Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

El Trono de las Bestias - Capítulo 36

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. El Trono de las Bestias
  4. Capítulo 36 - 36 Capítulo 35 La ayuda no es gratuita
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

36: Capítulo 35: La ayuda no es gratuita.

36: Capítulo 35: La ayuda no es gratuita.

Capítulo 35: La ayuda no es gratuita.

Beltrán aguantó su respiración, atraves de las grietas del agujero contra el cual se encontraba presionado el basurero, pudo ver algo de luz filtrarse, la fuente sería aquella linterna que el guardia tendría, la luz duró unos escasos segundos antes de poco a poco atenuarse, segundos los cuales le resultaron eternos al joven, su corazón latía de manera acelerada, una mezcla entre emoción y miedo sembrándose en su pecho.

Por un lado, que fuese descubierto no le resultó especialmente aterrador, siempre podría revelar en voz alta su identidad, cosa que aunque arruinaría su misión con Simone, garantizaría el bienestar de Beltrán, aunque pensándolo mejor la situación no resultó tan simple, si gritaba a los vientos que era un Leonhard aquel guardia no tendría la obligación de creerle en primera instancia.

¿Cuántos ladrones, vagos o embaucadores habrían mencionado aquello en el pasado?

Beltrán creía que los suficientes como para que no se lo tomasen enserio.

Adicional a aquello, el guardia se encontraba armado, preparado para disparar sin preguntar, quizá inclusive antes de que Beltrán pudiese decir algo para probar la veracidad de su identidad tuviese 3 o 4 saetas atravesando su piel, cosa que realmente atemorizaba a Beltrán y de alguna extraña forma le emocionaba, tal vez el simple hecho de vivir tantas situaciones de estrés le habrían hecho algo adicto a la adrenalina.

La opción de huir y esconderse resultó la mejor para garantizar su supervivencia.

Sin embargo ahora se encontraba en una situación algo distinta.

—¿Ya se fue?

—susurró una voz baja y suave.

Beltrán habría sido ayudado por alguien, alguien contra quien ahora se encontraba apretujado en el interior de aquel pequeño agujero.

Manteniendo su vista fija en la grieta, la luz disminuyó lentamente hasta esfumarse, su vista se sumió en completa oscuridad tras esfumarse la luz.

“¿Quién me salvo?” Aunque intentará girar la cabeza para observar a su salvador, la poca movilidad que poseía hizo que aquello le fuera una tarea imposible, por lo cual decidió solo contestar, una vez que el ruido de las pisadas del guardia disminuyó hasta desparecerá, claro estaba.

—Si.

Ya se fue.

Tras aquellas palabras la otra parte se mantuvo sin respuesta un rato, tras casi un minuto de mero silencio Beltrán fue capaz de escuchar aquella suave voz nuevamente.

—Eso es bueno, vamos sal de aquí.

De manera obediente Beltrán empujó el basurero hasta sacarlo nuevamente de la pared, en la oscuridad y sin el basurero bloqueando la poca luz, este era capaz de ver un poco, razón por la cual no dudó en salir y observar quien le habría ayudado.

Para su sorpresa se topó a alguien casi tan pequeña como el, saliendo cautelosamente del agujero tras el basurero.

Detrás suya una chica de no muy buen aspecto se dejó ver, en un principio incluso a Beltrán le costó diferenciar el género de la joven; vestía ropas andrajosas y oscurecidas, no lo suficiente para ser llamados trapos pero tampoco demasiado como para considerar su ropa cómoda.

La chica le miró mientras salía de aquel agujero.

—Mierda, casi nos descubren, sino te ayudaba ¿que se supone que habrías hecho?

—preguntó la chica, con molestia.

Beltrán quedó pasmado unos cuantos segundos, todo el desarrollo y su cansancio como tensión aún no habrían terminado de esfumarse, sus pulmones, diafragma y garganta ardían mientras este tomaba lentamente aire, el respirar le resultó tan complicando que nisiquiera pudo contestar al instante.

Cuando pudo calmar su respiración un poco, Beltrán observó a la joven.

—¿Por qué me ayudaste?

—atinó a decir.

La niña le miró con duda grabada en sus ojos.

—¿Por qué te ayudé?

Diosa… —se quejó— si no nos ayudamos entre nosotros, no podremos sobrevivir.

“¿Nosotros?” Aún desconcertado, Beltran observó a la niña buscando algo en lo que ambos se asemejasen.

Aunque no se expresó probablemente la chica comprendió su duda pues frunció el ceño claramente molesta he irritada por la falta de comprensión del joven.

—¡La gente de la calle!

Por dios… ¿de dónde saliste?

—exclamó, como si fuese la cosa más obvia del mundo.

“¿Qué?

