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El Trono de las Bestias - Capítulo 45

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Capítulo 45: Capítulo 44: Lanzadores de conjuros.

Capítulo 44: Lanzadores de conjuros.

Beltrán titubeó un segundo; su expresión, naturalmente inescrutable, se partió, haciendo que su ceño se frunciera sin que lo hubiera planificado.

Claramente, Beltrán comprendió su propia situación. Su padre, Bedivere, se encontraba utilizándolo como carnada y recurso para distraer la atención de los Gibraltar, familia con la cual ya había tenido conflictos en el pasado. Todo con tal de obtener lo que fuera que deseara de esa torre celeste.

Sin embargo, Simone proponía una incógnita de la cual no sabía cómo sacar provecho. Desconocía demasiada información con respecto a la vida personal de Simone.

Lo único ventajoso era que Simone probablemente se encontraba en una situación similar con respecto a Beltrán, cosa que ya había demostrado tras engañarlo y hacerle creer que sabía mucho más de lo que realmente sabía.

El intento de aprovecharse de respuestas vagas, aunque útiles para obtener información de Simone, exponía un riesgo constante de ser descubierto mintiendo.

—No creo poder sacarle más provecho a ello.

Nuevamente, Simone era inteligente y capaz; si simplemente pretendía seguir siendo más astuto que él, eventualmente sería descubierto.

Quisiera o no, Beltrán y Simone tenían que aliarse, aunque no fuese del agrado de ambas partes. Una de las razones era la conveniencia y la otra, que ambos, al descubrir que actuaban a espaldas de sus respectivas casas, podrían encontrar un aliado conocido del otro lado.

Simone no simplemente había confiado en Beltrán por buena fe o ingenuidad, sino porque sabía que a ambos no les quedaba otra opción más que aceptarlo.

Asumiendo aquello, Beltrán no dudó en hacerle perder más tiempo a Simone.

—Antes te tomaste la libertad de explicarme parte de cómo funcionan los sigilos en comparación con los conjuros —comenzó Beltrán—. Asumiste que, a pesar de haber despertado mi senda temprano, no conocería sobre ello.

Beltrán aprovechó para escuchar de la propia boca de Simone una de sus dudas.

—¿Por qué lo hiciste?

Simone asintió lentamente.

—Esa fue una segunda intención —expresó—. Además de dejar en claro por qué buscaba un canalizador, quería saber si eras consciente de cómo funcionaba tu posible senda.

Una sonrisa victoriosa se formó en su rostro—. Y descubrí que ese no fue el caso.

Beltrán no pudo evitar sentir un frío escalar por su cuello. ¿Acaso Simone lo había descubierto en la mentira?

Contuvo la respiración por una fracción de segundo mientras su mente repasaba rápidamente los eventos pasados. Claramente, para alguien que supiera cómo funcionaba una senda, aquella información sería como volver a explicarle a un niño de secundaria los sistemas básicos de suma y resta.

Solo había tres variables que se le ocurrieron a Beltrán: quizá Simone era alguien muy educado y escuchó toda la explicación aun sabiéndola; tal vez fingía inocencia; o realmente no sabía nada de lo que Simone estaba hablando.

No pudo haber fingido inocencia para aprovecharse del desconocimiento de Simone, pues su reciente pregunta carecería de sentido. Y aunque pudo haber sido educado al escucharlo, construyéndose como alguien callado, realmente Beltrán habría sido vago y directo con Simone; en resumidas cuentas, alguien que no hace cosas solo por hacerlas.

¿Qué sentido tendría dejarlo explicar por el simple hecho de hacerlo?

Sin embargo, Beltrán no se dejó caer presa del pánico. ¿Qué tanto habría descubierto Simone de su pantomima? Aún podía mantener el hecho de que era consciente de haber despertado una senda temprano; Simone nunca contradijo aquello.

Además, sus objetivos personales no tenían por qué relacionarse con su desconocimiento sobre el funcionamiento de su senda.

Sin embargo, aquí surgió una duda: ¿cómo Simone supuso que su senda era la de un lanzador de conjuros?

—¿Asumiste que podía lanzar conjuros? —preguntó Beltrán sin guardarse sus dudas.

Simone suspiró, aparentemente aliviado.

—Por un momento creí que lo negarías —se rió sutilmente.

Beltrán apretó la mandíbula. ¿Así que aquello fue más un supuesto que una acusación segura? El joven lo había engañado a él esta vez. Aun así, no podía darse el lujo de molestarse; sería hipócrita.

Simone continuó:

—Realmente no lo asumí. Todos los lanzadores de conjuros son capaces de “presenciar” el prana alrededor de un individuo y su cantidad.

Beltrán se sintió inquieto, conteniendo el impulso de mover la pierna por reflejo nervioso. Sin embargo, por otro lado, una de sus ideas se confirmó: había teorizado que Simone fue capaz de observar algo que lo delataba como un usuario con senda despertada temprano.

—Así que fue mi propio prana el que me delató.

Según sus conocimientos de las clases fundamentales de taumaturgia, aquellos con sendas lanzadoras de conjuros poseían conductos de prana exteriores. Al poseerlos, estos probablemente delataban la diferencia entre un taumaturgo interior y uno exterior.

—Ya comprendo —mencionó Beltrán—. Así que observaste el prana alrededor de mi cuerpo y no en su interior.

En el pasado, Beltrán teorizó que, al igual que el cuerpo absorbía prana de forma natural, también era capaz de liberarlo. Considerando la analogía de un sistema totalmente eficiente —y su inexistencia—, asumió que las fugas no solo sucedían hacia el interior, sino también hacia el exterior.

