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El Trono de las Bestias - Capítulo 46

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Capítulo 46: Capítulo 45: Velo ilusorio.

Capítulo 45: Velo ilusorio.

—Lamentablemente —continuó Simone— no poseo ningún diagrama de hechizo que pueda otorgarte.

Beltrán negó con la cabeza. Aunque útil, realmente no tenía ningún tipo de sentido desanimarse por no poder adquirir conjuros en ese instante. Aun si lograba obtener uno de estos diagramas de hechizo, Beltrán carecía de toda base para siquiera comenzar a desentrañarlo; sería como si a alguien que apenas sabe sumar se le pusiese una función numérica. Simplemente no podría hacer nada.

“Y aunque lo hiciera, sin ningún canalizador sería inútil. Aún me gustaría conservar mis extremidades por diez años más, por lo menos”, bromeó en sus adentros.

—¿Y sigilos? —preguntó Beltrán.

Simone se mantuvo en silencio; entornó un poco los ojos hacia Beltrán.

—Bueno, ciertamente los sigilos son un poco distintos. Aunque el método para obtenerlos siendo un mago es similar a como lo hiciste en el instituto.

Beltrán asintió, captando algo de interés principal. Como mago, Beltrán era capaz de aprender también más sigilos.

Los sigilos se basaban en reglas simples: movimientos de manos, palabras en lenguas específicas y, en ocasiones, componentes físicos para realizarse. Sin embargo, no eran ilimitados.

Un taumaturgo, una vez aprendido un sigilo, no podría aprender otro más. Beltrán nunca recibió una explicación más profunda, aunque, al igual que otras teorías sobre el prana y los conductos internos, creyó poder intuir el porqué de lo mismo.

Los conductos de prana debían adaptarse al uso de los sigilos. De alguna forma, creyó que su manera de emplearse era más rudimentaria, quizá requiriendo una adaptación previa; eso podría explicar el porqué los ponían a practicar el conjuro repetidas veces hasta la obtención de un éxito.

Según Simone, los conjuros comunes poseían un conocimiento que se adquiría; incluso los magos que debían adquirir tal conocimiento se volvían capaces de realizarlo apenas conseguida la senda del mismo. Algo detrás de los conjuros parecía sugerir cierta trascendencia.

Fuese cual fuese el caso, siendo un mago, Beltrán probablemente era capaz de, por lo menos, adquirir un sigilo adicional.

—Dime, ¿en qué etapa te encuentras?

Según la profesora Katerina, las etapas representaban el “poder bruto” de un taumaturgo. Mientras mayor fuese la etapa, más sigilos y conjuros era capaz de comprender y emplear, sobre todo de mayor categoría sería este.

Beltrán no estuvo seguro de cómo determinar en qué etapa se encontraba. Katerina no se habría tomado la molestia de explicar cómo funcionaba con exactitud, cosa que probablemente se volvería más relevante cuando los jóvenes tuviesen la “edad adecuada” para despertar sus sendas, como era común, razón por la cual decidió no correr ningún riesgo.

—Actualmente me encuentro en la primera etapa.

Simone asintió, algo distraído.

—La cantidad de sigilos que eres capaz de aprender varía dependiendo de la cantidad de conductos que poseas —pensó en voz alta—, aunque probablemente puedas aprender uno o dos en tu estado actual.

Beltrán traicionó algo de emoción al mover sutilmente una de sus piernas con impaciencia, un tic que le costaba controlar. Sin embargo, rápidamente mantuvo la compostura, engañando su emoción al reacomodarse en la mesa, recargando uno de sus codos sobre esta. A pesar del peligro que lo había rodeado, Beltrán se había visto encantado por los sigilos y la magia; la posibilidad de realizar múltiples creaciones a raíz de lo arcano alimentó bastante su hiperactiva mente juvenil.

No pudo evitar que algunas ideas tontas cruzaran por su mente en aquel momento: disparar rayos, volar sobre los cielos, elevar plataformas o inclusive invocar armas.

Teniéndose que obligar a recomponerse, Beltrán tosió, sus labios sutilmente apretados como si soportara una carga encima suya.

—Requiero un sigilo. Actualmente poseo la Saeta en llamas. Es una buena ofensiva; sin embargo, requiero algo más útil.

