El Trono de las Bestias - Capítulo 41
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41: Capítulo 40: Alba dorada.
41: Capítulo 40: Alba dorada.
Capítulo 40: Alba dorada —Pensar que incluso tú puedes decir algo gracioso.
“Con alguien como tú cerca mío, no puedo evitar ser creativo”, pensó en sus adentros Beltrán.
Beltrán volvió a su usual personalidad seria, observando el lugar con cierta duda persistente.
Simone la notó, por lo cual alzó la voz buscando aclarar la razón de su particular punto de reunión.
—Nadie es tan imbécil como para acercarse a una iglesia a estas horas de la noche.
Beltrán alzó una ceja.
—¿Y por qué nosotros sí debemos de serlo?
Simone entrecerró los ojos, observando un punto en el espacio particularmente llamativo cerca de la iglesia: sus grandes portones, decorados con robusta madera y las siluetas de los símbolos religiosos utilizados por la iglesia.
La influencia de la iglesia, aunque debilitada en comparación con antaño, aún se mantenía fuertemente arraigada en las costumbres de las ciudades, sobre todo considerando los orígenes de Realta.
La iglesia probablemente persistiría, inclusive si toda Realta fuese reducida únicamente a cenizas.
Sin embargo, aquello significaba un constante peligro para todo aquel que decidiera acercarse a la misma, sobre todo conociendo la presencia de los guardias reclutadores.
Estos guardias eran enviados de la Santa Sede de la iglesia y alojados en las catedrales cuidadas dentro de las ciudades en las que vivían.
La razón del porqué sería aquel el caso le resultó incierta a Beltrán, quien realmente siempre prefirió mantenerse lo más alejado de esta iglesia como fuese posible.
“Y ahora nos encontramos en la casa de estos fanáticos.” Dispersando los pensamientos de Beltrán, Simone habló tras una larga pausa.
—Realmente los fanáticos de la iglesia no se encuentran viviendo en la misma.
Para ser más específicos, ningún alma se encuentra dentro de la iglesia estos días.
“¿Cómo demonios sabes eso?” Aunque algo sorprendido por la seguridad de las palabras de Simone, Beltrán no pudo darse el lujo de preguntar más al respecto; tenía que mantener su fachada de conocedor ante el chico.
Cosa que, conforme se involucraba en la circunstancia, se volvía más complicada.
Beltrán creyó que, mientras pretendiera saber tanto o más que el otro individuo sobre ciertos temas relacionados con el prana y su uso, Simone eventualmente revelaría algo relevante que le permitiese esclarecer algunas de sus dudas.
Sin embargo, a este punto era difícil diferenciar aquello que podría preguntar de aquello que no podría; no sabía si alguna de las extrañas respuestas de Simone estaban relacionadas con un aspecto de la taumaturgia o le resultaban más privadas.
Cosa por la cual decidió no devanarse los sesos.
En caso de no ser estrictamente necesario, Beltrán no preguntaría sobre las fuentes o la manera en la que Simone obtendría la información que conocía.
Aparentemente satisfecho con aquella respuesta, Beltrán solo asintió sin decir nada más.
—Dime, Beltrán, ¿qué descubriste?
Espero que valga la pena y no me hubieras dejado esperando en vano.
El ceño de Beltrán se profundizó, queriendo replicar ante la actitud de Simone; sin embargo, incapaz de realmente poderle decir algo, porque ciertamente había llegado tarde.
Suspirando, Beltrán se decidió a contarle a Simone parte de lo que había descubierto, con cierta transparencia limitada.
Beltrán evitó mencionar algunos datos importantes; entre ellos, prefirió guardarse para sí algunos detalles del misterioso alcantarillado.
Aunque Simone era su aliado y realmente estaría haciendo todo aquello para cumplir uno de los caprichos de su opuesto, no pensaba revelar todas sus cartas.
Las intenciones de Simone, aunque por ahora no estaban en conflicto con las de Beltrán, siempre podrían cambiar.
