El Trono de las Bestias - Capítulo 26
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26: Capítulo 25: Una pregunta importante.
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Capítulo 25: Una pregunta importante.
Beltrán rápidamente accedió a su habitación, su corazón latiendo con tanta fuerza que temió que su padre o Sir Aliss hubieran podido escucharlo cuando espío su conversación, los sentidos del mismo instintivamente se habrían agudizado.
Para el, no fue ningún problema el esquivar a los sirvientes pues, desde que habría sido un niño solía jugar en aquella finca a esconderse de otros, conocía perfectamente el sitio, el cual no pareció cambiar absolutamente nada.
Como una pintura preservada, eterna.
Sin embargo Beltrán sí habría cambiado, mucho.
Ya fuese para bien o para mal; este reconoció el hecho de que no podría decirse que aún era el mismo chico que habría pisado aquella finca en el pasado.
Antes Beltrán hubiese estado bien con seguir el camino trazado por su familia para el, un camino repleto de adversidades pero de haber un fin aún mayor, este se habría mantenido dispuesto a soportar cualquier castigo con tal de que tanto su padre como su madre consiguiesen sus objetivos.
El Beltrán que habría vivido en aquel lugar antes no tendría reparo en ser una simple herramienta.
No porque estuviese consciente de lo que aquello podría significar sino porque la devoción de Beltrán hacia sus padres habría sido absoluta, al igual que muchos jóvenes nobles actuaría sin cuestionar y buscaría traer gloria hacia quienes creía necesitaban aprobarlo para hacerlo merecedor de su confianza como cariño e amor.
Claro, de aquel ser el Beltrán anterior.
Aquel Beltran, obediente, resilente y solitario que dejó la finca debido al capricho de su padre.
Ignorante de la verdadera naturaleza de sus intenciones.
Aquel Beltrán que habría muerto una vez las memorias alternas inundaron su mente.
Ahora solo quedaba el resultado de todas aquellas anormalidades.
El Beltrán actual, formado a raíz de las experiencias, personalidad, sentimientos y ambiciones del anterior en conjunto con las experiencias, recuerdos, carácter como actitudes de aquel a quien pertenecerían sus otros recuerdos.
— ¡Maldita sea!
— Beltrán maldijo en voz baja, mientras caería al suelo tras cerrar la puerta de su cuarto silenciosamente, sus pantalones a medio bajar y su camisa de lino medio desabotonada alrededor de su torso.
De una manera algo estúpida, entre el nerviosismo y el temor de haber sido descubierto Beltrán rápidamente entró a su habitación, preparado para remplazar su ropa con una pijama aparentando haber recientemente despertado como lo era usual.
Su ansia y la razón por la cual se habría empezado a quitar la ropa ni bien llegado a su habitación fue consecuencia de haber escuchado los débiles pasos de un sirviente acercándose.
Aún desconocía el porqué fue capaz de escucharlos aún con la distancia significativa que este todavía tendría del sirviente, aunque aquello resultó anormal el temor del joven por ser descubierto superó su curiosidad llevándolo a la situación actual.
Liberándose de su pantalón de un tirón y este rápidamente arrojó la prenda de ropa directo a un cesto en la zona, sitio en el cual solía dejarse la ropa “sucia” o que debería de liberarse de arrugas como pliegues indeseables.
Con sus manos temblando debido a la adrenalina Beltrán luchó contra los botones de su camisa, finalmente logrando el deshacerlos para proceder a arrojar de igual forma su camisa al cesto.
Escuchando los pasos llegando a su puerta, Beltrán se relajó notoriamente, aún con el ruido de haberse caído dudaba que el sirviente fuese lo suficientemente osado como para abrir la puerta de su cuarto a la fuerza sin antes preguntar, aún con aquello, si este era encontrado en ropa interior podría justificarse con variedad de argumentos, siendo el calor una variable fiable.
Justo como habría predicho Beltrán escuchó como su puerta era golpeada por uno de sus sirvientes.
— Joven señor, su padre lo solicita para desayunar en conjunto con su madre e su hermana menor.
Beltrán suspiró, aliviado de no escuchar un comentario adicional y confirmando que la situación no parecería querer volverse más tensa.
En el gran comedor ubicado en el primer piso de la finca 4 individuos se sentaron.
Bedivere, Muriel, Beltrán y Liria.
Beltrán no pudo evitar repasar un poco en el aspecto de su madre y hermana pequeña, Liria era bebé bastante adorable inclusive ante su creencia sobre que los bebés recién nacidos no eran lo más agradable visualmente hablando, la misma yacía cuidada por su madre, en vez de silla la misma estaba restringida a una pequeña cuna donde yacía plácidamente dormida.
