El Trono de las Bestias - Capítulo 23
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23: Capítulo 22: Familia.
23: Capítulo 22: Familia.
Capítulo 22: Familia.
En el interior de aquella gran extensión de habitaciones, muebles y oscuridad, en una oficina, ante el cálido abrazo de las llamas envolviendo cada rincón del sitio, un hombre de buen aspecto se encontraba mirando las llamas, su barba recortada y cabellos rubios vivaces, tan dorados que no le envidiarían su brillo a ninguna reliquia antigua.
Vestido con un traje militar blanco repleto con múltiples melladas, una banda anaranjada se destacó entre su indumentaria, cruzando desde su hombro hasta pasando por encima de su pecho como abdomen terminando al costado su cintura.
El nombre de rostro extremadamente atractivo, con rasgos cincelados como finos observó a los 3 colores de las llamas en una sutil danza aguda, el anaranjado, amarrilo y carmesí se encontraron dando como resultado la más puras de las purgas, sus flamas se extenderían formando pequeños tentáculos oscilantes que envolvieron todo artículo puesto cerca suyo, robando los rastros insignificantes de vida que aún luchaban por aferrarse a su existencia… reduciéndolo a cenizas.
— … Los ojos anaranjados del hombre proyectaron las danzantes llamas hasta finalmente desviarse hacia la puerta, la oficina con una chimenea, un escritorio, una repisa, un tapete de piel de tricario y algunas decoraciones adicionales serían envueltas entre tenue luz como sombras danzantes.
Tras breves instantes el silencio se mantuvo presente hasta que la puerta finalmente se abrió, un sirviente de mediana edad como constitución robusta observó el interior, encontrando en su mirada al sombrío hombre de aspecto atractivo.
Apesar de la oscura protección del mismo el los ojos del sirviente, el sirviente no titubeo inclinandose con la gracia que aquellos quienes habrían hecho aquella misma acción miles de veces solo podrían poseer.
— Mi señor Bedivere, su hijo el joven señor Beltrán junto con Sir Alissander su caballero han llegado en el carruaje seguro como ordenó.
— Explicó el sirviente con un tono neutro, no muy indiferente ni muy sintiente, tomándose la molestia de expresar abiertamente el nombre completo como rango de ambos individuos.
Aquel hombre llamado Bedivere, observó en silencio, su rostro oculto ante la iluminación de la habitación la cual proyectaba sombras en su rostro protegiendo sus rasgos faciales y dando un pequeño ambiente de tensión constante.
Una máscara natural del entorno tras la cual cualquier idea o pensamiento del hombre yacían ocultos tras la niebla de lo desconocido.
Finalmente tras casi un minuto de absoluto misterio, la madera crujiría junto con el papel en la chimenea, iluminando ligeramente más la iluminación proyectada por la luz para finalmente disminuir, este sonrío mientras haría un gesto con la cabeza expresando un rostro inescrutable oculto tras una fría sonrisa que pretendía transmitir su leve alegría.
— Haz que pase, quiero verlo antes de presentarlo a su hermana menor.
Beltrán camino por los pasillos de aquella gran finca, el territorio en el antiguo yermo de insidious era una parte importante del feudo de los Leonhard, como este habría supuesto con anterioridad la compra de una significativa parte de su extensión tuvo un gran impacto para los Leonhard pues aunque hasta donde Beltrán sabría era una casa bastante relevante como muchas casas nobles que no superaban los 1,000 años de antigüedad, sus territorios en conjunto seguían siendo muy inferiores en tamaño como influencia a la de las casas más antiguas como influyentes, razón por la cual su padre activamente buscaba métodos en los cuales podría invertir o adquirir territorios a lo largo de toda Recolta una mina de oro para casas emergentes como la suya.
“Que la iglesia de la cosecha se encuentre tan cerca de nosotros naturalmente crea una presión invisible que aleja a muchos iniciados.” Pensó Beltrán considerando a la temeraria iglesia.
En este mundo en el cual vivía, una de las fuerzas más significativas sería la inquisición, específicamente la Iglesia del Alba eclipsada, tras finalizarse la gran guerra, un evento tan destacado de hace 1,500 años donde la iglesia habría adquirido un poder abrumador, cazando herejes y eliminando a todo aquel quien se les opusiese abiertamente.
