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El Trono Del Dogma Eterno - Capítulo 16

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  4. Capítulo 16 - 16 Capítulo 5 - Parte I La Cuidad Que No Reza
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16: Capítulo 5 – Parte I La Cuidad Que No Reza 16: Capítulo 5 – Parte I La Cuidad Que No Reza La ciudad apareció al tercer día.

No tenía murallas blancas ni torres coronadas por símbolos sagrados.

No había campanas.

No había himnos.

Solo humo, ruido y vida comprimida en calles estrechas.

Nocthar.

Así la llamaban.

Un nodo comercial demasiado importante para ser destruido por la iglesia… y demasiado corrupto para ser purificado del todo.

Aquí la fe era una moneda más.

Y como toda moneda, cambiaba de manos.

—Aquí nadie reza —dijo Maelis, observando el horizonte urbano—.

Pero todos creen en algo.

—¿En qué?

—preguntó Kerr.

Ella sonrió.

—En sobrevivir.

Azael reaccionó de inmediato.

—Territorio de sombras densas.

Ideal para ocultarse… y para perderse.

—Entonces no nos perderemos —respondí.

Pero incluso mientras lo decía, sentí cómo el Murmullo Infernal se tensaba.

No por amenaza directa, sino por tentación.

La ciudad vibraba con deseos contenidos, ambiciones no confesadas, placeres comprados y culpas enterradas.

Un caldo perfecto.

Entramos en Nocthar divididos en grupos pequeños.

La Congregación del Velo Roto aún no podía permitirse llamar la atención.

Aquí, un rumor mal colocado podía costar más que una patrulla inquisitorial.

Lysenne caminaba a mi lado, con la capucha baja.

Vestía ropa sencilla, pero la ciudad no tardó en notarla.

No por belleza evidente, sino por algo más peligroso: presencia.

—Nocthar devora a los que no saben mirar —murmuró Azael—.

Mantente alerta.

Nos instalamos en una pensión discreta, regentada por una mujer llamada Serah.

No preguntó nombres.

No preguntó procedencia.

Solo cobró por adelantado.

—Aquí nadie quiere saber demasiado —dijo—.

Los que preguntan… desaparecen.

La habitación era pequeña.

Una cama.

Una mesa.

Una ventana que daba a un callejón oscuro.

Lysenne se quedó quieta un segundo.

—¿Una sola cama?

—Puedo dormir en el suelo —respondí de inmediato.

Ella me miró.

No avergonzada.

Pensativa.

—No es necesario —dijo—.

No aquí.

No ahora.

Hubo un silencio cargado.

No incómodo.

Peligroso.

Azael intervino, casi divertido.

—Las ciudades como esta erosionan barreras.

No te distraigas… pero tampoco finjas que no existe.

Cerré la puerta.

Esa noche salí solo.

No para huir.

Para sentir.

Nocthar era distinta a Gravelin.

No había miedo constante a la iglesia.

Había cinismo.

La gente no esperaba ser salvada… solo ganar tiempo.

Caminé entre tabernas, casas de placer veladas, mercados nocturnos donde se vendían reliquias falsas, fragmentos reales y mentiras envueltas en seda.

El Murmullo Infernal reaccionaba con suavidad, absorbiendo ecos emocionales sin romper el equilibrio.

Cada paso afinaba mi control.

—Estás aprendiendo rápido —admitió Azael—.

Demasiado rápido.

—¿Eso es malo?

—Eso atrae miradas.

Como si el mundo quisiera confirmar sus palabras, sentí algo.

Una mirada.

No inquisitorial.

No hostil.

Curiosa.

Desde tercera persona, en un balcón alto, una mujer observaba la calle.

Cabello plateado, ojos violetas, sonrisa lenta.

Vestía ropas elegantes, pero sin símbolos claros.

—Interesante… —susurró—.

No reza… y tampoco teme.

Apretó los dedos alrededor de una copa de vino oscuro.

—Nocthar siempre atrae a los rotos más bellos.

Regresé a la pensión tarde.

Lysenne estaba despierta, sentada en la cama, leyendo un libro viejo sin título.

Alzó la vista cuando entré.

—Hueles a ciudad —dijo.

—¿Eso es bueno o malo?

—Ambas cosas.

Me senté en la silla.

—Mañana empezaremos a mover contactos —dije—.

Información.

Trabajo discreto.

Ella cerró el libro.

—Ten cuidado aquí, Eiren.

Este lugar no rompe personas… las seduce.

La miré.

—¿Te preocupa que cambie?

—Me preocupa que te acostumbres —respondió con honestidad.

Azael guardó silencio.

Eso fue más inquietante que cualquier advertencia.

Cuando apagamos la luz, el silencio se volvió denso.

Nocthar nunca duerme del todo.

Sentí el calor de Lysenne a mi lado, su respiración controlada, consciente de cada pequeño movimiento.

No hubo contacto directo… pero la cercanía era suficiente para alterar el Murmullo Infernal, que giró un poco más lento, más profundo.

—Eiren… —susurró—.

Si este lugar nos separa… —No lo hará —respondí.

—Prométeme que si empieza a hacerlo… me lo dirás.

Giré la cabeza.

—Te lo prometo.

No fue una promesa ligera.

Desde tercera persona, la mujer del balcón dejó la copa a un lado.

—Prepárame un encuentro —ordenó a alguien en la sombra—.

Discreto.

Elegante.

Sonrió.

—Quiero conocer al hombre que camina sin rezar… y sin caer.

🔥 Fin de la Parte I del Capítulo 5 En la Parte II: Primer contacto con la élite gris de Nocthar Tentación directa (poder, placer, atajos) Celos sutiles y tensión emocional Revelación parcial del pasado de Lysenne

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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