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El Trono de las Bestias - Capítulo 34

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34: Capitulo 33: Presagio.

34: Capitulo 33: Presagio.

Capítulo 33: Presagio.

Beltrán sintió cómo su corazón latía con fuerza.

Corriendo con tanta velocidad como su pequeño cuerpo le permitía, el niño huyó, ignorando el dolor causado por las heridas que cubrían su cuerpo, heridas que, debido a su estado actual, no hacían más que empeorar.

El porqué de esto era simple.

Si se detenía, Beltrán moriría.

Lo sabía con claridad.

No podía darse ni siquiera el lujo de dudar.

A diferencia de su batalla con los bandidos, Beltrán ahora temía mucho más.

No porque la amenaza fuese auténticamente mayor o su situación peor que entonces, sino por el individuo al que tendría que enfrentarse.

Especialmente por el hecho de que ese individuo lo conocía bien; había logrado vislumbrar a través de la farsa que Beltrán había inventado para ser subestimado.

Aferrándose a lo poco que mantenía consigo, Beltrán casi tropezó cuando sus instintos le advirtieron de algo: el silbido de un objeto atravesando el aire.

Fuese por torpeza o por pura suerte, el chico trastabilló, obligándose a agacharse justo cuando aquello pasó sobre su cabeza.

El objeto arrojado chocó contra el tronco de un árbol a escasos metros de él.

CRASHHH El sonido de la madera crujiendo, la lanza destrozando la corteza y, sobre todo, las llamas que emergían de ella causaron en Beltrán tanto temor como alivio.

Por un lado, había logrado esquivarla de milagro; por el otro, la demostración del poder destructivo de esa arma le dejó claro que, si algo así llegaba a golpearlo, moriría calcinado en un instante.

Una explosión de fuego inundó una parte remota del bosque, forzando a Beltrán a salir disparado en dirección opuesta.

El joven apenas pudo cubrir su cabeza mientras era arrojado hacia un costado.

Sorprendentemente, logró caer de pie tras girar y chocar contra otro tronco.

El aire se escapó de sus pulmones, que ardían en busca de alivio tras aquella carrera constante.

Su mirada flaqueó y sintió sus piernas como plomo, apenas permitiéndole mantenerse en pie.

El cansancio lo persuadía.

Sus ojos anaranjados se volvían distantes mientras sus párpados exigían descanso.

Se sentía cansado.

Débil.

Magullado.

Pero, sobre todas las cosas… ¿Adormilado?

Sus ojos se volvieron vidriosos cuando, repentinamente, el sueño lo arrastró hacia la inconsciencia.

—¡Levántate!

Los ojos de Beltrán se abrieron.

Su corazón, que misteriosamente se había calmado, volvió a acelerarse al recordar la situación en la que se encontraba.

—¡Rueda hacia un costado!

Ni siquiera lo pensó.

Se lanzó de lado, esquivando otra lanza de aspecto primitivo.

Esta, sin darle respiro, comenzó a inflarse de energía, amenazando con es— ¡BOOM!

Beltrán fue arrojado nuevamente como una muñeca de trapo.

Aun así, se negó a caer derrotado.

Apretando los dientes, forzó a su cuerpo a levantarse.

Un extraño ruido retumbó en el aire.

Su estado era pésimo, pero por alguna razón, su mente había recobrado cierta claridad.

¡Era cierto!

¡La lanza era la misma!

Arrojándose hacia adelante, Beltrán notó algo llamativo en el artefacto: un leve movimiento parecía envolver la lanza, que tras la explosión había quedado clavada en lo que antes fuera un tronco.

¡Parecía buscar liberarse!

Justo cuando llegó a ella, la lanza se soltó de sus ataduras naturales, despegándose de los restos chamuscados.

—¡¿ERES ESTÚPIDO?!

Beltrán lo era.

O, al menos, prefería verse como un pensador fuera de la caja.

La definición más adecuada sería: loco.

Y él lo estaba.

Apostando a que lograría vencer a la lanza, extendió la mano y agarró su punta justo antes de que emprendiera vuelo.

