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El Ultimo Aliento: De la muerte al significado - Capítulo 3

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  4. Capítulo 3 - 3 Capítulo 3 Reencarnación errada
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3: Capítulo 3: Reencarnación errada 3: Capítulo 3: Reencarnación errada POV de Matías Castleboard (Lugar desconocido) Por alguna extraña razón, volví a sentir.

No sé cuánto tiempo estuve durmiendo en la intemperie de la nada misma, pero ahora… ahora siento vida.

Aún tenía los ojos cerrados, pero el calor abrasante del sol caía sobre mi rostro, obligándome a abrirlos.

Escuché a los pájaros cantar y, poco a poco, me di cuenta de dónde estaba.

Un lugar que recordaba muy bien.

Uno en el que formé mis ideales de libertad.

Aquel sitio que desbordaba familiaridad y tranquilidad… esa paz que solo puede darte un hogar.

—Hermano, ¿qué estás haciendo?

—la voz curiosa de una niña pequeña golpeó mis oídos—.

¿No se suponía que deberías estar cuidando al rebaño?

Bajé lentamente la mano que usaba para taparme del sol y vi que era ella… mi pequeña hermana.

Aquella que, en el futuro, terminaría perdiendo.

—¿Por qué me miras así?

—preguntó con inocencia—.

¿Tengo algún bicho en la cara?

—A… Alice, hermanita —dije entre sollozos, y la abracé con fuerza.

Por un descuido mío que acabó en risas, rodamos colina abajo, envueltos por el fresco pasto de nuestra finca.

La tomé con fuerza en un abrazo protector, hasta que mi espalda chocó con el tronco de un árbol.

Pero en vez de dolor, sentí algo más poderoso.

Riendo a carcajadas, dejé escapar lágrimas de felicidad.

Lágrimas que había deseado por tanto tiempo.

—Auch… ¿estás bien, hermano?

—dijo ayudándome a levantarme mientras yo aún reía—.

¡Eso tuvo que doler mucho!

—Jajajajaja… estoy bien, Alice —exclamé, aún entre risas, mientras le sobaba la cabeza con ternura—.

Solo fue un pequeño golpe.

No sabes cuánto me alegra volverte a ver.

Vi cómo su carita de niña se transformaba en confusión, pero pronto lo ignoró por completo y me dio un abrazo.

Así era ella.

Llena de inocencia.

Con un corazón enorme que, a pesar de haber sufrido tanto como yo, siempre perdonó.

Y ese fue su error: nunca odiar, siempre ver lo bueno en todo… vivir en la ilusión de que todos eran buenos.

Pero… eso no importa ahora.

Tal vez esto solo sea una ilusión cruel de mi mente, recordándome lo que perdí.

Pero si esto es tortura… ojalá toda mi vida hubiera sido así.

—¡¿Niños, están bien?!

—escuché la voz de mi padre a lo lejos.

Una lágrima escapó de mis ojos—.

¿Qué pasó?

¿No se encuentran heridos?

Rápidamente llegó hasta nosotros, revisándonos con preocupación, hasta que me preguntó: —¿Hijo, por qué estás llorando?

Ellos no lo entendían… y tampoco quería que lo supieran.

En aquellos tiempos, mi infancia era todo lo que debía ser: felicidad.

—No me pasa nada, padre —exclamé, dejando escapar una sonrisa sincera—.

Solo tuve un mal sueño… eso es todo.

Él suspiró con alivio y nos ofreció la mano a Alice y a mí.

Dudé un momento en tomarla, mirándolo con nostalgia… pero ya quería volver a casa.

Luego de unos segundos de titubeo, acepté.

Empezamos a caminar juntos, y a lo lejos vi a mi madre, con una olla en brazos, esperándonos con una gran sonrisa.

—Los amo mucho —susurré cerrando los ojos… para luego no volver a abrirlos.

(En la realidad) Al final, sí era un sueño… pero uno hermoso —pensé—.

Aun en la oscuridad de esta inconsciencia, todo se sentía vivo, como si solo hubiera estado durmiendo.

Espera un momento… estoy sintiendo emociones de nuevo.

Estoy volviendo a la vida, una vez más.

—Ahora que lo pienso, me siento más raro de lo normal —susurré en mi mente—.

Puedo sentir mi cuerpo… pero a la vez, no.

Es como si mi movilidad se hubiera reducido… y lo mismo con mi tamaño.

Pero mi conciencia sigue aquí.

Otra vez luz —me quejé mentalmente—.

Intenté abrir los ojos, pero solo vi un mundo distorsionado a mi alrededor.

Una ceguera que parecía estar desapareciendo poco a poco.

Todo esto es nuevo.

Me siento tan liviano… pero con una sensación de seguridad que… Espera un momento.

Mi mente se bloqueó, recordando las palabras de Kraidir.

Cada una resonó con fuerza en mi cabeza: “Vas a renacer, Matías.” Mierda… acabo de volver a nacer.

Dentro de mí, aquella chispa que se había encendido con la promesa de Kraidir volvió a brillar.

Una oleada de emociones recorrió todo mi pequeño cuerpo.

Felicidad.

Miedo.

Culpa.

A pesar de no poder pronunciar palabra alguna, sabía que mi voz —aun en la mente— estaba rota, soportando el peso de algo tan grande… que no creía merecer.

—¡Es un varón!

Fuerte y sano, mi reina.

—De pronto, una voz femenina rompió el silencio.

Era cálida, suave… llena de amor.

Mis oídos, volviendo a acostumbrarse a los sonidos, lograron captar cada palabra con claridad, justo antes de sentir cómo unos brazos me sostenían con ternura.

El calor de una mujer, su aroma reconfortante… provocaron una pequeña descarga eléctrica de emociones en mí.

Mi conciencia reconoció ese sentimiento al instante.

Me mecían suavemente, y entonces escuché su voz entre lágrimas: —Déjenme cargarlo… mi pequeño príncipe, mi hermoso Kael.

Mi corazón latía a mil por hora.

En ese momento no podía pensar con claridad, solo sentir.

Emociones puras, sin filtros.

Recordaba perfectamente ese sentimiento: uno que solo puede darte una madre.

Protección.

Ternura.

Amor.

Mi mente, aún en shock, intentaba asimilarlo.

Me costó unos minutos entenderlo del todo.

Mi pequeño príncipe.

Mi hermoso Kael.

Además… mencionaron a una reina.

¿En qué clase de mundo terminé?

Intenté analizar qué tan probable era que esto fuera real.

Pero el sentimiento era evidente, y de alguna manera… esto se sentía completamente verdadero.

Era la vida misma, abriéndome paso en un nuevo mundo.

Reí en mi mente con sarcasmo, mientras pequeñas lágrimas salían de mis ojos.

Al darme cuenta de mi estado actual, solo pude pensar: De verdad, esto es una tortura… estoy atrapado en el cuerpo de un recién nacido.

En serio… he vuelto a nacer.

—Ya, mi pequeño Kal, deja de llorar.

Tu mami está aquí… estoy aquí para ti, mi hijo.

—Podía sentir cómo sus palabras me destrozaban por dentro.

Era como si el vacío inmenso en mi interior comenzara, poco a poco, a llenarse.

—Déjame ver a mi hijo, Mabel —una voz firme y varonil resonó en todo el lugar.

Era la voz de un líder.

De un padre.

La mujer —mi madre— me entregó a un hombre.

Sentí su agarre: firme, pero cuidadoso.

Sus ojos, desbordantes de amor, me miraban con ternura mientras me sobaba la cabeza con infinita delicadeza.

Entonces este es mi padre… pensé con nostalgia.

Si he renacido, entonces esta es mi nueva familia.

Nunca imaginé volver a tener una, ni sentir este calor otra vez.

—Vaya, mi vida, creo que se parece más a mí —dijo sonriendo—.

Siento que este pequeño tendrá mi espíritu, mi determinación.

Mira esos ojos… ¡tendrá muchas mujeres detrás de él!

Y, algún día, será un gran rey.

Mi madre rió suavemente.

—Oh, amor, apenas es un bebé.

Y si no me equivoco, fui la única que cayó en tus encantos.