La cosecha siniestra fue una de las múltiples extensiones de la inquisición, parte de las más agresivas como despiadadas, en el pasado múltiples casas nobles como familias destacadas fallecieron ante su purga de herejes, dejando gran parte de los territorios anteriormente ocupados por estas casas y familias abandonados al no ser capaces de poderse reclamar como suyos, siendo puestos a la venta con precios que inclusive gente tan dinerada como los nobles o las familias no podría permitirse comprar sin hacer una significativa planificación.
Aún siendo tan joven Beltrán recordó sus limitadas conversaciones con su padre, quien ante la necesidad de atender estos mismo territorios como sus otras familias pocas veces solía aparecer, justificándose y explicando a profundidad todos aquellos datos a Beltrán quien claramente aún infantil como inexperto apenas pudo comprenderlo, viéndose obligado a asentir sin poder refutar.
“Pensar que aún sin entender todos aquellos términos terminé memorizando gran parte de la información relevante.” Beltrán admitió que ciertamente en el pasado habría fantaseado con heredar el estilo de vida de su padre como un noble relevante, viajando a lo largo de todo el continente y atendiendo asuntos políticos como aristocráticos de toda clase de formas.
Actualmente, con un panorama más amplio Beltrán admitió que aquella vida o más bien aquella condición que su padre poseía, sería una fantasía más que una posibilidad.
Como lo habría mencionado antes su padre era partidario de un tipo de pensamiento que no sería mal visto sobre aquellos quienes portarían el título de la nobleza.
Su padre apoyaba y participaba en la poligamia, teniendo múltiples esposas como distintas familias con cada una, e inclusivo siendo ese el caso, lo más probable es que también tuviera múltiples amantes a lo largo de todo el continente, quizá inclusive fuera de este.
Inclusive Beltrán que era apenas un niño, era consciente de esta realidad, pues entre los círculos nobles como sirvientes de vez en cuando se llegaban a filtrar los chismes, que aunque no eran mal vistos por otros nobles tampoco serían señalados como un comportamiento del todo adecuado para un noble como lo era su padre.
Aunque Beltrán habría leído mucho alrededor de esto en los recuerdos que ahora poseía, teniéndolos como algo relativamente común o normal entre las familias nobles como la suya, aún no podía evitar sentirse algo incómodo, aún recordaba la sonrisa tranquila que su madre le dedicaba mientras hablaba del porqué tendría múltiples hermanos que no pertenecían totalmente al fruto del amor entre el y su madre.
Creyó que como ser humano con sentimientos como egoísmo propio su madre aunque dispuesto a soportar las múltiples esposas como amantes de su padre no podría evitar verlas como rivales políticas.
“Sin embargo resultó ser todo lo opuesto.” De alguna forma su padre habría logrado convencer a las damas de apoyar esta forma de pensar e inclusive hacer que las mismas se comunicasen entre sí activamente, teniendo una relación bastante estable y no solo soportándose sino tratándose como verdaderas amigas, claro existían relaciones complejas o algo de tensión entre las interacciones de algunas partes, sin embargo nunca hubo una hostilidad abierta ni mucho menos un auténtico odio infundido por la mayor parte de los miembros.
Beltrán finalmente se detuvo, poniendo freno a sus pensamientos cada vez más extraños, definitivamente Beltrán consideró que dejar vagar libremente su mente considerando que ahora poseía una mezcla de sentido común entre este mundo y los de sus memorias sería una mala idea, además de ser algo incómodo el ser descubierto con ideas extrañas surgiendo por su cabeza sería un miedo persistente, aún sin mucha comprensión sobre la magia la idea de que alguien pudiera literalmente leer su mente como comprender su anormalidad le resultaría temible, sobre todo recordando aquel momento donde su nueva maestra, la profesora Katerina pareció ver atraves de él.
Beltrán observó la puerta que lo llevaría hacia la oficina de su padre, lugar el cual apesar de haberse criado en aquella finca habría visitado solo un par de veces, según recordaba aquel número sería menor a las 3 ocasiones.
