El Trono de las Bestias - Capítulo 39
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39: Capítulo 38: Las calles.
39: Capítulo 38: Las calles.
Capítulo 38: Las calles.
Beltrán observó cómo las siluetas de quienes se acercaban se volvían poco a poco más visibles.
La primera se trataba de una semielfa.
Tenía una gran cicatriz que comenzaba en su sien y terminaba en su barbilla; aparentaba tener la misma edad que Daenerys.
La segunda silueta fue un galibrano que, aunque algo flacucho, parecía poseer una complexión fuerte; su rasgo más destacado era el color grisáceo de su cabello.
Los otros dos individuos eran gemelos humanos.
En lo que respectaba a sus rasgos, poseían los típicos de la gente de aquella región de Recolta: cabello castaño y ojos grises.
—Así que estos serán nuestros compañeros.
A juzgar por su apariencia y edad, Beltrán podía asumir que, al igual que él, fueron niños de la calle ayudados por Daenerys para poder sobrevivir en el peligroso entorno que era aquel.
Aunque Beltrán no trabajaría con ellos de manera directa, conocer sus rostros y un poco sobre ellos no le vendría nada mal.
Además, serviría como certeza en caso de que llegaran a traicionarlo: con sus rostros en mente siempre podría arrastrarlos con él.
Daenerys no se haría esperar: apuntó a Beltrán con ambos brazos.
—Este es Salo.
Él será quien nos ayudará a mantener ocupados a los guardias.
Todos los individuos miraron a Beltrán inquisitivamente, con clara desconfianza grabada en sus ojos.
—¿Estás segura de que este niño dará la talla?
—preguntó, algo insegura, la semielfa.
Daenerys asintió con la cabeza enérgicamente.
—Es lo que hemos estado esperando.
Créeme, lo he visto correr: definitivamente tiene una resistencia mucho mejor que la de la mayoría.
El galibrano le dedicó una mirada hostil a Beltrán durante unos momentos antes de bufar, inconforme con aquella explicación.
Pasando al costado de Daenerys, se puso delante de Beltrán.
—Daenerys puede ser algo ingenua a veces.
Dime, niño, ¿estás seguro de que puedes hacer algo?
Te ves demasiado blando como para llevar a cabo el trabajo.
¿Qué me dice que no te cagarás en los pantalones cuando las cosas se pongan difíciles?
Beltrán alzó la mirada.
El galibrano, aunque probablemente no mucho mayor que él, resultaba mucho más alto.
El rostro de Beltrán mantuvo una expresión casual cuando contestó con la misma naturalidad: —Créeme, he hecho cosas peores sin titubear.
Beltrán, aunque no se consideraba un buen mentiroso, sabía que no necesitaba mentir del todo para contestar aquella pregunta.
Su respuesta albergaba algo de verdad y algo de mentira.
Había matado a un bandido galibrano antes, acción que realmente realizó sin titubear ni un momento —de lo contrario no estaría vivo—.
Sin embargo, aquello fue una cuestión más de supervivencia e instinto.
Ahora haría algo consciente, y ni siquiera Beltrán sabía si podría mantener la compostura.
El galibrano lo observó inquisitivamente unos instantes antes de bufar y alejarse de él.
—Supongo que está bien.
Beltrán se dio el lujo de sonreír sutilmente.
No por confianza ni por la satisfacción de que lo hubiesen aprobado, sino por el nerviosismo que estaba ocultando.
“Definitivamente sigo siendo un niño.” Su corazón estaba acelerado y realmente no se sentía cómodo con lo que lo rodeaba.
Desde un inicio, la sola idea de alejarse tanto de casa para aislarse e interactuar con el bajo mundo lo aterraba.
Sin embargo, había una cosa que lo aterraba aún más.
Noah.
Tenía que quitarlo del camino si quería que el acoso durante clases terminara y, más importante, evitar que este volviera a tomar represalias contra su rebeldía.
El joven representaba la mayor amenaza inmediata que podría sufrir por ahora, aunque dudaba que Noah lo matara a sangre fría.
Aun así, se veía a sí mismo enfrentando múltiples amenazas de muerte durante el resto de su estancia en el instituto.
Cosa que preferiría evitar.
Asumir riesgos ahora para evitar riesgos a futuro: esa fue su mentalidad.
—En todo caso, ¿está enterado del plan?
—preguntó uno de los gemelos.
Daenerys asintió en respuesta.
Bajo la perspectiva de Beltrán, probablemente existían cosas que ella había decidido no revelarle, por ejemplo, quién le había dado aquella información.
Claramente debió haber sido de una fuente confiable, pero ¿qué tan confiable podría ser?
“Definitivamente alguien allegado a la iglesia debió haberles dado esa información.” Aunque Beltrán temía que la misión de adentrarse en el lugar no fuera segura sino una trampa, sabía que no tendría que correr demasiados riesgos en caso de que el plan fallase o surgiera algún imprevisto.
Esa fue otra de las consideraciones que tomó en cuenta al aceptar ayudar a Daenerys.
También la posible recompensa que recibiría al hacerlo, claro estaba.
Daenerys se había ofrecido a enseñarle el bajo mundo, aunque considerando las cosas, Beltrán no creía que ella supiera sobre el mercado negro.
Quizá conocería a alguien que podría introducirlo en él.
—Entonces, ¿cuándo realizaremos el movimiento?
—preguntó Beltrán, algo impaciente.
—¿Tienes prisa?
—preguntó Daenerys con claro sarcasmo—.
Dudo que alguien venga a buscarte.
Beltrán frunció levemente el ceño.
Si realmente fuese un niño abandonado y huérfano, aquello le habría dolido.
—¿Crees que soy una bestia?
Hoy sufrí dos sustos de muerte y corrí tanto como nunca lo había hecho en mi vida.
Creo que me merezco un descanso.
Daenerys se rió, no como burla, sino porque auténticamente le causó gracia lo dicho por Beltrán.
—Está bien.
Para tu suerte, hoy no tenemos planeado actuar.
Tendremos que preparar un par de cosas.
Nuestra idea era actuar hoy mismo; sin embargo, con tu adición las cosas cambian un poco.
Beltrán asintió, comprendiendo a qué se refería.
En primera instancia, lo más probable era que, antes de considerarlo a él, aquel galibrano fuera el encargado de distraer a los guardias reclutadores.
“Obviamente prefieren arriesgar al menos involucrado con ellos.” Daenerys se acercó a Beltrán dedicándole una sonrisa amigable.
—Bien, un trato es un trato.
Te enseñaré lo que debes saber sobre este sitio.
Beltrán arqueó una ceja, con una pregunta no dicha.
Daenerys ya sabía cuál era.
—Sí, sí.
Será solo lo básico.
Sé que estás cansado, pero al menos con esto podrás moverte mañana sin morir en estos sitios.
Beltrán suspiró, no por su cansancio, sino porque aquello significaba que una de sus principales problemáticas se encontraba cubierta.
La movilización.
De alguna manera tenía que volver a su hogar, y aunque tenía la idea de simplemente irse con la promesa de volver al día siguiente —asegurándose de que nadie lo siguiera—, aquello quizá no resultaría lo más viable considerando su experiencia anterior con el guardia.
Por ahora solo absorbería, como una esponja, todo el conocimiento que Daenerys estuviera dispuesta a brindarle.
La niña se abrazó al brazo de Beltrán mientras tiraba de él para alejarse por el callejón.
—¿Y ahora por qué me agarras?
—preguntó Beltrán, algo incómodo por la repentina cercanía.
Aunque no era quién para juzgar, si ambos compitieran, definitivamente la niña se llevaría el primer lugar en quién apestaba más.
—Eres nuevo.
Lo mejor es que nos quedemos unidos.
Además, ¿acaso no te agrada?
Beltrán puso los ojos en blanco, recordando un principio de la calle muy simple.
—No.
Simplemente quieres saber si tengo algo conmigo, ¿verdad?
Daenerys lo observó con algo de sorpresa antes de suspirar.
—Bueno, supongo que sería raro que tuvieras créditos… pero no imposible.
Beltrán se dio cuenta enseguida de que la niña intentaba distraerlo para aprovechar la cercanía y revisar si tenía algo de valor que tomar.
Aunque no quería meterlos a todos en el mismo saco, por un momento casi olvidaba que la mayoría de ellos eran ladrones silenciosos.
Aun descubierta, la niña no lo soltó.
Avanzó junto con él mientras los demás jóvenes los veían retirarse.
Sky, acostada en el suelo tras revolcarse un poco, se alzó sobre sus cuatro patas y corrió detrás de ambos, siguiéndolos.
… Beltrán observaba con curiosidad los callejones, ahora con Daenerys delante suyo guiándolo a través de las complejas calles.
