Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

El Trono Del Dogma Eterno - Capítulo 6

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. El Trono Del Dogma Eterno
  4. Capítulo 6 - 6 Capítulo 2 - Parte III El Demonio En Mi Sangre
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

6: Capítulo 2 – Parte III El Demonio En Mi Sangre 6: Capítulo 2 – Parte III El Demonio En Mi Sangre El velo no duraría para siempre.

Lo sentía en el pecho, como una presión constante, una cuerda tensada que tarde o temprano terminaría por romperse.

El Murmullo Infernal era estable, sí, pero todavía inmaduro.

Cada segundo ocultándonos drenaba más energía de la que podía recuperar en ese entorno cerrado.

—Cinco… quizá diez minutos —estimó Azael—.

Después, te sentirán otra vez.

—Entonces no esperaremos —respondí.

Lysenne apretó mi mano con más fuerza.

—¿Vas a pelear?

—Voy a abrirnos un camino.

Ella me miró fijamente.

—Entonces no mueras.

Por alguna razón, esa orden fue más efectiva que cualquier plegaria.

Solté su mano con cuidado y avancé unos pasos por el túnel, cerrando los ojos.

La humedad del aire, el eco distante de pasos, el latido acelerado de mi propio corazón… todo se alineó.

—Escucha con atención —dijo Azael—.

Tu primera técnica no será destructiva.

Será definitoria.

—¿Cuál?

—pregunté en silencio.

—La Garra del Juramento.

El nombre resonó en mi mente como un sello antiguo.

—No es una técnica para matar —continuó—.

Es una técnica para romper voluntades.

La iglesia se sostiene sobre certezas absolutas.

Arráncaselas.

Inspiré profundamente.

El núcleo respondió.

Por primera vez, giró en sentido inverso.

Sentí cómo la energía oscura ascendía por mis brazos, concentrándose en la mano derecha.

No ardía.

No dolía.

Era fría… y firme.

Abrí los ojos.

Mis dedos estaban envueltos en una sombra translúcida, casi etérea, que se movía como humo contenido.

No parecía peligrosa.

Eso era lo más peligroso.

—Vienen —susurró Lysenne.

Tres figuras aparecieron al final del túnel, avanzando con paso seguro.

Sus armaduras blancas estaban marcadas con símbolos dorados del Segundo Círculo.

No llevaban cascos; querían ser vistos.

Querían imponer.

—Eiren Valen —dijo el del centro—.

Por orden del Dogma Eterno, entrégate para tu purificación.

Su voz no temblaba.

No dudaba.

—No —respondí.

Un silencio breve.

—Entonces —continuó— serás reducido a cenizas.

Avanzó un paso.

Ese fue su error.

Me moví.

No rápido.

Decidido.

La Garra del Juramento se extendió cuando estuve a un metro de distancia.

No atravesó carne ni armadura.

Atravesó algo más profundo.

El inquisidor se detuvo en seco.

Sus ojos se abrieron desmesuradamente.

—¿Qué… qué has hecho?

—balbuceó.

—Le mostraste la verdad —dijo Azael con calma—.

Ahora, observa.

El inquisidor cayó de rodillas.

No gritó.

Se llevó las manos a la cabeza, respirando de forma errática, como si el aire se hubiera vuelto insuficiente.

—No… no puede ser… —murmuraba—.

El Trono… no es… luz… Los otros dos retrocedieron instintivamente.

—¡Ilusión demoníaca!

—gritó uno—.

¡No escuches!

Pero ya era tarde.

La voluntad del primero se había quebrado.

—Retirada —ordenó el líder, con el rostro endurecido—.

Informaremos a la catedral.

No intentaron atacarme.

Eso me sorprendió.

—Son fanáticos —explicó Azael—, pero no estúpidos.

Acabas de demostrar que no eres una presa común.

Los inquisidores desaparecieron por el túnel, llevándose al que apenas podía caminar.

Me apoyé contra la pared.

El núcleo se desaceleró bruscamente.

—Costo alto —advirtió Azael—.

Demasiado para tu nivel actual.

Mis piernas flaquearon.

Antes de caer, unas manos me sostuvieron.

Lysenne.

—Te tengo —dijo, firme, acercándose más de lo necesario para sostenerme.

Su rostro estaba muy cerca.

Demasiado.

Sentí su calor, su respiración agitada, la presión suave de su cuerpo contra el mío mientras me ayudaba a mantenerme en pie.

—No debiste usar eso tan pronto —murmuró.

—Funcionó —respondí.

—Casi te desmayas.

—Sigo aquí.

Sus labios se curvaron apenas.

—Por ahora.

Azael observaba en silencio.

—Interesante —dijo al fin—.

Ella estabiliza tu núcleo de forma natural.

No por poder… sino por vínculo.

Me separé con cierta torpeza.

—¿Eso es bueno… o malo?

—Depende —respondió—.

Los vínculos fortalecen.

También crean debilidades.

Lysenne no apartó la mirada.

—No pienso ser una carga.

—Entonces tendrás que entrenar —le dije—.

Conmigo.

Asintió sin dudar.

—Lo haré.

Desde tercera persona, en la catedral, la sacerdotisa carmesí recibió el informe.

Escuchó sin interrumpir, con una sonrisa cada vez más marcada.

—¿Rompió la voluntad de un inquisidor?

—preguntó.

—Sí, señora.

Ella cerró los ojos, satisfecha.

—Entonces ya no es solo un portador.

Los abrió lentamente.

—Es una amenaza real.

Se giró hacia la ventana, observando la ciudad.

—Preparad el Tercer Círculo —ordenó—.

Y notificad a los archivos sellados.

Hizo una pausa, su voz cargada de una emoción peligrosa.

—Quiero verlo crecer… antes de reclamarlo.

Volví a mirar a Lysenne.

El túnel parecía más estrecho ahora.

—Esto solo empeorará —dije—.

Ya no hay vuelta atrás.

Ella se acercó un paso más.

—Nunca la hubo —respondió—.

Solo que ahora lo sabemos.

El núcleo en mi pecho latió una vez.

Firme.

Decidido.

🔥 Fin de la Parte III del Capítulo 2 En la Parte IV (final del capítulo): Consecuencias físicas y mentales del combate Decisión de abandonar Sanctus Aeterna Primer destino fuera del control de la iglesia Cierre del capítulo con promesa de crecimiento

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo