Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior

El Trono de las Bestias - Capítulo 43

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. El Trono de las Bestias
  4. Capítulo 43 - 43 Capítulo 42 Conjuros
Anterior
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

43: Capítulo 42: Conjuros.

43: Capítulo 42: Conjuros.

Capítulo 42: Conjuros.

Todo daba vueltas; su visión cambiaba constantemente entre ramas, hojas caídas, las nubes, el suelo seco y, finalmente, la oscuridad.

¿Dónde se suponía que se encontraba ahora mismo?

Conforme el dolor se extendió por su espalda y un leve mareo inundó su cuerpo, en ese instante Beltrán entendió: “Estoy rodando.” A falta de una manera de poder anular sus movimientos, él mismo había decidido utilizar la única estrategia de combate físico que creía que serviría: embestir.

Con lo empinada que era la colina del bosque, habría dudado que incluso alguien con el físico de Larson pudiera resistirse a tambalearse y caer.

Su mente, más despierta que nunca, ni siquiera lo pensó; ahora, en consecuencia, se sentía mareado y con bastante dolor en la espalda.

En algún punto, Beltrán habría parado de girar.

Por suerte, ningún árbol lo había frenado: simplemente desaceleró una vez que la pendiente se volvió insignificante.

“Espera…” Con la mente aún aturdida, Beltrán observó a su alrededor.

La sensación de que había olvidado algo llamó su atención; sin embargo, rápidamente lo recordó.

¡El maldito libro!

Parándose tan rápido que casi tropieza, Beltrán buscó el condenado objeto, haciendo caso omiso a la presencia que anteriormente habría representado una auténtica amenaza para él.

La silueta femenina de su atacante se alzó casi tan rápido como el propio Beltrán; sin embargo, arrebatada de su canalizador, resultaba tan indefensa como él.

La mirada de Beltrán buscó desesperadamente cualquier cosa que sobresaliera por su color entre las múltiples hojas, hasta que finalmente lo vio: atascado entre un par de raíces que sobresalían de la colina tras la cual había caído, el libro yacía enganchado, colgando de la delgada cadena que mantenía su interior sellado.

—¡Ayúdame, idiota!

Beltrán corrió hacia la colina; sin embargo, justo antes de lograr tomar el impulso suficiente, un gran tirón en sus ropas lo hizo darse media vuelta y caer al suelo.

Rodó junto con su impulso, evitando daños; sin embargo, tan pronto como se levantó, se vio obligado a retroceder casi al instante.

El ruido del viento agitándose le advirtió una fracción de segundo antes.

La silueta femenina había agitado su brazo en su dirección, peligrosamente cerca.

Entre sus manos, una gran roca golpeó el espacio en el que Beltrán habría estado hace unos momentos.

La pupila de Beltrán se contrajo, recordando por qué debía prestarle atención a su contraria.

Ella pretendía matarlo.

Ambos chicos se miraron y, apuntando su mano el uno hacia el otro, emitieron palabras en una lengua antigua casi al mismo tiempo.

… Un día antes.

La magia era un asunto complejo del cual Beltrán no sabía mucho.

Durante su estancia en el instituto se le inculcaron muchos conocimientos relacionados con ella; sin embargo, ninguno profundizó tanto como él hubiese deseado para encontrar un punto firme de comprensión.

Según tenía entendido, la magia era la consecuencia del uso de conjuros; todo lo que fuese creado a raíz de un conjuro era llamado magia, aunque el término era mal empleado por la gente sin tantas bases sobre el tema, justificando todo aquello fantástico —o metafísico— como magia.

Un sigilo resultaba una versión simple de un conjuro.

Lo que los diferenciaba auténticamente eran dos factores: La cantidad de prana y la complejidad.

Aprender un sigilo resultaba una tarea laboriosa, pero —según entendía— más simple que aprender conjuros, aunque más limitada.

Una vez aprendido un sigilo, se era incapaz de aprender otro, por lo menos hasta conseguir una senda.

En cambio, el saber conjuros resultaba más complejo, algo que solo alguien con una senda podía realizar.

Según Beltrán, cada senda lanzadora de conjuros poseía su propia forma de obtener acceso a estos, aunque el único ejemplo adecuado que conocía era el del mago y, en parte, el del cazador.

“Debí haber indagado más en la explicación del profesor.” Beltrán se arrepintió de no haber profundizado en las explicaciones de Axcel, quien, durante su última clase con la profesora Katerina, había explicado un poco cómo los cazadores adquirían sus conjuros.

Al parecer, los cazadores los obtenían tan rápido como adquirían su senda y subían sus etapas.

Beltrán desconocía si había algo trascendente en aquello o si solo eran elementos de información compleja ya impresos en sus mentes.

Tampoco sabía cómo “escogían” cuáles conjuros obtener; quizá simplemente obtenían ciertos conjuros al azar.

“Sin embargo, de ser ese el caso, probablemente ya me habría enterado de algo.

Con esto puedo descartar que sea un cazador, lo que me deja un repertorio no tan escaso como hubiese deseado.” Al desconocer todas las sendas híbridas y las lanzadoras de conjuros puras, Beltrán estaba nuevamente nadando a la deriva.