¿De la calle?” Tras meditarlo un segundo, Beltrán creyó comprender a qué se refería, mirándose a sí mismo notó en lo que ambos se asemejaban, la ropa de Beltrán oscura se encontraba manchada de una mezcla de lodo, barro y suciedad, su persecución le habría dejado en aquel estado, con su piel visible también sucia, realmente parecería alguien de las calles.

Claro, uno mucho más limpio y en mejor estado que la joven niña que estaba viendo, pero tampoco tanto.

Por un momento Beltrán quiso aclarar el malentendido sin embargo cuando quiso corregirse se encontró con una oportunidad que no podría desaprovechar.

Habiendo abierto la boca para decir algo al respecto, finalmente este la cerró.

Su suerte, aunque claramente mala, pareció brindarle una oportunidad.

Que un guardia le persiguiera significó que como la chica habría dicho, le daría la apariencia de alguien de las calles, quizá algo inexperto o con poco tiempo en ellas, cosa que resultó ideal para recolectar información.

—… llegué hace no mucho —contestó, siguiéndole el juego.

La niña asintió, su expresión se volvería más amigable mientras observaba a Beltrán con algo de curiosidad.

—¿Por qué te persiguió el guardia?

Beltrán se encogió de hombro, siendo totalmente transparente.

—Supongo que fue por cómo me visto, estuve vagando por el distrito rico un rato.

La niña abrió los ojos ampliamente, sorprendida por la respuesta del joven.

Rápidamente se giró observando la única salida del callejón con aún más cautela que antes, parecería esperar que algo más cruzara por esa entrada.

—¿¡Cómo se te ocurre hacer eso?!

¡Más bien!

¿¡Cómo carajos entraste ahí!?

El joven Leonhard la miró, totalmente en blanco, su reacción no fue ensañada, realmente no sabría el motivo del porqué le resultó sorprendente aquello.

—¿Qué hay de malo con eso?

La niña quién habría parecido recuperarse de su irritación anterior maldijo, antes de darse un sutil golpe en la cabeza casi como si pareciese intentar presionar algo.

—¿Acaso estás mal de la cabeza?

—su pregunto fue sincera—.

Mira, no sé cuánto tiempo llevas en la calle, pero eso aquí en Realta es un suicidio.

¡Tuviste mucha maldita suerte!

La niña negó con la cabeza repetidas veces, antes de marearse un poco, tropezó sutilmente para recuperar el equilibrio y girar para observarle nuevamente.

—Bien, sea cual sea el caso, no podemos quedarnos aquí mucho tiempo.

Sígueme y no te quedes atrás.

La niña no dudó en caminar afuera del callejón, su paso cauteloso sorprendió a Beltrán.

Durante aquel último tiempo Beltrán entrenó bastante su capacidad auditiva viéndose capaz de escuchar las pisadas de múltiples individuos a la lejanía, conocía bien la cantidad de ruido que emitirían las pisadas de otros jóvenes de su edad o adultos, sin embargo en esta ocasión sucedió algo similar a lo que habría visto con el profe Axcel.

Las pisadas de aquella niña aunque no pasaron totalmente desapercibidas de su oído, fueron apenas notadas por el mismo y aquello considerando que la distancia que tendría el de la niña no fue más de un par de metros.

Ya fuese su aparente poco peso o el hecho que vivir en las calles la habría adecuado a ello, la chica poseía un sigilo asombroso.

Sacudiéndose los pensamientos, Beltrán siguió a la niña durante su recorrido, en esos momentos pudo apreciar la verdadera naturaleza de los distritos bajos de Realta.

Aunque en sus memorias alternas habría alguna información al respecto, ciertamente la sensación de cruzar por estos resultó bastante, estimulante en comparación con aquello.

Cruzaron por variedad de casas como callejones, a diferencia de las limpias calles principales en los distritos de mayor dinero, estas calles se encontraban repletas de escombros, excremento y orines por todas partes, la basura se encontraba cubriendo cada callejón.

Los edificios de varios pisos ennegrecidos por la suciedad proyectaban sombras tensas y oscuras.

Sobre todo considerando la poca falta de faroles que habrían alrededor de las grandes calles.

Beltrán no pudo evitar sentir miradas sobre el, de vez en cuando escuchaba ruidos pertenecientes a animales, o otros individuos en situaciones de calle, algunos talleres como aparentes fábricas emitían nubes de vapor negruzcas apenas perceptibles en los cielos.

En un principio, habría creído que el mundo era muy similar a las típicas historias fantásticas a las que sus memorias alternativas estaban acostumbradas, sin embargo conforme las observaba sus detalles más notaba sus discrepancias.

Las edificaciones de varios pisos, talleres y locales transmitían un ambiente distinto, sus cielos oscurecidos eternamente con el asomo de rayos iluminando el mundo.