Beltrán supuso con simpleza que la aparente indiferencia de sus padres a la posibilidad de que su pequeña hermana se enfermase fue justificada con la cualidad de sanacion de pociones o la posible ayuda que la iglesia podría brindar.
Según Beltrán conocía los clérigos de las mismas podrían emplear “magia” capaz de sanar múltiples heridas, enfermedades y padencias de manera mucho más eficiente que una poción.
— Entonces… — La voz de Muriel hizo que Beltrán regresase a la realidad.
Alzando su vista Beltrán observó a su madre, mirándole con ojos curiosos un brillo verde pareció danzar entre la emoción que siempre parecía resguardarse en aquellas gemas preciosas que resultaron sus ojos, pareció haber preguntado algo bastante interesante bajo su perspectiva.
— A-ah — Beltrán no supo que contestar, su mirada intentando evitar encontrarse con la de su padre le impidió buscar una excusa rápida.
Por alguna razón Beltrán sentía que la mejor forma de mantenerse al margen y evitar ser descubierto por su padre era tener la mínima cantidad de interacciones con el mismo, razón por la cual intentó que no surgiese cualquier excusa para que este conversase con Beltrán de manera casual.
Su madre, Muriel suspiró mientras se aclaraba la garganta, en comparación con el día anterior la hermosa mujer pareció haber recuperado algo de su color natural.
— ¡Te estaba preguntando sobre tu estancia en el instituto!
— Repitió, alzando la voz aún más casi como si hablase con alguien medio sordo.
Beltrán quedó en silencio unos momentos, su ceño casi frunciéndose tras analizar las palabras de su madre.
— ¿A qué te refieres?
— Preguntó Beltrán desconcertado.
Durante mucho tiempo Beltrán creyó que su padre no se habría guardado muchas cosas con respecto a la situación de Beltrán en el instituto, comentándolo casualmente con su madre.
Ahora habiendo confirmado que su padre estaba consciente de lo que Beltrán pasó en el instituto aun cuando el mismo nunca comentó nada al aspecto, le resultó extraño el comentario de su madre ¿acaso se estaba haciendo la tonta?
O genuinamente su padre no le habría dicho nada al respecto.
— Leí tus cartas, sin embargo eran muy cortas, además demasiado repetitivas.
— Contestó su madre, aunque algo extrañada por el pregunta de su hijo.
“¿Cartas?” Aunque ciertamente en el pasado Beltrán habría enviado efusivamente una o dos cartas cada mes una vez se inscribió en el instituto aquello habría concluida casi tan pronto como empezó el acoso hacia el, solo enviando cartas solitarias los días en los que se celebrarían los cumpleaños de su padre o madre.
“No puede ser.” La pupila de Beltrán se contrajo ligeramente cuando sus ojos se dirigieron a su padre, Bedivere ahora en comparación con antes Beltrán si buscaría hacer contacto visual con el mismo aunque fuese sutil.
Bedivere quien se habría me tendió en silencio mientras madre e hijo de comunicaban captó la mirada de Beltrán, su sonrisa natural se amplió ligeramente mientras aún se mantendría en silencio.
“Este hijo de perra.” Beltrán reprimió un tic en su ojo cuando su padre realizó aquel sutil cambio en su rostro, Beltrán no tardó en comprenderlo con rapidez.
Bedivere habría hecho lo posible para evitar que su madre supusiese auténticamente la situación que habría estado pasado en el instituto, escondiendo la información a Muriel e inclusive posiblemente falsificando cartas a su nombre para que ella no notara la rara falta de ánimo de Beltrán al no escribir con la misma frecuencia de antes.
— … no hay mucho que decir al respecto; los estudios han sido algo agotadores.
— Dijo Beltrán fingiendo algo de animosidad pero cansancio tras su voz.
Su madre asintió con aprobación sin embargo algo decepcionada debido a la falta de información.
— Por cierto, pronto cumplirás los 9 años.
Ya solo quedarán 3 años para que te conviertas en todo un hombre… dime ¿no hay ninguna chica en aquel instituto que te interese?
— Interrogó Muriel con un tono juguetón en su voz.
Beltrán se mantuvo en silencio unos momentos, notando lo raro que habría su comentario.
