El Trono de las Bestias - Capítulo 28
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28: Capítulo 27: Bastardos.
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Capítulo 27: Bastardos.
Los hijos bastardos representaban un aspecto disruptivos en los sistemas tanto aristocráticos como familiares, esto debido a su manera de catalogarse en la jerarquía, yaciendo usualmente entre lo aristocrático y lo plebeyo.
En el especial caso de las familias los bastardos no seguían el linaje sanguíneo estricto que solían llevar los miembros de las mismas, para preservar su linaje sanguíneo los miembros de familias tenían que buscar a comerciantes importantes, miembros de otras familias o inclusive nobles incapaces de crear sus propias casas pero poseyendo aún riquezas como autoridad.
Tanto para la nobleza como para las familias, los bastardos eran el resultado (usualmente) de la infidelidad de uno de sus miembros con un amante, ya fuese de la parte que fuese si aquello resultaba en un embarazo, el bebé nacido era catalogado como un bastardo.
La palabra bastardo tenía un origen bastante singular, utilizada como insulto para referirse a los hijos que eventualmente enfrentaban a sus padres.
La razón por la que llamaban bastardos a estos hijos no deseados era por su triste destino.
Los hijos bastardos reconocidos eran condenados al ostracismo quedando como sombras de los auténticos hijos del miembro de mayor rango sin oportunidad de crecimiento o destacarse entre quienes le rodearían.
Aunque existían ocasiones en los que podrían haber excepciones a la regla, contrayendo matrimonio tradicional con alguien lejos de la nobleza o carente de real importancia donde el hijo sería reconocido como alguien dentro de la familia o la casa noble, estos eran tan raros que solían ser tachados de mitos.
Los hijos bastardos de la nobleza reconocidos podrían contraer el mismo título noble que el de sus padres una vez cumplida la mayoría de edad y tras ser aceptados por el mismo cabeza principal de la casa noble, por lado de las familias usualmente debían de ganarse su confianza demostrando que valía la pena inmiscuirlos en los asuntos internos de la familia, sin embargo ambos de estos serían mal vistos a ojos de otros, también resultó que sin importar que tantas acciones tomasen o confianza se ganasen existían beneficios de los cuales nunca podrían ser completamente dignos o secretos los cuales nunca se les sería revelados por el simple hecho de ser bastardos, lo que impediría que pudiesen crecer dentro de los círculos en los que participaban.
Aun con todo eso allí no terminaba la pesadilla, muchos bastardos eran retenidos por sus familias en búsqueda de utilizarlos, convirtiéndoles en herramientas útiles a futuro, privándoles de su total libertad prácticamente desde su nacimiento, aquello los hizo usualmente acumular bastante rencor contra sus medios hermanos como padres, aunque no usual, existieron casos en los que los propios bastardos asesinaron a sus padres derrocándolos de manera tan memorable que el llamarles bastardos fue extremadamente preciso.
Era un recordatorio de aquel cruel destino al que podrían pertenecer los hijos bastardos de nobles o familias.
Aunque nunca lo habría confirmado Beltrán creyó que su padre debía tener varios hijos bastardos no reconocidos a lo largo de las tierras, con sus aparentes tendencias a generar muchos progenitores a Beltrán no le extrañó que mantuviese a varios bastardos bajo la manga engañándolos con ideas o promesas falsas, para emplearlos a su beneficio.
Beltrán exhaló algo cansado de todo el asunto político tras el cual se habría visto en la necesidad de indagar, para obtener una respuesta que pudiese satisfacer su información recabada el joven tuvo que buscar en la gran biblioteca perteneciente a su familia, lugar donde pasó la mayor parte del día, en comparación con los libros viejos en su vivienda en Realta, la finca de los Leonhard proveería una fuente de conocimiento digna de cualquier noble destacable.
Aunque no podría encontrar información secreta o textos con lujos de detalle sobre los Gibraltar, Beltrán tuvo que trabajar con lo que tendría en la mano; su avance sobre la información con respecto a Samantha le permitió avanzar lentamente.
La chica era probablemente una bastarda; cosa que tendría sentido considerando la aparente falta de parentesco directo con Noah pero su parecido, el porqué ella parecería estar al pendiente de este mismo inclusive si planificaba ocultarlo de manera magistral.
Beltrán también sabía sobre la razón por la cual los Gibraltar se habrían atrevido a atacar directamente a Beltrán un hijo noble de Bedivere de la casa de los Leonhard.
Su casa, los Leonhard aparentemente habrían librado una batalla territorial contra los Gibraltar, la cual terminaron ganando los Leonhard, con creces, logrando reclamar muchas de sus tierras en el proceso, entre las cuales aquella torre celeste parecía tener cierta relevancia para preservar el futuro de los Gibraltar.
“Si lo que mi padre dice es cierto… entonces los Gibraltar parecen albergar un secreto demasiado importante, el cual requieren proteger tanto como para que se hayan decidido por asesinarme una vez se enteraron que mi padre encontró aquello sellado en la torre.” Beltrán intentó simplemente calmar su mente algo paranoica, inmiscuirse en los secretos profundos de los Gibraltar solo le traería más problemas, aquel era asunto de su padre el cual posiblemente no dudaría en silenciarlo si era que se enteraba de algo potencialmente peligroso.
La opinión de Beltrán sobre su padre no pudo hacer algo más que empeorar, no solo era un pésimo padre, sino uno terrible, manipulador, poderosos, con recursos y una aparente sed de poder la cual lo llevaría a derrocar una familia entera con tal de cumplir sus objetivos.
