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El Trono de las Bestias - Capítulo 21

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21: Capítulo 20: Asesino.

21: Capítulo 20: Asesino.

Capítulo 20: Asesino.

Sir Aliss, movería el cuerpo del bandido, notando como las saetas habrían golpeando sus extremidades, sutilmente, inclusive atravesando parte de su armadura, heridas de aquel calibre no representarían un riesgo, con sus fuerzas Sir Aliss se levantaría, pero casi tras ponerse de pie caería al suelo, su pérdida de sangre ocasionada por múltiples heridas junto con el veneno le habrían debilitado significativamente impidiéndole siquiera el poderse poner de pie.

Beltrán observaría aquello mientras su mente parecería querer nublarse, el estrés, esfuerzo, heridas como situación, le habrían hecho que su mente se plantease el caer en brazos de hipnos.

“Todo… terminó.” Pensó mientras se preparaba para cerrar los ojos.

En ese momento, la figura delante suya, se levantaría lentamente, saetas cayendo de su cuerpo, era el robusto galibrano bandido quien aparentemente habría logrado salir adelante apesar de la gran cantidad de saetas en su cuerpo.

“Tenía que siquiera pensar.” Se quejó Beltrán incapaz de realizar acciones.

Dando unos pasos hacia delante el galibrano escuchó su propia respiración mientras miraba a Beltrán sus ojos inyectados de sangre.

—¡Tu!

¡Hijo de perra!

— La molestia saldría de la voz del galibrano, mientras acortó la distancia con Beltrán tomándolo del cuello y suspendiéndolo por el acantilado.

La fuerza alrededor del agarre del cuello de Beltrán sería firme y fuerte, apesar de haberse debilitado significativamente, aún seria la suficiente como para hacer que Beltrán no pudiese contraatacar de manera exitosa o siquiera competir contra el.

—¡Por tu culpa todos murieron!

¿Qué mierda fue ese ataque final?

¡Ese maldito traidor!

—dijo con severidad, molestia y ira aquel galibrano bandido— Los nuestros se han desangrado por los suyos, de clase alta ¿para qué?

¡Ser enviados al matadero!

Sea como esclavo o bandido parece que estamos destinados a desangrarnos por ustedes ¡maldita porquería adinerada!

Alzando su otro brazo el galibrano bandido asfixiaría a Beltrán con fuerza mientras este mismo sentía como su mente poco a poco parecería querer esfumarse.

—¡A la mierda la recompensa!

Por tu culpa lo perdí todo hoy, me encargaré de hacerte perder todo también.

— Exclamó el galibrano bandido mientras fruncía el ceño preparado para asesinar a Beltrán.

La mente de Beltrán daría vueltas violentamente danzando con la inconsciencia como conciencia.

—¿Sabes algo curioso?

Aquella sensación de rememorar tu vida en situaciones de peligro es un mecanismo de tu mente buscando preservarse, entre tus memorias suelen buscar algo de utilidad para sobrellevar la adversidad, ya sea un conocimiento conveniente para la situación o simplemente un recuerdo agradable para hacerte aferrar a la vida.

Beltran se encontraba escuchando pacientemente una de sus clases sobre fundamentos de la taumaturgia delante suya un docente de mediana edad se presentó, su cabello sería castaño y sus ojos tendrían un color ámbar bastante característico, el profesor Morris.

—Los conjuros son formaciones de prana, existe una manera de dividir los conjuros dependiendo de la cantidad de prana que utilicen, su complejidad como requisitos y potencia previa, esto permite categorizar sus efectos como reacciones.

— Explicó con simpleza.

Beltrán alzaría la mano entusiasmado.

—¿Beltrán?

¿Tienes alguna duda?

Beltrán asintió con la cabeza, la emoción de un niño fascinado por el conocimiento se hizo notar en su entusiasmo al preguntar.

—¿Todas las criaturas pueden realizar conjuros?

El profesor reiría sutilmente antes de negar con la cabeza.

—En primera instancia no, naturalmente los humanos no estamos hechos para utilizar taumaturgia de manera innata, es como hablar un idioma, aunque es por ello se desarrollaron sistemas que tras aprenderlos nos permiten hacer uso de taumaturgia entrenando nuestros “conductos de prana” —dijo sonriendo—, de hecho, hoy les enseñaré un poco sobre eso, les enseñaré el principio de un conjuro de la más baja categoría y el como, con la suficiente práctica ustedes son capaces de realizarlo.