Algunas veces notaba la semejanza entre ciertas tecnologías, como aquellas lámparas utilizadas por guardias o puestas en las calles amplias o intersecciones de las mismas que ardían con algo muy distinto al aceite tradicional o alcohol al que estaba acostumbrado ver.

En ocasiones notaba las lámparas tradicionales he inclusive lago anticuadas puestas en múltiples decoraciones rústicas o estructuras hechas más recientemente.

¿La razón de aquello?

Lo desconocía y la gente no parecería tener las respuestas a las dudas que tenía.

Sin embargo lo que más impresión causó en el, fue su gente, pudo observar a jovenes, niños y adultos por montón en el interior de callejones, durmiendo en los portones de estructuras o en pequeños refugios formados de la chatarra encontrada.

Algunos mendigaban o peleaban con otros por alimento, finalmente algunos inclusive yacían en peor estado, recostados o moribundos.

Nunca habría visto algo tan impactante y a su vez subrealista.

Las situaciones de cada uno resultó única, como distante, sus especies no parecieron importar cuando se trataba de pasarla mal, ya fuesen semi-elfos, galibranos o humanos, su dolor fue semejante como abrumador.

Antes, debido a que busco no querer dejarse influenciar por aquello que le rodeaba, Beltrán se habría intentado convencer nuevamente que todo aquello resultaba ajeno a él, como lo habría sido en aquella ocasión en que mató al galibrano, como si todo fuese un juego o película, distante y no real, aún con sus memorias alternas, todo le resultó difícil a Beltrán y conforme más tiempo pasaba menos se sentía ajeno a lo que le rodeaba.

No podía simplemente ponerse la máscara del engaño, si aún quedó un atisbo de resistencia dentro suyo, observar a los galibranos esconderse ante el ruido, semi-elfos solitarios vagando con la mirada perdida o humanos acurrucándose unos contra otros para conservar el calor, este término de extinguirse, simplemente era incapaz de ignorarlo, dejando un profundo sentimiento de impotencia en el.

—Lindo ¿no?

—preguntó con sarcasmo la niña.

Beltrán hizo una expresión apenada y a su vez dolida, todo aquello le recordó la realidad del mundo en el que vivía, no se trataba de él, todos aquellos jóvenes tenían una vida propia, una historia trágica que contar.

No merecían aquel trato ni mucho menos aquella vida.

Y aún así aquí estaban, sobreviviendo.

“Definitivamente soy patético.”  No pudo evitar suspirar, recordó como la impotencia y la desesperación le habrían envuelto antes, sin embargo comparado con aquella pequeña tortura en el instituto, probablemente cada uno de estos jóvenes poseía una batalla mucho mayor que lidiar a diario.

—¿A donde nos dirigimos?

Para este punto, ambos habrían salido de las intersecciones principales en Realta, entrando a los distritos donde solía vivir la gente de la calle, Beltrán sabía que ya no corrían un peligro, cosa que significaba que la niña tendría otras intensiones con el.

Tras escuchar sus palabras la niña se frenaría, girando su rostro sutilmente hacia el.

—Chicos astuto —atinó a decir—.

Por lo que puedo notar no llevas mucho tiempo en la calle, así que creo que debes entender un concepto simple ¿no?

Aún sin ser alguien de la calle, el creía comprender bastante bien ese concepto, quizá lo habría conocido con un nombre distinto sin embargo en el mundo real aquello se podría aplicar a inclusive las políticas de trabajo de varios entornos.

—La ayuda no es gratuita —completó Beltrán.

—Bueno iba a decir, nada es gratis, pero ciertamente es eso mismo.

¿No crees que me merezco un favor también?

Beltrán se mantuvo en silencio, concentrándose en escuchar y observar a sus alrededores, aunque la chica no lo hubiese dicho directamente, pudo notar pequeños pasos cada cierta distancia, detrás suya, desde que entraron a la zona más pobre.

No creía que rechazar a la joven le convenciese, la chica era importante para recolectar información sobre el bajo mundo o quizá su pase directo a conocer la ubicación del mercado negro.

Sin embargo creía que aceptar rápidamente sería no muy usual.

Fingiéndose algo cauteloso, Beltrán la miro con duda.

—¿y si no quisiera?

La niña lo miró en silencio unos segundos, cuando repentinamente Beltrán escuchó que habría algo detrás suya, girándose este observó desconcertado lo que se encontraba detrás suya.

Beltrán observó un gran sabueso oscuro, casi tan alto como el, esta criatura lo miró, sus ojos eran dos canicas blancas con apenas brillo, su cuerpo resultó robusto y secretaba una extraña saliva de color oscuro, la cual trajo un fétido olor que casi hizo que diese una arcada.

—Sino accedes también puedes jugar con Sky.

¡Sky Ataca!

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo