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El Trono Del Dogma Eterno - Capítulo 18

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  4. Capítulo 18 - 18 Capítulo 5 - Parte III La Cuidad Que No Reza
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18: Capítulo 5 – Parte III La Cuidad Que No Reza 18: Capítulo 5 – Parte III La Cuidad Que No Reza El favor no llegó envuelto en oro.

Llegó envuelto en urgencia.

Fue Maelis quien trajo el mensaje, entrada la madrugada, con el rostro serio y la voz baja.

—Nyssara no acepta un no —dijo—.

Al menos, no sin respuesta.

—Ya le di una —respondí.

—No para ella.

Azael reaccionó al instante.

—Habla.

Maelis respiró hondo.

—Hay una prisión subterránea en Nocthar.

No pertenece oficialmente a la iglesia… pero la administra.

Allí llevan a los que no pueden purificar ni ejecutar sin ruido.

Lysenne se tensó de inmediato.

—¿Qué tiene que ver eso con nosotros?

Maelis me miró directamente.

—Uno de los prisioneros… preguntó por ti.

El Murmullo Infernal se estremeció.

—¿Quién?

—pregunté.

—Un hombre llamado Ithrel —respondió—.

Ex-clérigo.

Archivista.

Desertor.

Azael soltó una risa baja.

—Oh… eso sí que es interesante.

—Nyssara ofrece esto —continuó Maelis—: información completa sobre la prisión, rutas, turnos, sellos… a cambio de que lo saques vivo.

—¿Y por qué no lo hace ella?

—preguntó Lysenne.

Maelis no apartó la mirada de mí.

—Porque si falla, Nocthar arde.

Y si tienes éxito… ella gana algo mejor que un favor.

—¿Qué?

—pregunté.

—Tu confianza —respondió Maelis—.

O tu deuda.

Silencio.

Lysenne me miró.

—Es una trampa.

—Sí —respondí—.

Pero también una oportunidad.

Azael fue directo.

—Ese hombre guarda secretos.

De la iglesia.

Del Trono.

De los rituales.

Sacarlo vivo podría acelerar tu crecimiento más que cualquier técnica.

—O matarnos a todos —replicó Lysenne.

—Ambas cosas no son excluyentes —respondió Azael.

Me levanté lentamente.

—No lo haré por Nyssara —dije—.

Lo haré porque la iglesia no debería tener cárceles invisibles.

Lysenne cerró los ojos un segundo.

—Entonces voy contigo.

—No —respondí—.

Esta vez— —No repitas eso —me interrumpió—.

Si es una trampa… quiero estar donde pueda verte.

El Murmullo Infernal latió con fuerza contenida.

—Acepto el favor —dije al fin—.

Pero bajo mis condiciones.

Maelis asintió.

—Se las haré llegar.

La prisión estaba debajo de Nocthar.

No en los márgenes.

No en las afueras.

Justo bajo el corazón de la ciudad.

—Simbolismo —murmuró Azael—.

La iglesia siempre encierra lo que no quiere que el mundo vea… bajo sus pies.

Entramos por un acceso olvidado, oculto tras un antiguo almacén derruido.

El aire era pesado, cargado de humedad y algo peor: culpa concentrada.

Lysenne caminaba cerca de mí, respirando de forma controlada.

—Esto se siente… familiar —susurró.

—Concéntrate —le dije—.

No dejes que los recuerdos te guíen.

Azael activó el Murmullo Infernal con delicadeza.

—Ocultamiento fino —indicó—.

Nada de fuerza bruta.

Avanzamos entre pasillos de piedra vieja, iluminados por cristales apagados que reaccionaban a la fe… pero no a la voluntad pura.

Pasamos a dos guardias sin que nos notaran.

Uno rezaba en voz baja mientras bebía.

El otro dormía.

—Hipocresía estructural —comentó Azael—.

Clásico.

Llegamos a las celdas.

Allí el aire cambió.

No había gritos.

Eso fue lo peor.

—Aquí —susurró Lysenne—.

Aquí es donde te quitan el nombre.

El Murmullo Infernal se tensó.

Sentí ira.

La contuve.

La celda de Ithrel estaba sellada con runas mixtas: luz sagrada y marcas de contención mental.

Un castigo para alguien que sabía demasiado.

Dentro, un hombre delgado, barba descuidada, ojos demasiado despiertos para alguien encarcelado.

Sonrió cuando me vio.

—Así que existes de verdad —dijo—.

El muchacho del pacto imposible.

—¿Me conoces?

—pregunté.

—Sé de ti —respondió—.

Y sé de ella.

Miró a Lysenne.

Ella retrocedió un paso.

—Tranquilo —dije, acercándome—.

Vas a salir de aquí.

Pero primero… dime por qué preguntaste por mí.

Ithrel rió suavemente.

—Porque el Trono ha empezado a moverse —respondió—.

Y cuando lo hace… necesita sacrificios especiales.

Azael se volvió grave.

—Habla más rápido.

—La iglesia no te quiere muerto —continuó Ithrel—.

Te quiere completo.

El Custodio no vino a destruirte.

Vino a evaluarte.

Eso ya lo sabía.

—Pero hay algo más —añadió—.

Una Consagración Inversa.

Un ritual diseñado para absorber pactos demoníacos… sin destruir al portador.

El aire se volvió helado.

—Lysenne —susurré.

Ella estaba rígida.

—Eso… eso fue lo que me iban a hacer —dijo—.

Usar mi cuerpo como catalizador.

Ithrel asintió.

—Y ahora saben que ella sigue viva.

Silencio absoluto.

—Vienen por ella —dijo—.

No para matarla.

Para terminar lo que empezaron.

El Murmullo Infernal rugió por primera vez desde Nocthar.

No explotó.

Pero el mundo alrededor cedió un poco.

—Entonces salimos ahora —dije—.

Los tres.

Ithrel sonrió.

—Sabía que dirías eso.

Las alarmas sonaron.

Demasiado tarde para sutilezas.

—Nos descubrieron —advirtió Azael—.

Ahora verás si este lugar te seduce… o te forja.

Tomé la mano de Lysenne.

—Mírame —le dije—.

Pase lo que pase… no te soltaré.

Ella asintió.

—No esta vez.

El Murmullo Infernal giró.

Más lento.

Más pesado.

Más decidido.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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