Al joven le costaba recordar con exactitud siquiera de dónde venían.
¿Cuántas vueltas habrían dado?
A la izquierda, derecha, nuevamente izquierda… —Es absurdo intentar memorizar estas calles —habló Daenerys, llamando la atención de Beltrán.
—¿Nadie ha intentado hacer un mapa o algo así?
Daenerys negó con la cabeza.
—La mayoría de quienes intentaron alguna vez mapear Recolta no terminaron bien.
Beltrán la miró, algo temeroso de preguntar.
—¿Murieron?
La joven negó nuevamente, sin apartar la vista del frente.
—Se volvieron locos.
Este sitio puede ser mucho más confuso de lo que crees, Salo.
—¿Entonces cómo sabes hacia dónde te diriges todo el tiempo?
Daenerys se giró para observarlo y luego, con la cabeza, señaló hacia un sitio en específico.
Beltrán miró la zona.
En una pared en mal estado había varias manchas oscuras.
Por un momento estuvo por preguntar qué tenían de especial, cuando notó algo curioso en una de ellas.
“¿Acaso eso es una palabra?” La mancha, de color oscuro y seco, podría pasar por cualquiera común, pero Beltrán notó detalles peculiares en su forma.
Ninguna mancha que había visto antes tenía esa apariencia, ya fuesen las causadas por salpicaduras o las que se formaban con el tiempo.
Era más semejante a un conjunto de formas que a una mancha accidental.
—Eso significa peligro.
Si continuaras por ese callejón, te toparías con los territorios de una pandilla peligrosa.
Beltrán abrió los ojos, sorprendido por la naturaleza de la advertencia.
Luego observó otra mancha al azar en el sitio.
—¿Y esa mancha?
Daenerys alzó la comisura de sus labios en una sonrisa.
—Esa es una mancha de orina.
Beltrán la observó en silencio antes de toser, algo avergonzado.
—Con el tiempo te acostumbrarás a diferenciarlas.
—Como sea… ¿así es como sabes a dónde dirigirte?
¿Con manchas?
—Realmente sería divertido si ese fuera el caso, pero es más complejo que eso.
—Entonces cuéntame, ¿cuál es el truco?
Daenerys guardó silencio unos momentos, aparentemente pensando en cómo contestarle.
—Es un conjunto de cosas.
A veces son marcas en las esquinas, otras veces manchas llamativas, en ocasiones símbolos o cosas dispersas por los callejones.
Verdaderamente no hay una forma exacta de traducirlo.
Se podría decir que la mayoría de interpretaciones son correctas unas con otras.
Beltrán frunció el ceño, sin terminar de entender.
—¿Entonces cómo sabes si algo es bueno o malo?
Daenerys llevó una mano a su barbilla, pensativa.
—Supongo que es instinto.
Alguien que ha vivido varios años aquí sabe diferenciar entre sitios peligrosos y sitios más tranquilos.
Beltrán la observó unos segundos.
Le resultaba increíble escuchar que meramente fuera su instinto lo que le guiaba, aunque gracias a sus memorias alternas sabía que existía gente con cualidades similares.
Supuso que su experiencia en el oficio le había otorgado aquella intuición.
Su caminata los llevó hasta la intersección de cuatro callejones.
En el centro se encontraba una tapa de alcantarilla rudimentaria, recostada contra el suelo.
Varias marcas demostraban que muchos individuos la habían abierto antes.
Beltrán notó que no parecía estar hecha de un material duro y metálico, como las usuales en las calles, sino que lucía más poroso y notoriamente más delgado.
—¿Qué es este lugar?
—preguntó Beltrán.
Daenerys se acercó a la tapa.
Sus pequeñas manos se aferraron a una agarradera en forma de disco y, como si fuera corrediza, la movió hacia un costado.
Un agujero quedó al descubierto; en su interior, escaleras metálicas oxidadas se hundían en la oscuridad.
—Este sitio es el lugar más importante que puedo enseñarte, sobre todo a alguien no experimentado en las calles.
Es el alcantarillado.
Es tu centro de transporte personal y la forma de llegar a cualquier lugar en Recolta.
Beltrán observó el lugar antes de tragar saliva.
Sus oscuras profundidades revelaban susurros distantes, como gritos metálicos haciendo eco en su interior.
¿En serio aquel sería su transporte principal a partir de ahora?
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