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El Trono de las Bestias - Capítulo 24

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24: Capitulo 23: Desvelando Secretos 24: Capitulo 23: Desvelando Secretos apítulo 23: Desvelando secretos.

Tras conocer a su hermana y ser profundamente conmovido por la misma, cada pensamientos oscuro que habría pasado por la mente de Beltrán como resentimiento resguardado en su corazón terminó disipándose, sintiéndose algo tonto por sus pensamientos tan infantiles, Beltrán finalmente se habría despedido, pretendiendo irse a dormir tras todo lo vivido de camino a la finca, el día siguiente mismo día tras el cual.

Necesitaba tiempo para pensar.

Recostándose en la cama de su antigua habitación la cual aún seguía tal cual como la habría dejado una vez fue enviado al instituto Beltrán cerraría sus ojos con pesadez, una gran ola de cansancio envolviendo su cuerpo.

Por un momento Beltrán pensó que no podría conciliar el sueño o tendría terroríficas pesadillas referentes a aquel galibrano que habría matado, que algún aliado del galibrano lo habría seguido hasta allí para cobrar venganza.

Pero ninguna de esas cosas sucedió, habiendo subestimado su auténtico cansancio Beltrán durmió profundamente, mucho mejor de lo que lo habría hecho desde su recuperación del déficit de prana.

En aquel sueño, Beltrán simplemente se encontraba caminando por las vacías calles como edificios de aquel extraño mundo vinculado a sus “memorias alternativas” casi como un día común y corriente en la vida de este individuo del cual Beltran habría obtenido recuerdos, el único cambio particular sobre esto fue que la ciudad por la que vagaba se encontraba completamente vacía carente de persona o seres vivos.

Horas más tardes.

Beltrán camino por los jardines de la finca de su familia, su mente repleta de varios pensamientos cruzando uno tras de otro, la nostalgia inundó su corazón conforme cruzó aquel sitio.

Aún era temprano por la mañana, lo suficiente como para que Beltrán no tuviese que preocuparse por sirvientes persiguiéndolo para llevarlo a desayunar con sus padres, como Beltrán intuyo que sucedería.

Beltrán vistió ropa limpia y algo ligera, una camisa de lino blanca cubriría su torso mientras que unos pantalones y botas sencillas adornaron todo aquello desde su cintura para abajo.

Estirándose Beltrán pudo sentir un ligero cansancio físico, sin embargo ya sea a consecuencia del consumo de múltiples pociones o gracias a su descanso este se percibió en un estado bastante decente, su recuperación haría palidecer a la de cualquier atleta común del otro mundo.

“Quizá sea consecuencia de la existencia de prana.” Beltrán sabría que el prana como sus propiedades tendrían que ver bastante con la salud del individuo, con la explicación dada por su profesora durante la última clase de fundamentos de la taumaturgia, el prana podría condicionar la salud de alguien ante un mal uso; aquello sin decirlo directamente también sugirió que al igual que podrían limitarlo de manera negativa también podría agudizarlo para bien, semejante a estrechar una manguera para que el agua saliese a presión a través de su salida estrechada.

Beltrán quien en su “batalla” contra aquel galibrano bandido habría empleado un “conjuro simple” tuvo la oportunidad de experimentar con una mayor precisión que antes el prana dentro suya; estimulando sus conductos y posiblemente alterando su cuerpo ligeramente.

Tras su combate y durante todo el día que habría pasado en la finca de los Leonhard este se encontró revisando su estado físico a profundidad en búsqueda de cualquier anomalía o de algún indicio de déficit de prana.

Aunque no pudo percatarse de ningún indicio del déficit nuevamente trayendo consigo una fiebre o malestar a su cuerpo, tuvo éxito captando una anomalía dentro suyo, con los conocimientos y recuerdos de sus memorias alternas Beltrán pudo sentir algo distinto a su yo habitual.

Era muy leve y casi imperceptible pero se encontraba ahí, no fue una sensación desconocida por completo sin embargo también fue tan única que le fue imposible no sentirla.

Pudo percibir como algo circulaba dentro suya, por momentos era frío como espeso semejante a un líquido, en otras ocasiones era suave parecido a una pequeña brisa caliente que cruzaba por variedad de puntos alrededor de su cuerpo sin hacerlo verdaderamente.

Aquello era el prana dentro de Beltrán.

Bajo lo que habría aprendido en fundamentos de la taumaturgia, todos los seres vivos eran capaces de almacenar ciertas cantidades de prana en su interior, el cual podría emplearse para hacer uso de múltiples cualidades que solo los “taumaturgos despertados” podrían realizar.