Su palma se abrió en sangre al sentir el filo cortante.

Peor aún: la hoja ardía, quemando su piel mientras la desgarraba.

Solo fue una fracción de segundo, pero el dolor fue tan insoportable que casi lo desmayó.

Sin embargo, aquel tirón le reveló una verdad clave: La dirección de donde provenía el tirador.

Giró violentamente, sintiendo cómo huesos y articulaciones se quejaban por la exigencia.

Su cuerpo quiso desgarrarse y romperse.

Pero, de alguna manera, se mantuvo firme.

Contorsionado, Beltrán pudo divisar una silueta joven observándolo no muy lejos de allí.

Ese extraño ruido volvió a molestarle.

¿Qué se suponía que era?

Apretando los dientes, alzó una mano.

Sus ojos anaranjados se iluminaron mientras el prana fluía por sus conductos.

Lo dirigió hacia el brazo.

Y aquello se sintió increíblemente bien, como si algo lo impulsara a ir aún más lejos que antes.

De su mano, un rayo se manifestó, disparando una concentración de energía contra la figura.

La velocidad y potencia superaban con creces a la saeta en llamas que había enfrentado al bandido.

Finalmente, comprendió el origen de aquel molesto sonido.

Era él.

Su boca expulsaba aire… en forma de una risa extrañamente emocionada.

—¡Tenías razón!

¡Hay algo muy mal conmigo!

—exclamó, sin poder evitar que la risa se filtrara a través de su voz.

Debió parecer un maniaco.

2 dias antes.

Beltrán limpiaría su mente sudorosa, el cansancio rodearía su cuerpo mientras, observaba a sus demás compañeros, agotados y algunos inclusive rendidos en el suelo.

Cómo fue de esperarse, las clases de acondicionamiento físico resultaron exhaustivas, como muy exigentes, a pesar de llevar casi 2 años haciendo ejercicios pesados aún existían jóvenes quienes les costaba mantenerse a la par de todas las prácticas.

Tras 4 agobiantes días, en los cuales Beltrán no habria tenido noticia sobre el propio Noah, desconociendo cuándo o bajo qué circunstancias actuaría en su contra.

Sin acercamientos ni rumores alrededor del chico quien aparentemente actuaría con normalidad los 5 días de la semana hasta aquel día, si Beltrán no conociese la auténtica naturaleza de Noah y sus intenciones influenciadas por su familia, Beltrán genuinamente hubiera creído que Noah se habría aburrido o prefería no hacer escalar más el asunto.

Pero aquel no era el caso, peor aún, antes habría supuesto que Noah era aunque inteligente bastante impulsivo, no parecía soportar la idea de que Beltrán no cayese en sus maquinaciones sin embargo ahora con tanto silencio, Beltrán nisiquiera podía imaginar que era lo que evitaba que Noah actuase precipitadamente como la última vez.

¿Acaso lo habría juzgado mal?

Aunque existía la posibilidad, realmente creía que había una razón aún más retorcida como importante tras aquello.

Durante los últimos días, tanto Beltrán como Stuart se habrían puesto de acuerdo para centrarse en formular un plan adecuado, aunque Beltrán habría mencionado algo respecto a una forma de hacer caer a Noah, este nunca se expresó abiertamente a Stuart.

Beltrán le habría indicado a Stuart que tenían que encontrar aliados que pudiesen ayudarle, razón por la cual se habrían dedicado estos últimos días a interactuar con varios individuos y teorizar quiénes podrían ser aquellos que podrían ponerse de su lado.

Los grupos en el instituto aunque variados podían derivarse en 3 arquetipos principales.

Neutrales: Aquellos quienes no buscaban crear conflictos ni apoyar o defender ciertos comportamientos, como el acoso a otros estudiantes.

Marginados: Aquellos quienes al igual que Beltrán o Stuart habrían sido marcados por ciertos individuos con bastante influencia en el instituto y se volvieron blanco del último tipo de arquetipo.