Usualmente acostumbrado a que en su memoria la mayoría de edad se alcanzase entre los 18 y 21 años, la idea de furtivamente buscarse comprometerse entre los 9 a los 12 años para posteriormente casarse le resultó extraña, sobre todo considerando que a edad la mayoría de jóvenes en sus memorias preferían pensar en otras cosas como juegos, juguetes o diversión simple más que buscar indicios de algún romance.
“Sin embargo es cierto que en este mundo la gente es… raramente más madura o más bien, parecen desarrollarse más rápido.” Apesar de seguir siendo niños, la mayoría de niños de su edad eran auténticamente sadicos e mucho más inteligentes como audaces que los niños “comunes” que conocía en el otro mundo.
Aún así Beltrán, una mezcla entre la mente del joven hijo de Bedivere y el joven adulto al que se le fueron traspasadas sus memorias nunca pensó ni por asomo en ver a las jóvenes de su instituto inclusive las de mayor edad como posibles futuras parejas.
No creía que realmente se podría sentir atraído por lo menos por las damas de los rangos de edad que habían en los institutos, cosa que curiosamente le causó un alivio, recordando todas aquellas historias de fantasía o webtoons donde los protagonistas solían tomar como pareja a jóvenes menores a la edad que mentalmente poseían.
— No realmente.
— Contestó con simpleza y soltura Beltrán, resumiendo su pequeño juicio interno.
Torciendo su boca, Muriel pareció preocupada por algo ¿que sería?
Sin embargo pareció no querer mencionarlo en voz alta, por otro lado adquirió una actitud más juguetona cuando dijo en un tono divertido.
— Descuida hijo mío, si eres incapaz de encontrar una buena dama, tú bella madre te presentará a las hijas de algunas amigas de edades similares.
— Anunció su madre con un tono orgulloso y también expectante.
En ese momento Beltrán recordó que su madre también provenía de una propia casa noble desligada directamente a los Leonhard, también recordó la gran cantidad de libros como novelas de romance al costado de la mesa de noche que ella tendría en su habitación cuando la habría ido a visitar junto a su hermana.
“Había olvidado que mi madre era así.” Pensó Beltrán con cierta diversión.
Era relajante tener una conversación tan casual.
La sensación de tensión que rodearía el cuello de Beltrán se aligeraría un poco.
Por lo menos hasta que su padre decidió comentar.
— Sin embargo espero que no apuntes a ir detrás de tus otras medias hermanas, aunque puede ser posible existe un alto riesgo de que no puedan engendrar herederos.
— Comentó Bedivere tan casual como siempre.
Beltrán dejó caer su tenedor sobre el plato sus ojos miraron totalmente impactados a su padre mientras su madre replicaba pellizcando ligeramente el hombro de su padre.
Beltrán mantuvo su mano unos momentos en el aire mientras ideas extrañas cruzaron durante un segundo por su cabeza antes de sentirse asqueado.
En aquel mundo, cosas como casarse con primas y familiares distantes como medios hermanos de auténtica sangre era posible como viable, sin embargo se era consciente de que no resultó una manera factible si se buscaba generar herederos.
Para un miembro de una familia o casa noble, el generar herederos sanos fue lo más importante, razón por la cual esto resultó fatal sobre herederos principales como lo era Beltrán aunque uno de los más alejados a heredar el legado de su padre.
Según sabría Beltrán tendría otros 6 hermanos y hermanos que nunca habría conocido, engendrados del matrimonio de su padre con otras damas nobles.
Mientras Beltrán sopesaba su desagrado ante la idea de tener algún tipo de relación general con alguien quien también compartía su sangre un pensamiento casual paso por su mente.
“¿Ellos también habrían cumplido las maquinaciones de mi padre?” En ese momento la mente de Beltrán cayó en un profundo silencio, algo parecido advertirle una cosa a Beltrán quien embargo el joven fue incapaz de descubrir que cosa.
Tras un rato de deliberar Beltrán se sintió incapaz de llegar a la razón auténtica del porqué de aquello, perdiendo eventualmente el hilo de su pensamiento y viéndose sumido en la pequeña discusión de sus padres sobre que Beltrán no debería perseguir en matrimonio a sus medias hermanas.
La bebé, Liria, quien parecía plácidamente dormida habría despertado en algún momento aparentemente queriendo unirse a la conversación empezando a balbucear divertida como lo haría cualquier bebé.
Aquello que comenzó como un desayuno se extendió un rato más, conviviendo e intercambiando bromas los presentes para finalmente concluir.
Bien llegada la tarde y con el trueno de los rayos marcando aproximadamente un ritmo de 14 de estos en menos de 1 minuto.
