El Trono de las Bestias - Capítulo 32
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- Capítulo 32 - 32 Capítulo 31 Sendas y etapas parte 2
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32: Capítulo 31: Sendas y etapas parte 2 32: Capítulo 31: Sendas y etapas parte 2 Capítulo 31: Sendas y etapas parte 2.
El guerrero como ya se habría definido en su conversación con Sir Aliss, era una senda de enfoque marcial; especialistas en el uso de toda clase de armas como armaduras con un especial talento en el control de estas durante la batalla.
Los guerreros podían momentáneamente romper sus límites forzando la capacidad física de sus cuerpos para llevar acabo acciones extremadamente veloces en pequeños choques de velocidad.
También podían regenerar sus heridas superficialmente en mitad de la batalla, todos los guerreros diferían sutilmente entre sus distintas artes especiales de batalla.
Los cazadores: una senda híbrida, tanto poseyendo la capacidad de lanzar conjuros como mejorar sus cualidades físicas, con agudos sentidos y capacidades de rastreo los cazadores resultaron extremadamente útiles para la exploración como la recolección de información.
El mago: Una senda enfocada en la adquisición de conocimiento como el desglose del funcionamiento de lo arcano, el prana, el tejido de conjuros, sistemas de hechizos y desarrollando especialidades en las áreas de estos mismos.
Las explicaciones bastante breves y poco desarrolladas fueron ideales para permitir que la mayoría de estudiantes comprendiesen tanto su funcionamiento como sus especialidades particulares, la profesora Katerina finalmente guiñó uno de sus ojos hacia el grupo de estudiantes quienes la observarían atentamente.
— ¿Acaso quieren ver un ejemplo?
— Preguntó tentativamente.
Los estudiantes exclamaron con emoción un unísono “Si” que ocasionó que la misma profesora se riera sutilmente.
— Entonces otórguenle un aplauso a su buen profesor, que aceptó en dar una demostración de uno de estos 3 tipos de sendas.
Los jóvenes observaron curiosamente los alrededores, cuando de manera algo sorpresiva se percataron de cierta figura, ésta se encontraba recargada tranquilamente en una de las dianas, se trataba de un profesor de cuerpo esbelto pero de musculatura tonificada y atlética.
El joven profesor de piel morena, cabello castaño y ojos grises del continente, no sería nadie más que el profesor Axcel, el semi-elfo de hermoso rostro.
Todos los jóvenes lo observaron con ojos perplejos y sobre todo una duda grabada en sus rostros.
“¿Cuánto tiempo llevaba ahí?” Beltrán no pudo evitar sorprenderse ¿acaso podía volverse invisible?
Sin embargo la idea fue descartada, aunque Beltrán no dudaba que alguna que otra senda permitiese adquirir tal habilidad, hubo algo que lo disuadió de pensar que el profesor hubiese estado ahí desde el inicio.
Fue su propia percepción, desde aquella vez que habría de alguna manera podido espiar la conversación de su padre con Sir Aliss, Beltrán no ignoró el extraño fenómeno, descubriendo que ciertamente habría algo extraño con su capacidad para percibir a otros, Beltrán podía escuchar ruidos suaves o sutiles con gran precisión, la clase de sonidos que usualmente uno apenas podría discernir, ya fuesen susurros, conversaciones lejanas o en su defecto los pasos de alguien quien respiraría normalmente a cierta distancia.
Durante este periodo de tiempo Beltrán habría practicado un poco su “particular” oído, sabía que por lo podía escuchar la mayoría de ruidos sutiles a 25 metros de distancia como máximo, sin embargo también comprendía que mientras mayor fuese la distancia más tendría que ser la concentración que tendría que emplear, su límite e resultó ser aquellos 25 metros, volviéndose por el momento incapaz de replicar su labor anterior al escuchar la conversación de su padre.
Estos ruidos no eran demasiado claros, y en su mayoría tenía que intentar adivinar lo que significaban, en un espacio cerrado ya fuese con una pared gruesa o algún tipo de elemento que interviniese como otra conversación o ruidos ambientales algo fuertes como el viento soplando con fuerza, la distancia “factible” en la que podría escuchar cosas con detalle disminuiría de manera significante.
Aunque su habilidad por sí sola no representaba ninguna clase de ventaja o cualidad superior que pudiese utilizar durante una batalla alguien como Beltrán encontró rápidamente muchos usos variados; inclusive cuando no intentaría espiar a alguien, podía concentrarse de manera momentánea para hacerse una idea de aquello que le rodeaba.
Cosa que Beltrán hizo durante la clase, intentando practicarla un poco, aun con el ruido de la voz de la profesora se sentía capaz de saber si alguien estaba a cierta distancia y hasta hacía unos cuantos momentos que utilizó su capacidad Beltrán no percibió ninguna respiración proveniente de la diana.
“Esa, esa debe ser su capacidad de ocultamiento natural.” Beltrán intuyo.