Abusadores: Ya fuese de manera física o verbal se encargaban de hacer menos a los marginados, arruinando sus relaciones y condenando a todos aquellos quienes se relacionaran con estos, al mismo trato, usualmente estaban liderados por alumnos influyentes dentro del instituto, haciendo que los profesores mirasen en otro dirección mientras no hiciesen nada demasiado escandaloso.

Tanto Beltrán como Stuart pensaron que los neutrales serían una pieza clave.

Si lograban hacer que estos los apoyasen o se revelaran contra los abusadores no habría mucho que los mismos podrían hacer al respecto, los neutrales eran mayoría y aunque renuentes a actuar no significaba que fuesen estúpidos, si alguien les diese una razón adecuada para defenderse contra los abusadores, mucho del acoso en el instituto se calmaría.

Sin embargo la idea fue descartada velozmente, la principal razón no fue que no pudiesen encontrar razones para unirlos en contra de Noah como su grupo, sino el hecho de que aunque encontrasen la razón, serían incapaces de utilizarla.

El motivo por el cual los neutrales se mantenían apartados de todo el conflicto no se debería pura y enteramente a la indiferencia.

Sino al temor a convertirse en los marginados.

Cómo se sabía, los seres vivos dotados de inteligencia como los humanos solían actuar en conjunto con las sociedades que ellos mismos habrían formado, si la gran parte de la misma se movía las demás parte los imitarían eventualmente y justo ahí es donde radicaba el principal problema, Beltrán y Stuart eran incapaces de solo ellos dos convencer a gran parte del instituto.

La sola idea no solo resultó estúpida sino también arrogante a este punto.

El miedo a volverse un marginado social era peor que cualquier otra cosa, todavía más considerando la joven edad de los niños.

“Supongo que para eso vivimos y morimos las personas, para la sociedad.” Aquello no resultó nuevo para Beltrán, razón por la cual decidió un enfoque distinto, dedicándose principalmente a los marginados, aunque de menor tamaño, estos marginados apreciaban los lazos más que cualquier otro grupo aún sino resultaba ser estrictamente un lazo amistad el que los uniría a otros.

Aún con ello habría un problema, el miedo, este dominaba cualquier intención y extinguía cada chispa de coraje que llegase a despertar en el corazón de los marginados pues nada garantizaría que sus esfuerzos serían apoyados por otros o no serían traicionados como dejados atrás por los demás.

La mayoría de marginados estaban acostumbrados a la soledad, como lo habría hecho anteriormente Beltrán.

Confiar plenamente en otros resultó aún más complicado en ese estado, uno sentía que todas las miradas se clavaban con el, que en cualquier momento serían engañados o traicionados.

Que todos eran potenciales abusadores.

Por esta misma falta de seguridad Beltrán abría decidido arriesgarse y deberle un favor a cierto conocido, a cambio de tener su apoyo en el momento oportuno.

Apartados tras terminar sus clases de acondicionamiento físico un agotado Stuart y un no tan agotado Beltrán se encontraban observando como sus compañeros saldrían del edificio que utilizarían como vestidor.

Ambos ahora portaban sus uniformes comunes del instituto.

—¿Qué crees que te pedirá de regreso ese imbecil?

— Pregunto Stuart.

Beltrán únicamente se encogió de hombros.

—Sinceramente nisiquiera puedo comenzar a suponer que es lo que pase por la cabeza de ese chico.

Stuart suspiró algo molesto, al chico no le gustaban las intrigas, sin embargo aquí se encontraban, prácticamente nadando en un mar de ellas.

Durante los últimos días tanto Beltrán como Stuart se habrían vuelto compañeros no solo de objetivos sino de opiniones, todo comenzando cuando Beltrán le revelaría a Stuart parte de la verdad sobre la razón por la cual Noah parecería tan ofuscado con el propio Beltrán.

Resumió mucho el asunto, dejándolo en sencillas palabras: Noah buscaba provocar la ira de su padre —quien no pareció muy interesado— debido a que su familia lo habrían manipulado o incitado a hacerlo, esto con el fin de cobrar venganza debido a una disputa pasada entre la familia de Noah y la casa noble de Beltrán.

