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El Trono Del Dogma Eterno - Capítulo 21

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  4. Capítulo 21 - 21 Capítulo 6 - Parte II La Consagración Inversa
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21: Capítulo 6 – Parte II La Consagración Inversa 21: Capítulo 6 – Parte II La Consagración Inversa Lysenne no despertó de inmediato.

Su respiración era regular, pero su cuerpo parecía estar en un punto intermedio, como si una parte de ella aún caminara por un lugar donde la luz y la memoria se superponían sin permiso.

Me quedé a su lado, sin cerrar los ojos, contando cada latido.

—No la mires como si fuera a desaparecer —dijo Azael, en voz baja—.

Eso la ancla al miedo.

—La miro para que sepa dónde volver —respondí.

Azael no discutió.

Ithrel observaba desde el otro lado del fuego, con el rostro cansado, pero atento.

—Nunca había visto a alguien resistir así —admitió—.

No sin quebrarse primero.

—Aún puede quebrarse —respondió Azael—.

La diferencia es que ahora sabe qué la empuja.

El viento se coló por las grietas de la capilla derruida.

Las sombras danzaron sobre las paredes rotas, y por un instante sentí que el Murmullo Infernal se retraía, como si algo externo estuviera afinando su atención.

—No estamos solos —murmuré.

Azael se tensó.

—No… todavía.

Pero estamos cerca del umbral.

Ithrel frunció el ceño.

—¿Umbral?

—El punto en el que la iglesia deja de observar —respondió Azael— y empieza a corregir.

Lysenne se movió.

Un leve espasmo recorrió su brazo, luego sus dedos se cerraron lentamente, como si estuviera aprendiendo de nuevo a habitar su propio cuerpo.

Abrió los ojos de golpe.

No gritó.

Se incorporó con una inhalación profunda, desorientada, y durante un segundo sus pupilas brillaron con un reflejo pálido, casi plateado.

—¿Dónde…?

—murmuró.

—Aquí —dije de inmediato—.

Con nosotros.

Parpadeó varias veces.

Su mirada se centró en la mía.

—Soñé —susurró—.

No… no era un sueño.

Era un lugar blanco.

Sin bordes.

Ithrel se acercó despacio.

—¿Había voces?

Asintió.

—Muchas.

Todas decían lo mismo.

—¿Qué?

—pregunté.

Lysenne tragó saliva.

—“Entrégate y todo será fácil.” El Murmullo Infernal reaccionó con un pulso seco.

—Y no lo hiciste —dijo Azael.

Ella negó con la cabeza.

—No.

Dije no.

Algo cambió.

No fue una explosión de poder.

Fue una quietud nueva, profunda, como si una tormenta interna hubiera decidido asentarse en lugar de estallar.

Ithrel exhaló, impresionado.

—Entonces han perdido una pieza clave.

—No —corrigió Azael—.

Han ganado urgencia.

El ataque llegó antes del amanecer.

No con trompetas.

No con luz cegadora.

Llegó con silencio organizado.

Sentí el Murmullo Infernal tensarse como una cuerda a punto de romperse.

—Arriba —ordené—.

¡Ahora!

No terminé de hablar cuando el primer sello se activó.

La capilla tembló.

Símbolos de contención surgieron del suelo, encendiéndose con una luz opaca que no iluminaba… ordenaba.

El aire se volvió pesado, difícil de respirar.

—Equipo de recuperación —dijo Azael—.

No inquisidores comunes.

Figuras encapuchadas atravesaron las paredes como si fueran humo sólido.

No caminaban.

Avanzaban, empujando el espacio a su alrededor.

—¡Lysenne!

—gritó Ithrel—.

¡Al centro!

Ella no dudó.

Se movió hacia el círculo incompleto que habíamos usado para el entrenamiento.

El resplandor pálido volvió a recorrer su piel, pero esta vez… no la dobló.

—Están intentando fijarla —dijo Azael—.

Si completan el patrón, la arrastrarán aunque esté despierta.

Extendí las manos.

El Murmullo Infernal respondió con un giro lento y profundo.

—No los dejes acercarse —ordenó—.

No mates si puedes evitarlo.

Necesitamos tiempo.

El primer agente lanzó una cadena de símbolos que buscaba rodear a Lysenne.

Me interpuse.

Activé el Eco del Abismo de nuevo.

Esta vez no empujé.

Sostuve.

El espacio frente a mí se volvió denso, como si el aire se hubiera convertido en agua espesa.

La cadena quedó suspendida, vibrando, incapaz de avanzar.

Mi visión se oscureció en los bordes.

—¡Eiren!

—gritó Lysenne.

—Concéntrate —le dije—.

No mires la luz.

Mírame a mí.

Ella obedeció.

El resplandor de su cuerpo se contrajo, volviéndose más definido, más interno.

Ithrel recitaba algo a toda velocidad, palabras que no eran hechizos sino contradefiniciones: negaciones precisas que interferían con el ritual enemigo.

Uno de los agentes avanzó demasiado.

La sombra surgió de mis pies y lo envolvió, no para destruirlo, sino para desconectarlo.

Cayó inconsciente, como una marioneta sin hilos.

—Retirada parcial —entonó una voz sin emoción—.

El catalizador presenta resistencia activa.

Los símbolos del suelo comenzaron a apagarse.

Pero no todos.

—No es una retirada completa —advirtió Azael—.

Es una medición.

Las figuras se disiparon en la penumbra, dejando tras de sí un silencio aún más pesado que antes.

La capilla quedó en ruinas más profundas.

Polvo en el aire.

Respiraciones agitadas.

Caí de rodillas, esta vez sin fuerzas para ocultarlo.

Lysenne estuvo a mi lado de inmediato.

—Respira —me dijo, repitiendo ahora mis propias palabras—.

Uno… dos… La miré.

—Resististe.

Ella negó suavemente.

—No.

Elegí.

Azael habló con una gravedad que me heló la sangre.

—Eso cambia las reglas.

La Consagración Inversa ya no puede imponerse sin destruirla… y eso no es aceptable para el Trono.

—Entonces ¿qué harán?

—pregunté.

—Intentarán algo peor —respondió—.

Convertirla en símbolo.

En cebo.

Ithrel se dejó caer contra una columna rota.

—La guerra silenciosa ha terminado —dijo—.

Ahora viene la abierta… aunque el mundo aún no lo sepa.

Lysenne apretó mi mano.

—No me entregues —dijo—.

Pase lo que pase.

La miré, exhausto pero firme.

—Jamás.

El Murmullo Infernal latió.

No con rabia.

Con resolución absoluta.

🔥 Fin de la Parte II del Capítulo 6 En la Parte III: La iglesia cambia de estrategia Revelación de un ritual aún más peligroso Eiren debe elegir entre proteger a Lysenne o salvar a la Congregación Un sacrificio que no todos aceptarán

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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