Aunque sorprendente no resultó inconcebible, Sir Aliss habría demostrado como sus cualidades físicas superaban con bastante diferencia las de un ser humano común, no le sorprendía que su profesor fuese alguien que de igual forma poseía capacidades físicas excepcionales en el campo del ocultamiento.
Las palabras de la profesora no tardaron en darle la razón a Beltrán.
— Lejos de ser un profesor bastante capaz y entrenado físicamente, el docente Axcel es portador de la senda del cazador.
Los jóvenes se emocionaron y siguiendo las indicaciones antes dadas de la profesora no tardaron en aplaudir al profesor aún si el mismo no habría demostrado nada, quizá para los jóvenes el aparecer repentinamente resultaba suficiente, de manera algo avergonzada el profesor sonrío mientras saludaba a los estudiantes emocionados.
Axcel aunque de carácter preocupado y usualmente serio parecía ser, genuinamente una persona bastante amable como algo tímida.
Axcel dio unos pasos hacia delante, presentándose ante el resto de estudiantes quienes lo miraron como si realmente lo estuviesen analizando por primera vez, no era menos; el profesor aunque algo conocido sólo se habría dedicado a dar clases a jóvenes de acondicionamiento físico, nunca demostrando auténticamente poseer cualidades particularmente sobresalientes o siquiera indicios de poder realizar conjuros.
Ahora con la información adquirida los jóvenes observaron al maestro con ojos expectantes.
— Me alegro que me invitara profesora Katerina.
— Dijo alegremente Axcel dedicándole una sutil sonrisa a la profesora.
Katerina asintió con la cabeza, aparentemente ya preparada para la clase de aquel día, la profesora le hizo entrega de un frasco de vidrio, al profesor, este sería algo grande.
— Como pueden intuir gracias a mi explicación, el profesor Axcel es poseedor de una senda híbrida, lo que significa que puede realizar conjuros ¿porque no les demuestra un poco de ello?
Axcel asentiría, tomando el frasco ofrecido por la profesora y abriendo su interior este acercó una de sus manos a este mientras que envolvía el frasco con su otra mano tocando una pequeña insignia metálica en su pecho, sutiles movimientos emitidos por sus dedos.
De manera repentina como fugaz una sutil luz de color verde se manifestó alrededor de su mano, cuando materializándose justo debajo de la misma varias bayas pequeñas se materializaron, cayendo en el interior del frasco.
Las pequeñas bayas se mantuvieron en el frasco sin aparente cambio; las mismas estaban formadas por pequeñas líneas verdosas verticales y tenían un color morado bastante claro, lucían dulces como rellenas de líquido.
Tanto Beltrán como los demás jóvenes miraron aquel efecto, algunos impresionados tras ver cómo creó algo en gran cantidad, otros no tan impresionados sin embargo todos yacían preguntándose una sola cosa.
¿A qué sabrán aquellas bayas?
Los demás jóvenes se miraron entre sí, aunque alta su curiosidad no se sintieron muy cómodos al preguntar.
Claro a excepción de Stuart, quien no dudó en preguntar algo impaciente.
— ¿Nos dará alguna?
El profesor Axcel lo miró en silencio, casi como si fuese a reprenderlo por su falta de modales, inclusive Katerina parecio algo incómoda por la imaginaría tensión que ahora yacía en el aire, sin embargo el profesor Axcel sonreiría rompiendo la tensión.
No ajeno a lo directo de Stuart este tomo una de las bayas en el frasco y se la arrojó a Stuart, quien atrapó la misma algo divertido.
El profesor Axcel a diferencia de la mayoría de profesores viejos y algo amargados del instituto, solía ser más jovial como divertido, tratando con gracia la mayoría de conflictos como situaciones en el instituto, ganándole su estatus como un profesor bastante querido por los jóvenes.
Sin dudarlo les indicó a los jóvenes que se pasasen el frasco uno a uno tomando las bayas del mismo.
Los estudiantes hicieron lo indicado, hasta que tocó pasarle el frasco a Beltrán, quien observó cómo los niños que usualmente le molestaban y habrían tachado como objetivo a Stuart también susurraron algo divertido antes de querer pasarle el frasco a este mismo.
— Es tu turno Beltrán.
El joven le extendería el frasco a Beltrán, el cual sólo tendría una última baya restante, uno podría sostenerlo con un brazo, cosa que hacia aquel joven mientras con su mano libre agarraba su propia baya.
Beltrán se mantuvo en silencio unos momentos casi como si analizara el rostro del joven quien, solo le sonrió inocentemente con oscura burla grabada en sus ojos.
Beltrán extendió su mano para tomar el frasco, sin embargo en un leve movimiento bastante sutil, el joven tiraría el frasco al suelo, bastante bien actuado y haciendo que cualquiera que lo mirara pensara que habría sido un accidente.
Ya habiendo esperado un resultado semejante Beltrán solo dio un paso adelante, acortando la distancia entre el y el niño.