— Pasa.
— La voz firme de su padre se escucharía.
Beltrán cruzó por la puerta empujándola y adentrándose en el interior de la iluminada habitación.
“Justo como la recordaba.” Lo primero que instintivamente vislumbró Beltrán fue la piel de tricario esparcida sobre el suelo llenando una importante parte central de la oficina, un grueso escritorio tallado en madera fina decoraba el sitio, varias hojas de papel se esparcían encima de este mientras era visible un tintero junto a una pluma estilográfica la cual parecía destacar sutiles surcos a lo largo de su longitud.
Algunas estanterías con libros decorarían los alrededores y una versión semejante a una sala en miniatura se dejaría ver, con 3 sillones, dos individuales y uno con espacio para hasta 3 individuos junto con una pequeña mesa en el centro del sitio.
Aunque lo más destacable además de la decoración la cual consistirían en diferentes armas trofeos he estatuillas sería el hombre quien hacía parado frente al escritorio, Beltrán reconocería a su padre Bedivere Leonhard, con una perfecta barba de candado, cabello rubio vivaz y largo como el rango que destacaría a casi todos los Leonhard de entre los demás miembros de familias o casa nobles sus ojos anaranjados.
Entre las casas nobles como familias más destacadas existía una condición especial llamada “Herencia dominante” esta sería una clase de combinación de genética dominante como rasgos únicos destacables, en la mayoría de casas nobles o familias primerizas era natural que sus miembros aunque poseyeran cierto parecido sus rasgos podrían variar dependiendo de la herencia genética de sus miembros, sin embargo lo que los hacía diferenciarse entre aquellas casa como familias con “herencias dominates” serían sus rasgos que infaliblemente se pasarían.
Algunas familias como casas poseerían 1 o hasta 3 “herencias dominantes” usualmente siendo más comunes un mayor número de estos al tratarse de familias antiguas, siendo un estatus más superficial que verdaderamente relevante entre las altas esferas sociales y aristocráticas.
Los Leonhard aunque no tan antiguos como otras casas nobles aún habrían conservado una “herencia dominante”, bueno… supuestamente.
En un principio se creyó que los Leonhard poseerían 2 herencias dominantes sin embargo el nacimiento de Beltrán habría descartado una en particular.
La primera herencia dominante de los Leonhard y la que siempre se presentó entre los miembros de la casa noble serían sus ojos anaranjados, la segunda que se creyó poseer fue el atractivo innato… Sin embargo con Beltrán con un rostro que a lo mucho podría considerarse mayor a la media común, este rasgo se habría descartado.
Bedivere sería una viva imagen de un Beltrán a futuro, solo que de rasgos levemente más atractivos o por lo menos aquello habría sido lo que si madre habría mencionado en reiteradas ocasiones, sin embargo la duda aún permanecería dentro de Beltrán, quien por mucho que mirase a su padre de frente dudaba en encontrar un parecido significativo.
Bedivere con ojos anaranjados innegablemente idénticos a los que también poseería Beltrán sonrió sutilmente, una sonrisa paternal antes de mencionar.
— Te ves de la mierda, hijo.
Su voz hizo eco en el sitio, mientras Beltrán pondría sus ojos en blanco, acostumbrado a la actitud bastante particular como directa de su propio padre.
Beltrán, con una mejilla hinchada, un ojo morado, un diente algo flojo, su labio partido y un rostro hinchado salpicado entre suciedad he sangre, observo a su padre, quien mantendría un rostro sereno como libre de toda malicia, este divertidamente, observaba a su hijo, no pudiendo evitar reír cada cierto tiempo al observarle.
— Así que, en esencia aquello pasó.
— Dijo Bedivere con un tono levemente menos infantil al utilizado con usualidad.
Este mismo consultó de primera mano a Beltrán sobre lo sucedido durante el asalto, Beltrán prefirió no reservarse mucho con la única excepción de su participación en profundidad en el combate, cuando pensaba en aquel momento donde apuñalo el ojo del galibrano tras tenderle una trampa en desesperación no pudo evitar sentir una incomodidad creciente en el pecho que parecía arrebatarle el aire sumiéndolo en una oscura como profunda indiferencia que prefería no indagar, no ahora.
