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El Trono Del Dogma Eterno - Capítulo 27

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Capítulo 27: Capítulo 8 – Las Voces Que Cruzan Fronteras – parte I

No todos los aliados llegan con sonrisas.

Algunos llegan con condiciones.

La primera delegación apareció tres días después de la ruptura en Nocthar. No por las puertas principales. No anunciándose como seguidores.

Aparecieron observando.

Cinco figuras descendieron desde las colinas del este, vestidas con capas grises cubiertas de polvo mineral. Sus botas no eran de ciudad. Sus manos tampoco.

—Valle de Arkh —murmuró Ithrel—. Pensé que los habían absorbido hace años.

El líder dio un paso al frente.

Era alto, hombros anchos, cabello oscuro atado con una cuerda simple. Sus ojos no eran hostiles… pero tampoco confiados.

—Eiren Valen —dijo sin saludo—. Soy Darek Thorne, portavoz de Arkh.

No inclinó la cabeza.

Eso me gustó.

—Habla —respondí.

—No venimos a unirnos —continuó—. Venimos a verificar.

Azael murmuró en mi mente:

—Bien. No buscan líder. Buscan coherencia.

Darek continuó.

—Expulsamos a nuestros clérigos cuando intentaron “armonizar” nuestras minas. Perdimos la mitad del valle por derrumbes inducidos. El Trono lo llamó accidente.

Silencio pesado.

—Hemos oído lo que ocurrió en Nocthar —dijo—. Si fue espectáculo… nos iremos ahora.

Lysenne dio un paso adelante.

—No fue espectáculo.

Darek la miró directamente.

—Entonces dime: si mañana el Trono ofrece paz total a tu gente… ¿aceptarías?

No respondió de inmediato.

Respiró.

—Aceptaría solo si nadie tuviera que dejar de ser quien es para recibirla.

Darek sostuvo su mirada.

Un segundo.

Dos.

Asintió apenas.

—Entonces podemos hablar.

No fueron los únicos.

Al anochecer llegaron otros.

Desde el sur, representantes de las Ciudades de Ceniza: mercaderes itinerantes cuyos caravasares habían sido confiscados tras negarse a jurar Concordia.

Su portavoz era una mujer de piel tostada y cabello trenzado con anillos de cobre. Se presentó sin ceremonia.

—Rheza al’Miren —dijo—. Nosotros no creemos en ejes ni en profetas. Creemos en rutas libres.

Nyssara sonrió.

—Me caes bien.

Rheza ignoró el comentario.

—Si tu guerra corta nuestras rutas, seremos enemigos. Si las protege, hablaremos.

La tercera llegada fue más inquietante.

No descendieron.

Emergieron.

Desde túneles antiguos bajo Nocthar, figuras encapuchadas vestidas con telas azules descoloridas.

Ithrel palideció.

—Santuario Hundido de Leth…

Su portavoz era un hombre anciano, delgado, con ojos increíblemente vivos.

—Soy Maeron de Leth —dijo—. Custodiamos archivos que el Trono quemó oficialmente hace generaciones.

—¿Y por qué salir ahora? —pregunté.

Maeron sonrió débilmente.

—Porque por primera vez en siglos… el Trono parpadeó.

Nos reunimos en una sala amplia, improvisada como consejo.

No era una alianza.

Era una evaluación mutua.

Darek habló primero.

—No queremos guerra abierta. Queremos que el Trono deje de intervenir en nuestras tierras.

Rheza cruzó los brazos.

—Nosotros queremos neutralidad. Sin dogma obligatorio en rutas comerciales.

Maeron habló último.

—Nosotros queremos algo distinto. Queremos que la verdad deje de ser archivada como herejía.

Todas las miradas se volvieron hacia mí.

—No puedo prometeros victoria —dije—. Ni estabilidad inmediata.

—Eso ya lo sabemos —respondió Rheza.

—Pero puedo prometer esto —continué—: nadie aquí será absorbido bajo un nombre único. No seremos una nueva iglesia. No seremos un nuevo Trono.

Azael guardó silencio.

Eso era aprobación.

Darek frunció el ceño.

—Entonces ¿qué somos?

Sentí el Murmullo Infernal vibrar suavemente.

No como centro.

Como nodo.

—Somos convergencia —respondí—. No uniformidad.

Maeron inclinó la cabeza.

—Eso el Trono no puede tolerarlo.

Rheza añadió:

—Ni controlar.

Darek apoyó ambas manos sobre la mesa improvisada.

—Entonces prepárate —dijo—. Porque si aceptamos esto… el Arconte no responderá con discursos.

Como si el mundo quisiera confirmar sus palabras, un temblor recorrió el suelo.

No natural.

Ordenado.

Desde la distancia, una columna de luz se elevó en dirección sur.

Uno de los enclaves mineros de Arkh.

Darek se volvió hacia mí.

—Ahí está tu respuesta.

Azael habló con voz baja y peligrosa.

—Primera batalla multirregional.

El Murmullo Infernal latió.

No con emoción.

Con decisión.

Miré a los presentes.

—No lucharemos por dominio —dije—. Lucharemos por límites.

Rheza sonrió con ferocidad.

—Entonces es hora de probar si tu Resonancia puede cruzar fronteras.

Maeron cerró los ojos.

—Y si el Trono puede sangrar.

Darek desenvainó una hoja corta, sin símbolos sagrados.

—Arkh no se arrodilla dos veces.

El mundo ya no escuchaba.

El mundo se estaba moviendo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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