—Eso… eso fue un golpe bajo, mi reina —exclamó él con sarcasmo, llevándose la mano al pecho en gesto teatral.

Verlos así, aunque fuera con la visibilidad limitada que me permitía este cuerpo, era tan reconfortante.

Solo con saber que estaban ahí… ya era suficiente para mí.

—Su majestad, por favor, sostenga al príncipe con cuidado.

—La voz de la partera llamó la atención de mi padre por unos segundos, hasta que volvió a enfocarse en mí.

—Kael, yo soy tu padre: Xavier Lanpar.

Y tú, mi pequeño hijo hermoso… bienvenido a tu nueva vida.

Intenté estirar mis diminutas manos para tocarlo, pero mi coordinación era casi nula.

Aun así, él tomó una de ellas con delicadeza, acariciándola mientras una lágrima suya caía sobre mi frente.

Esa distracción fue suficiente para notar mi entorno: una lámpara decorada con bellos grabados, un techo blanco esculpido con líneas que formaban una silueta extraña que no logré entender.

El lugar era rústico pero elegante.

Los adornos antiguos y la madera que decoraba los pilares sostenían un techo que gritaba nobleza.

Una idea me atravesó la mente.

Poco después, me envolvieron en una sábana suave y comenzamos a caminar.

Era mi padre quien me sostenía con firmeza, atravesando enormes pasillos.

Las paredes, hechas de piedra blanca, estaban decoradas con oro y otros metales.

Pude deducir con rapidez la época: medieval.

Había soldados acompañando a mis padres con cada paso.

Entonces… he renacido en el pasado.

Vi pilares de mármol, ventanas con figuras grabadas.

A medida que avanzábamos, me quedé embobado mirando las escenas dibujadas: al parecer, contaban una historia de fantasía.

Era fascinante… como estar dentro de una de esas leyendas de reyes y héroes.

Un minuto… ¿no me llamaron “príncipe” antes?

—Su majestad, ya estamos llegando.

¿Quiere que llamemos a los Strikers para que lo acompañen, o desea dar este mensaje solo?

—Al girar para ver quién habló, distinguí a un guardia con una enorme espada en su espalda.

Maldición… si soy un príncipe, acabo de nacer en la realeza.

Mis padres son los malditos reyes de este lugar.

—No, tranquilo, soldado.

Este anuncio lo haré yo.

Parte de ser un rey es dar esperanza a la gente… y eso es lo que haré —respondió mi padre con decisión.

Me miró una vez más antes de volverse hacia el frente con una expresión seria… justo cuando vi cómo unas cortinas rojas empezaban a abrirse, dejando pasar la luz del sol.

POV de Xavier Lanpar El peso de mi hijo… y el de todo mi pueblo descansaban en mis brazos mientras avanzaba con paso firme hacia el balcón principal del castillo.

Lo hacía con la autoridad y la esperanza que solo un rey podía ofrecer… y que solo un padre sabía transmitir.

Afuera, una multitud de miles —quizá millones— aguardaba con ansias.

Sus voces se mezclaban en un murmullo denso, como el eco de una tormenta a punto de estallar.

Parte de ser rey es dar esperanza.

Y Kael… Kael es esa esperanza.

Aquella que tanto nos ha faltado en estos tiempos difíciles.

Aunque algunos cuestionen el liderazgo de la familia Lanpar, hemos sido nosotros quienes han protegido a la raza humana durante generaciones.

Y seguiremos haciéndolo.

Ahora, con uno más de los nuestros como promesa viva de lo que somos: protectores.

Hoy no solo presento a mi hijo.

Hoy anuncio el inicio de una nueva era.

Una era que transformará el reino que tanto amo.

Respiré hondo y me preparé.

Crucé el umbral del balcón y el sol me recibió con su resplandor abrasador.

Mis ojos recorrieron la muchedumbre.

Entre los rostros podía distinguir a personas que, en algún momento, cruzarían el destino de Kael.

Algunas con amor… otras con sangre.

Pero todas importantes en su crecimiento.

La plaza vibraba con una energía electrizante.

Las banderas de los clanes más poderosos ondeaban con orgullo.

Sonreí con una felicidad contenida.

Di un paso al frente y alcé la voz con la fuerza que solo un verdadero rey puede proyectar: —¡Queridos ciudadanos de Auroria!

Gracias por venir desde tan lejos para presenciar este momento tan importante para mi familia… y para el reino.

Hoy, les presento el inicio de una nueva era: ¡la Era Dorada!

Con un gesto solemne, levanté a Kael para que todos pudieran verlo.

—¡Este es mi hijo, Kael Lanpar!

¡Mi heredero… y la esperanza de nuestra raza!

El rugido de la multitud fue ensordecedor.

Los soldados golpearon sus armas contra sus escudos en señal de respeto, mientras el clamor del pueblo se alzaba como una sola voz.

Y entonces, mientras sostenía a Kael en lo alto… sentí algo.

Una presencia distinta a mis espaldas.

Familiar.

Antiguamente poderosa.

Esa energía… no sabía si era una bendición o un juicio, pero estaba allí.

Observando.

¿Eran ellos los testigos de esta grandeza que apenas comenzaba?

¿Los observadores de esta nueva generación que corregirá los errores de aquellos que no supieron usar su poder?

Le entregué a Kael a mi esposa con una sonrisa inmensa.

Luego, desenvainé mi espada, alzándola al cielo en un gesto de unidad y fortaleza.

Como si fuesen mi reflejo, los soldados y la multitud imitaron el gesto.

Un mar de metales brillantes se alzó bajo la luz del sol.

—¡Larga vida al reino!

—gritaron todos al unísono.

Con orgullo.

Con esperanza.

Con felicidad.

POV de Kael Lanpar Lo que acababa de presenciar era una mezcla entre lo épico… y lo absurdo.

Recién había nacido… y ya me estaban mostrando al mundo como si fuera el Rey León.

Pero, ¿qué podía hacer?

Esta era la vida de un príncipe.

O eso creo.

Dejando eso de lado, podía escuchar y ver cómo la multitud enloquecía.

Los soldados golpeaban sus escudos… Y yo, un bebé indefenso, solo podía mirar con visión limitada, preguntándome: ¿en qué clase de reino he reencarnado?

Y por los dioses… ¿por qué todo era tan hermoso, tan mágico?

Era casi inexplicable para mi mente.

Era vergonzoso.

Increíblemente vergonzoso.

Pasar de ser un militar endurecido… a un bebé que ni siquiera podía sostener su cabeza.

Y, sin embargo, en algún rincón de mi alma, algo entendía la magnitud de lo que estaba ocurriendo.

Una sensación profunda se arrastró por cada fibra de mi ser, tocando lo más hondo de mi alma, susurrándome que… esto nunca debió pasar.

No era solo una presentación.

Era un acto simbólico.

Una chispa de esperanza para millones.

Algo que, en mi vida pasada… también me tocó encarnar.

Pero que terminó… muy mal.

Tal vez antes subestimé el poder de un líder.

Siempre los vi como gente sedienta de ambición, gobernando para sí mismos.

Incluso yo… incluso yo creí que era uno de ellos pero la figura que me sostenía… transmitía algo distinto.

No era poder, ni tampoco era autoridad forzada.

Era… otra cosa.

Una energía familiar.

Difícil de describir.

Algo que removía los restos dormidos de mi humanidad.

Y entonces lo supe.

Aunque mi cuerpo era débil, aunque mi mente aún se adaptaba, ese instante marcaría el inicio de mi nuevo destino.

Entre gritos de gloria, promesas no dichas y memorias enterradas… comenzó mi segunda vida.

Una que, lo sabía bien… algún día lamentaría.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES NovaSky Nota del autor (Capítulo actualizado: Esto es solo una muestra de la versión reescrita de Amazon).

El mundo de The Last Breath está lleno de secretos, mapas ocultos y promesas que aún no han sido reveladas.

Cada detalle del lore tiene un propósito, y me encantaría saber qué teorías o preguntas te ha despertado este capítulo.

Tu opinión ayuda a dar más vida a la historia.

— Eterna Pluma

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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