Bedivere, habiendo escuchado el reporte con anterioridad por parte de los soldados quienes asaltaron el carruaje y enterándose por sus sirvientes sobre las declaración de Sir Aliss preferirio no presionar más a Beltrán; sin embargo apenas pudo evitar contener su alegría como preocupación.
Por un lado su hijo finalmente habría dado el paso que formaba a los hombres más fuertes, el asesinar a una edad en la que muchos niños solo soñaban con portar una espada y jugar a ser héroes, por otro lado ese era el problema, Beltrán era un niño de 9 años… bueno casi 9, que habría experimentado un roce bastante cercano a la muerte, aun con uno de sus caballeros presentes, el peligro fue bastante relevante, de haber muerto Beltrán sus recursos como esfuerzos por prepararlo para el futuro se hubiesen desperdiciado.
— Me alegro que te encuentres bien.
— Es lo único que pudo atinar a decir Bedivere sin expresar especial importancia a que su hijo habría estado en una situación tan cercana a la muerte.
Beltrán no totalmente ajeno a la auténtica indiferencia de su padre solo pudo atinar a mantener silencio, durante los 2 años en los que se vio obligado a recluirse de la casa donde se crió y vivió una constante presión encima suya en el instituto llegó a pensar he imaginarse como sería su reencuentro con su padre, el Beltrán “anterior” habría pensado en un reencuentro glorioso con su padre quien expresaría su aprobación como una cálida bienvenida.
Sin embargo todo lo que obtuvo en realidad fue una falsa “alegría” seguido de indiferencia.
Su camino el cual pensó que se encontraría bañado de gloria y esfuerzo, solo yacía sepultado entre sangre como sudor derramado por el.
“Vaya mierda.” Pensó Beltrán tras prolongarse el silencio.
Aún cuando se habría hecho a la idea que su padre verdaderamente no tendría un aprecio por el y su seguridad, Beltrán no pudo evitar sentir una gran decepción hacia su figura paterna.
— Tengo una duda padre.
— Diría Beltrán, su voz sonando más fría que antes.
Bedivere quien parecería imperturbable por el incómodo silencio formado entre ambos observó a Beltrán, Bedivere se habría recargado en el escritorio a sus espaldas extendiendo sus brazos largos hacia la parte superior del mismo utilizándolo como punto de apoyo.
Bedivere inclino su cabeza en duda mientras emitía un leve gruñido a manera de indicar a Beltrán que continuase.
— ¿Porque enviaste a Sir Alissander conmigo?
— Preguntó Beltrán con un tono algo despectivo en su voz.
La gran duda finalmente sería confrontada por Beltrán quien sintió como su corazón se enfriaba cada vez más que interactuaba con su padre, sentando delante del escritorio Beltrán recargó sus codos en sus rodillas cerrando sus puños y recargando su mentón en estos mirando fijamente los ojos anaranjados inescrutables de su padre.
Bedivere mantuvo su mirada en los ojos de Beltrán, casi como si intentara sopesar las verdaderas intensiones de su hijo tras aquellas palabras, sin embargo finalmente mantuvo su sonrisa tranquila mientras contestaba.
— Solo por si acaso.
Las pupilas de Beltrán se contrajeron sutilmente mientras captaba el significado que su padre no habría expresado abiertamente.
“Por si algo llegara a suceder.
Lo que significa que sabrías que algo sucedería.” Murmuró en sus adentros Beltrán sin decir una palabra como respuesta.
Su padre definitivamente comprendía algo que el no lo haría al respecto, inclusive parecería conocer mucho más que su experimentado caballero de aguda intuición pudo percibir tras analizar los hechos, sin embargo aquello no sobresalto a Beltrán, este habría esperado que su padre fuese un personaje intrigante, con muchos más secretos de los cuales quizá Beltrán podría suponer siquiera por asomo.
Esto basados en la experiencia personal del dueño de sus memorias.
La gente siempre era mucho más compleja de lo que uno creía en primera instancia, cosa que también el Beltran actual habría descubierto tras empezar a prestar atención a sus compañeros como aquello que le rodeaba.