La explicación del profesor haría que los demás niños estallaran en alegría realizando unos cuánto gritos, entusiasmados.

—Primero tienen que percibir el prana dentro suya, les tomará algo de tiempo sentirlo si poseen una baja percepción de este o no poseen demasiado, sin embargo eventualmente lograrán sentirlo, una vez encontrado, intenten hacerse una imagen mental, lo más sencillo sería que intenten imaginarse un rio fluyendo, ubiquen ese río en el centro de su cabeza, y diríjanlo hacia una de sus extremidades.

— Dijo el profesor acomodando a varios estudiantes delante de algunas dianas, a su petición todos los estudiantes cerrarían sus ojos.

—Ahora requiero que piensen y digan lo siguiente en voz alta, tras lo cual alzarán su mano realizando el siguiente movimiento.

—… Saeta… —Murmuraría Beltrán su voz pronunció palabras en una lengua desconocida pero de las cuales sabría su significado, mientras el galibrano frunciría el ceño; su voz apenas audible no sería escuchada por el galibrano quien con ojos inyectados en sangre y odio solo parecerían centrarse en memorizar las últimas expresiones del noble a quien atribuía su desgracia aquel día.

Sin pretender darle un segundo más para conversar, el iracundo galibrano bandido aumentó la fuerza de su agarre alrededor del cuello de Beltrán ignorando como este alzaría su mano, dos dedos unidos, el índice y el medio, los cuales apuntaron para abajo directamente en dirección de la rodilla del galibrano.

Beltrán sintió aquella extraña sensación en su interior mucho más clara que antes, poseyendo las memorias de una vida en un mundo sin prana el detectar el prana en su cuerpo le sería extremadamente sencillo y claro.

En la mente de Beltrán la imagen de una manguera a la cual se le sería cerrada la boquilla tras poner un dedo en su salida se formaría con claridad casi tangible.

Aquel conjuro saeta en llamas habría sido el cual habría ocasionado su déficit de prana, el realizar erróneamente este mismo podría llevar a gastar peligrosamente una parte significativa del prana interior del individuo.

Su mente involuntariamente habría generado un rechazo hacia el mismo conjuro, orillando a Beltrán a no pensar más en el asunto, razón por la cual desde aquella vez Beltrán nunca intentó nuevamente realizar aquel conjuro.

Sin embargo la situación le habría orillado a aferrarse vívidamente a aquel momento en el cual lo habría aprendido y había sido capaz de realizarlo; recuerdo donde Beltrán se fascinó profundamente con la magia, incluso mucho antes que Noah arruinase su vida escolar.

Un breve instante extremadamente preciado para la mente original de Beltrán.

—…en llamas.

— Terminó de pronunciar.

Sus dedos apuntaron hacia la rodilla del galibrano, la silueta de una saeta irregular se formaría delante de Beltrán quien parecería arrojar la misma hacia delante, la saeta ardiente perforaría con precisión la rodilla del galibrano bandido en un breve instante, la potencia con la que habría salido aunque mucho menor que la de una saeta disparada por una ballesta sería suficiente como para causar un daño significativo a la naturalmente dura piel del galibrano.

El galibrano apenas pudo evitar tambalearse peligrosamente al sentir como una de sus rodillas perdía fuerza repentinamente, el dolor recorrería su mente mientras caería hacia atrás, soltando a Beltrán cerca del final.

En ese momento los ojos de Beltrán se llenarían de vida, una repentina explosión de energía le inundaría, algo semejante a una pequeño y breve instante de absoluta lucidez.

Al sentir como el aire entraría nuevamente en su cuerpo Beltrán no se molestaría en pegar una bocanada, este se aferraría del borde del abismo mientras el galibrano caería delante suya.

—¡Maldito!

— Exclamó el Galibrano intentando alcanzar a Beltrán y así arrojarle al vacío sin estar dispuesto a darle oportunidad a respirar un segundo más.

Pero en ese instante, los ojos del galibrano captarían una mirada salvaje en los ojos de Beltrán sus pupilas se dilatarían creciendo en vertical sutilmente, la mirada de un depredador.

¡Esto todavía no acababa!

El observó como Beltrán, se impulsó hacia delante renunciando a agarrarse del borde, su mano se acercó lentamente hacia el rostro del galibrano clavando firmemente una daga en la cuenca del ojo de este mismo.

“De … donde.” Pensó el Galibrano desconcertado.

Todo se oscureció a ojos del galibrano quien caería de espaldas, inerte con una firme daga clavada contra su cuenca atravesándole con firmeza.

Beltrán quien habría dejado su daga entre los asientos internos del carruaje habría jalado apropósito la misma cuando intentó aferrarse a algo antes de ser arrojado por el galibrano, la misma se habría deslizado junto con la puerta y Beltrán, cuando Beltrán se encontró al borde del colapso pudo vislumbrar su brillo agarrándola en el momento que se aferró al borde del acantilado, utilizándola para asestar un golpe mortal al galibrano en el momento crucial, renunciando a mantenerse sostenido al borde, de nada serviría si se aferraba a este si el galibrano aún seguiría con vida pretendería tirarle costará lo que costará.

En ese mismo instante Beltrán sentiría como caería de espaldas al abismo.

Su mente como cuerpo buscarían encontrar algo a lo que aferrarse, sin encontrar algún tipo de resultado.

“No puede acabar todo aquí.” Se dijo totalmente en pánico mientras se alejaba del borde cada segundo.

En ese momento un brazo severamente dañado se alzaría desde el borde agarrando el borde de la camisa de Beltrán que se habría estirado debido a sus repentinos jalones anteriores.

¡Era Sir Aliss!

El caballero habría encontrado las fuerzas para trotar a duras penas y reunir todos sus esfuerzos así arrojándose estirando su brazo para alcanzar a Beltrán antes de que este cayese al vacío.

Con suma facilidad a pesar de su cansancio Sir Aliss arrojo a Beltrán al borde de regreso, salvándolo mientras este mismo se alejaba del borde.

Beltrán miraría el cielo sintiendo como si no fuera un joven niño; posiblemente hubiese sufrido algún problema de presión debido a la ansiedad de toda la situación, su mente se encontraría completamente en blanco mientras el cansancio le apoderaría pero su cuerpo se negaría a darse el lujo para descansar.

—Toma esto.

— Diría Sir Aliss manteniendo un tono severo algo agotado.

Beltrán nuevamente se daría cuenta de la abismal diferencia en todo sentido que habría entre el y el caballero, Beltrán casi habría muerto con un solo combate contra uno de los 10 bandidos que asaltaron el carruaje, Sir Aliss habría matado a 7 de estos peleando contra por lo menos 5 de estos a la vez, recibido aparentemente una parte considerable del daño de la gran lluvia de Saetas, salvándolo de caer en mitad del proceso y todavía tenía aliento para hablar manteniendo un tono relativamente sereno.

La conjetura de Beltrán estuvo mal, quizá si el galibrano bandido y la galibrana se hubiesen unido a la batalla contra sir Aliss, el escenario no hubiese cambiado demasiado, apesar de sus heridas Sir Aliss parecía más afectado por el veneno que por el combate en general, mientras tanto Beltrán sentiría un gran mareo, en contraste con lo visto en múltiples series o películas vistas Beltrán sentía que su debilidad constitución infantil podría sucumbir ante las heridas de aquella flecha que caería sobre su hombro pudiendo pararse y entregarle a Beltrán una pequeña perla rojiza.

—Muérdela.

— Le diría a Beltrán pareciendo notar que Beltrán era incapaz de encontrar fuerzas para reventarla por si mismo.

“¿Qué es esta cosa?” Se preguntó en sus adentros sin poder contestar debido a la falta de aliento.

Beltrán no cuestionó, quizá su mente cansada le hizo incapaz de desobedecer a Sir Aliss o la autoridad del mismo término persuadiéndolo a nivel psicológico, fuese cual fuese el caso Beltrán llevó la pequeña perla a su boca y la masticó, cada vez con su mente más nublada por el dolor.

Beltrán sería envuelto por una niebla rojiza, esfumándose de su posición, casi al mismo instante Sir Aliss reventaría la perla desapareciendo, segundos después una segunda tanda de saetas caerían sobre la zona dando un segundo barrido al lugar en el cual se encontrarían anteriormente, este mismo habría quedado en un rotundo silencio.

… … … Beltrán sentiría que simplemente parpadeo, sin embargo al volver a poder ver algo tras ser envuelto observaría como se encontraría justo debajo de una pequeña torre de apenas 8 metros encima de esta una esfera rojiza se encontraría levitando sutilmente.

Noto a un grupo de guardias, todos humanos, los cuales estarían vestidos con un conjunto de armaduras mediana ligeras en su pecho el símbolo de un ave de 3 cabezas y cola de serpiente emprendiendo el vuelvo se remarcaría, mirarían con desconcierto a Beltrán bastante lastimado como posteriormente a Sir Aliss quien llegaría parado pero escupiendo algo de sangre en el proceso.

—Un antídoto.

— Pidió autoritario Sir Aliss escupiendo algo de sangre.

Sin cuestionárselo y tras observar una simbolización de Sir Aliss al enseñar una medalla de origen desconocido para Beltrán los guardias entrarían a lo que parecería un pequeño cuartel, el sitio parecería ser la base de un antiguo puente sobre la ladera montañosa del territorio, el sitio tenía pequeñas pendientes formadas por rocas mohosas con algunas banderas de distintos colores ondeando con el viento en la zona.

La choza parecería mucho más reciente presentando poco deterioro.

—Las perlas de Smoth, son pequeños artefactos mágicos.

—dijo Sir Aliss tras notar la mirada de Beltrán—.

Al romperse te llevan a las atalayas de pugna, antiguos puntos creados durante la gran guerra, estas zonas suelen estar vigiladas por guardias contratados por los líderes de los feudos cercanos o en colaboración con los gobernantes del continente.

Beltrán se mantuvo en silencio, el cansancio como mareo en su interior le harían imposible contestar sin sentir náuseas o presentir que su mente se sumía en un estado débil, nublado, carente de claridad.

Los guardias apresurados volvieron atareados, entre sus cosas estos cargarían con pequeños viales rojos carmesí los cuales abrirían, entregándole uno a Sir Aliss como otro a Beltrán.

Sin embargo antes de entregárselo directamente a ambos, Sir Aliss alzaría su mano deteniendo a estos mismos en mitad del proceso.

—El Antídoto primero.

— Diria Sir Aliss persuadiendo a los guardias completamente, pues tras aquello estos les entregarían este mismo al propio Sir Aliss.

“¿Qué está haciendo este imbecil?” Pensó Beltrán, aunque agradecido con Sir Aliss por salvarle la vida también sentía como la vida se le escapaba cada segundo que este retrasaría su posible sanacion, entrando en una silenciosa desesperación.

Sir Aliss destaparía el antídoto oliendo el mismo, por breves instantes.

Gracias a la implementación de alquimia como la existencia de la “magia” en el mundo, la existencia de antídotos se generalizó permitiendo eludir la mayoría de venenos, sin embargo ¿qué sucedía con aquellos que no podrían ser evitados con antídotos?

Pues era simple, aquellos que el antídoto genérico no podría sanar serían los venenos variantes de clase.

El término “clase” fue empleado para referirse a la calidad, categoría o potencia de variedad de cosas, materiales, artefactos como venenos e antídotos.

La mayoría de venenos pertenecían a la clase [0], aquellos poseedores de una senda extraña que proporcione defensas naturales contra estos o fuesen poseedores de una gran resistencia a nivel físico como fisiológico podrían eludir estos mismos sin tener problema alguno con los efectos adversos.

Los venenos de clase [1] o mayores requerirían de una vitalidad aún mayor o resistencia innata a estos para eludirse.

Considerando que aún envenenado Sir Aliss habría logrado mantener la mayor parte del tiempo su vitalidad, obteniendo momentos de debilidad breves lo mas sencillo sería consumir un antídoto común, aun si este no fuese capaz de suprimir por completo el efecto de veneno en su interior, lo aminoraría hasta finalmente poderlo superar por si mismo.

Tras analizarlo con brevedad Sir Aliss asentiría para si mismo bebiendo el contenido del frasco.

Casi al instante previo a beber el frasco, tomaría los otros viales los cuales aún permanecían en manos de los callados guardias, repitiendo el procedimiento Sir Aliss terminaría por entregar uno de estos viales a uno de los soldados.

—Dale de beber, dudo que pueda hacerlo por si mismo.

— Dijo Sir Aliss con simpleza mientras este bebería del otro vial.

Beltrán no tardó en beber del pequeño vial cuando se lo acercarían a su boca, el líquido carmesí se derramaría por su garganta, sin sabor y dándole la sensación que este se habría disuelto inclusive antes de bajar por su garganta.

Sus heridas aunque no desaparecieron se volvieron menos relevantes, volviendo parte de su capacidad de raciocinio como fuerzas Beltrán atinaría a sentarse con dificultad en el suelo.