La razón por la cual decidió sincerarse con Stuart, fue simple.

Stuart eventualmente se enteraría del conflicto, quizá no de inmediato sin embargo si algo llegara a pasarle a él o al Gibraltar sus familias posiblemente reanudarían el conflicto, dudaba que resultase en un simple y para nada escandaloso conflicto.

Cuando aquellos de gran estatus resultaban comprometidos públicamente en un asunto, no dudarían en atender el llamado buscando preservar su buena imagen, de esa forma mantendrían tanto el estatus como el respeto que otros parecerían tenerle.

También existía otra razón, la culpa.

Aunque Beltrán no quería admitirlo de manera indirecta este termino arrastrando a Stuart a este conflicto interno.

En el cual conforme más profundo uno se metía en las intrincadas maquinaciones de familias, casas nobles y objetivos políticos, más se comprendía el grado de importancia que el asunto poseía para sus partes.

Con Stuart ya involucrado, no habría mucho que podría hacer Beltrán más que revelarle lo simple y pretender alejarlo de lo complejo del asunto auténtico, por su bienestar.

—Por cierto Stuart, tengo una duda —habló Beltrán tras un silencio incómodo—.

¿Por qué pareces guardarle tan poco respeto a la gente de familias o casas nobles?

La duda picaba la curiosidad de Beltrán, el patrón aunque sutil fue más notorio cuando hablaban de individuos con familias o casas nobles respaldando sus nombres.

Inclusive Beltrán no podía evitar como en ocasiones el propio Stuart lo miraría con cierto recelo cuando creía que nadie lo estaría mirando.

Stuart observó a Beltrán un momento de reojo mientras suspiró, no pareciendo muy animado de hablar respecto al tema.

—Es porque creo que todos esos bastardos privilegiados son unos buenos para nada.

¿Sabes cómo descubrí aquello?

Beltrán negó con la cabeza dándole paso a que Stuart continuara.

—Lo descubrí una vez empecé a convivir en estos estúpidos círculos.

Aunque la educación no está mal y debo de admitir que posee sus propios lujos como ventajas, odio todos los días en los que me tengo de levantar y alistarme para llegar a este instituto.

Beltrán frunció el ceño, claramente no esperando para nada esa respuesta, sin embargo tats notar que Stuart no habría terminado este guardia silencio.

—Lo que más odio de este lugar es su gente, claro, en su mayoría están conformadas por hijos de mercantes exitosos o plebeyos con un estatus económico capaz de financiar sus actividades.

Sin embargo los puedo escuchar, como murmuran a espaldas de otros, como siguen cual mascota obediente a aquellos por encima de la jerarquía, a quienes tienen más poder, casi como si fuera una obligación servirles.

Stuart apretó sus puños con molestia, tanto que, sus nudillos se volvieron pálidos de la fuerza aplicada.

—Odio a la gente sin criterio propio, a los seguidores que nisiquiera se atreven a hacer algo por sí mismo sino esta autorizado por otros.

Odio a quienes no se defienden ni hacen nada para cambiar las cosas…  Finalmente Stuart suspiró con pesadez, dejando que su ira como sentimientos se dispersaran, simplemente negando con la cabeza.

—Me disgusta aquello que no puede cambiarse por más que uno lo intente.

Me hace sentir impotente ante la voluntad de otros, cada vez que veo a esa gente de casas nobles o miembros de familias importantes puedo notar como quienes los rodean abandonaron su independencia.

Tanto Beltrán como Stuart se mantuvieron en silencio un momento, Beltrán no creía que sería buena idea presionar a Stuart a continuar, creía que habría una razón más profunda por la cual Stuart odiaba eso mismo, sin embargo decidió no preguntar más al respecto.

Por su lado, este solo observó lo que habría delante y arriba suyo, los edificios como los coloridos rayos iluminando los cielos.