Una de las cosas que Beltrán habría adquirido a raíz de sus memorias alternas fue cierta sabiduría sobre los sentimientos como objetivos de las personas, los cuales rara vez se mantenían estáticos, cambiando constantemente dependiendo de la situación en la que se encontraban.
Más aún, desconociendo realmente aquello que Simone buscaba, Beltrán solo fingía saber más de lo que realmente sabía, y quizá era mejor que aquella pantomima se volviese lentamente realidad.
Las alcantarillas presentaban una gran ventaja en lo que respecta a movilidad; además, parecían mantener cierto misterio rodeándolas.
Aunque no había tenido tiempo de reflexionar al respecto, Beltrán creyó comprender en primera instancia lo que sucedía con aquel búnker o almacén encontrado en el subterráneo.
Volviendo su atención a Simone, Beltrán estudió sus reacciones conforme más información le era revelada.
Ciertamente pareció mantener su usual calma algo arrogante.
Sin embargo, para el final de sus palabras —donde explicaba lo que el grupo de niños planeaba—, el rostro de Simone se ensombreció, y su sonrisa se desvaneció con lentitud.
—Esto es malo —murmuró lo suficientemente alto como para que Beltrán lo escuchase… aunque quizá lo hubiera hecho de todas formas.
—¿Para quién?
Simone echó la cabeza hacia atrás, dejando que colgara de su cuello unos segundos mientras observaba los cielos.
Rayos de diferentes colores, ahora menos notables, aún continuaban llenándolos; a diferencia del día, donde su estruendo era levemente audible, ahora el ruido engendrado por la gran tormenta parecía silencioso.
Inclusive ante la mejora en la audición de Beltrán, el cielo pareció totalmente quieto y callado.
Simone respondió, su voz algo más seca que antes: —Para todas las partes involucradas.
Un atisbo de duda inundó el pecho de Beltrán.
Simone, aunque claramente algo arrogante o presumido, resultaba ser bastante capaz.
El simple hecho de haberle dado información del bajo mundo a Beltrán, considerando los peligros, demostró lo capaz que era el joven Lanyx.
—Con todas las partes involucradas… ¿también te refieres a la iglesia?
Le resultó extraño a Beltrán siquiera pensar eso; no pudo imaginarse a la poderosa iglesia en una situación complicada, sobre todo si consideraba que a quienes se “enfrentarían” eran un grupo de desnutridos niños de la calle.
—El alba que viene es un alba dorada.
Beltrán abrió los ojos, finalmente entendiendo el significado de la preocupación de Simone.
Usualmente, las albas por sí solas no solían representar algún tipo de peligro para las personas que residían en pueblos o ciudades; esto debido a la existencia de cúpulas que las protegían de los efectos de las albas, aislando o disminuyendo significativamente sus efectos sobre la población.
Las albas por sí solas eran incapaces de lastimar a la gente; sin embargo, sus efectos podían alterar a criaturas como bestias o monstruos fuera de la cúpula, cosa que suponía un peligro para cualquier aventurero que decidiera viajar por largos periodos de tiempo lejos de cualquier pueblo o ciudad.
Sin embargo, existía un raro tipo de albas capaces de afectar a las criaturas inteligentes como ellos, y aunque menguadas por la existencia de la cúpula, solían tener un efecto adverso en la gente.
Estas eran las albas doradas.
Beltrán tragó saliva, incapaz de disimular su preocupación.
—Mierda… Simone asintió, también incapaz de mantenerse relajado.
Las albas eran eventos climatológicos, cosas que, bajo la teoría, no serían más difíciles de predecir que las tormentas auténticas que existían rara vez en el mundo.
Por lo cual existía una estirpe de individuos capaces de predecir el tipo de albas que golpearían el mundo.
Las albas más usuales no presentaban ningún problema, debido a que sus efectos eran nulos dentro de la cúpula.
Probablemente Simone hubiese sido advertido de la siguiente alba por su familia.
Conocer qué tipo de alba sería la siguiente resultaba un lujo que no muchos podían darse.
Aunque se difundía fácilmente la información, el problema era obtenerla: aquellos encargados de predecirlas no eran tan comunes y sus servicios requerían grandes sumas de recursos para hacer una predicción precisa.