Mareado y con un constante dolor de cabeza Beltrán miró a la nada unos cuantos segundos, incapaz de prestar verdadera atención a los guardias quienes preguntarían a Sir Aliss por la situación, su mente parecería querer quedarse completamente en blanco, la molestia como desesperación se vaciarían de su interior dejando una sensación bastante particular.

Así se siente matar ¿eh?

En ninguna de sus “dos vidas” almacenadas en sus recuerdos, Beltrán llegó a experimentar lo que sería asesinar.

Aunque tendría nociones sobre cacería y ciertamente habría acabado con la vida de algún animal durante las salidas de cacería con su padre cuando era aún más joven Beltrán nunca experimentó de primera mano lo que sería acabar con una vida inteligente.

Por parte de sus memorias alternativas, dicho dueño de estas nunca habría cometido un crimen semejante ni por asomo, su mayor experiencia en el tema habrían sido alguno que otro insecto asesinado o aquella vez en la que en una pelea llegó a romper la extremidad de la otra parte, sin embargo nada comparable con la actualidad.

Se sintió nervioso, ¿ahora que haría?

¿Ese galibrano poseía compañeros que pretendían vengarle?

¿Vendrían por el estos mismos?

¿A ojos de los sociedad moderna esto era un crimen?

Posteriormente Beltrán se sintió vacío, casi como si sus sentimientos simplemente no pudiesen surgir a través de él, por instantes la escena del Galibrano con aquella daga clavada en la cuenca de su ojo, la sensación cálida de su mano al filtrarse la sangre a través de esta, como su corazón agitado pareció detenerse cuando atravesó la piel de este.

La sensación de resistencia en la cuenca de su ojo, como presionó con aún más fuerza similar.

Beltrán se sintió indiferente, preocupado, angustiado y finalmente asqueado.

Este se habría transformado en lo que se denominaba asesino, Sin embargo ¿a qué temió tanto?

¿A algún castigo?

Habría sido en defensa propia, literalmente hubiese muerto sino llevado a cabo tal acción.

Dudaba que aunque el galibrano tuviese algún familiar o compañero alguien pudiera descubrir que es lo que sucedió en aquel sitio y aún si ese fuese el caso Beltrán sentía que la labor de tomar venganza no sería ni por asomo sencilla.

Entonces ¿porque tendría aquella sensación de peligro a corto plazo?

No quería morir.

No solo habría sido el asesinato, Beltrán lo percibió con velocidad, este habría luchado por su vida con desespero, casi muriendo de una reacción más lenta por parte de Sir Aliss, posiblemente sin el conductor en la ecuación Beltrán habría quedado a merced de los bandidos, e inclusive pudiendo haber sido asesinado considerando el carácter de estos mismo.

Su corazón de hundió cuando comprendió que aquella sensación de mareo no habría sido engendrada del miedo, ni de la adrenalina, posibles consecuencias o culpa.

Su mirada fija en las pequeñas rocas debajo suya, mientras una sensación de asco le recorrió, la mano con la que habría apuñalado del ojo de aquel galibrano, su mano derecha se sintió misteriosamente cálida, casi al punto de ser incómodo.

La repentina sensación de querer rascar su piel en búsqueda de quitarse aquella calidez de encima le inundó momentáneamente.

Beltrán se sintió muy sucio, como si su alma se hubiese manchado con una espesa oscuridad, los ojos anaranjados de Beltrán se cerrarían mientras respiraba lentamente siguiendo el mismo patrón que habría utilizado recién llegó al instituto Valsington tras el incidente.

“Maté a alguien.” El dueño de aquellas misteriosas memorias las cuales circulaban con la mente de Beltrán siempre creyó que el miedo a cometer crímenes o pecados siempre estarían relacionados con la culpa o el miedo a un castigo por algo superior a uno mismo.

La sociedad regulando el comportamiento de la gente le habría causado un profundo sentimiento de temor a incumplir con la ley.

Ahora el lo habría roto, sin embargo no hubo un cambio significativo, un arrepentimiento o alguna sensación como si su alma hubiera quedado marcada para la eternidad como un pecador, la acción de arrebatar una vida no causa sensación alguna en este casi como si nisiquiera lo hubiese hecho.

Aquello le causó una sensación que solo podría asemejarla a asesinar a algún personaje en un videojuego o ver una escena de asesinato en alguna película.