Aunque, por lo menos, no tanto como antes.

Seguramente existían formas en las que un taumaturgo podía descubrir su senda específica.

Por ahora, lo que tenía Beltrán era un aumento considerable en su control de prana y en sus reservas; era algo que podía sentir en su interior, en contraste con su yo anterior.

La incapacidad de adquirir conjuros desde la obtención de su senda, por lo menos, parecía ser uno de los rasgos más llamativos.

Beltrán se sentó en su cama.

Debido a su situación, quería saldar todo el asunto de la senda tan pronto como fuese posible.

Ese mismo día tomaría ciertos riesgos que creía mejor asumir con todas las herramientas a su disposición.

Según su conversación con Daenerys, esa misma noche llevarían a cabo su plan.

Aunque Beltrán no confiaba demasiado en la chica —a la que había conocido apenas un día antes—, creía entender por qué estaba tan ansiosa por querer usarlo a él para su plan.

En retrospectiva, ambos estaban algo desesperados y eran lo suficientemente inteligentes como para saber que una oportunidad igual no se repetiría.

“Realmente dudo tener un método para llegar al mercado negro en el corto plazo, pero creo que una pista para seguir, junto con la promesa, podría ser suficiente para Simone.” Considerando la inteligencia del joven, junto con su situación, Beltrán creía que Simone accedería a brindarle su ayuda aun si no encontraban el mercado negro tan pronto.

Su última conversación le había demostrado que Simone creía estar cerca de hallarlo.

En ese momento, mientras realizaba sus propias contemplaciones, Beltrán tuvo una idea.

Una tan simple, que se sintió tonto por no haberla pensado antes.

… Horas más tarde.

Eliette caminó por los pasillos de la residencia; sus pisadas suaves hacían eco sobre los suelos de madera bien cuidados.

El sitio, aunque acogedor para cualquiera, resultaba algo vacío.

Los pocos muebles, y aquellos que se encontraban cubiertos por sutiles telas, adornaban el lugar, haciendo que el eco de cualquier actividad fuera audible.

Por alguna razón, a Eliette le pareció gracioso.

Cuando Sir Aliss llegó a la residencia, ella imaginó que el lugar se llenaría de más vida que antes: un caballero caminando y revisando cada rincón, conversando e incitando a Beltrán a salir más de su habitación.

Sin embargo, no fue el caso.

Sir Aliss resultó ser un caballero bastante particular; incluso entre él y Beltrán había muchas semejanzas.

Sir Aliss solo salía de su habitación para alimentarse o entrenar.

“Parece que la única persona con buen carácter que queda aquí soy yo.” Pensó Eliette con un suspiro.

Durante las últimas semanas, Beltrán había sido especialmente difícil de tratar.

Había días en los que parecía misteriosamente determinado, y otros en los que regresaba magullado o desanimado.

Aunque el rostro del chico se había ido endureciendo con el tiempo, haciendo difícil saber su estado de ánimo, Eliette tenía un método infalible para determinar cómo se encontraba Beltrán: Sus ojos.

El chico resultaba especialmente expresivo en su mirar… o quizá Eliette era demasiado buena para leerlo; al fin y al cabo, lo había criado desde que era un bebé.

“Definitivamente tiene mucho que aprender… sobre todo, cómo relajarse.” Eliette conocía lo suficientemente bien a Beltrán como para saber que, incluso ahora mismo, debía de estar preocupado por algo.

Últimamente parecía, de alguna forma, más adulto, como si los años de juventud e ingenuidad se le hubiesen sido arrebatados de un día para otro.

Para Eliette, aquello dolía mucho más que verlo magullado o desanimado.

Sin embargo, su estado se había vuelto más sombrío, especialmente después de aquel viaje hacia la finca de su familia.

“Aunque nadie ha dicho nada… definitivamente algo sucedió.” Fuese cual fuese el caso, Eliette buscó la manera de animar a Beltrán, por lo cual había preparado un pequeño obsequio para él.

Esperaba que con ello, el joven actuara más como debía: un niño.

Mientras buscaba a Beltrán, Eliette observó algo particular.

Aunque no lo encontró en su cuarto, vislumbró algo llamativo en su escritorio.

Una carta.

Eliette observó las palabras escritas con curiosidad.

¿Acaso Beltrán estaba escribiendo a su familia?

Sin embargo, sus ojos se abrieron un poco al leer el contenido de la misma: “Mi estimado Beltrán: He recibido con gran alegría tu amable carta.

Nada podría causarme mayor agrado que aceptar tal cortesía de tu parte.

He de confesar que, desde nuestra última conversación, he aguardado con sincero entusiasmo la ocasión de volver a verte.

Será para mí un verdadero placer recorrer contigo los jardines y conversar como solemos hacerlo en nuestra estancia en el instituto.

Con sincera estima, Simone Lanyx.” Eliette observó la carta en shock, mientras una creciente emoción ardía en su pecho.

“¿¡Beltrán tiene un amigo!?”

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo