El Trono de las Bestias - Capítulo 29
- Inicio
- Todas las novelas
- El Trono de las Bestias
- Capítulo 29 - 29 Capítulo 28 De regreso al instituto
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
29: Capítulo 28: De regreso al instituto.
29: Capítulo 28: De regreso al instituto.
Capítulo 28: De regreso al instituto.
Al día siguiente Beltrán continuó con su rutina, un desayuno con su padre, madre y la pequeña Liria, la tensión aunque solo presente en la mente de Beltrán no fue suficiente como para hacer que su padre sospechase de él.
Por la tarde este regreso al campo de entrenamiento, sosteniendo aquella hoja en sus manos Beltrán se vio obligado a practicar con su espada, uno tras otro, los tajos como golpes siguieron igual de incómodos, sin embargo se forzó a continuar dándolos, no podía darse en lujo de flaquear cuando una situación llegase a presentarse.
En esta ocasión Sir Aliss no apareció ni dijo palabra alguna en todo el día.
Finalmente por la tarde noche, un sirviente hizo que Beltrán, Muriel, Liria y Bedivere se reuniesen en la sala principal, donde un lienzo yacía postrado delante del sillón familiar, a su costado la chimenea crepitando suavemente.
Finalmente Beltrán observó un individuo el cual tenía la ligera sensación de haber visto en algún momento anteriormente.
Quien aparentaba ser la dueña de aquel lienzo hizo presencia en la sala cuando Beltrán recién habría llegado, una dama de rostro encantador y facciones delicadas como elegantes que inclusive sus ropajes más casuales no pudieron arruinar, era una mujer alta de cuerpo esbelto, su cabello era blanco como la nieve, junto con sus pestañas largas como cejas delicadas, sus ojos parecían dos pozos de sangre profunda proyectando el carmesí intenso de su mirada.
Antes de que Beltrán pudiese preguntar al respecto, Bedivere su padre le dedicó una sonrisa sutil mientras anunciaba.
— Debido a las últimas circunstancias y que este mismo día regresas a Realta decidí organizar esto de último momento —explicó Bedivere mientras tomaba a Liria entre sus brazos—.
Quizá no recuerdas a nuestra artista estrella sin embargo ella es Lefille, la conociste cuando eras más pequeño, tenías 3 años en aquel entonces.
Beltrán finalmente fue capaz de recordarla, observando a Lefille unos segundos sus rasgos poco usuales se destacaron en la mente de Beltrán, sin embargo el tiempo y su poca retención en aquella situación le habrían puesto cierta dificultad para identificarla.
En aquel entonces Beltrán fue llevado junto a sus padres a una fiesta con otros miembros de la aristocracia, la mujer de nombre Lefille se le habría acercado mostrándole algunos dibujos que la misma realizó.
“Claro en ese entonces nisiquiera podía hacer algo más que comer tierra o reír.” Pensó Beltrán recordando con dificultad sus reacciones en aquel entonces.
Sin embargo su mirada se agudizó cuando observó las orejas puntiagudas de la dama quien le dedicó una sonrisa identifica a la de aquel entonces.
Lefille luciría exactamente igual apesar de haber pasado casi 6 años, lo que junto a sus orejas delató su naturaleza elfica.
La dama era un semi-elfo.
— Es un placer volverlo a ver joven señor Beltrán.
— Saludó Lefille con una voz melodiosa.
Beltrán se mantuvo callado mientras la saludaba adecuadamente, inclinándose sutilmente mientras asentía con su cabeza.
— Un placer señorita Lefille.
Bedivere sonrió ampliamente mientras extendería a Liria hacia delante de Lefille, casi como si quisiera que Liria pudiese notar a la semi-elfa aún con la poca percepción que llegaba a poseer.
— Está es mi hija, Liria, salúdala hermosa.
— Dijo Bedivere con un tono paternal que hizo que Beltrán se sintiese incómodo.
¿Cómo podía actuar tan normal?
Negándose a dejar que su máscara se rompiese Beltrán se mantuvo igual de callado que antes.
— Señorita Lefille agradezco que haya decidió acudir de último momento, una vez que escuché que se encontraba cerca del feudo no pude evitar extenderle una invitación.
Quisiera que este momento quede grabado en uno de sus hermosos retratos.
— Bedivere actuó formal sin embargo su sonrisa como tono tranquilo casi casual aligeró cual fuese la tensión que habría en el ambiente.
Lefille casi se sorprende por ver a la pequeña bebé reírse tras verla, sin embargo su sonrisa amable como encantadora no flaqueó extendiendo un delicado dedo enguantado, Liria tomó este mismo para reír con una alegría que hizo que por un momento inclusive los sirvientes usualmente serios sonriesen cálidamente.
Tras saludar y presentarse formalmente fueron guiados por Lefille para posar en el cómodo sillón, debido a que se buscaba algo personal como casual Bedivere ni Lefille vieron la necesidad que alterasen sus ropajes.
