El Trono Del Dogma Eterno - Capítulo 13
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- Capítulo 13 - 13 Capítulo 4 - Parte II El Núcleo De La Herejía
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13: Capítulo 4 – Parte II El Núcleo De La Herejía 13: Capítulo 4 – Parte II El Núcleo De La Herejía La fractura no vino desde fuera.
Vino desde dentro.
Eso fue lo que más me inquietó.
No fue un grito ni una traición abierta, sino un murmullo incómodo que comenzó a extenderse entre los recién llegados, como humedad bajo una pared aparentemente firme.
Opiniones distintas.
Miedos no dichos.
Expectativas que nadie se atrevía a poner en voz alta.
—No todos entienden lo que estás construyendo —me dijo Azael mientras observaba al grupo entrenar—.
Algunos quieren refugio.
Otros quieren venganza.
Unos pocos… quieren poder.
—Y ninguno lo dice —respondí.
—Porque temen perder lo poco que acaban de encontrar.
Lysenne lo percibió antes que yo.
Una discusión menor, al principio.
Kerr y el ex-mercenario, Brann, alzaron la voz durante el entrenamiento.
—¿Y si vienen mañana?
—exigió Brann—.
¿Qué haremos?
¿Respirar profundo y hablar de principios?
—No todos quieren pelear —replicó Kerr—.
No somos un ejército.
—Entonces moriremos como ganado —escupió Brann.
El silencio cayó pesado.
Me acerqué.
—Ambos tienen razón —dije—.
Y ambos están equivocados si creen que esto se resolverá solo con una idea.
Me miraron.
—No somos soldados —continué—.
Pero tampoco somos víctimas.
Aún.
—¿Aún?
—repitió Brann.
—Aún —confirmé—.
Porque si nos forzamos a ser algo para lo que no estamos listos… nos romperemos desde dentro antes de que la iglesia lo haga.
Azael aprobó en silencio.
—El liderazgo no es dar respuestas —susurró—.
Es impedir que las malas respuestas dominen.
La tensión no desapareció.
Pero se contuvo.
Por ahora.
Esa noche, Lysenne no se fue a dormir.
La encontré sola, sentada cerca del límite del campamento improvisado, observando el bosque.
—¿En qué piensas?
—pregunté.
—En que te están mirando como algo más que un compañero —respondió sin girarse—.
Y eso cambia cómo te hablan… y cómo te desean.
Me senté a su lado.
—No quiero eso.
—Lo sé —dijo—.
Pero no depende solo de ti.
Hubo una pausa.
—Si algo sale mal —continuó—, vendrán primero por mí.
La miré de inmediato.
—No permitiré— —Escúchame —me interrumpió, con una firmeza nueva—.
No porque sea débil.
Sino porque soy un vínculo.
Y la iglesia siempre corta los vínculos antes de cortar la cabeza.
Sus palabras me helaron.
Azael habló con gravedad.
—Tiene razón.
Apreté los puños.
—Entonces entrenarás más —dije—.
No para pelear… sino para resistir.
Ella me miró.
—¿Me entrenarás tú?
Asentí.
—Y Azael.
—Eso suena peligrosamente cercano —respondió con una media sonrisa.
—Todo lo importante lo es.
Desde tercera persona, muy lejos de Gravelin, el Custodio del Dogma despertaba.
No era un arcángel.
No era un santo.
Era algo anterior.
Una figura envuelta en capas de símbolos vivos, con un rostro que había olvidado cómo era sentir.
Cada paso que daba hacía que la luz se ordenara a su alrededor, no como bendición, sino como mandato.
—Se ha formado un núcleo —dijo la sacerdotisa carmesí, caminando a su lado—.
No grande.
Pero estable.
—Los núcleos estables… son semillas —respondió el Custodio—.
¿Dónde?
—Gravelin.
El Custodio se detuvo.
—Zona gris.
—Por ahora —corrigió ella—.
Pero él no lo será por mucho tiempo.
El Custodio alzó una mano.
—No lo mates.
Ella arqueó una ceja.
—¿Perdón?
—Obsérvalo —ordenó—.
Si rompe antes de tiempo, no valdrá la pena.
Si resiste… entonces será un ejemplo.
Sonrió sin emoción.
—Un ejemplo que otros temerán seguir.
El entrenamiento de Lysenne comenzó al amanecer.
No con poder.
Con presión.
Azael la guiaba a través de ejercicios mentales, recuerdos inducidos, simulaciones de miedo.
Yo observaba… y aprendía cuánto dolía no poder cargar con eso por ella.
—No te contengas —le dijo Azael—.
Si te rompes aquí, te salvará la vida después.
Lysenne temblaba.
Pero no retrocedía.
—No me arrodillaré —susurró—.
Nunca más.
El Murmullo Infernal reaccionó.
No como respuesta.
Como reconocimiento.
—Está desarrollando resistencia espiritual pasiva —observó Azael—.
Raro en humanos comunes.
—¿Eso significa que…?
—Que si la iglesia viene por ella —respondió—, no será una presa fácil.
Eso no me tranquilizó.
Pero me dio tiempo.
Al caer la tarde, Maelis regresó con el rostro tenso.
—Tenemos movimiento —anunció—.
No inquisidores.
Algo más limpio.
Más… silencioso.
—El Custodio —susurré.
Ella me miró.
—¿Sabes lo que es?
—Sí —respondí—.
Y no viene por mí.
Miré a Lysenne.
—Viene por lo que representamos.
Ella se acercó.
—Entonces decidamos ahora —dijo—.
¿Huir… o quedarnos?
El grupo nos observaba.
Esperaban.
Por primera vez, entendí el peso real de esa mirada.
El Murmullo Infernal latió.
No con poder.
Con decisión.
—Nos quedamos —dije—.
Pero no aquí.
Azael sonrió.
—Bienvenido al siguiente nivel.
🔥 Fin de la Parte II del Capítulo 4 En la Parte III: Traslado secreto del núcleo Lysenne enfrenta su primera prueba real El Custodio del Dogma entra en escena Una pérdida que cambiará al grupo para siempre
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