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El Trono Del Dogma Eterno - Capítulo 14

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14: Capítulo 4 – parte III El Núcleo De La Herejía 14: Capítulo 4 – parte III El Núcleo De La Herejía Mover a un núcleo humano no es como mover mercancía.

No se trata de rutas, ni de carros, ni de horarios.

Se trata de voluntad.

De convencer a personas rotas de que caminar hacia lo desconocido es menos peligroso que quedarse quietos.

—No podemos llevar a todos —dijo Maelis, con frialdad práctica—.

Algunos ralentizarán al grupo.

—Entonces no los llevamos —respondí—.

Pero tampoco los abandonamos.

Ella me miró con una mezcla de sorpresa y cálculo.

—Eso no es eficiente.

—Tampoco es negociable.

Azael intervino, con tono firme.

—Divide el núcleo.

Células pequeñas.

Invisibles.

Si uno cae, el resto sobrevive.

Asentí.

—Gravelin no será nuestro centro —dije—.

Será solo el origen.

El grupo se movió antes del amanecer.

Sin antorchas.

Sin rezos.

Sin despedidas largas.

Lysenne caminaba a mi lado, concentrada.

No hablaba, pero su respiración era estable.

El entrenamiento comenzaba a mostrar resultados.

—Estás calmada —le dije en voz baja.

—No —respondió—.

Estoy decidida.

Es distinto.

No corregí.

El lugar elegido era una antigua cantera abandonada, a medio día de camino hacia el sur.

Paredes de piedra irregular, túneles colapsados, múltiples salidas.

No había símbolos sagrados.

Tampoco historia registrada.

—Buen terreno —aprobó Azael—.

Aquí la luz no manda.

Pero algo sí.

Cuando el grupo comenzaba a acomodarse, el Murmullo Infernal se estremeció.

No por poder.

Por presencia.

—Deteneos —ordené.

El aire se volvió denso.

No opresivo.

Ordenado.

Desde el extremo superior de la cantera, una figura descendía lentamente, caminando por el vacío como si fuera un sendero invisible.

No había alas.

No había brillo exagerado.

Solo… certeza.

El Custodio del Dogma.

—No os mováis —susurró Azael—.

No lo provoques.

El Custodio tocó tierra sin ruido.

Sus ojos recorrieron el grupo sin emoción.

Hombres.

Mujeres.

Miedo.

Determinación.

Fragmentos de fe rota.

Se detuvo en mí.

—Eiren Valen —dijo—.

Portador de un pacto ilegítimo.

Sentí el impulso de responder.

Azael me detuvo.

—Escucha.

—Has reunido un núcleo —continuó—.

Eso es… inconveniente.

—No buscamos guerra —dije al fin—.

Solo existir fuera de vuestro control.

El Custodio inclinó la cabeza apenas.

—La existencia sin control es caos.

—No —respondí—.

Es libertad.

El silencio que siguió fue peligroso.

—Demasiado temprano —dijo el Custodio, casi para sí—.

Aún no estás listo para romper.

Alzó la mano.

No apuntó a mí.

Apuntó a uno de los nuestros.

Brann.

—¡No!

—gritó Lysenne.

La luz descendió como una sentencia.

Brann no gritó.

No luchó.

Su cuerpo simplemente… se detuvo.

Cayó al suelo como una marioneta a la que le cortan los hilos.

Muerto.

Sin herida visible.

Sin ritual.

El grupo estalló en pánico.

—¡Basta!

—rugí.

El Murmullo Infernal respondió por instinto, elevándose, empujando contra la presencia del Custodio.

No fue un ataque.

Fue una negación.

El Custodio retrocedió un paso.

Solo uno.

Eso fue suficiente para que me mirara con algo nuevo.

—Interesante —dijo—.

No te destruiré hoy.

Se volvió hacia Lysenne.

Sus ojos se detuvieron en ella.

Demasiado tiempo.

—Cuida ese vínculo —añadió—.

Será tu ancla… o tu perdición.

Y desapareció.

Sin explosión.

Sin gloria.

Solo ausencia.

El silencio posterior fue insoportable.

Kerr cayó de rodillas junto al cuerpo de Brann.

—Lo… lo mató como si nada… Lysenne temblaba.

Yo no.

No podía.

—Escuchadme —dije, con voz baja pero firme—.

Esto no fue una derrota.

Algunos me miraron con rabia.

Otros con miedo.

—Fue un aviso —continué—.

Y también una prueba.

Me acerqué al cuerpo de Brann.

—La iglesia no negocia.

No avisa dos veces.

Y no distingue culpables de acompañantes.

Respiré hondo.

—Si os quedáis conmigo, esto volverá a pasar.

Silencio.

—Pero si os vais ahora —añadí—, no os juzgaré.

Kerr levantó la cabeza.

—Si huyo ahora… Brann murió para nada.

Uno a uno, se quedaron.

No por fe.

Por decisión.

Azael habló, solemne.

—Ha habido una pérdida.

Y con ella… un cambio.

Sentí el núcleo ajustarse.

No crecer.

Endurecerse.

Lysenne se acercó y tomó mi mano.

Esta vez no para sostenerme.

Sino para anclarse.

—No dejes que esto te vuelva como ellos —susurró.

La miré.

—No lo haré.

Pero sabía la verdad.

Ya no había marcha atrás.

🔥 Fin de la Parte III del Capítulo 4 En la Parte IV (final del capítulo): Funeral silencioso Eiren toma una decisión radical Se define oficialmente la identidad de la congregación El Murmullo Infernal evoluciona por primera vez

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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