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El Ultimo Aliento: De la muerte al significado - Capítulo 36

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  4. Capítulo 36 - 36 Capítulo 36 Nunca bajar la guardia
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36: Capítulo 36: Nunca bajar la guardia 36: Capítulo 36: Nunca bajar la guardia POV de Kael Lanpar El bullicio de los aventureros llenaba la taberna.

Las risas, los gritos y el estrépito de los vasos al chocar se mezclaban en un caos tan vivo que apenas podía oír lo que decían las dos personas sentadas a mi lado.

Algunas palabras que salían de la boca de Aiza me resultaban familiares.

Sonaban parecido al Racing, aunque el idioma era otro.

—Futa festa no freire sete coje —dijo ella con el ceño fruncido, mirando a Dirion— tu fari ni…

El vaso de cerveza que ella sostenía comenzó a agrietarse.

Antes de poder apartarme, el cristal estalló entre sus manos, lanzando fragmentos por el aire.

Alcé un brazo para protegerme del estallido.

—¡Dirion, dime que no hablas en serio!

—gritó Aiza, poniéndose de pie con tal fuerza que su silla cayó hacia atrás—.

¡Esto es imposible, cómo podr—!

El viejo se levantó de golpe y le cubrió la boca antes de que terminara la frase.

Sus movimientos fueron tan rápidos que ni siquiera tuvo tiempo de reaccionar.

Aiza forcejeó unos segundos antes de ceder.

Respiraba con fuerza, pero en cuanto Dirion la obligó a sentarse, su temperamento se enfrió como si nada hubiera pasado.

El silencio entre ellos me resultó insoportable.

Golpeé la mesa con los nudillos.

Un solo impacto bastó para que ambos me miraran.

—¿Por qué están hablando en élfico?

—pregunté, rascándome la cabeza—.

¿Qué está pasando aquí?

Aiza se inclinó hacia mí, tan cerca que pude sentir el aroma a miel amarga en su aliento.

—Eres más interesante de lo que pareces, muchacho —susurró con una sonrisa ladeada—.

Al parecer, acabo de encontrar una mina de oro.

Su tono me dejó más confundido que intrigado.

Con un gesto elegante, empujó su silla hacia atrás y se levantó.

Caminó hasta la barra y, sin pedir permiso, arrebató al cantinero dos jarras llenas.

El hombre retrocedió, temblando.

—L-Lord Aiza…

¿no cree que eso ya es suficiente?

—balbuceó.

“¿Lord?”, pensé, frunciendo el ceño.

Ella no respondió.

Lo tomó del cuello de la camisa y lo acercó hasta quedar a centímetros de su rostro.

Por un momento, el miedo del cantinero fue tan denso que se podía oler.

Luego, Aiza lo soltó con una carcajada.

Desvié la mirada, dejando que su risa se perdiera entre el ruido del lugar.

Era difícil imaginar que esa mujer sería la futura líder del escuadrón donde estaría.

—¿Siempre es así?

—pregunté, recostando la cabeza sobre mis brazos.

—No te dejes engañar por su actitud —respondió Dirion, poniéndose de pie—.

Bajo esa arrogancia hay una de las mejores líderes que conocerás.

Ven, hay algo que quiero mostrarte.

Arrastré mi silla y lo seguí hacia la parte trasera de la taberna.

El aire olía a madera húmeda y cerveza vieja.

Por pura curiosidad, activé mi magia astral para medir las auras de los presentes.

Pero no sentí nada.

Un escalofrío recorrió mi espalda.

Era como si la vida misma del lugar hubiera sido suprimida.

Entonces me di cuenta: todos me estaban mirando.

Y sabían lo que había intentado hacer.

Me di cuenta tarde de que todos se enteraron de que los estaba analizando un peso invisible cayó sobre mi cuerpo mientras me miraban con cierta tensión.

Mis músculos se tensaron, mi respiración se volvió irregular.

—¿Muchacho, estás bien?

—preguntó Dirion con tono grave.

—Sí…

—respondí entre dientes —.

Estoy bien.

El ambiente se volvió insoportable.

Sin darme cuenta, mi magia astral se expandió, materializándose como una llama demoníaca que cubría todo mi cuerpo.

Los murmullos se apagaron.

Las miradas de recelo se transformaron en asombro… y miedo.

Mi fuego no era puro.

No era luz.

Mi despertar corrupto consumió parte del piso de madera, que se ennegrecían y ardían con un fuego invisible, dejando escapar un olor denso a humo y resina quemada.

Apreté los puños, forzando mi respiración hasta recuperar el control.

La llama se extinguió poco a poco.