Un taumaturgo despertado era aquel quien portaba una “senda”, algo que se asemejaba a las clases que algunos videojuegos bastante populares tendrían como mecánicas de juego.

El conocimiento habitual sería que todo aquel individuo capaz de realizar “magia” era considerado un taumaturgo, sin embargo aquella explicación era vaga y propensa a malinterpretaciones entre gente sin acceso a información precisa.

Según la explicación de Katerina todos los seres vivos eran taumaturgos, pudiendo absorber prana mediante el ambiente que les rodeaba, sin embargo aquellos capaces de “utilizarlo” de manera particular eran quienes poseían una “senda”, las sendas solían obtenerse una vez un individuo alcanzaba cierto rango de edad.

Realizar “magia” o más bien poder emplear “conjuros” era una cualidad que cualquier individuo podría realizar mientras se le fuese instruido desde una edad temprana adecuando sus conductos de prana o naciendo con la capacidad innata de realizarlo, algo que algunas razas poseían desde su nacimiento.

Los humanos, imitarían la “disposición” de estos conductos mientras se desarrollaban a edades jóvenes, lo que permitiría que pudiese aprender conjuros básicos y simples incluso antes de obtener una “senda”.

El único conjuro que conocería Beltrán sería aquel que le permitía invocar una saeta o algo semejante a un proyectil en llamas, disparándolo a una velocidad mucho menor a la de alguna saeta disparada desde una ballesta, pero permitiendo causar un daño perforante que quemaría de igual forma a quien lo recibiese.

Según comprendió Beltrán, los conjuros utilizarían un sistema llamado “hechizo” el cual a palabras burdas se trataría del medio para realizar un conjuro.

Cosas como decir ciertas palabras en una lengua antigua o realizar ciertos movimientos con sus manos, algo no totalmente ajeno a las memorias alternas que este poseía.

Nuevamente, Beltrán pudo notar la clara ventaja que poseía un miembro de las altas esferas ante aquellos pertenecientes a las bajas o medias, la capacidad de aprender conjuros a edades tan tempranas les darían la cualidad de comprender un principio tan complejo como lo sería el utilizar “magia”.

Claro, cualquier individuo podría memorizar ciertas palabras o gestos de manos correspondientes a los de un conjuro, sin embargo no se trataba de solo imitar a alguien más, el sentimiento de controlar el prana desde el interior era algo que requeriría mucha práctica para emplearse efectivamente o mínimamente lograr un resultado leve, incluso hasta la fecha, Beltrán creía que la mayoría de sus compañeros no serían capaces de realizar aquel conjuro que se les fue enseñado a la mitad de su potencia auténtica, en cambio Beltrán, habría podido utilizar su capacidad casi por completo, sin embargo el resultado estaría lejos de ser algo verdaderamente, su buen empleo de este se debió variedad de circunstancias, con la distancia y el hecho de que su objeto se encontraba severamente lastimado casi al borde de las puertas de la muerte.

“Esta es una ventaja bastante poderosa.” Pensó Beltrán finalmente sintiendo que sus memorias alternas podrían traer consigo “poder real” influyendo en su crecimiento de manera inmediata.

Claro, la madurez mental como conocimientos y mente astuta adquiridos por las memorias alternas resultaron extremadamente útiles, sobre todo durante la competencia.

De no poder pensar críticamente cuáles serían los objetivos de aquellas pruebas o conocer el medio para hacerlas de la mejor manera posible, habría fracasado estrepitosamente en todas, también el breve conocimiento sobre técnicas de lucha como el mataleon le fueron de gran utilidad.

Sin embargo todo aquel conocimiento era circunstancial y en su mayoría no podría emplearse en el mundo actual; con tecnología tan retrasada.

Pero la sensación de un cuerpo el cual no poseería aparentemente prana dentro suyo le permitió dominar extremadamente rápido el principio básico sobre los conjuros, sentir el prana y sus conductos para manipularlo.

“Quizá si los recuerdos pertenecieran al de algún deportista profesional podría sacarle mas provecho.” Pensó con cierta diversión pero también algo de autodesprecio.

Por un lado Beltrán creía fervientemente que una parte importante de él habría muerto una vez sufrió aquel déficit de prana, sino el Beltrán original por completo, la sensación de sentirse nostálgico como ajeno a las cosas que le rodeaban seria por lo menos algo desalentadora, ya nunca creía poder actuar como un niño de 8 años “común” en este mundo, muchas verdades se le fueron expuestas a la fuerza, verdades que preferiría no saber pues a fin de cuentas la ignorancia traería consigo felicidad como bastante paz.