Verde, Rojo, Azul, colores tan llamativos capaces de robarle la vista a cualquiera que los viese fijamente.

—Antes, me pregunté porque el débil siempre debía de someterse a la voluntad del fuerte.

En su momento no lo comprendía por completo, pero ahora lo entiendo un poco mejor.

— Beltrán explicó, mirando a Stuart de reojo.

—No se trata de una condición que uno sufre, sino de una decisión.

Muchos creen que soportar el castigo es la única forma de superar la adversidad, como si su resiliencia fuese recompensada con tortura o castigo.

Aunque la constancia y el espíritu de continuar son necesarios, se necesita algo más para superarla, no simplemente soportarla como si fuera algo que no pudiese cambiarse.

Beltrán recordó aquellas veces en el instituto cuando su orgullo era destrozado y tenía que verse forzado a tomar sus restos, cargándolo como si su vida dependiese de mostrarse invencible, que nada lograría romperlo si mantenía su deseo de continuar luchando.

¿Todo eso a qué lo llevó?

Sufrir palizas a diario y casi desfallecer, aun cuando habría sobrevivido a todo aquello, no habría servido como para hacer que todo se detuviera.

—Debes de tomar la decisión, si estás dispuesto a hacer lo que sea necesario para sobrepasar la adversidad.

Inclusive si eso significa ponerte en riesgo o destruir tus principios.

Es una simple decisión ¿que tanto estoy dispuesto a perder para ganar?

Stuart se mantuvo callado, después de unos minutos, este asintió y se retiró, su rostro tendría una expresión ilegible para Beltrán, quien no podría hacer mucho más que suspirar, no sabría si aquello que habría dicho serviría o siquiera sería acertado.

Sin embargo para Beltrán era cierto, hacía tiempo habría tenido que tomar aquella decisión poniendo no solo su bienestar en riesgo con tal de estar dispuesto a superar lo que estaría aproximándose sino poner en riesgo todo aquello que le pertenecía y consideraba como suyo para escapar de las horribles garras del destino que le esperaba.

Finalmente el ruido de pasos se escuchó a la lejanía.

Beltrán suspiró dejando de observar el cielo, sin embargo no miró en la dirección de donde vendrían los pasos.

Aunque no podría reconocer a alguien por su forma de caminar, Beltrán pudo adivinar sencillamente de quién se trataría.

Aquello debido a que el mismo lo habría contactado.

Su mal presagio de lo que estaría por venir.

—Es bueno que estuvieras aquí antes de tiempo.

Una voz relajada y bastante agradable hicieron que Beltrán finalmente se girase a verle, de cabello rubio dorado, ojos como ríos helados y rostro atractivo inclusive para un niño de esa edad, Simone Lanyx habría llegado.

—Supuse que buscarías llegar antes que yo.

¿Cuál es el sitio?

Simone sonrió con simpleza mientras hacía una seña con su cabeza, lejos de apuntar a un sitio dentro de la institución como Beltrán habría creído, la cabeza de Simone apuntaría fuera de la cerca del instituto en dirección a Realta.

—Beltrán, mi estimado ¿estás listo para dar un paseo en Realta?

Beltrán frunció el ceño, observando aquella ciudad distante la cual, apesar de haber estado viviendo casi durante 2 años, apenas podría decir que la conocía.

—¿Qué buscas encontrar en Realta?

Para alguien perteneciente a una familia noble local como lo era la casa de los Lanyx, habrían realmente pocas cosas que podría conseguir en un pueblo y en los propios territorios de su familia no.

Lanyx sonrió ampliamente, casi como si esperara a que Beltrán preguntase aquello mismo.

—Encontraremos el mercado negro.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES PostDeluvianMT Buenas a todo espero les esté gustando las novelas, aprovecho para avisar que una vez concluya con los primeros 50 capítulos me daré la labor de corregir algunos errores de ortografía o escenas a lo largo de los capítulos, esto no alterará lo ya escrito con anterioridad solo se buscará ser más dinámico.

¡Espero disfruten la novela!

Att: MT

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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