— ¿Qué opinas del conductor del carruaje?
— Preguntó repentinamente Bedivere.
Beltrán se mantuvo silencioso durante unos breves momentos antes de decir.
— Era un sujeto extraño, tenía muchos objetos consigo y logró detener momentáneamente a uno de los bandidos.
Beltrán decidió expresarse sin resguardarse ningún tipo de opinión personal, la pregunta de su padre habría confirmado algo que Beltrán habría asumido en primera instancia.
El conductor de ese carruaje era un portador de alguna senda especial o mínimamente poseía objetos mágicos potentes consigo.
Durante el asalto de los bandidos Beltrán creyó que todos estos albergarían una fuerza o capacidad de combate semejante, sin embargo tras haberlo reflexionado con mayor profundidad estaría claro que aquellos dos galibranos bandidos a los que tanto el como el conductor del carruaje se habrían enfrentado poseían una fuerza mucho mayor que los bandidos comunes.
Los galibranos eran una raza superior a la humana respecto a cualidades físicas brutas, sin embargo aún con ello las cualidades físicas de ambos galibranos parecieron superar con creces lo habitual, haciendo sospechar a Beltrán que quizá ambos también resultarían ser portadores de sendas marciales enfocadas en el combate directo.
— Ya veo.
— Contestó Bedivere con su habitual tono tranquilizador.
— En todo caso creo que fue suficiente por hoy, ¿acaso no estás emocionado por ver a tu linda hermanita?
Beltrán no pudo evitar torcer la comisura de sus labios en claro disgusto, no por el hecho de que se encontraba reacio a observar a su hermana, la auténtica razón sería debido a que un infantil pensamiento habría pasado por la mente del niño.
“Me están remplazando.” Aunque su llegada al instituto Valsington habría pasado hacía prácticamente 2 años, Beltrán no pudo evitar pensar que todo aquello habría sido en parte de las maquinaciones de su padre, posiblemente queriendo preparar el terreno para la llegada de otro hijo o hija, indirectamente señalando a Beltrán como un fallo en su planificación.
Como nobles el nacimiento oficial de otro hijo no bastardo era algo que tenía que meditarse con bastante cuidado, existieron numerosos casos en cuales debido al nacimiento sin mediación de varios herederos estos habrían resultado en verdaderos baños de sangre noble.
Su padre, quien no parecía importarle demasiado realmente habría demostrado actitudes bastante prudentes al tomar como esposas a otras nobles en vez de haber engendrado tantos hijos con una sola.
Las batallas por la herencia serían prácticamente innecesarias al poseer propias casas nobles por parte de la herencia materna las cuales atender.
Sin mucho que decir al respecto Beltrán asintió, el aparentemente ignorante Bedivere habría hecho caso o miso a la reacción de su hijo y procedió a guiarlo con tranquilidad.
En una extensa habitación, repleta de lujosos adornos dorados plateados y con una rústica decoración la cual hizo que Beltrán recordara alguna que otra serie española o europea que llegó a ver en el pasado sobre la época victoriana.
Postrada en una extensa cama pegada a la pared de la habitación, una hermosa mujer, de cabellos rubios pálidos como ojos verdes esmeralda se encontraba, de cuerpo esbelto como delicado, su aspecto parecía frágil sin embargo rebosante de energía, su tez clara se destacó haciéndola parecer una fina muñeca de porcelana con un encanto delicado como elegante.
Sus cabellos rubios cayeron libremente por la extensa cama, repleta de cojines con aspecto bastante cómodo, en sus brazos ésta acunaba la figura de lo que Beltrán supuso sería un bebé.
Suspirando con pesadez y sintiendo como su corazón latía con fuerza espero en silencio, su madre finalmente posó sus llamativos ojos sobre Beltrán.
Las heridas como suciedad que Beltrán cargaría consigo habrían sido atendidas por algunos sirvientes, los cuales le incitaron a beber una poción de sanacion la cual aunque no alivió su estado por completo fue suficiente como para hacerlo ver decente y presentable.