Por otro lado de no recibir aquellas memorias alternas Beltrán creía que su vida se habría torcido para un mal mucho peor al actual, o inclusive hubiese muerto en consecuencia de la propia fiebre que traía consigo.

“Esto me recuerdo a aquel dilema… el barco de teseo, aunque creo que es algo más impreciso a aquello.

Si a una persona lo forman sus recuerdos y experiencias a lo largo de la vida.

Alguien con los recuerdos como experiencias de dos vidas ¿en qué se transformaba?” Beltrán negó con la cabeza, incapaz de encontrar una respuesta a su propia pregunta, su yo actual era considerablemente muy inexperto como para poder tratar aquel problema sin perder parte de su cordura en el proceso.

Pero ciertamente conforme más pasaba el tiempo aquella muralla que lo separaba de la persona a la que le pertenecían sus memorias alternas se iría debilitando casi como si poco a poco asimilaba y equilibraba ambas partes.

Al inicio se sintió más como aquel individuo; cauteloso y experimentado alejándose de la persona que llegó a ser Beltrán en un inicio.

Fue hasta que este sentiría auténtica impotencia debido a la humillación de Noah, la invitación de sus padres y su roce con la muerte que sintió como volvería a acercarse a quien fue Beltrán anterior al déficit de prana.

Sin poder negar su naturaleza Beltrán no pudo evitar reír levemente en silencio.

— Soy alguien imprudente, de carácter fuerte, que roza inestablemente entre quien fui y quien seré.

— Dijo en voz baja.

Todo aquello haría que le doliese la cabeza, sin embargo habría poco que hacer, por ahora Beltrán creyó que lo mejor sería tratarse a sí mismo como un nuevo individuo, aceptando ambas partes de sí mismo en búsqueda de encontrar algo de paz.

“En las novelas y webtoons hacen que todo esto se vea más fácil.

Por lo menos sigo siendo del mismo género.” Pensó divertido ante la idea de que a alguien de otro género le hubiese tocado lidiar con su situación actual.

En comparación con la propiedad de su familia en Realta donde Beltrán habría estado viviendo los últimos casi 2 años, la finca sería colosal, aunque aquello que Beltrán más llegó a admirar e inevitablemente comparar fueron sus jardines, la finca de los Leonhard poseía un encantador jardín conformado por variedad de secciones distintas entre sí, cada una exponiendo un tipo de arte en particular posiblemente siendo meticulosamente cuidado por jardineros expertos.

Las flores variadas transmitieron una sensación cálida al corazón de Beltrán, sus colores vividos como repletos de vida hicieron un contraste con el usual gris que reinaba en los cielos tanto de noche como de día, casi como si uno buscase pintar con colores alegres aquel sitio tan oscuro.

— … Beltrán sonrió en silencio, su cabeza fue vaciada de pensamientos más complejos mientras aprovechaba una de las bancas cercanas a él para sentarse y admirar en soledad aquella gran obra de arte llamada vida.

Tras vagar casualmente por los jardines durante un rato Beltrán contó los rayos seguidos en el cielo, sus truenos aunque presentes serían sutiles y fácilmente ignorables por cualquiera.

Contar los rayos era un método seguro para poder tener un estimado de la hora actual del día al carecer de astros tras los cuales triangular una hora dependiendo de su posición.

En comparación con el día conformado por 24 horas establecido en su otro mundo, el actual día poseería hasta un máximo de 25 horas habiendo un total de 24 rayos como máximo seguidos en el cielo visible, tras lo cual una larga pausa muerta de aproximadamente 1 hora empezaría, para ser perturbada por el nuevo inicio del patrón de rayos en el cielo.

Contando 6 rayos en los cielos Beltrán se dispuso a volver a su hogar, aunque la mayoría de sirvientes solían despertarse a una hora aún más temprana de la habitual, Beltrán se las habría logrado para escabullirse, posiblemente si un sirviente llegaba a encontrarlo vagando por el jardín a aquellas horas este sería devuelto a su habitación tras ser regañado.

Entre las casas nobles y miembros de las altas esferas cosas como los horarios y fechas en punto solían ser un estricto lujo que solo aquellos, encima de la jerarquía común podría permitirse.

La existencia de relojes de mano o la configuración de maquinarias analógicas para registrar la cantidad de tiempo resultaron cosas que solo los más adinerados podría permitirse, mientras que la mayoría de plebeyos serían incapaces de realizar aquello debido a sus limitados recursos, viéndose forzados a llegar a la hora exacta para evitar malentendidos.