Beltrán dejó de sentirse un poco como el mismo.

“Quizá nunca fui el mismo Beltrán que enfermó por el déficit de Prana.” Con aquello en mente Beltrán sintió un gran cansancio, levantándose con pesadez y observando la Saeta es un clavada en su hombro, sabría que las formas de Flechas como Saetas estarían diseñadas en parte con el propósito de ser difíciles de retirar o causar algún daño adicional al extraerse incrementando las heridas, razón por la cual no sabría si lo mejor sería retirarla o dejarla en su lugar.

—Será mejor que no la toques mucho, esos viales aunque cumplieron con su sanacion tampoco fue demasiado.

—dijo la voz tranquila de Sir Aliss, tras ver las acciones de Beltrán—.

Por ahora intenta moverte lo menos posible, retirarla será algo tedioso aún más considerando tu poca vitalidad.

Beltrán asentiría con la cabeza, observando a Sir Aliss caminar a su costado, como habría sospechado Beltrán, el caballero experimentado nisiquiera habría tenido la intención de permitirle descansar tras salir de la carretera, aunque Beltrán no sabría a qué distancia estaban exactamente del carruaje era cierto que posiblemente estos no habrían escapado del peligro aún.

—Ustedes, contacten con la finca de los Leonhard, cuéntenles lo que les dije y soliciten un carruaje lo más pronto posible.

— Dijo Sir Aliss tan experimentado como de costumbre.

— También necesito saber si hay un sitio el cual pueda ocupar para sanar mis heridas más complejas junto con las de él.

Los guardias asentirían siguiendo con su entrenamiento como experiencia en este campo, sin embargo, una extrañeza estaba sembrada en sus corazones ¿alguien habría tenido la osadía de atacar a un noble junto a su guardia en media carretera comercial?

Estos sitios aunque no completamente custodiados por todas partes, representaban una poderosa fuerza militar pues múltiples feudos como miembros de la iglesia habrían invertido soldados entrenados e exploradores para vigilar gran parte de la zona, una vez se advirtiera la existencia de un ataque en la carretera una gran cantidad de estos saldría en su persecución, siendo en prácticamente todos los casos una sentencia de muerte para bandidos o cazarecompensas.

Aún con monturas como los trotavientos, la existencia de guerreros capaces, exploradores que conocerían mejor que nadie el terreno o taumaturgos con particulares habilidades tras de estos haría que las posibilidades de huir aún asumiendo fuertes riesgos fuese de igual forma muy baja.

Asintiendo y entendiendo entre líneas que tanto Sir Aliss como el Joven Beltrán necesitarían algo de protección estos serían llevados dentro de la torre, tanto Beltrán como Sir Aliss guardaron total silencio.

Sir Aliss observó a Beltrán, quien mantendría un rostro bajo, con expresión algo complicada, sus párpados levemente elevados junto con su ceño fruncido de manera adornada perceptible, sus labios apretados en una fina línea, aunque parcialmente aturdido Sir Aliss apenas pudo notar atisbos de terror en el niño de apenas 8 años de edad.

Aunque no lo expresaría debido a su profesionalidad, Sir Aliss se encontraba extrañado por las actitudes de Beltrán, no solo en aquel momento sino desde que se le fue asignado el darle entrenamiento tras las clases.

Beltrán un niño noble y aunque de carácter normalmente pacífico, entusiasta, también bastante temperamental, no lloró ni una sola vez en la que fue golpeado por Sir Aliss ni pareció centrarse en la frustración de sus combates simulados aunque estuviese clara la diferencia de la fuerza de ambas partes.

“Si no hubiese visto a este niño crecer desde la infancia, pensaría que definitivamente este no era un niño.” Aunque muchos nobles habrían generado la tendencia de causar muertes a su paso en duelos o por medios propios de manera cruel, siendo que algunos inclusive serían entrenados en el arte de la guerra destacándose en la misma, Sir Aliss habría observado a muchos jóvenes llorar tras ser golpeados o humillados en batalla, sobre todo en edades tempranas donde casi ninguno de estos sería auténticamente maduro.

“Debe de seguir en shock.” A Sir Aliss no le interesaría mucho el estado mental del joven Leonhard pues al fin y al cabo su único deber era mantenerlo con vida, no ser su consejero de vida ni mucho menos su amigo, aún con la traumática experiencia vivida, el tendría que hacer su trabajo.

“Eso es lo que un caballero debe hacer.”

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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