Razón por la cual la gente capaz de acceder a este tipo de individuos codiciaba mucho la información brindada.
Aunque ninguna de aquellas cosas realmente le importaría a Simone o a Beltrán, quienes casualmente habían dado o recibido esta información sin necesidad de pagar retribución o dinero siquiera.
El más afectado por esta información fue Beltrán, quien observó el suelo, su mente sumida en un caos de pensamientos.
El plan de Daenerys, aunque a prueba de tontos y relativamente seguro, podría resultar entorpecido por la existencia de esta inusual alba.
¿Por qué justo tenía que ser en ese periodo de tiempo?
Quizá podrían retrasarlo si llegase a advertirle a ella y a sus amigos.
Aunque Beltrán no tendría problema en inventar una excusa para justificar el porqué un supuesto “niño de la calle” sabría qué clase de alba vendría, existían dos variables que le resultaban imposibles de eludir y que explicaban por qué sentía que aquello era una mala idea.
La primera era la paciencia de Noah.
Simone se negaría a ayudar a Beltrán si este todavía no le brindaba la información importante sobre el mercado negro, lo que significaba que cada retraso serían días y largas horas de tiempo en los cuales Noah podría planificar su nuevo intento de hacer que Beltrán fuese expulsado del instituto o, peor aún, matarlo.
Antes habría intentado dialogar con Simone para obtener su ayuda con una promesa anticipada de pagarle el favor; sin embargo, el Lanyx había rechazado tajantemente su intento de diplomacia.
La segunda era la propia impaciencia de Simone.
Aunque el chico no habría comentado nada al respecto, Beltrán pudo sentir la tensión de su voz con leve intensidad.
Probablemente Simone estaba contra reloj para obtener lo que estaba buscando: canalizadores.
Cosa que significaba que, en su posición, no podía permitirse retrasos.
Eso llevó a que ambos se mantuvieran en silencio.
El Beltrán de antes probablemente habría sucumbido a la presión y los enredos que restringían su libertad actual, perdiendo los estribos para constantemente maldecir su situación.
Sin embargo, el actual Beltrán, más experimentado, sabio y con una mayor cantidad de autocontrol, apenas pudo contenerse.
Ya fuese por la susceptibilidad de su edad infantil o genuinamente porque cada vez que se proponía lograr algo surgían más y más barreras impidiéndole una resolución directa.
Beltrán era alguien que prefería rodear los obstáculos ingeniosamente para evitar que estos retrasaran su avance.
Sin embargo, en esta ocasión, no existía una manera de evadir la problemática principal.
No podía seguir eludiendo su barrera actual, por lo cual no quedó otra más que enfrentarla directamente.
Rompiendo el silencio desanimado que había crecido entre Beltrán y Simone, finalmente Beltrán habló; la determinación parecía filtrarse a través de sus ojos anaranjados.
—Lo haré de todas formas —contestó, sin poder evitar que su mente añadiera cínicamente—.
“Tampoco es que me queden más opciones, niño.” Simone alzó una ceja tras escuchar su respuesta.
A diferencia de las sonrisas confiadas que solía dedicarle, Simone no pudo evitar simplemente negar con la cabeza, la comisura de sus labios levemente curvada hacia arriba en una sonrisa más auténtica.
—Está bien, entonces, señor temerario, apresúrate a encontrar el mercado negro.
Algo me dice que vas por buen camino.
También debo decir que la información que obtuve no es tan distinta a la que tú posees… Simone le explicó a Beltrán un poco más sobre el bajo mundo.
Ambos, como nobles, nunca habían pisado las calles ni mucho menos se habían involucrado con ese mundo.
Los anormales jóvenes expresaron su experiencia como diferencia en los métodos de recolección de información, cosa que les permitió conocerse mejor el uno al otro.
A diferencia de Beltrán, quien utilizó verdades a medias, engaños y actuaciones, el enfoque de Simone fue mucho más metódico y planificado, corriendo menos riesgos a la hora de exponerse él mismo.