Simone guardó silencio. Muchas de las cosas no explícitas, pero a considerar, se mantuvieron en la conversación. Finalmente, negó algo divertido con la cabeza.

—¿Qué puedo decirte? El repertorio de los que conozco no es muy amplio; sin embargo, existe uno bastante útil, siempre que sepas cómo usarlo. Se llama velo ilusorio.

…

Beltrán observó a Simone retirarse llegada la entrada de la noche. Tras ayudar un poco a Eliette a limpiar, independientemente de su negativa a dejarlo ayudarla, Beltrán volvió a sus aposentos, siguiendo el carruaje de Simone desde la distancia.

Las pequeñas manos de Beltrán se recargaron sobre el alféizar de la ventana, a la vez que él desviaba la visión, algo pensativo. Debido a su pequeña altura, Beltrán debía pararse en su silla, cerca del escritorio, para observar con tanto detalle a través de la misma, sus dedos golpeteando la fina madera mientras su mente yacía aún pensativa.

Simone se habría dedicado la escasa hora a enseñar a Beltrán el movimiento de manos adecuado junto con las palabras requeridas. La mente de Beltrán, anormalmente capaz, le permitió memorizar con rapidez el conjuro tras el tercer éxito al realizarlo.

El velo ilusorio era un sigilo simple en lo que respectaba a funcionamiento. Beltrán seleccionaba un punto fijo sobre una superficie; en esta, un “velo” invisible se formaba. El velo era pequeño, de un escaso radio no superior a un metro. En este pequeño radio, Beltrán era capaz de traspasar una imagen mental al mismo, permitiendo que esta se materializara en el mundo auténtico. Claro, la imagen poseía profundidad y algunos rasgos importantes. Según Simone, conforme más uno utilizaba ese sigilo, más preciso se volvía el aspecto de la criatura.

Beltrán movió sus manos. La somática tras el sigilo era curiosa, no asemejándose a algo que hubiese visto con anterioridad. No eran “sellos” o “trazos”; en su lugar, resultaban patrones singulares: sutiles inclinaciones en sus dedos individuales, movimientos a distintas velocidades e inclinaciones específicas de muñecas.

“Casi pareciese como si estuviéramos tecleando sobre el aire, sin sentido alguno”.

Sus dedos concluyeron en un simple ademán, tras lo cual Beltrán susurró, transmitiendo la idea mental sobre aquello que quería manifestar, utilizando el alféizar como un punto en el cual alzar el velo. En la zona, una curiosa figura geométrica se manifestó, semejante a un cubo dividido en un 3×3 colorido y desacomodado. La ilusión lució adecuada, pero sencilla, sin bordes luminosos que reflejasen la luz ni un acabado adecuado en sus bordes.

La figura se mantuvo inestable, manifestando varios errores que se asemejaron a la inteligencia artificial que había visto generar videos en sus memorias alternas.

El resultado distaba de ser práctico y tomaba casi treinta segundos manifestarlo adecuadamente. Sin embargo, una vez alzado el velo, resultó misteriosamente cómodo de mantener. Beltrán habría tomado el tiempo, y le costó casi cinco minutos hacerlo desaparecer completamente. Aunque incapaz de crear más ilusiones seguidas de la primera, Beltrán era capaz de restaurar el sigilo, reanudando su duración tras realizar el mismo proceso, pudiendo inclusive modificarla.

“Supongo que esto me servirá; basta con que desde lejos pueda verse adecuadamente”.

Pensó Beltrán, algo celoso de la pericia de Simone, quien había manifestado un pequeño Horun bailarín, aplastando cualquier esperanza de Beltrán por llegar a ese punto de detalle en el futuro próximo casi al instante.

Beltrán decidió no desvelarse e irse a dormir temprano, pues el día siguiente finalmente sería el día en que se reuniría con Daenerys y cumpliría con su parte, ayudándola a realizar sus acciones. Con su nuevo sigilo y su perspectiva de ser portador de una senda mucho más pronto que la mayoría de los individuos, ayudaba a suponer que, inclusive en el peor de los casos, estaría bien.

Sin embargo, Beltrán subestimaba el infortunio que le aguardaba.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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