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El Trono Del Dogma Eterno - Capítulo 4

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  4. Capítulo 4 - 4 Capítulo 2 - Parte I El Demonio En Mi Sangre
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4: Capítulo 2 – Parte I El Demonio En Mi Sangre 4: Capítulo 2 – Parte I El Demonio En Mi Sangre No corrimos hacia la ciudad.

Corrimos lejos de la luz.

Las calles de Sanctus Aeterna estaban patrulladas incluso de noche.

Antorchas sagradas flotaban sobre los cruces principales, proyectando símbolos de vigilancia que reaccionaban ante cualquier fluctuación de energía anómala.

Yo era, en ese momento, la mayor anomalía posible.

—Sigue respirando —le dije a la muchacha mientras descendíamos por un callejón estrecho—.

No mires atrás.

Ella jadeaba, pero no se quejaba.

Eso me sorprendió.

—¿A dónde… vamos?

—preguntó, apretando mi mano con más fuerza de la necesaria.

No lo sabía.

Y, sin embargo, Azael sí.

—Al este —dijo su voz en mi mente—.

Hay túneles antiguos bajo el distrito de los artesanos.

No pertenecen a la iglesia.

Giré bruscamente a la derecha, casi sin pensar.

Mi cuerpo respondía antes que mi razón, como si una parte de mí hubiera sido reescrita.

Saltamos un muro bajo.

Caímos sobre un tejado inclinado.

Las tejas se deslizaron bajo nuestros pies.

Ella resbaló.

—¡Ah!

La sujeté por la cintura antes de que cayera al vacío.

Su cuerpo chocó contra el mío, suave, cálido, tembloroso.

Sentí su respiración agitada contra mi cuello.

Por un segundo… todo se detuvo.

—Gracias… —susurró, con la cara demasiado cerca de la mía.

Sus ojos eran grandes, de un castaño claro casi dorado.

No había devoción ciega en ellos.

Solo miedo… y determinación.

Demasiado cerca.

Me aparté con torpeza.

—No fue nada.

Muévete.

Azael rió, muy suavemente.

—Sigues siendo humano —comentó—.

Interesante elección.

—Cállate —respondí en silencio.

Descendimos por una escotilla oxidada y caímos en la oscuridad.

Los túneles olían a tierra húmeda y óxido antiguo.

No había símbolos sagrados en las paredes.

Eso, curiosamente, me relajó.

Me apoyé contra el muro y respiré hondo.

El núcleo en mi interior giraba lentamente.

Lo sentía con claridad ahora: una esfera densa, oscura, atravesada por vetas rojas y plateadas.

Cada giro absorbía fragmentos de energía residual del ritual y los asentaba en capas ordenadas.

—No intentes usar poder aún —advirtió Azael—.

Tu núcleo acaba de formarse.

Forzarlo ahora podría fracturarlo.

—¿Y si vienen?

—pregunté.

—Vendrán —respondió con certeza—.

Pero no de inmediato.

La iglesia no entiende lo que acaba de despertar.

La muchacha se sentó en el suelo, agotada.

Se abrazó las rodillas.

—Mi nombre es Lysenne —dijo tras unos segundos—.

No me lo preguntaste… pero supongo que deberías saberlo.

Asentí.

—Eiren.

Hubo una pausa incómoda.

—¿Eso que… habló dentro de ti…?

—preguntó con cautela—.

¿Es realmente un demonio?

La miré.

Por primera vez, alguien me hacía esa pregunta sin odio.

—Sí —respondí—.

Pero no como te enseñaron.

Ella bajó la mirada, pensativa.

—La iglesia dice que los demonios solo mienten.

Azael soltó una carcajada.

—Y la iglesia dice que ama a la humanidad —replicó—.

Observa sus actos, niña.

No sus palabras.

Lysenne se estremeció al oír la voz.

—Puedo… oírlo… —Eso no es normal —murmuré.

—No —confirmó Azael—.

Ella tiene sensibilidad espiritual latente.

Baja, pero presente.

Por eso sobrevivió al rito.

Lysenne me miró de nuevo, con una mezcla peligrosa de miedo y curiosidad.

—Entonces… ¿qué eres tú ahora?

La pregunta quedó suspendida en el aire.

Yo también quería saberlo.

Desde tercera persona, en lo alto de la catedral, la sacerdotisa carmesí observaba el caos contenido con serenidad calculada.

—Confirmen el estado del sello —ordenó—.

Y despierten a los Inquisidores de Segundo Círculo.

Un clérigo dudó.

—¿Tan pronto, señora?

Ella sonrió, lenta, peligrosa.

—Si no lo cazamos ahora… se nos convertirá en una herejía viviente.

Se giró hacia el altar destruido.

—Y eso —susurró— sería… fascinante.

Volví a sentarme frente a Lysenne.

—Escucha —le dije—.

No puedo protegerte si te quedas conmigo.

Ella alzó la cabeza.

—No puedo volver —respondió sin dudar—.

Después de ver eso… después de lo que iban a hacerte… si regreso, me usarán o me matarán.

Tenía razón.

—Entonces tendrás que aprender a sobrevivir —dije.

Azael aprobó.

—Bien dicho.

Y tú también, Eiren.

Cerré los ojos.

Sentí el núcleo girar.

Por primera vez, no me dio miedo.

🔥 Fin de la Parte I del Capítulo 2 En la Parte II: Entramos de lleno en el sistema de poder Azael empieza a entrenar a Eiren Desarrollo de técnicas iniciales Más interacción con Lysenne (tensión + cercanía) Primer indicio claro de los Inquisidores

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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