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El Trono Del Dogma Eterno - Capítulo 20

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  4. Capítulo 20 - 20 Capítulo 6 - Parte I La Consagración Inversa
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20: Capítulo 6 – Parte I La Consagración Inversa 20: Capítulo 6 – Parte I La Consagración Inversa No huimos de Nocthar.

Nos deslizamos fuera de ella.

La diferencia era importante.

Huir implicaba miedo.

Deslizarse implicaba cálculo.

Nyssara había cumplido su parte: rutas limpias, contactos silenciosos, sombras que se abrían justo a tiempo.

Pero incluso lejos de la ciudad, el aire seguía cargado de una presión invisible, como si algo enorme hubiera puesto los ojos sobre nosotros y aún no hubiera decidido parpadear.

—No miréis atrás —ordenó Azael—.

No porque estén cerca… sino porque ya os han marcado.

Ithrel caminaba con dificultad, pero su mente seguía afilada.

Cada vez que nos deteníamos, dibujaba símbolos en la tierra con un palo, esquemas de rituales, diagramas incompletos.

—La Consagración Inversa no es un castigo improvisado —explicó—.

Es un proyecto antiguo.

Diseñado para casos como el tuyo.

Miró a Lysenne.

—Personas capaces de contener, no solo canalizar.

Ella no apartó la mirada.

—Quieren usarme como recipiente.

—Como puente —corrigió Ithrel—.

Entre la luz robada… y lo que ustedes llaman abismo.

El Murmullo Infernal reaccionó con una vibración profunda, casi incómoda.

—Eso no ocurrirá —dije.

Ithrel me observó con cansancio.

—No si lo evitamos.

Pero para hacerlo… ella tendrá que enfrentar lo que la iglesia ya despertó en su interior.

Silencio.

—¿Qué significa eso?

—preguntó Lysenne.

Azael respondió antes que yo.

—Significa entrenamiento real.

No simbólico.

No protegido.

—¿Dolor?

—preguntó ella.

—Sí —respondió—.

Y decisiones.

Nos refugiamos en una antigua capilla derruida, olvidada incluso por los mapas eclesiásticos.

No había símbolos intactos.

Solo piedras rotas y un altar caído de lado, cubierto de musgo.

—Aquí —dijo Azael—.

Este lugar aún recuerda lo que fue creer sin obedecer.

Encendimos un fuego pequeño.

Ithrel se sentó frente a Lysenne.

—Escucha con atención —dijo—.

La Consagración Inversa funciona porque la iglesia no crea poder.

Lo redirige.

Extrae pactos, los fragmenta, y los vuelve a ensamblar bajo su control.

—¿Y mi papel?

—preguntó ella.

—Eres un catalizador humano —respondió—.

Tu cuerpo recuerda la luz… pero tu mente ya no la acepta.

Azael añadió, grave: —Eso te convierte en un campo de batalla viviente.

No aparté la mirada de ella.

—No tienes que hacerlo —dije—.

Podemos huir más lejos.

Romper contacto.

Enterrar— —No —me interrumpió.

Su voz no tembló.

—Si huyo… siempre correrán detrás.

Si enfrento esto… tal vez deje de ser un objetivo.

Me acerqué.

—Esto puede romperte.

—Ya intentaron hacerlo —respondió—.

Fallaron.

El Murmullo Infernal latió.

No con violencia.

Con respeto.

El entrenamiento comenzó esa misma noche.

No con combate.

Con exposición.

Azael trazó un círculo incompleto alrededor de Lysenne usando polvo de piedra y ceniza del fuego.

Ithrel murmuraba palabras antiguas, no como hechizos, sino como recordatorios.

—No luches contra la sensación —le indicó Azael—.

Reconócela.

Nómbrala.

No le des dominio.

La luz apareció.

No brillante.

Dolorosa.

Un resplandor pálido emergió desde el pecho de Lysenne, recorriendo sus venas como hilos helados.

Ella jadeó, doblándose sobre sí misma.

Instintivamente di un paso adelante.

—No interfieras —ordenó Azael—.

Si la anclas ahora, no aprenderá a sostenerse sola.

Me detuve.

Apreté los puños.

Lysenne gritó.

No fuerte.

Controlado.

—Recuerdo… —dijo entre respiraciones—.

Las manos.

Las palabras.

El altar.

La luz se intensificó.

—Míralo —insistió Ithrel—.

No lo niegues.

—No soy su recipiente —dijo ella—.

No soy su puente.

El resplandor titubeó.

Por primera vez… cedió.

Azael se tensó.

—Bien —dijo—.

Otra vez.

La luz volvió.

Más intensa.

Lysenne cayó de rodillas.

Esta vez, su mano buscó la mía.

No para que la salvara.

Para recordarse dónde estaba.

—Aquí —susurré—.

Estás aquí.

El Murmullo Infernal respondió.

No salió.

No atacó.

Simplemente estuvo.

La luz retrocedió otro paso.

Ithrel exhaló lentamente.

—Está funcionando.

Horas después, Lysenne se desplomó por completo.

La tomé en brazos antes de que tocara el suelo.

Su cuerpo estaba caliente… pero su pulso era estable.

—¿Vivirá?

—pregunté.

Azael me miró.

—No solo eso.

Está cambiando.

—¿En qué?

—En alguien que no puede ser consagrada sin romper el ritual.

La acomodé junto al fuego.

Me senté a su lado.

—No volverán a tocarte —susurré—.

Aunque tenga que enfrentar al Trono mismo.

Ella no respondió.

Pero su mano… apretó la mía.

Desde tercera persona, en una cámara de luz perfecta, el Trono Lumínico emitió una vibración irregular.

—Anomalía detectada —entonaron las voces—.

El catalizador resiste.

La sacerdotisa carmesí alzó la vista.

—Entonces aceleren —ordenó—.

Antes de que aprenda a decir no.

A su lado, el Custodio del Dogma cerró los ojos.

—Ya lo está haciendo.

🔥 Fin de la Parte I del Capítulo 6 En la Parte II: Consecuencias físicas y emocionales del entrenamiento Evolución silenciosa de Lysenne Revelación más profunda sobre el Trono Un ataque inesperado mientras están vulnerables

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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