El Trono Del Dogma Eterno - Capítulo 11
- Inicio
- Todas las novelas
- El Trono Del Dogma Eterno
- Capítulo 11 - 11 Capítulo 3 - Parte IV Tierra Sin Dogma
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
11: Capítulo 3 – Parte IV Tierra Sin Dogma 11: Capítulo 3 – Parte IV Tierra Sin Dogma La misión no fue presentada como una misión.
Eso fue lo primero que me inquietó.
—Solo una entrega —dijo Maelis al amanecer, apoyada contra un poste del almacén—.
Un carro pequeño.
Un trayecto corto.
Nada heroico.
—Nada heroico nunca existe —respondí.
Ella sonrió de lado.
—Aprendes rápido.
El cargamento no tenía marcas sagradas ni sellos visibles.
Solo cajas de madera reforzada, demasiado bien protegidas para contener grano o herramientas.
Azael lo notó de inmediato.
—Reliquias menores —dijo—.
Fragmentos, tal vez.
Nada divino… pero suficientes para atraer problemas.
—¿La iglesia?
—preguntó Lysenne.
—O algo peor —respondió.
Quise que se quedara en Gravelin.
Ella no aceptó.
—Si empiezas a moverte en las sombras —dijo—, no voy a ser un punto ciego.
No insistí.
Tal vez no debía.
El camino serpenteaba entre colinas bajas y bosques dispersos.
El carro avanzaba lento, tirado por un solo animal.
Demasiado vulnerable.
—Emboscada —susurró Azael—.
No ahora… pero pronto.
Llegó antes de lo esperado.
Tres figuras surgieron del bosque, bloqueando el camino.
No llevaban símbolos de la iglesia, pero sus armas estaban imbuidas de energía clara y ordenada.
—Cazadores independientes —murmuró Azael—.
Peor que inquisidores.
No responden a nadie.
—Bajad del carro —ordenó el que parecía líder—.
El cargamento es nuestro.
Lysenne tensó el cuerpo.
—Eiren… —No te muevas —le dije—.
Pase lo que pase.
Di un paso al frente.
—No buscamos pelea.
—Nunca lo hacen —respondió el cazador—.
Hasta que la encuentran.
Atacaron sin más aviso.
El Murmullo Infernal respondió de inmediato.
No con furia.
Con precisión.
Desvié el primer ataque con un movimiento mínimo, sintiendo cómo la energía enemiga rozaba la mía como cuchillas incompatibles.
El segundo cazador lanzó una cadena imbuida; la sombra surgió de mis pies y la atrapó en pleno vuelo.
—No mates —advirtió Azael—.
Observa.
El líder se abalanzó hacia Lysenne.
Eso rompió algo en mí.
No exploté.
Avancé.
La Garra del Juramento se activó por segunda vez… y dolió más que la primera.
Mis rodillas temblaron.
Pero el efecto fue inmediato.
El cazador se detuvo, jadeando, los ojos abiertos por el terror.
—¿Qué… qué eres…?
—Alguien que no se arrodilla —respondí.
Cayó inconsciente.
Los otros huyeron.
No los perseguí.
Caí de rodillas.
Lysenne estuvo a mi lado en un instante.
—¡Eiren!
—Estoy bien —mentí mal.
Azael fue directo.
—No.
No lo estás.
Forzaste el juramento otra vez.
—No iba a dejar que la tocaran.
Hubo silencio.
Luego Azael habló con una gravedad distinta.
—Entonces acepta esto: no puedes seguir siendo solo un individuo.
Si luchas por otros, necesitarás estructura.
Apoyo.
Gente.
Lysenne me miró.
—No me salvaste porque debías —dijo—.
Lo hiciste porque quisiste.
Eso fue peor.
Regresamos a Gravelin al anochecer.
Maelis nos esperaba.
Vio el estado del carro.
Mi postura cansada.
La forma en que Lysenne no se separaba de mí.
—Así que sobreviviste —dijo.
—Atacaron por el cargamento —respondí—.
No por casualidad.
Ella asintió lentamente.
—Eso confirma sospechas.
Me sostuvo la mirada.
—La gente como tú no puede seguir siendo un rumor.
O se convierte en bandera… o en cadáver.
Respiré hondo.
El núcleo latió.
Una idea, peligrosa y clara, tomó forma.
—Entonces no seré un rumor —dije—.
Ni una herramienta.
Maelis arqueó una ceja.
—¿Ah, no?
—Crearé algo distinto —continué—.
Un lugar para los que no encajan en la iglesia… ni en el abismo puro.
Gente que elija su propio camino.
El silencio fue absoluto.
Azael habló, por primera vez con algo cercano a orgullo.
—Ahí está.
El germen.
Lysenne me miró, sorprendida… pero no asustada.
—Si haces eso —dijo—, vendrán por ti con todo.
—Lo sé.
Maelis sonrió lentamente.
—Entonces, Eiren Valen… Gravelin escuchará.
Esa noche, mientras meditaba, el Murmullo Infernal cambió.
No creció.
Se ordenó.
Como si reconociera una dirección.
Azael susurró: —Hoy dejaste de ser un fugitivo.
Abrí los ojos.
—¿Qué soy ahora?
—El inicio de una herejía organizada.
🔥 FIN DEL CAPÍTULO 3 📌 Estado actual: Eiren: Murmullo Infernal estable, juramento fortalecido, desgaste acumulado Lysenne: Vínculo emocional sólido, voluntad firme Gravelin: Núcleo de contactos, información y posibles seguidores Conflicto: La iglesia aún no actúa… pero observa
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com