El cuerpo debía absorber más prana del que realmente requería, sobre todo en individuos con senda, lo que implicaba que este prana era expulsado periódicamente para permitir la entrada de nuevo.

En el caso de los taumaturgos interiores, al no poseer conductos exteriores, el método sería distinto. Beltrán creía que la expulsión del prana adicional ocurría desde el interior del cuerpo, mientras que en los taumaturgos exteriores el prana sería expulsado por los conductos. Tomó como referencia a las plantas, que absorben CO₂ del ambiente y luego lo transforman en alimento, liberando parte de él durante la noche.

—Parece que no estás tan perdido como pensé —la voz de Simone denotó decepción—. De igual forma, sí, ese fue el método que empleé para descubrir que eras un lanzador de conjuros.

Beltrán asintió lentamente y se tomó el tiempo de dar otro sorbo de té.

—Eso es bueno. Nos ahorramos mucho de qué hablar.

Lejos de sentirse vulnerable por haber sido descubierto en su desconocimiento, Beltrán sintió alivio. Su joven cuerpo aún tenía dificultades para sostener tantas verdades; en los últimos días había sentido tensión en los hombros como consecuencia de ello.

“Aunque sigue siendo menor a las responsabilidades adultas”, pensó con cierto sarcasmo, recordando sus memorias alternas.

—¿Cómo es que los lanzadores de conjuros adquieren nuevos sigilos y conjuros?

La duda se había vuelto una necesidad desde que Beltrán fue atacado por aquellos bandidos. Tras descubrir que los Gibraltar podrían ir tras él con intenciones hostiles, la falsa seguridad que le ofrecía la guardia de Ser Aliss comenzó a desmoronarse. Aunque poderoso, dudaba que pudiera lidiar con un grupo entero de asesinos profesionales. Su experiencia al verlo combatir dejó claro que, aunque quizá sobreviviría a un ataque, no podría protegerlo mientras salvaguardaba su propio bienestar.

Tenía que conseguir fuerza propia.

Por suerte, Beltrán no estaba indefenso. Dudaba que su esgrima pudiera salvarlo incluso de los taumaturgos más débiles; sin embargo, los sigilos y los conjuros ofrecían una ventaja abismal para garantizar su supervivencia.

No necesitaba derrotar a sus amenazas, solo sobrevivirlas. Un niño como él, con un cuerpo joven y poca experiencia, normalmente se quedaría de brazos cruzados esperando que otros lo protegieran. Al menos, esa era la lógica del mundo del que provenían sus memorias alternas.

Pero con las sendas, la magia y sus recuerdos, Beltrán creyó posible sobrevivir.

Volviendo su atención a Simone, quien permaneció pensativo unos instantes, finalmente habló:

—Es difícil de explicar con palabras sencillas, pero podemos dividir a los lanzadores de conjuros en tres tipos. El tipo uno son los conjuradores innatos: aquellos que poseen conocimiento innato de conjuros y sigilos. Al adquirir la senda, son capaces de realizar conjuros de inmediato; la información es transmitida a su mente, incluyendo palabras, movimientos y componentes necesarios.

»Por otro lado, están los conjuradores otorgados. Estos pueden clamar por conocer conjuros específicos para que dicho conocimiento sea implantado en su mente. Sin embargo, poseen un límite de cuántos conjuros pueden solicitar; si lo exceden, se verán obligados a olvidar el método de convocación de uno previamente obtenido.

»Finalmente, está el lanzador adquirido.

Simone hizo una pausa, permitiendo que Beltrán absorbiera la información.

Beltrán comprendió los matices generales y vislumbró ventajas y desventajas.

El taumaturgo innato poseía mayor fuerza inicial y podía lanzar conjuros sin preparación previa, pero estaba limitado a los conjuros adquiridos desde el inicio y no podía escogerlos libremente.

Los conjuradores otorgados, en cambio, eran más versátiles: podían obtener múltiples conjuros al solicitarlos, eliminando el límite de aprendizaje. Teóricamente, poseían un potencial infinito, aunque probablemente no podían solicitarlos en cualquier momento ni de forma inmediata tras adquirir la senda.

Con eso en mente, Beltrán esperó a que Simone continuara.

—El último tipo de lanzador de conjuros es el tuyo, Beltrán. El conjurador adquirido aprende conjuros y sigilos desglosando su contenido hasta memorizarlo. Es, teóricamente, el de avance más lento. Su método de aprendizaje no difiere del usado en el instituto para aprender sigilos básicos, salvo que un conjuro es mucho más complejo.

Beltrán mantuvo el rostro inescrutable, aunque por dentro exhaló un profundo suspiro.

“Supongo que tenía que ser así.”

Una vez más, sintió que la suerte no le sonreía. Aun así, ahora comprendía mejor a los taumaturgos, en especial a los lanzadores de conjuros, y confirmó su teoría sobre su propia senda.

Beltrán era un mago; la descripción de Simone coincidía con la explicación que Katerina había dado.

—¿De cuánto tiempo de aprendizaje estamos hablando?

Simone reflexionó unos segundos antes de encogerse de hombros.

—Lo desconozco. Estudiar un conjuro requiere bases. Tener el potencial para comprenderlo no significa que puedas hacerlo de inmediato. Los magos necesitan algo llamado diagramas de hechizo: son la base de todo conjuro.

Beltrán reprimió otro suspiro. Aquello parecía demasiado complejo como para sacarle provecho a corto plazo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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