Su madre de nombre Muriel, hizo una seña a Beltrán, los ojos de la misma se volverían sutilmente cristalinos ante la vista de su hijo, iluminándose con la poca luz que lograba filtrarse en la habitación.
“Posiblemente aún debe seguir débil.” Pensó Beltrán conociendo la naturaleza físicamente débil de su madre.
Avanzó a paso lento con cada pisada poniéndole cada vez más ansioso, involuntariamente no pudo evitar que pensamientos oscuros se esparciesen por su cabeza.
“¿Nisiquiera me saludas?
¡Han pasado casi 2 malditos años desde la última vez que nos vimos!” “¿Tan poco te importó como para solo dejarme verte en el nacimiento de mi hermana?” “Ahora entiendo porque nisiquiera pudiste enviarme una sola carta, estabas muy ocupada haciendo otro hijo.” “¿Acaso te preguntaste alguna vez cómo me encontraba yo?” Aún cuando Beltrán se habría mentalizado que tanto su padre como su madre prácticamente lo habrían desechado una vez optaron por enviarlo al instituto, sin cartas de su parte, invitaciones a la finca o justificación del porque esto, Beltrán no pudo evitar sentirse profundamente lastimado tras verse nuevamente con ambos individuos.
Aún consciente de eso no habría podido no preocuparse por ellos ¿y si les habría pasado algo?
¿Su madre no tuvo problemas durante el parto?
¿Su padre se habría casado nuevamente?
¿Ambos se encontraban en buenos términos?
“Supongo que no puedo deshacerme de mis propios sentimientos con tanta facilidad.” Beltrán se forzó a no atender sus propios sentimientos que tantos problemas le habrían causado, observando con pesadez la delicada figura envuelta en una fina tela aún siendo acunada por su madre.
Simplemente tenia que conocerla, luego todo terminaría ¿verdad?
Sus padres volverían a dejarlo a su suerte en aquel horrible instituto.
Beltrán quien sintió como su cuerpo parecía pesar lo mismo que él plomo miró con intranquilidad e impaciencia al bebé presentado.
La bebé tendría un pequeño rostro regordete, de piel fina y pálida como la de su madre, aunque un fino color rojizo persistiría en su delicada tez, el rostro de la bebé tan tranquilo carente de cualquier tipo de preocupación digna de un infante recién nacido, su pecho subiría y bajaría con lentitud mientras emitía algunos sutiles ruidos de respiración los cuales Beltrán captó completamente.
— Te presento a tu hermana, lady Liria Leonhard.
— Dijo su madre con una voz llena de calidez maternal.
Aquello despertaría memorias en Beltrán quien miró con profundo cansancio a la bebé, tan pura e inocente que apenas parecía percatarse que el magullado Beltrán taparía una de las pequeñas fuentes de luz en la habitación.
En ese momento la bebé abrió sus ojos aparentemente sintiendo el cambio de luz en los alrededor, un par de ojos anaranjados completamente limpios y pulcros miraron a Beltrán con un brillo notorio inclusive ante la oscuridad rodeándola, ya fuese por coincidencia o por reflejo al ver una silueta delante suya la bebé extendió su diminuto brazo hacia Beltrán casi como si intentasen tomarlo con su pequeña palma.
Un sentimiento inundó el pecho de Beltrán quien miró incierto a la bebé, sus pupilas se contrajeron ante la visión de la bebé intentando tocarle.
Era la cosa más pura que habría visto en esta y otra vida.
Con un movimiento involuntario, Beltrán extendió su mano con uñas quebradizas y con bastantes cayos en la misma debido al arduo entrenamiento, algo de sangre como suciedad que no habría podido quitarse persistía entre los espacios de su piel.
La bebé alcanzó a tocarlo y se aferró a sus dos dedos mientras emitía ruidos aparentemente alegres.
Por un momento Beltrán ignoró la soledad que habría estado sintiendo y como una fuerte corriente de viento ahuyentando las nubes, su mente se despejó, olvidó aquellas memorias dentro suya, olvidó todo el sufrimiento y finalmente olvidó el resentimiento.
Por solo un breve como escaso instante.
— Bienvenida al mundo Liria.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com