“A quien engañó, no era como si no supiera que existían personas así.” Beltrán regañó a su propia mente por siquiera esperar algo distinto a aquello, la mente de su padre estaba transtornada, simplemente intentar comprender su comportamiento le resultaría en una inevitable escalera descendente hacia la locura, la peor parte de descubrir la peor cara de su padre era el temor.
Antes Beltrán podría sentir desprecio hacia el mismo, sin embargo ahora le temía.
La frialdad de sus palabras al decir aquellas palabras aún lo perseguían.
El joven observó distraídamente a la bebé, aún en su cuna la misma parecería tener bastante energía, cosa que resultó una verdadera buena señal.
Su padre poseía un cuerpo débil naturalmente, por lo que, la posibilidad de que Liria enfermase aún estaba presente, sin embargo Liria parecería bastante común, inclusive mucho más energética que la mayoría de bebés de sus días de nacida o quizá semanas.
Aunque sus padres nunca confesaron cuando nació Liria, Beltrán concluyó con sencillez que la bebé debía de tener por lo menos 1 semana de haber nacido, al propio Beltrán poco le sorprendió que su madre se hubiese podido recuperar tan rápido, con la existencia de pociones capaces de revitalizarlas como estabilizarle su recuperación física fue nada menos que extremadamente rápida.
Beltrán la observó, la bebé le miraba o casi eso aparentaba, aún con todo el joven noble sabía que los bebés tardaban en poder extender su visión o siquiera poder captar algo no muy cerca suyo durante su desarrollo inicial.
Sus ojos eran grandes y anaranjados como los suyos o los de su padre.
Sin embargo estos eran puros, muy distintos a los suyos o los de su padre.
No sabría describirlo con palabras, más bien las palabras no podrían ser suficientes, simplemente con mirarla lo sabía.
“Supongo que es por eso que es un bebé.” Beltrán sonrió suavemente mientras la bebé parecería querer hablar, soltando suaves balbuceos infantiles.
Este extendio ambos brazos y sostuvo a la bebé entre ellos, acunando a la misma sutilmente, aunque personalmente nunca habría sostenido un bebé antes, en sus memorias la experiencia aún se mantuvo marcada.
— Sabes antes de este viaje a casa nuevamente pensé que te guardaría bastante rencor.
— Explicó, aun si la pequeña bebé no lo comprendía.
— Sin embargo ahora que te veo, me es imposible siquiera albergar algo de envidia hacia ti.
Eres tan pequeña; nisiquiera sabes lo que te rodea y quienes lo hacen, tan pura como ignorante del peligro que representa ser hija de quien lo eres.
Beltrán se dio el lujo de hablar abiertamente, pues, tanto su padre como su madre no se encontraban en la habitación, también Beltrán se habría tomado la molestia de hablar por lo bajo, prácticamente susurrando algo que solo él y la bebé escucharían.
— Ahora puedo entenderlo, la preocupación que sentí al escuchar a mi padre hablar sobre mis medios hermanos… no fue por mi mismo, yo estuve dentro de este juego desde antes que quisiera pudiera estar consciente, siento la soga aferrada alrededor de mi cuello y como le hundo cada vez más cerca de las profundidades retorcidas de este juego aristocrático… —admitió—.
Tu… aún puedes salvarte, Liria.
La voz de Beltrán se volvió apagada, sabía que no podía huir de este destino, ningún hombre o mujer fuese cual fuese podría huir de aquello que le esperaba.
Sin embargo, su hermana Liria, aún podía salvarse.
No sabría que planes tendría pensado su padre con Liria, sin embargo Beltrán no pudo evitar sentir la necesidad de salvarla, alejarla de todo aquel mundo corrupto que era la aristocracia.
Pero si nisiquiera podía salir de su situación actual ¿cómo planeaba salvar a su hermana?
Beltrán no se desanimó, al contrario se aferró con más fuerzas a la idea de buscar acabar con este asunto, aquello que lo ataba a los Gibraltar y finalmente dejar ese asunto atrás, solo así podría planear cómo salvar a su hermana aún bajo la atenta mirada de su padre.
Inclusive si aquello lo volvía un bastardo en el significado de la palabra.
— No te preocupes Liria, tu hermano Beltrán sobrevivirá el tiempo suficiente como para salvarte a ti luego de salvarse de esta situación.
—concluyó Beltrán.
Liria observó a su hermano, su expresión usualmente alegre captó su mirada durante unos pequeños segundos antes de sonreír ampliamente, risas infantiles como suaves sonaron por toda la habitación mientras Beltrán se reía suavemente.
— Así que te gusta ver las cosas arriba… ¿y si te arrojó?
Beltrán alzó a Liria casi como si fuese a arrojar a la misma, sin embargo no la arrojó, la bebé abrió los ojos casi como si la fuesen a arrojar de verdad y cuando se detuvo repentinamente por la finta de Beltrán, ésta empezó a hacer pucheros amenazando con llorar.
Beltrán se puso pálido.
— ¡Espera!
¡Espera!
Es broma Liria.
— Dijo nervioso mientras la bajaba.
La bebé repentinamente borró el puchero de su rostro y volvió a reírse frente a Beltrán quien se habría puesto algo pálido.
En ese momento Beltrán la miró y no pudo evitar reír.
— Así que eres toda una manipuladora desde los pañales ¿eh?
Beltrán continuó jugando con Liria un rato más, cuando los brazos empezaron a pesarle la bebé finalmente pareció calmarse y recargando su cabeza contra el hombro de Beltrán finalmente de durmió, sus pequeñas manos se aferraban a la camisa del joven, casi como si pretendiese no soltarlo.
Beltrán sonrió dejándola en la cuna y escabulléndose fuera de la habitación, antes que su padre como madre volviesen de su pequeño paseo nocturno.
Así el día concluyó.
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