El silencio volvió.

Hasta que un zumbido cortó el aire.

Un dardo.

Giré la cabeza justo a tiempo para verlo pasar rozando mi mejilla antes de clavarse en la pared detrás de mí.

Busqué con la mirada a Dirion, pero él solo alzó una ceja y cruzó los brazos con resignación.

—Este es tu problema, muchacho —dijo con calma —.

Aquí… ni por ser el ex rey podré salvarte.

El pánico brillaba en mis ojos, aunque no era miedo lo que me dominaba; jamás quise provocar un alboroto.

Nunca fue mi intención.

El suelo crujió bajo el peso del elfo que había lanzado el dardo.

Con una mirada fría, apretó sus nudillos y se preparó para golpear.

—No nos compares con vuestra raza —dijo, tensando su mandíbula —.

Los humanos son inferiores a nosotros.

Antes de que pudiera decir cualquier cosa mis instintos me avisaron de que se aproximaba peligro.

Giré la cabeza a tiempo para ver su puño atravesar el aire, levantando una nube de polvo detrás de mí.

Aunque no me alcanzó, el viento del golpe me azotó la cara con fuerza.

Apreté los dientes, jadeando con dificultad mientras buscaba una forma de zafarme de aquel problema.

—Piensa, Kael —me dije a mí mismo—, ¿cómo puedo librarme de esto?

Sumido en mis pensamientos, apenas tuve tiempo de notar cómo otro golpe se dirigía hacia mi rostro.

En una fracción de segundo, me desplacé hacia su guardia baja, sintiendo una vez más el azote del viento.

Concentré el maná en mi brazo y observé cómo comenzaba a teñirse del resplandor de Sombrío Carmesí.

Las llamas naranjas cobraron forma, y con un golpe directo desvié su ataque hacia la pared.

El impacto fue brutal: el antebrazo del elfo chocó contra la piedra, abriendo un enorme agujero por el que se filtró la luz del sol.

Aturdido, el elfo retrocedió, sin comprender lo que acababa de ocurrir.

—¿Cómo… cómo pudiste desviar mi ataque?

—tartamudeó, con un temblor visible recorriéndole el cuerpo.

—Solo tuve suerte —respondí, mientras una gota de sudor se deslizaba por mi frente.

Solté un suspiro y di un paso hacia Dieron, dispuesto a marcharme, pero el sonido de aplausos me detuvo en seco.

Las expresiones de molestia entre la multitud se transformaron en algo distinto: emoción, admiración.

Las copas de cerveza se alzaban en alto, los vítores resonaban en el aire, y un murmullo eufórico se extendía por todo el lugar.

Me mordí el labio inferior, conteniendo una risa.

Luego, sonreí y realicé una breve reverencia.

Los gritos de júbilo se intensificaron al instante.

—¡Bien hecho, muchacho!

—gritó uno de los presentes, dándome una palmada en la espalda—.

Acabas de ganarte tu primer enemigo en este sitio.

Mi mirada se dirigió al elfo que acababa de derrotar.

En su respiración se percibía la furia contenida; un vapor tenue emergía de su piel.

—Tú… tú no puedes ganarme —dijo entre dientes—.

Te juro que acabaré contigo.

El avanzo un paso solo para detenerse de inmediato.

El aire a nuestro alrededor cambió.

Entre la multitud que se abría con rapidez, emergió el rostro severo de Aiza.

Su presencia lo alteraba todo: el ambiente se volvió pesado, sofocante.

Respirar era una tarea dolorosa; el aire mismo quemaba mis pulmones.

—¿A quién dices que vas a lastimar?

—preguntó Aiza, posando una mano sobre el hombro del elfo inmóvil.

—No es algo muy inteligente —añadió, moviendo un dedo en negación—.

Ese niño es más importante que tú.

—Pe… pero, Lord Aiza… —tartamudeó el elfo.

Antes de que pudiera continuar, Aiza llevó un dedo a sus labios, silenciándolo de inmediato.

—Si no quieres iniciar una guerra entre reinos, será mejor que te controles —susurró—.

Él es el hijo del rey de los humanos.

Un murmullo de espanto recorrió la sala.

En cuestión de segundos, los presentes regresaron a sus asientos, con rostros pálidos y ojos cargados de miedo.

—No se suponía que eso fuera público —murmuré.

—Tú mismo lo dijiste: era confidencial —respondió Dirion, colocándose a mi lado.

Sin decir una palabra más, Aiza le dio un leve golpe en la cabeza al elfo antes de dirigirse hacia nosotros.

Me sobresalté al notar que pasó de largo… hasta que sentí un tirón en el cuello de mi camisa.

—¿No sería mejor que me dijeras que camine?

—dije con evidente molestia.

Su silencio fue suficiente para entender que debía callar.

No opuse resistencia; simplemente me dejó sin opción.

Aiza me arrastró hasta la puerta trasera del lugar y, sin previo aviso, me lanzó al suelo.

El impacto me sacudió por completo.

La tierra húmeda absorbió mi caída y un dolor agudo recorrió cada fibra de mi cuerpo.

Me puse de pie bruscamente, la ira creciendo dentro de mí como una tormenta.

Quería gritarle algo… pero no tuve tiempo.

Un destello fugaz cruzó el aire, y antes de comprenderlo, una pequeña roca golpeó mi frente.

Vi cómo caía frente a mis pies, dejando tras de sí un hilo cálido de sangre resbalando por mi piel.

—Fue demasiado imprudente de tu parte dejar que tus emociones te controlaran —me reprendió Aiza, apretando los puños con fuerza—.

Maldita sea, Kael, ni siquiera es tu primer día aquí… Se detuvo un momento, inhalando profundamente antes de continuar.

—Sabes muy bien cómo funciona la magia astral —dijo con voz más firme—.

Permitir que tus emociones dominen el cuerpo y el alma en medio del combate… es lo peor que puedes hacer.

Sus palabras me golpearon más fuerte que cualquier ataque.

Tenía razón.

Sabía perfectamente lo peligroso que era para mí perder el control.

Cualquier desequilibrio emocional podía arrastrarme al borde de la locura… o peor.

Desde que Vastiar me explicó mi condición, supe que el tiempo no jugaba a mi favor.

El despertar corrupto estaba acabando conmigo.

—Perdón… sé que no debió pasar —murmuré, bajando la cabeza—.

Intentaré ser más prudente.

Sentí su mano posarse sobre mi cabeza.

Luego, de forma inesperada, me revolvió el cabello con un gesto casi afectuoso.

—No te pido que actúes como un adulto —susurró—.

Solo quiero que juegues de forma más inteligente.

Al alzar la mirada, su sonrisa me desarmó.

Caminamos juntos de regreso al interior, donde Dirion descansaba apoyado contra un pilar, observándonos con calma.

—Será mejor que nos apuremos a registrarlo —dijo mientras se incorporaba—.

Tengo que volver al reino; hay asuntos que atender.

Aiza asintió y se acercó al cantinero.

Le susurró algo al oído, y el hombre nos indicó con un gesto que lo siguiéramos hacia el almacén de botellas.

Su mirada se movía de un lado a otro, hasta que se detuvo.

Colocó una mano sobre una de las botellas y la giró levemente.

Un sonido metálico resonó en el fondo, seguido por el chasquido de un mecanismo oculto.

Las vitrinas donde descansaban las botellas se separaron lentamente por la mitad, revelando algo que escapaba a toda lógica.

Frente a mí se alzaba una puerta de piedra en forma de arco, grabada con runas que pulsaban con un resplandor antiguo.

Pero lo que más me impactó fue la energía que emanaba de su interior: un poder vivo, vibrante, casi hipnótico.

Al cruzarlo, una oleada de sensaciones familiares me envolvió.

Las náuseas regresaron, el aire vibraba, y una luz cegadora me obligó a cerrar los ojos.

Todo giraba… hasta que, poco a poco, la claridad fue reemplazada por una calidez reconfortante.

Abrí los ojos con cautela.

Y entonces lo vi.

Ante mí se extendía un coliseo majestuoso, bañada por una luz dorada.

Cientos de personas de distintas razas recorrían amplias avenidas acompañadas por bestias mágicas de toda clase: lobos de pelaje etéreo, aves de fuego, osos miniatura que revoloteaban entre el lugar.

Las armaduras brillaban como espejos bajo la luz, y el suelo de mármol reflejaba mi rostro sorprendido.

Todo emanaba una sensación de orden, poder y belleza ancestral.

—Bienvenido al corazón de Astas —dijo Aiza con una sonrisa llena de orgullo—.

Estoy segura de que te encantará este sitio.

No pude responderle.

La emoción me ahogaba las palabras.

Aquella maravilla era más que un simple destino: era el umbral de mi primer gran desafío… el comienzo de mi existencia como defensor de lo que soy.

Un humano.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES NovaSky Nota de Autor: ¿Qué les pareció este capítulo?

Me encantaría leer sus teorías, opiniones o incluso sus críticas —todas ayudan a mejorar y dar más vida a esta historia.

Déjenme sus comentarios abajo, que siempre los leo con atención.

-Eterna Pluma

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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