Existía inclusive un dicho el cual decía algo como: “El tiempo de una persona es algo importante sin embargo el tiempo de alguien noble y honrado es algo sumamente preciado razón por la cual se cuenta hasta el último segundo.” Con aquellos pensamientos entreteniendo su mente Beltrán no fue muy consciente mientras se pegaba a una de las paredes exteriores, bastante cercana a la sala principal desde la cual pretendería llegar a su cuarto, cambiarse y actuar como si hubiera estado durmiendo como era de costumbre.

Preferiría ahorrarse una reprimenda de los usuales sirvientes que parecerían más estrictos que simpáticos.

“Ah… apenas a pasado un día y ya extraño a Eliette.” Beltran no pudo evitar recordar la usual calidez con la que su sirvienta solía tratarle.

Sus pasos apenas hicieron eco en los alrededores, la sutil alfombra y su poco peso jugaron a favor de volverlo silencioso, como en muchas ocasiones durante el pasado.

Tras eludir a los sirvientes y cruzar por uno de los pasillos conectados a la sala principal, Beltrán escuchó un ruido que llamó su atención, frenando en seco, Beltrán sintió como si algo pudiese ser percibido desde la distancia.

Diferente a los ruidos de pisadas que apenas pudo escuchar a lo largo de la gran finca aquello parecería una voz suave y sutil, concentrándose más, las pupilas de Beltrán de contrajeron finalmente pudieron escuchar débilmente casi como un susurro una voz masculina que lejos de ser grave sonaría extremadamente encantadora como despreocupada.

Era su padre, Bedivere.

“¿Porque puedo escucharle desde aquí?” Beltrán observó el largo pasillo, hizo un cálculo aproximado considerando que la fuente del ruido provendría desde su oficina principal que se encontraba hasta a casi 14 habitaciones de distancia, la cual serían por lo menos 24 paredes gruesas y una distancia para nada corta, ¿que se suponía que estaba pasando?

Aún desconcertado Beltrán escuchó más de la conversación de su padre con otra persona quien aún no podría identificar.

— … pronto… masca… Folta… — Los susurros fueron dispersos para Beltrán.

Observando a sus alrededores Beltrán no pudo en ser dirigido por su curiosidad, caminando cerca de la fuente del ruido que por alguna razón podría escuchar con casi ningún interferencia.

Siguiendo la lógica conforme Beltrán se acercó la voz de su padre se volvería más estable como audible.

Cruzando por otro pasillo Beltrán se pegó a una pared intentando que inclusive si un sirviente pasara de soslayo fuese incapaz de verlo en primera instancia.

Los sirvientes, por orden de Bedivere evitarían acercarse a la zona donde el mismo tendría su oficina, únicamente siendo permisible su acceso al maestro de llaves quien tendría la confianza suficiente como para permitirse el limpiar el lugar.

Aún con aquello cuando Bedivere tendría invitados y buscaba conversaciones más privadas estaba estrictamente prohibido que alguien husmeara o escuchase en secreto, además de ser severamente sancionado por Bedivere el escuchar algo que no debería podría suponer un peligro para cualquiera.

“Dicen que la curiosidad mató al gato… Sin embargo hace poco casi me mata algo peor que un gato, así que supongo que no importará.” Callando sus pensamientos Beltrán se concentró en escuchar todo aquello que le rodeaba, guiándose por un instinto más que un conocimiento fijo, Beltrán intentó centrarse únicamente en la voz de su padre y aunque ciertamente fue incapaz de filtrar todo el ruido solo escuchando lo que padre diría, la quietud en la finca fue suficiente como para que pudiera captar casi todo lo que este diría.

— ¿Crees que todo esto tenga algo que ver con los Gibraltar?

— Preguntó Bedivere tan casual como siempre.

Una pequeña pausa se mantuvo durante casi 20 segundos antes de que la otra persona con la que Bedivere estuviese hablando finalmente se expresase.

— Definitivamente alguien de adentro tuvo que sobornar a los guardias para que hiciesen la vista gorda… La voz del otro individuo sería rápidamente reconocida por Beltrán, ¡Se trataba de Sir Aliss!

— ¿Crees que existan espías dentro de mis aposentos?

— Preguntó nuevamente Bedivere a Sir Aliss.

Alissander no dudó en contestar.

— Definitivamente, en todas partes existen potenciales traidores aún si en primera instancia no lo fueron todos poseen un precio, una vez esté se paga esperar la traición es lo mínimo que se puede hacer.

Entonces Bedivere se rio sutilmente, de manera aparente este mantuvo su tono tranquilo como despreocupado.

— ¿Tú me traicionarías Alissander?

Beltrán no pudo evitar tragar en seco, cuando escucho aquello, su padre aunque mantuvo aquella voz aparentemente despreocupada sus palabras no fueron ni más ni menos que una tajante muy directa hacia la obediencia de Sir Aliss.

— ¿Crees que alguien más podría pagar mi precio?

La voz de Sir Aliss sonaría extraña, la usual apatía que le inundaba de habría transformado en una profunda ¿tristeza?

Que se suponía que aquello significaba.

Aunque no pudo verlo Beltrán juraría que Bedivere habría asentido divertido y conmovido por las palabras de Sir Aliss.

— Finalmente los Gibraltar se decidieron en apostarlo todo.

No pueden afrontar la derrota hasta que sea absoluta y aplastante de todas las formas posibles.

Bedivere se escuchó entretenido, mientras Beltrán quien escucharía en silencio sintió como su corazón se agitó salvajemente.

¿Realmente su padre fue consciente sobre la abierta hostilidad de Noah contra el?

No, ciertamente era una verdad a la que Beltrán se habría forzado a creer, sin embargo el auténtico impacto fue escuchar que la posibilidad que ellos estuviesen detrás del ataque de los bandidos era auténtica, más aún, inclusive entre los subordinados de su padre existían espías que servirían en secreto a los Gibraltar.

Beltrán se mantuvo en silencio esperando a que la conversación continuara, aferrándose a su principio de corroborar antes de actuar no pudo darse el lujo de precipitarse.

Imaginándose la escena desarrollándose en la oficina de su padre, sin saberlo Beltrán se vio absorto por la conversación ignorando parte de sus alrededores pero aún sin bajar lo suficiente la guardia como para que un sirviente lo notara.

— Toda esta situación resulta bastante conveniente.

— Bedivere mencionó algo pensativo.

— Creí que habrían logrado dar un golpe bajo cuando escuché que Beltrán sufrió un déficit de prana, ciertamente si hubiera muerto el haberme quedado de brazos cruzados hubiese sido imposible.

Bedivere deslizó su mano por su gran escritorio tocando una ficha, el ruido metálico resonó con delicadeza por el lugar.

Sir Aliss quien se mantuvo en silencio observó a Bedivere el cual habría girado su cabeza, observando un recuadro en su oficina, en el mismo se encontraría enmarcada una reliquia familiar bastante importante, el emblema de su casa, específicamente la primera bandera creada cuando la casa habría sido reconocida ante la aristocracia, cosa que dictaba de hacía ya bastantes siglos atrás en el tiempo.

Sir Aliss se quedó sin palabras mientras su boca se mantuvo sutilmente abierta, con cautela y su rostro algo oscurecido este pregunto.

— ¿A que se refiere con un golpe bajo?

— Aquello hubiese sido difícil de eludir o ignorar, quizá de haberse logrado hace un año o dos en el pasado la situación hubiera sido crítica para mí.

— continuó exponiendo Bedivere.

— Sin embargo Beltrán actuó de manera bastante madura, mantuvo su cordura durante un año entero mientras todos en ese instituto le veían como presa.

Sabía que alguien como mi hijo sería lo suficientemente capaz para soportarlo, mi sangre es bastante obstinada ¿sabes?

Si ese no fuese el caso quizá me lo hubiese pensado antes de enviarlo allí.

Bedivere dedico una radiante sonrisa a Sir Alissander, el estoico caballero quedó estupefacto al escuchar la explicación de su señor.

— Señor Bedivere.

— Sir Aliss llamó a Bedivere haciendo que este le mirase de reojo.

— Acaso me está diciendo que la razón por la que Beltrán entró en ese instituto fue… Bedivere asintió, un escalofrío se extendió por la columna de Sir Aliss quien sintió que por primera vez habría visto al hombre delante suya.

No, definitivamente no era ese el caso.

Sir Aliss conoció la auténtica razón por la cual juró lealtad absoluta hacia el individuo delante suya, un ser vivo que rozaba con lo extraordinario o quizá lo encarnaba.

El individuo que tendría delante suya no solo habría salvado la vida de aquello más preciado para el sino que también habría condenado su existencia al miserable estado en el que actualmente se encontraba.

Bedivere quien mantendría aquella radiante sonrisa en su rostro y ojos tan puros como los de un recién nacido expresó con voz tranquila.

— Beltrán fue mi cebo perfecto para los Gibraltar, sin su presencia en el instituto nunca habría podido vislumbrar sus auténticas intenciones tras su derrota.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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