Lefille una vez satisfecha con su posición como postura, no dudó en comenzar con su pintura, finos pinceles trazaron surcos, líneas curvas y estas a su vez volvieron todo lo irreal realidad, enmarcando no solo aquello que podría percibirse con sus sentidos.
Las pinturas de variados colores y los movimientos de su muñeca formaron una imagen capturada no solo en el tiempo sino en la mente de quienes lo vieran.
En esta imagen, habrían 4 individuos.
Un apuesto hombre de cabellos rubios largos y lacios, una barba recortada de manera elegante vistiendo un elegante saco azabache junto a una camisa lisa bastante pulcra, pequeñas hebras gricaseas recorrerían sus cabellos dorados dándole un aspecto maduro pero sin perder la juventud en cada uno de sus rasgos, un moño adornaba su elegante traje, su rostro como ojos proyectaban una sonrisa tranquila como juguetona sin perder su esencia de un auténtico caballero.
Bedivere Leonhard.
Una hermosa mujer de aspecto maduro pero conservando su energía juvenil, la dama era toda una belleza con cabellos rubios pálidos que caían en cascada sobre sus hombros y espalda, ondulándose al final de los mismos, su cabello suelto era una maravilla visual dejando en claro la auténtica belleza natural de la mujer, vestida con un elegante vestido de corte entallado y falda larga de color verde con pliegues blancos, ella poseía un cuerpo esbelto como tez pálida tan delicada que parecería una muñeca afeminada como encantadora, sus ojos verdes parecerían gemas rebosantes de brillo casi si se fuesen a iluminarse en cualquier momento, los labios de la mujer proyectaban una sonrisa delicada digna de toda una dama.
Muriel Vulgreen.
En los brazos de la dama, una encantadora como linda bebé, en su rostro una sonrisa se encontraba grabada, amplia y alegre, aunque poseía pocos cabellos estos eran de un dorado intenso, sus ojos anaranjados expresaban pureza la cual no parecía albergar nisiquiera un solo atisbo de negrura tras de sí.
Liria Leonhard.
Finalmente, un joven de rostro común y corriente, tendría cabello rubio pálido levemente largo como lacio, el cual caía un poco por debajo de sus pómulos, sus ojos eran anaranjados mientras que su tés era algo pálida.
Su rostro se encontraba en un estado serio con el ceño naturalmente casi fruncido, a diferencia de los otros 3 individuos este no parecía expresar tranquilidad o felicidad, pareciendo algo consternado e ilegible a simple vista.
Sus ojos se encontraban apagados pero con un destello de algo salvaje en su interior.
Finalmente Beltrán se encontraba de regreso a su hogar en Realta, a diferencia de la ocasión anterior tanto Beltrán como Sir Aliss fueron escoltados por un gran grupo de soldados pertenecientes a Bedivere, estos persuadieron cualquier posible intento de asalto a no suceder.
Permitiéndoles utilizar la ruta comercial habitual para regresar a Realta, tras cruzar el tramo más desprotegido de la propia ruta tanto el joven como el caballero volvieron al sitio tarde y acercándose la noche.
— Como fue su viaje joven amo Beltrán.
— La voz de Eliette fue una señal de que finalmente habría regresado a aquella solitaria casa.
La sirvienta no habría tardado en presentarse una vez todo el “equipaje” de Beltrán habría sido dejado en su lugar, el joven noble no pudo evitar sonreír sutilmente antes de volver a su habitual seriedad.
— Fue un viaje particular.
Sin embargo todo terminó bien.
— Contestó Beltrán sin buscar entrar en muchos detalles.
Eliette sonrió satisfecha, comprobando que superficialmente Beltrán se veía en un buen estado con solo unas pequeñas magulladuras Eliette se alejó satisfecha, volviendo a sus labores.
Tras cenar, Beltrán regresó a su habitación descansando profundamente, no fue debido a una sensación de seguridad o auténticamente de placer, sino porque Beltrán necesitaría estar en el mejor estado tanto mental como físico para lo que estaba por venir.
En la mañana del día siguiente Beltrán volvió a clases, por alguna razón esos 3 días de camino a la finca y en la finca se habrían sentido como semanas enteras, habría descubierto mucho más que nunca antes sobre el macabro juego que le rodeaba.
Mientras Beltrán haría su usual recorrido por los encantadores jardines que el instituto poseía, de camino a su edificio principal, pudo escuchar la conmoción de múltiples estudiantes en una zona en particular, Beltrán observó conmoción curiosidad el revuelo cuando asomó su cabeza en búsqueda de observar con mayor claridad.
En aquel sitio una escena bastante sorpresivo se llevó acabo.
Un estudiante rubio y de ojos azules observaba al robusto Larson, con la excepción de que en contraste con la usual imagen que se tenía de la situación, Larson era quien se encontraba siendo presionado contra el suelo, su brazo derecho doblado con fuerza y casi amenazando con descolocarse de su articulación, sobre el aquel mismo estudiante de cabello rubio con ojos azules.
Beltrán lo identificaría debido a que se trataba de aquel sobresaliente estudiante durante la competencia, junto con el otro chico de cabellera oscura y ojos morados.
— ¡Maldita sea!
¿¡Porque no hacen nada pedazos de mierda?!
— Gritó Larson en agonía mientras observaba a sus “amigos”.
La mayoría de chicos, antiguos amigos de Beltrán, se mantuvieron al margen mirándose entre sí, sin embargo se encontraban lo suficientemente temerosos como para actuar al respecto contra el misterioso joven de cabellos rubios.
El joven rubio pareció notar algo en la multitud, quitando la vista de Larson quien parecería querer retorcerse, sus ojos azules como lagos helados se encontraron con la mirada de Beltrán.
De un movimiento simple soltó el agarre en Larson, el gran joven robusto una vez sintió como el agarre en su brazo se aflojaba poco dudo antes de arrastrase hacia adelante, su uniforme manchado con tierra y rostro algo magullado observaron al joven rubio, casi como si quisiera lanzarse para golpearlo.
— ¡Tu!
¡Hijo de perra!
— Gritó Larson apunto de atacar al joven rubio.
— Yo que tú no haría eso.
— Una mano firme agarró el hombro de Larson casi obligándole a detenerse.
Otro joven de cabellos oscuros y ojos morados detuvo en seco al gran Larson.
— ¿Y tú quién mierda eres?
— Preguntó Larson bastante molesto.
Tirando su hombro para delante intentó quitarse la mano del joven de ojos morados, sin embargo su hombro apenas se movió, el agarre del chico se intensificó haciendo que Larson se retorciera del dolor un momento.
Los demás jóvenes apenas notaron aquella demostración de fuerza bastante importante, sin embargo la aguda visión de Beltrán pudo notar los detalles que otros no, principalmente debido a que el propio Beltrán habría notado al otro joven sobresaliente desde antes que Larson se liberara, antes Beltrán lo habría marcado como alguien sospechoso como muy habilidoso el cual tendría que observar bien.
Ignorando aquella situación el joven rubio camino a Beltrán, casi como si planease plantarle cara de igual forma, Beltrán casi sudo frío cuando vio como la distancia entre ambos se acortó algo drásticamente.
Sin embargo el joven finalmente frenó.
— Eres Beltrán Leonhard ¿verdad?
Beltrán se mantuvo en silencio unos momentos antes de contestar.
— Ese soy yo.
El joven rubio asintió, cruzando el lado de Beltrán y haciéndole una señal con la cabeza, Beltrán se mantuvo confuso como cauteloso como para hacer cualquier cosa.
Notando su confusión el joven rubio tosió un poco al parecer desacostumbrado a tener que explicarse en voz alta.
— Sígueme, quiero hablar contigo en privado.
Beltrán finalmente asintió tras pensarlo un poco, observo de reojo a Larson quien pareció haber desistido a atacar al estudiante rubio tras ser forzado a pensar en frío por el otro estudiante particular a quien Beltrán no habría dejado de observar aunque fuese de reojo.
No parecería interesado en el asunto en particular continuando su rumbo una vez Beltrán y el joven rubio se alejaron.
Los demás estudiantes aunque curiosos, también parecieron temerosos de ocasionar otro conflicto con ambos estudiantes, los cuales paralelamente se habrían demostrado superiores al monstruoso Larson en sus respectivas situaciones.
Una vez alejados el joven rubio observó a Beltrán con confusión marcada en su mirada, por su parte Beltrán yacía algo nervioso, ningún profesor pareció querer acudir al conflicto inclusive cuando una gran cantidad de alumnos se habrían juntado a verlo.
Eso solo podía significar que el joven rubio poseía cierta influencia de temer para hacer que los profesores la pensaran 2 veces antes de entrometerse.
Si por alguna razón quería moler a golpes a Beltrán o inclusive incapacitarlo aquella situación resultaría ideal.
Tras un prolongado silencio el joven rubio se presentó.
— Soy Simone Lanyx.
Lanyx.
Los ojos de Beltrán se abrieron ligeramente un poco más antes de volver a su estado común, frunció el ceño sin saber que pensar.
La casa de los Lanyx era una reconocida casa noble, sus miembros fueron destacadas figuras públicas y según conocía Beltrán, pertenecían a un linaje de conjuradores bastante capaces.
No le sorprendía que el entrenamiento del chico fuera de primera categoría inclusive lo suficiente como para poner en una situación tan difícil al propio Larson.
Sin embargo nada de aquello fue suficiente como para prepararlo para la siguiente pregunta del joven.
— ¿Cómo lograste despertar el control sobre tu prana tan pronto?
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com