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El Trono Del Dogma Eterno - Capítulo 2

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  4. Capítulo 2 - 2 Capítulo 1 - Parte II El Campanario Del Olvido
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2: Capítulo 1 – Parte II El Campanario Del Olvido 2: Capítulo 1 – Parte II El Campanario Del Olvido No volví a limpiar después de eso.

No porque alguien me lo ordenara, sino porque mis manos ya no respondían igual.

Cada movimiento hacía que la marca del pecho pulsara con un calor nuevo, distinto al habitual.

No era dolor exactamente.

Era… anticipación.

La noche cayó lentamente sobre Sanctus Aeterna, y con ella llegó el silencio más peligroso de todos: el silencio ritual.

Las campanas no sonaron al anochecer.

Eso solo ocurría cuando la iglesia quería que nadie supiera lo que estaba a punto de suceder.

Me llevaron junto a otros tres “asistentes”.

Ninguno levantaba la vista.

Dos hombres mayores, demacrados, y una muchacha de cabello castaño, apenas mayor que yo.

Su túnica gris colgaba mal de su cuerpo, demasiado grande, como si hubiera sido reutilizada demasiadas veces.

Nuestros pasos resonaban mientras descendíamos por una escalera en espiral que no figuraba en ningún mapa.

—No hablen —ordenó un guardia con lanza sagrada—.

No recen.

Eso me llamó la atención.

Siempre nos obligaban a rezar.

El aire se volvió más denso a medida que bajábamos.

Las antorchas no iluminaban del todo; la luz parecía doblarse, perder fuerza, como si el lugar la rechazara.

La muchacha caminaba delante de mí.

Pude ver cómo sus hombros temblaban.

—¿Es… es un juicio?

—susurró, incapaz de contenerse.

El guardia se giró y la golpeó con el reverso de la lanza.

Cayó al suelo con un jadeo ahogado.

—Silencio.

Me agaché instintivamente para ayudarla a levantarse.

Cuando mis dedos rozaron su muñeca, sentí algo.

Un latido acelerado.

No del corazón.

De su alma.

Nuestros ojos se cruzaron por un segundo.

Los suyos estaban llenos de miedo… y de algo más.

Reconocimiento.

Como si supiera que yo tampoco pertenecía allí.

—Gracias… —murmuró apenas audible.

No respondí.

Porque en ese momento, las puertas se abrieron.

La cámara ritual era enorme, circular, excavada directamente en la roca negra bajo la catedral.

El techo se perdía en sombras, y en el centro había un altar de obsidiana, cubierto de símbolos antiguos que no correspondían a ningún dogma sagrado que yo hubiera visto.

Alrededor del altar, doce figuras con túnicas blancas y doradas formaban un círculo perfecto.

Obispos.

En lo alto, sobre una plataforma elevada, estaba ella.

La sacerdotisa carmesí.

Su túnica ahora era distinta.

Más ceñida.

Más ceremonial.

El escote descendía lo justo para ser inapropiado… y deliberado.

No era vulgaridad.

Era provocación controlada.

Un recordatorio de poder.

—Bienvenidos —dijo, y su voz resonó sin esfuerzo—.

Hoy servirán a la luz.

Mis labios se tensaron.

Mentía.

Lo sabía.

El altar emanaba algo completamente opuesto a la luz.

—Traigan al portador del sello.

El guardia me empujó hacia adelante.

El suelo pareció inclinarse bajo mis pies.

—¿Qué sello?

—pregunté, antes de poder detenerme.

Un murmullo recorrió el círculo de obispos.

La sacerdotisa sonrió.

—El que llevas en el pecho, Eiren Valen.

Dos obispos se acercaron y, sin ceremonia, me arrancaron la túnica.

El aire frío golpeó mi piel… y la marca quedó expuesta.

La cicatriz oscura comenzó a brillar.

No con luz.

Con profundidad.

Como un pozo sin fondo.

—Hermoso —susurró la sacerdotisa—.

Exactamente como en los registros prohibidos.

La muchacha gritó.

—¡¿Qué le van a hacer?!

Uno de los obispos la miró con fastidio.

—Observar.

Si sobrevives, agradécelo.

Me obligaron a tumbarme sobre el altar.

La obsidiana estaba tibia.

Demasiado.

Cadenas cubiertas de runas se cerraron alrededor de mis muñecas y tobillos.

En cuanto tocaron mi piel, la marca explotó en dolor.

Grité.

No pude evitarlo.

El mundo se redujo a ese punto en mi pecho.

—Comenzad el rito —ordenó la sacerdotisa.

Los obispos comenzaron a recitar.

No eran oraciones.

Eran órdenes.

Desde mi perspectiva, el tiempo se rompió.

Las palabras resonaban dentro de mi cabeza, no fuera.

Cada sílaba arrancaba recuerdos que no sabía que tenía.

Imágenes de un cielo negro, de alas encadenadas, de un trono roto.

Algo empujaba desde dentro.

—No… —susurré—.

Deténganse… La sacerdotisa bajó de la plataforma.

Se acercó lentamente al altar.

—Escúchalo —me dijo, inclinándose lo suficiente para que su aliento rozara mi oído—.

No todos tienen el honor de oír a un demonio primordial antes de morir.

Demonio.

La palabra activó algo.

El dolor se transformó.

En claridad.

—Así que… así me llaman ahora… La voz no salió de mi boca.

Salió de todas partes.

Las antorchas se apagaron de golpe.

Las runas de las cadenas se agrietaron.

Los obispos retrocedieron.

—¡Contención!

—gritó uno—.

¡Refuercen el sello!

Pero ya era tarde.

Desde tercera persona, algo antiguo se desperezó dentro del abismo sellado bajo la catedral.

No era ira lo que sentía.

Era ironía.

Siglos de rezos falsos.

Siglos de sacrificios.

Y al final… un humano roto era la llave.

—Qué cruel es la fe —pensó la entidad—.

Y qué deliciosa.

—Eiren Valen —dijo la voz en mi mente, profunda, grave, pero extrañamente serena—.

¿Deseas vivir?

La marca ardía como fuego líquido.

—¿Quién… eres?

—logré pensar.

Una risa suave resonó.

—Fui general.

Guardián.

Traidor.

Demonio.

Ahora… soy lo que queda.

La cámara comenzó a temblar.

—Respóndeme —insistió—.

Porque si no lo haces… ellos te romperán igual.

Vi el rostro de la muchacha, pálido, asustada, obligada a mirar.

Vi la sonrisa expectante de la sacerdotisa.

Vi mi vida… reducida a limpiar sangre ajena.

Algo se quebró.

—Quiero… vivir —respondí—.

Y quiero que este lugar arda.

Hubo un silencio absoluto.

Entonces, la voz habló una última vez, con una solemnidad que me atravesó el alma: —Entonces acepta mi nombre.

El altar se partió.

Las cadenas explotaron.

Y el sello… se rompió.

🔥 Fin de la Parte II del Capítulo 1 En la Parte III: Se revela quién es realmente la entidad El pacto se sella (de forma intensa) Primer estallido de poder sobrenatural Caos dentro de la iglesia Consecuencias inmediatas (muertes, huida, marca irreversible)

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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