se arrojaría el mismo hacia el suelo, el movimiento resultó tan repentino que el galibrano sintió la tela de la camisa de este mismo en sus dedos antes de solo cerrar su mano en el aire.
Beltrán sintió como toda su concentración se esfumó cuando su cuerpo sería estrellado por el mismo contra el suelo, aprovechando su falta de altura para evitar el agarre del galibrano, el sifraleon observó a Beltrán y al bandido delante suyo, únicamente pudiendo atinar a pretender frenar; pero el carruaje detrás suya le impediría relevarse por completo, solo haciéndole alzar sus patas sutilmente.
Beltrán pasaría por debajo de las piernas del sifraleon mientras el bandido sería impactado de lleno por el aún más robusto cuerpo del sifraleon quien habría adquirido una velocidad relativamente alta en una fracción de momento, la atención completa del galibrano pasó a el sifraleon, la piel alrededor del galibrano se volvió gruesa como resistente, mientras controlaba la dirección a la que sería empujado por el sifraleon, rápidamente este rodaría hacia atrás, recibiendo un fuerte impacto con su clavícula, un individuo común hubiese recibido un importante daño, sin embargo el galibrano apenas sentiría un entumecimiento mientras su piel volvía a su espada normal anterior, su defensa gruesa destrozada por el golpe.
Casi al instante el trota-vientos logró frenar; dejando el carruaje a escasa distancia del galibrano quien retrocedió salvajemente casi tropezando contra el suelo.
¡Crash!
Un lestruendo retumbó los alrededores, amortiguando el ruido de vidrio rompiéndose a los alrededores del carruaje.
El galibrano le tomó unos cuantos momentos recuperarse tras ver cómo el sifraleon se habría calmado significativamente, su entrenamiento como inteligencia le habría permitido recuperar su estado alterado sin actuar violentamente, cuando el galibrano buscó a Beltrán quien creía que habría sido aplastado por el sifraleon descubrió que no lo podría ver.
¿Acaso habría podido escapar?
No, en breves segundos sería imposible aquella labor para alguien tan joven como este, observando al suelo, pudo notar pequeñas salpicaduras de sangre que llevarían debajo de la carreta.
Beltrán quien se habría arrojado hacia el suelo con desesperación, posiblemente se habría golpeado contra este haciendo que su rostro sangrase, mientras el galibrano habría sido forzado a retroceder se arrastró debajo del carruaje escondiéndose del rango del galibrano, un plan audaz.
Aunque inaudible el galibrano chasqueó la lengua preguntándose como un joven que no debía tener más de 10 años podría causarle tanta problemáticos, acercándose a paso apresurado tras dar un vistazo a la batalla de su compañera contra el conductor optó por apresurarse agachándose de un movimiento bastante veloz para alguien común, este se pondría de cuclillas, con un movimiento rápido este observaría aquello debajo del carruaje mientras pretendería tomar algo.
Debido a su precaución sutil, este podría detener su movimiento al percatarse que debajo del carruaje no habría ningún rastro de Beltrán, únicamente cristales rotos.
Por un minuto el desconcierto del galibrano se hizo notable cuando de manera repentina, otro estruendo se escucharía.
¡Clan!
La parte posterior del galibrano sería fuertemente golpeada haciéndolo estrellar su rostro contra el rocoso suelo, mientras se sentiría algo aturdido apenas pudiendo girarse para observar la puerta metálica del carruaje abierta.
Tras de está Beltrán, de cabello rubio claro y ojos anaranjados yacía, su expresión demostraría una mezcla de miedo como ira, sus dientes apretados mientras su rostro luciría una apariencia demacrada, algunos moretones tomarían mayor tamaño mientras otros se habrían reventado dejando que este mismo quedase magullado, casi cerrando uno de estos por completo.
Beltrán quien a duras penas habría logrado pasar por debajo del sifraleon rodó violentamente por debajo por debajo del carruaje, el golpe contra el galibrano habría reventado los cristales del carruaje, Beltrán habría terminado del lado izquierdo, reaccionando con rapidez Beltrán rápidamente quitó el seguro y entró por la puerta antes de que el galibrano pudiese encontrarle debajo del carruaje.
Con poco tiempo para pensar Beltrán observó al galibrano ponerse en cuclillas, razón por la cual pateo contras sus fuerzas la metálica puerta con seguro roto, la puerta habría realizado su labor inclusive aboyándose.
Sin embargo las esperanzas de Beltrán de vendrían abajo cuando notaría la mirada molesta del galibrano sobre el, el impacto tras el cual Beltrán creyó haber puesto todo su espíritu apenas surtiera efecto fallase, no dudó en intentar darse la vuelta para huir del lado izquierdo y arriesgarse a encontrarse con los bandidos.
Pero más rápido que este mismo el grueso y robusto brazo del galibrano entraría por encima de la puerta del carruaje sin molestarse en siquiera observar dentro de este, leves cortes aparecerían en sus brazos, el cristal roto habría ocasionado aquello.
Beltrán apenas alcanzó a agarrarse de algo cuando sentiría como una gran fuerza tomaría su pierna y tiraría con el con tanta fuerza que sintió que de apretar más su pierna se rompería, un dolor recorrió su espalda cuando su cuerpo sería arrojado hacia el lado derecho del camino, junto con la dañada puerta.
La puerta amortiguó su caída sin embargo le hizo deslizarse hasta casi llegarse al borde del acantilado rocoso, Beltrán sentiría como el aire era sacado de sus pulmones mientras observaba el cielo, su mente aturdida contó perezosamente los rayos del cielo.
1 2 3 “¡Reacciona!” Se gritó a sí mismo, forzándose a empujar su cuerpo hacia arriba, Beltrán observó parte de los combates visiblemente desarrollados.
Sir Aliss acabaría con otros 2 bandidos más, recibiendo heridas que Beltrán consideró relevantes, sin embargo aquello no pareció afectar al caballero quien tendría como último objetivo al último bandido.
El conductor del carruaje observaría con cautela a la Galibrana mientras ésta lograría realizar daño a este mismo, el conductor parecería incapaz de encontrar algún tipo de fuerza para anteponerse a esta nuevamente aparentemente incapaz de realizar más “magia”.
Finalmente Beltrán observó al galibrano, quien caminaría, además del impacto que Beltrán habría ocasionado contra su cabeza, el mismo luciría capaz de continuar, con las heridas de Sir Aliss y el conductor dudaría que podrían soportar enfrentar a este robusto enemigo quien habría demostrado una fuerza muchísimo mayor a la de cualquiera de las partes presentes.
El galibrano se acercaría a paso acelerado contra Beltrán.
— ¡Agh!
— Beltrán habría intentado levantarse con tal de ganar algo de tiempo pretendió alzarse, sin embargo el dolor sería transmitido por su cuerpo.
En ese momento Beltrán se percataría que habría salido del campo de silencio pudiendo escucharse a sí mismo, cuando el galibrano pareció estar apunto de alcanzarle Beltrán escucharía un ruido en particular.
¡Tsssssh!
¡Tsssssh!
¡Tsssssh!
Tan débil como el susurro de alguien a metros de distancia escuchó el ruido de la tensión siendo liberada tras un sutil estruendo.
¡Crash!
¡Crash!
¡Crash!
Beltrán reconoció el sonido de madera chocando contra algo, fue ahí cuando se percató que la dirección del sonido provenía detrás suya, sus ojos se abrieron y renunciando a la labor de levantarse tiro su cuerpo hacia un costado.
Aquel ruido se tratarían de ballestas disparando.
Los ojos de Beltrán que mirarían el cielo se percatarían de como pequeños puntos luminosos inundaron su vista revelando saetas cayendo en gran cantidad, los agudos sentidos del galibrano le permitieron discernir con más claridad aquel ruido, haciéndolo frenar un momento, tan rápido como descubriría la fuente de este, por reflejo, el galibrano giró para intentando advertir a sus compañeros.
Sin embargo nada saldría de la boca de este.
Aún se encontraba dentro del campo de silencio, Beltrán apenas logró ponerse pecho tierra, cuando una violenta ráfaga de saetas caerían en la zona, el galibrano cubriría su cuerpo, sin embargo más de 20 saetas caerían contra este clavándose profundamente en su carne y llevándolo a caer de espaldas abruptamente.
El conductor observó con horror la escena casi como si la esperase, apunto de sacar otra hoja de papel entre sus cosas, las garras de la galibrana bandida se clavaron en su brazo impidiendo que tanto el como la galibrana pudiesen protegerse contra las saetas, el conductor intentó abrazar a la bandida con el fin de utilizarla como escudo pero el impacto de sus garras en el habrían hecho que dudase por una fracción de segundo, impidiendo aquella acción siendo impactados por varias saetas.
Sir Aliss de mayor fuerza, saltó rápidamente tras percatarse del ataque masivo, tomando el cuerpo de uno de los bandidos no dudaría rodar, poniéndose debajo de este y alzándolo para que las mismas saetas cubriesen este cuerpo, evitándole mayores daños, el bandido aún preparado para la batalla fue incapaz de reaccionar, mientras las saetas cayeron sobre ellos.
Beltrán quien estaba más cerca al borde del acantilado escuchó las saetas caer violentamente contra sus alrededores, cubriendo su cuerpo con sus brazos, este sintió las saetas caer en diferentes puntos a su alrededor; seguido de un persistente dolor en su hombro, cuando finalmente el ruido cesaría, Beltrán observó como su hombro habría sido atravesado por una saeta.
Debido a su cercanía con el borde del acantilado este habría podido escapar de la mayoría de saetas, el silencio reinó por completo del sitio, cuando Beltrán observó al sifraleon caer, inerte.
Todos parecerían encontrarse derrumbados en el suelo, sin vida.
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