El movimiento fue llevado acabo casi al mismo momento que el frasco sería tirado al suelo.
Beltrán “empujó” al joven con su movimiento en un aparente intento de agarrar el frasco, por parte del niño, este sintió un repentino codazo en su abdomen el cual casi le sacaría el aire, haciéndolo casi caer al suelo.
Beltrán no logró evitar que el frasco se rompiese contra el suelo, haciendo que la baya rodara por el mismo, llenándose de algo de tierra como suciedad.
— …Que mierda te pasa… — Exclamó apenas con un hilo de voz debido a la falta de aire.
Beltrán se agachó, recogiendo algo del mismo con una de sus manos, este observó al joven que lo habría intentando molestar, ahora ambos a la misma altura.
— Ah descuida, aún está en buen estado la baya.
— Comentó Beltrán con un tono de voz amigable, ignorando su pregunta solo audible para el.
El niño observó a Beltrán, dándose cuenta que el rostro del joven Leonhard apenas resultó tan amigable como su voz.
Beltrán pareció enseñarle algo, en una de sus manos sostendría una baya deliciosa y pulcra mientras que en otra sostendría una baya sucia como desagradable.
Sin embargo la baya sucia fue entregada de manera discreta a la mano del niño.
— Cuidado no sueltes tu baya.
Beltrán puso su brazo libre alrededor del joven haciéndolo pararse, este llevó la baya pulcra a su boca comiéndola con satisfacción, el niño desconcertado miró su baya sucia ahora indispuesto a comerla.
Pero el brazo alrededor de su cintura se apretó con fuerza, un repentino temor creció en el pecho del joven.
Beltrán diría con su tono amigable.
— Vamos, cómela antes de que se ponga mala.
El niño sintió aquellas palabras más como una orden que como una sugerencia, los demás jóvenes apenas parecieron notar algo.
Por un momento el niño se cuestionó en acusar a Beltrán, pero dudaba que aquello fuese tomado enserio.
Quien habría tirado el frasco era el y el joven Leonhard pareció amablemente ayudarlo, inclusive si enseñaba su baya, Beltrán se habría desecho de la evidencia, comiéndose la baya que antes le perteneció.
Simplemente no podía hacer nada.
Beltrán se alejó del joven volviendo a observar a Katerina y Axcel quienes parecieron conversar algo brevemente mientras esperaban que los niños se pasasen el frasco, su atención ahora se encontraba sobre el frasco, los restos de vidrio tendrían que ser limpiados luego.
A regañadientes, y aún con la presión en su abdomen del codazo de Beltrán el niño comió la baya, notando como aquel dolor misteriosamente disminuía un poco.
No solo fue el niño, sino que tanto Beltrán, Stuart como sus demás compañeros sintieron una sutil mejoría física y como rebosaban de energía en su interior.
El profesor Axcel notando el desconcierto de los niños mencionó animado.
— Este conjuro es conocido como Bayas de Gaia, comer una puede estabilizar tu estado actual, también llena tu apetito, saciando tu sed y como hambre de inmediato, consumir 3 o 2 al día puede hacer que evites pasar hambre… además tienen un excelente sabor.
Las palabras del profesor fueron procesadas por todos, quienes ya fuese por la mención de su sabor o el propio efecto del conjuro pudieron sentir un sabor.
El cual de manera bastante particular hizo que casi todos agriaran el rostro.
— ¡ESTO ES MUY SALADO Y AGRIO!
— Gritaron los estudiantes al unísono.
Axcel abrió los ojos ampliamente observando a los jóvenes querer escupir los restos de la baya pero resuelto muy tarde, la misma ya habría sido consumida por estos haciéndolos querer beber agua.
— Es imposible que a alguien le guste esta cosa.
— Expresó un estudiante lo suficientemente desesperado como para reservarse algo.
Aún con sus desacuerdos como distintos sabores los estudiantes presentes asintieron con la cabeza compartiendo esta misma opinión.
O casi todos.
— A mi me gustó.
Muchos estudiantes se giraron hacia la familiar voz, Beltrán con su habitual rostro serio se encontraba saboreando los restos de la baya que habrían permanecido en su boca.
Ya fuese por los hábitos del dueño de las memorias anteriores o la costumbre del Beltrán original por comerse las frutas aún no maduras, aquel sabor no le resultó para nada desagradable.
— … Los jóvenes le miraron absortos en sus propios pensamientos.
Pero sin poder creer que a alguien le gustaría tal sabor.
Axcel se rio mientras levantaba un pulgar a Beltrán.
— Conoces el buen sazón.
Katerina observó el rostro de sus estudiantes y no pudo evitar reír por lo alto, genuinamente divertida por las miradas incrédulas que les darían a Beltrán como Axcel.
De entre los presentes, una joven observó a Beltrán con algo que no fuese desconcierto en su mirada.
Sino culpa.
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