Beltrán debía admitir que Simone demostró un gran talento para la planificación previa.
Con la información recolectada, Simone había observado varias zonas cerca de los barrios bajos, imitando el comportamiento de otros muchachos de su edad y finalmente infiltrándose en los pequeños grupos del bajo mundo.
Utilizó un recurso bastante sencillo pero demasiado preciado: dinero, una fuerza innegablemente poderosa, independiente de la edad u origen del mismo.
Por este medio, varias puertas se le fueron abiertas: el conocimiento sobre cómo se organizaban los grupos y dónde gastarlo de mejor manera, como por ejemplo en mercados clandestinos.
La diferencia entre los mercados negros y los clandestinos se basaba en su exclusividad.
Aquellos que buscaban organizar ventas clandestinas tenían como objetivo vender fuera del ojo agudo de los nobles y la iglesia ciertas materias, quizá prohibidas o quizá sobreinfladas.
Por ejemplo, la venta de animales exóticos sin los permisos requeridos o el pago de impuestos.
Teóricamente, cualquier venta sin pago de impuestos podría considerarse una venta clandestina; los mercados eran una extensión de varios individuos vendiendo aquello.
Por otro lado, el mercado negro era un sitio donde gente con vínculos peligrosos estaba dispuesta a ofrecer sus mercancías o servicios a otros individuos igual o más peligrosos.
Eso, a su vez, requería recursos, sitios ocultos en ciudades, organizaciones y personas dispuestas a gastar.
Lo que eventualmente conllevó a que estos mercados negros fuesen exclusivos y de difícil acceso para la mayoría de individuos.
Inclusive los nobles se veían limitados a que algún contacto conocido los introdujera a estos mercados, algo que debido a su situación actual no parecía muy usual.
Finalmente, Simone concluyó que preguntar más al respecto podría ser peligroso.
Exponerse mucho e involucrarse podía ser riesgoso, sobre todo considerando que, a diferencia de él, Beltrán lo había hecho con cierto margen de éxito.
Con la mente demasiado cansada como para pensar más al respecto, Beltrán finalmente se despidió de Simone.
Ambos decidieron no revelar el medio que utilizarían para regresar a sus respectivos hogares.
Por su parte, Beltrán utilizó el alcantarillado, emergiendo cerca del distrito en el que solía residir.
Rápidamente comprendió por qué, según Daenerys, haberse adentrado en este sitio resultaba prácticamente imposible para los niños de la calle comunes.
La seguridad del distrito resultó mucho más formidable, con guardias rondando por los laberintos de calles.
Beltrán juraría que los guardias lucían algo ansiosos, casi como si esperaran que algo saliera de la oscuridad en cualquier momento.
Aprendiendo de su sobreconfianza anterior, Beltrán fue más prudente que su yo de un par de horas antes y utilizó su oído para eludir a los guardias.
En la oscuridad, con tan poca luz, aunque bastante complejo, finalmente Beltrán logró volver al muro que guiaba a su hogar.
Lo demás fue repetir sus acciones anteriores: escalando y sumergiéndose en el interior de su hogar.
Bastante cansado como para hacer otra cosa, Beltrán entró a su habitación por la ventana y ocultó su ropa, poniéndose a medias su pijama antes de caer dormido tras tocar la almohada.
Horas más tarde, Beltrán se encontraba en su habitación.
Aunque el sueño le resultaba bastante, actualmente lo que menos podía darse era el lujo de descansar adecuadamente.
Además, el día de hoy, Beltrán tenía planeado hacer algo importante.
Antes había tenido la teoría de que el “despertar temprano” al que se había referido Simone hacía alusión a “adquirir una senda”.
Si aquello resultaba ser cierto, entonces existía una posibilidad de que Beltrán también hubiese desbloqueado una senda.
Aquel día se encargaría de comprobarlo.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES PostDeluvianMT Una disculpa por la tardía actualización.
Las últimas 2 semanas han sido algo atareadas, por lo cual apenas he encontrado algo de “tiempo libre” para actualizarla, espero disfruten el capítulo.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com