Beltrán observó la gran planicie en uno de los sectores traseros de la finca, en la zona particular una estructura de piedra labrada sobre el suelo estableció una plataforma, divida en cuadrados de aproximadamente 1 metro por un metro, parecía utilizarse como el campo de entrenamiento personal de la propia familia, una bandera con el emblema de su casa se extendería, sus pliegues danzaron en el aire conforme el viento dibujaba sus pliegues.
A su costado una pequeña estructura que serviría como soporte para distintas armas yacía puesta unos cuantos metros del límite del escenario conformado por baldosas cuadradas.
Beltrán habría tomado una de las mismas del soporte de color café oscurecido.
El arma, una espada corta yacía en las manos de Beltrán, aunque las armas de entrenamiento que habría utilizado tendrían una estructura robusta que permitía cargar con un peso considerable pero no tan semejante al auténtico de un arma hecha de veridio puro o aleación.
El veridio resultó un material que remplazaría al hierro común, permitiendo utilizarse para crear aleaciones semejantes al acero, en manos del joven quien habría recibido entrenamiento desde que tenía memoria en el uso de las mismas aquella arma podría tornarse peligrosa.
Girando la espalda corta entre sus manos Beltrán buscó acostumbrarse un poco a su peso, estirando sus articulaciones conforme equilibraba su hoja este no tardó en tomar una guardia media, alta, baja y lateral sintiendo como el peso de la hoja empujaba su cuerpo hacia delante casi viéndose obligado a dejar que su cuerpo se inclinase hacia atrás para utilizar su propio peso corporal como alternativa.
En aquella ocasión durante el ataque de los bandidos Beltrán observó con detenimiento las técnicas de batalla empleadas por los bandidos como por el mismo Sir Alissander, la diferencia entre ambos combatientes resultado casi tan distante como el cielo de la tierra, aun así los mismos lograron poner en apuros al caballero aunque fuese por un periodo de tiempo corto, en aquella ocasión Beltran habría optado por no buscar el combate desechando cualquier idea como posibilidad de que podría hacer algo en contra de los mismos.
Sin embargo se encontró con una cruda realidad, aunque habría optado por escoger la opción que aparentaba brindarle la mayor posibilidad de sobrevivir al final se vio obligado a luchar, utilizando cualquier estrategia a la mano para eludir a su objetivo y finalmente matarlo.
Su mano aún seguía sintiéndose tibia, con la sensación de la sangre deslizándose alrededor de la misma.
En aquel entonces este se habría excusado con facilidad, la verdad era que Beltrán no se vio capaz de asesinar a otro ser vivo, la sola idea aún conseguía traer escalofríos a su cuerpo, haciendo una mueca mientras apuntaba con el filo de la espada corta hacia el cuello de un objetivo imaginario, sus manos temblaron sutilmente mientras empujaba su espada hacia el frente.
Necesitaba acostumbrarse a aquella sensación, necesitaba no titubear ante la idea de matar a otros en batalla.
Sin embargo no podría lograrlo.
¿Cuál fue el detonante de sus acciones?
Beltrán recordó el momento con vividez, la adrenalina corriendo por sus venas y su mente enfocada en la idea de sobrevivir.
Pensando que el recordar la tensión que habría estado viviendo en aquella situación podría permitirse enfrentarse a la naturaleza del asesinato, intento revivir aquel entonces.
Los latidos de su corazón amplios, su mente repasando planes fuesen cuales fuesen, sus manos firmes y atacando con todo el afán de lastimar a otro ser vivo.
Era el o Beltrán, no había otra opción, no habría otro significado, solo fue el asesinando.
Empujo su espada hacia delante esperando obtener una reacción similar, sin embargo titubeo, incapaz de lastimar severamente a la imagen que habría materializado con su mente.
Claramente incapaz de hacerle algún tipo de daño.
— ¿Disfrutas lastimando otras personas?
— Preguntó una voz.
Beltrán se sobresaltó al ser incapaz de sentir la presencia próxima a él, con el corazón aún en la mano, Beltrán observó al dueño de la voz.
Parado a un costado del escenario y recargado sutilmente en el soporte de armas Sir Aliss, de ropajes más elegantes se encontraría observando a Beltrán, su cabello corto habría sido peinado hacia atrás, su barba sin afeitar ahora se encontraría en un mejor estado aún sin demostrar un rostro despejado sin embargo mucho más cuidado, revelando su rostro con variedad de cicatrices, sus ojos grises casi blancos se encontraban fijos en el objeto que Beltrán sostendría entre sus manos.
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