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El Trono Del Dogma Eterno - Capítulo 5

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  4. Capítulo 5 - 5 Capítulo 2 - Parte II El Demonio En Mi Sangre
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5: Capítulo 2 – Parte II El Demonio En Mi Sangre 5: Capítulo 2 – Parte II El Demonio En Mi Sangre El silencio de los túneles no era natural.

No era ausencia de sonido, sino una expectativa contenida, como si la tierra misma escuchara.

Cada gota que caía desde el techo resonaba demasiado clara, demasiado cercana.

Lysenne seguía sentada contra la pared, pero ya no temblaba; su respiración se había calmado, aunque sus dedos seguían aferrados a la tela de su túnica.

—¿Qué… qué tengo que hacer?

—preguntó al fin.

La miré durante un segundo más de lo necesario.

Había pasado de ser una asistente aterrorizada a alguien que, pese a todo, no se había derrumbado.

Eso decía mucho en un mundo construido para romper voluntades.

—Por ahora —respondí—, mantenerte viva.

Azael intervino, con un tono más serio de lo habitual.

—Y aprender a ocultar tu presencia.

La iglesia rastrea miedo, culpa y fe rota con la misma facilidad con la que rastrea energía.

Lysenne frunció el ceño.

—¿Eso es… posible?

—Para alguien común, no —respondió—.

Para alguien que estuvo a punto de ser sacrificada, sí.

Me puse de pie y cerré los ojos.

—Azael —dije—.

Dijiste que no usara el poder aún.

—Correcto —respondió—.

Pero sentirlo no es lo mismo que usarlo.

Inspiré lentamente.

Por primera vez desde el ritual, dejé de resistirme.

El núcleo respondió de inmediato.

No explotó.

No se desbordó.

Giró.

Un movimiento lento, constante, como el latido de un corazón antiguo.

Sentí cómo una corriente oscura recorría mis canales internos, ampliándolos, reforzándolos.

Cada giro asentaba el poder, lo hacía mío.

—Concéntrate en el centro del pecho —indicó Azael—.

No intentes controlar.

Observa.

Obedecí.

Y entonces… lo vi.

No con los ojos, sino con algo más profundo.

Un espacio interno, vasto, donde flotaba el núcleo.

Alrededor, fragmentos de recuerdos que no eran míos: campos de batalla ennegrecidos, cielos rotos, ejércitos arrodillados ante un trono incompleto.

—Eso es… —murmuré—.

¿Tu pasado?

—No —respondió Azael—.

Es el nuestro, ahora.

Abrí los ojos de golpe.

El mundo exterior había cambiado.

Podía percibir corrientes de energía residual en los túneles, restos de rituales antiguos, huellas espirituales dejadas por personas que habían pasado por allí siglos atrás.

Era como leer un libro invisible escrito en capas de tiempo.

Lysenne me observaba con atención, casi conteniendo la respiración.

—Tus ojos… —dijo—.

Se ven distintos.

—¿Cómo?

Dudó un segundo.

—Como si ya no miraran solo este lugar.

Azael pareció complacido.

—Buen instinto, niña.

Pasaron horas.

O quizá minutos.

El tiempo era extraño bajo tierra.

Azael me guió a través de los fundamentos del Murmullo Infernal: no técnicas todavía, sino principios.

Absorber sin devorar.

Convertir sin corromper.

Usar la emoción como catalizador, no como cadena.

—La iglesia usa fe —explicó—.

Nosotros usamos voluntad.

El miedo puede ser combustible, pero la decisión es el motor.

Lysenne escuchaba todo, sentada cerca, con las piernas recogidas.

En algún momento se había quitado la capa gris; debajo llevaba una túnica sencilla que marcaba su figura de forma discreta pero innegable.

No lo hacía para provocar.

Simplemente… había dejado de esconderse.

Me di cuenta de que la observaba cuando ella levantó la mirada y nuestras miradas se cruzaron.

No apartó los ojos.

—No voy a estorbar —dijo—.

Si eso es lo que piensas.

—No lo estaba pensando —mentí.

Azael rió suavemente.

—La cercanía emocional amplifica la estabilidad del núcleo en esta etapa —comentó—.

No la rechaces sin motivo.

Sentí calor en el rostro.

—No necesito consejos de un demonio.

—Y sin embargo —respondió—, estás vivo gracias a uno.

Lysenne sonrió apenas, una sonrisa pequeña, cansada, pero real.

—No me molesta quedarme —dijo—.

Mientras no me mientas.

Asentí.

—No lo haré.

El primer indicio llegó como un escalofrío.

Azael fue el primero en notarlo.

—Se mueven —advirtió—.

Tres presencias.

No obispos.

El núcleo reaccionó con un pulso lento.

—¿Inquisidores?

—pregunté.

—Sí —confirmó—.

Segundo Círculo.

Experimentados.

Fanáticos.

Lysenne palideció.

—Ellos no interrogan —susurró—.

Purifican.

Me puse de pie.

—Entonces no nos encontrarán aquí.

—No subestimes a la iglesia —replicó Azael—.

Pero tampoco te subestimes a ti.

Me concentré.

El Murmullo Infernal respondió, extendiéndose como una sombra fina, casi imperceptible.

No era un ataque.

Era un velo.

—Ocultamiento básico —indicó Azael—.

Costoso, pero efectivo si mantienes la calma.

Lysenne se acercó sin decir nada y tomó mi mano.

Su contacto fue firme.

Estable.

El núcleo se estabilizó aún más.

—Funcionó —susurró Azael, con un tono que rozaba la sorpresa—.

Interesante… Desde tercera persona, tres figuras con armaduras blancas avanzaban por los niveles inferiores de la ciudad.

Sus símbolos brillaban con intensidad creciente, buscando una anomalía que, de pronto… desapareció.

—¿Se extinguió?

—preguntó uno.

—No —respondió otro—.

Se está escondiendo.

El líder apretó el puño.

—Entonces lo sacaremos a la luz.

Yo abrí los ojos.

—No podemos quedarnos —dije—.

Pero tampoco huir sin rumbo.

Azael habló con gravedad.

—Entonces es momento de que des tu primer paso real como portador del pacto.

El núcleo giró con más fuerza.

—Aprenderás a luchar.

🔥 Fin de la Parte II del Capítulo 2 En la Parte III: Primera técnica ofensiva real Primer enfrentamiento indirecto con los Inquisidores Más desarrollo entre Eiren y Lysenne (tensión emocional + cercanía) Consecuencias reales del uso del poder

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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