Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

El Ultimo Aliento: De la muerte al significado - Capítulo 40

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. El Ultimo Aliento: De la muerte al significado
  4. Capítulo 40 - 40 Capítulo 40 Falso Equilibrio
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

40: Capítulo 40: Falso Equilibrio 40: Capítulo 40: Falso Equilibrio POV de Xavier Lanpar El cielo estaba despejado, cruelmente hermoso, dejando que la luz del sol bañara el reino que alguna vez juré proteger con mi vida.

Apoyé los codos en el filo de la barandilla del balcón.

La madera estaba fría, pero no tanto como mis pensamientos.

Desde allí observé a los soldados entrenar sin descanso: espadas que cortaban el aire, pasos sincronizados, cuerpos empapados de sudor y voluntad.

Cada golpe era un eco adelantado de su final.

La culpa se me asentaba en el pecho con un peso insoportable.

Sabía que todo ese esfuerzo sería inútil.

Yo conocía el desenlace.

Conocía cómo terminarían sus vidas.

—Veo que sigues pensativo.

La voz de Luis llegó desde atrás y me arrancó, apenas, de ese abismo silencioso.

Se colocó a mi lado con una sonrisa gastada, una de esas que existen solo por costumbre.

—Hoy los soldados están más animados que nunca —añadió, dándome un ligero codazo.

No respondí de inmediato.

Me llevé las manos al rostro y lo froté con fuerza, como si ese gesto pudiera aliviar el peso que me estaba aplastando por dentro.

—No sé qué voy a hacer, Luis —murmuré, aún oculto tras mis propias manos—.

Esto… esto no debió terminar así.

El silencio se alargó.

Mi mente se bloqueó, atrapada en un estado donde incluso reaccionar parecía un esfuerzo titánico.

Siempre me repetía que ser rey significaba cargar con el sufrimiento de todos.

Que ese era el precio de la corona.

Pero la verdad era más simple y más cruel: ya no podía soportarlo.

—Sabes… cuando conocí a tu padre, vi en él algo que jamás encontré en otros reyes —dijo finalmente.

Sentí su mano posarse sobre mi hombro.

Con la otra apartó las mías de mi rostro, obligándome a volver a la luz.

Cuando mis ojos se acostumbraron, vi su expresión.

Aunque era mi suegro, siempre lo consideré un padre.

—Tu padre era increíble —continuó, dedicándome una sonrisa sincera—.

Tenía algo que solo he visto dos veces en toda mi vida.

Llevó una mano hacia donde estaba mi corazón antes de continuar: —Pureza en sus acciones.

Algo que la mayoría de los líderes jamás aprende.

Hizo una pausa.

— Eso tú también lo tienes.

Apreté el puño con fuerza.

Sentí cómo mis uñas se clavaban en la piel, dejando marcas rojas que ardían.

Era difícil cargar con el mismo nombre de alguien que había desaparecido de tu vida sin dejar rastro.

No culpo a mi padre por sus decisiones.

Ni siquiera sé si sigue vivo.

Pero sí sé una cosa: no puedo permitirme ser débil.

—¡Hey!

¡Miren, muchachos!

¡Es el rey Xavier!

El grito desde abajo cortó el aire.

Alcé la vista con determinación.

El sonido metálico de las armaduras resonó cuando los soldados se arrodillaron al unísono ante mí.

—Es un honor compartir esta batalla con ustedes —grité, reuniendo toda la fuerza que me quedaba—.

Pero hoy no estoy aquí como su rey.

Inhalé profundamente y miré al cielo.

Aves de colores surcaban el azul con una libertad que dolía observar.

—Como ustedes, soy solo un mortal —continué, dejando escapar una leve sonrisa—.

Y eso no me hace débil.

Un cosquilleo recorrió mi mano derecha.

No necesitaba mirar para saberlo.

El aire comenzó a girar sobre mi palma, condensándose hasta tomar forma.

Una espada nació de la nada, forjada por corrientes invisibles.

La magia astral recorrió mis venas.

Hirvió mi sangre.

Avivó el fuego del deber y el orgullo de ser quien soy.

—Creo que iré a divertirme un poco —dije, avanzando—.

Quiero ver qué tan dispuestos están mis hermanos y hermanas a defender lo que es suyo.

Me subí a la barandilla y salté.

Por un instante, el mundo quedó suspendido.

Luego la gravedad me reclamó.

Aterricé con fuerza.

El suelo tembló.

Fragmentos de roca se elevaron bajo mis pies.

—¿Quién quiere ser el primero?

—pregunté con una sonrisa afilada.

Nadie dudó.

Entre la multitud de acero emergió un joven.

La empuñadura de su espada le temblaba ligeramente.

Sus ojos estaban llenos de miedo.

Y de determinación.

Eso fue lo que me destrozó.

Me recordó a Kael.

A esto me refería con cargar demasiado peso.

Aún sentía que había vendido a mi propio hijo por el bien del reino.

Yo tuve la última palabra aquel día.

Y cuando miré sus ojos y comprendí que su decisión no nacía de la ingenuidad, supe que él sabía exactamente lo que hacía.

—En guardia —ordené, alzando la espada.

El joven imitó el gesto y dio un paso al frente.

Nuestras miradas se cruzaron en ese instante fugaz que define una vida entera.

Cuando una hoja seca cayó de un árbol y tocó el suelo, me lancé hacia él.

El impacto de nuestras armas lo hizo retroceder.

Hijo… espero haber tomado la decisión correcta.

Debes volverte más fuerte.

Confío en ti para proteger a tu madre y a tus hermanas.

POV de Kael Lanpar  Sentía la humedad de la tierra empapar mi pantalón mientras luchaba por mantener los pies firmes bajo el peso de la espada de Soka sobre la mía.

Las chispas nacidas de la fricción del metal danzaban en el aire como luceros imposibles de apagar, otorgándole a nuestra lucha una belleza tan peligrosa como hipnótica.

Por alguna razón, sentía que esto había dejado de ser un combate amistoso.

Era una prueba.

Una medida silenciosa de todo lo que había mejorado con el paso del tiempo.

Mi cuerpo hervía.

El sudor resbalaba por mi piel, pero no permití que mi mente cayera en la desesperación.

Estaba decidido a terminar esta batalla con un solo hombre en pie.

Giré levemente la muñeca y apreté con más fuerza el mango de mi espada, envuelto en cuero de búfalo, preparándome para el contraataque.

—¿Qué se supone que estás planeando?

—preguntó Soka, alzando una ceja.

En respuesta, solo le dediqué una sonrisa astuta.

Soka gruñó y trató de forzar el choque, intentando doblar mi cuerpo con un ataque brutal.

Pero en su afán, concentró toda su fuerza en un solo punto.

Ahí cometió el error.

Aproveché el instante.

Flexioné las rodillas y permití que su ofensiva hundiera aún más mis pies en la tierra.

—Al parecer vas a perder —dijo con confianza—.

Eres demasiado ingenuo.

—No soy ingenuo —respondí—.

Solo soy creativo.

Sentí mi magia astral despertar.

Mi cuerpo reaccionó de inmediato.

La sangre fluyó con más fuerza por mis venas, igual que la cascada de maná que se desató en mi interior.

El corazón me golpeaba el pecho cuando, finalmente, actué.

—Paso Ráfaga —susurré.

En un solo movimiento desaparecí, dejando atrás una nube de polvo que se alzó donde antes estaba, sumiendo a Soka en la confusión.

Reuní maná elemental y el lago cercano respondió.

Gigantescas masas de agua se elevaron en el aire, deformándose hasta adoptar la forma de balas comprimidas que giraban a velocidades imposibles.

Soka tenía su espada clavada en la tierra.

Al darse cuenta de que no tendría tiempo para liberarla, la soltó y se preparó para recibir el ataque con una concentración casi sobrehumana.

—¿Crees que Soka va a perder?

—preguntó Emira desde la distancia—.

¿Cómo es posible que Kael tenga un control así a su edad?

—Todo depende de lo que haga ahora —respondió Aiza, sentada sobre un tronco caído—.

En cuanto a lo otro… eso tendrás que preguntárselo a él.

Hizo una pausa, curiosa.

—Casi no se sabe nada del pasado de Kael.

Cuando el silencio volvió, no perdí más tiempo.

Con un leve movimiento de los dedos, las balas de agua salieron disparadas.

Los impactos sacudieron la tierra con violencia, arrancando árboles de raíz y obligando a las aves a huir en una explosión de alas y gritos.

Todo marchaba según lo planeado.

Envainé mi espada y me agaché, hundiendo la mano en el suelo.

La tierra respondió a mi llamado, alzando enormes muros que comenzaron a cerrarse alrededor de Soka.

—No puedo perder… —susurré.

La brisa acarició mi piel como un arrullo.

Mi respiración se calmó.

Era el momento final.

El aroma dulce de las flores llenó mis pulmones y, cuando estuve listo, chispas de electricidad brotaron de mis palmas con un estruendo que me erizó la piel.

Los ojos de Soka se abrieron de par en par cuando, en un parpadeo, aparecí frente a él, dejando tras de mí una nube de polvo que nubló su visión.

Alcé el puño lentamente, concentrando toda mi fuerza.

Esta vez no iba a fallar.

O eso creí.

Antes de reaccionar, sentí la mano de Soka cerrarse sobre mi muñeca.

No me dio tiempo a pensar.

El mundo giró y, de pronto, fui azotado contra el suelo, besando el barro frío.

—Por un momento… pensé que iba a perder —dijo entre jadeos.

Con el rostro hundido en la tierra, escuché su voz antes de que me soltara.

Me giré con esfuerzo, quedando boca arriba.

Las lágrimas de frustración recorrieron mis mejillas sin que pudiera detenerlas.

—No te sientas mal, muchacho.

Sobre mí apareció el rostro de Aiza, extendiéndome una mano.

La acepté sin dudar solo para terminar sentado con las rodillas flexionadas contra mi pecho.

——Hiciste una muy buena pelea, Kael —dijo, sobándome la cabeza con un cariño inesperado—.

Para alguien de rango Ranked, estuviste a un paso de derrotar a un mago superior.

—Eso solo significa que aún no soy lo bastante fuerte como para ser considerado un Roamer —murmuré, sin fuerzas, con la mirada clavada en el suelo.

Sentí cómo Aiza me tomaba de la barbilla y me obligaba a alzar la cabeza.

Su sonrisa era enorme.

Y luego estalló en carcajadas.

—De hecho, ya eres un Roamer —dijo entre risas—.

Estabas en clara desventaja en ese combate.

Parpadeé, confundido.

—Kael, sigues siendo un niño —continuó, ahora con un tono más serio—, pero aun así le hiciste frente a alguien que no es como los demás.

Sus palabras se clavaron en mí.

No entendía a qué se refería, pero sentí cómo algo se agitaba en mi pecho.

Apoyé una mano en la rodilla y me incorporé con esfuerzo, la curiosidad latiendo como una herida abierta.

—¿Qué… qué acabas de decir?

—pregunté, rascándome la cabeza, incapaz de ocultar la conmoción.

Este idiota tiene una insignia —escupió Emira, agarrando a Soka del cuello de la camisa—.

Algo que lo separa por completo de los magos comunes… lo convierte en alguien a quien temer.

—No es así, hermanito.

La mirada de Emira se afiló todavía más.

Soka no soportó sostenerla; bajó la cabeza con visible molestia, como si ese silencio le pesara más que cualquier insulto.

Yo, en cambio, seguía sin comprender del todo a qué se referían con esa insignia.

Por más que rebuscara en mi memoria, no recordaba haber leído nada semejante en las bibliotecas reales de ninguno de los dos castillos.

Era como si ese conocimiento hubiera sido arrancado de la historia.

Di unos pasos al frente hasta quedar frente a los dos hermanos.

Se sobresaltaron apenas al ver mi rostro.

Mis ojos apagados no mostraban emoción alguna, y mis labios permanecían inmóviles.

Sin embargo, en la pupila de Emira se reflejó algo parecido a la preocupación… una que ni yo mismo lograba entender.

—¿Cómo puedo tener una insignia?

—pregunté, con la voz más firme que fui capaz de sostener.

No supe si fue porque mi tono aún sonaba infantil, o porque mi intento de parecer adulto resultó patético.

Solo vi cómo ambos dejaban escapar una carcajada descontrolada, y la impotencia me cerró el pecho.

Sentí un leve ardor en los labios: una sonrisa amarga, involuntaria.

—¿De verdad crees que una insignia se consigue solo con pedirla?

—dijo Soka, secándose las lágrimas de la risa.

—Kael tendría que nacer un par de veces más para siquiera acercarse a una —añadió, esta vez con seriedad.

Me quedé quieto, rumiando sus palabras, hasta que finalmente entendí a qué se referían.

—Ya terminó su descanso —ordenó Aiza, dándose la vuelta—.

Apúrense.

El sol está por ocultarse.

Sin discutir, los hermanos caminaron hacia ella, uno a cada lado, recuperando la compostura como si nada hubiera ocurrido.

A mí me costó seguirlos.

No quería hacerlo.

Pero aun así obligué a mis piernas a avanzar, un paso… y luego otro más.

—Te felicito, muchacho.

Al parecer ya eres más fuerte.

La voz de Vastiar resonó dentro de mi mente, arrancándome de mis pensamientos.

No respondí de inmediato.

Me limité a escuchar el crujido de las hojas secas bajo mis pies, buscando fuerzas donde no quedaban muchas.

—Sé cómo te sientes, Kael —su voz volvió, lejana y cercana a la vez—.

No tienes que decir nada.

Solo acepta tu avance.

Dejé escapar un suspiro pesado y asentí en silencio.

Sabía que no estaba en condiciones de pensar con claridad.

Tras caminar un largo rato, entre el canto apagado de las aves y el murmullo de la brisa, llegamos a un lugar devastado.

Me quedé helado.

Grandes zonas del bosque habían desaparecido.

Árboles arrancados de raíz yacían sobre el suelo, como si una fuerza precisa y despiadada los hubiera arrancado sin esfuerzo alguno.

—¿Qué se supone que hacen aquí?

—dijo Zeitra.

Sentí la sangre congelarse al comprender que él era el responsable de aquella destrucción.

Desde donde estaba, podía ver cómo vapor emanaba de su cuerpo.

Resultaba perturbador observar el torso desnudo de alguien tan joven cubierto de cicatrices… marcas que no pertenecían a una vida normal.

Aún aturdido, me sobresalté al sentir una mano posarse sobre mi hombro.

Giré con rapidez y me encontré con el rostro serio de Aiza.

—Dices que quieres tener una insignia… Se detuvo un instante, soltando un suspiro ahogado antes de continuar.

—A quienes nacen con habilidades fuera de lo común se los llama monstruos, locos, demonios.

Seres que no pertenecen a este mundo.

Mis ojos se abrieron al ver cómo su mandíbula temblaba por la presión que ella ejercía era como si estuviera conteniendo un odio que antes ya había sido olvidado.

Sentí curiosidad, pero no pregunté.

Algunas verdades no se fuerzan.

Cuando todo el escuadrón estuvo reunido, partimos de inmediato hacia el corazón de Astas.

Al cruzar las enormes puertas de oro blanco, el caos se volvió evidente.

Los soldados corrían con las manos firmes en las empuñaduras de sus armas, como si algo invisible estuviera a punto de caer sobre nosotros.

Incluso los aventureros ebrios, normalmente indiferentes, organizaban a sus escuadrones con rostros tensos y miradas cargadas de temor.

—¿Qué está pasando?

—preguntó Soka.

—No presten atención —respondió Aiza con una seriedad inquietante—.

Concéntrense en la misión.

—Hoy es nuestra primera aventura como grupo.

No podemos fallar.

Se dirigió al emisario de misiones mientras los demás hablaban entre ellos.

Yo me giré una vez más, observando el desorden que no dejaba de crecer.

Un mal presentimiento ardía en mi pecho, como una herida abierta que me negaba a cerrar.

De forma borrosa, escuché cómo los megáfonos mágicos incrustados en las paredes cobraban vida.

Una voz femenina se alzó… y confirmó lo inevitable.

Atención a todos los equipos de aventureros.

Nuestro reino, y los de otras razas, enfrentan una amenaza aún no identificada.

Todos los equipos disponibles deben dirigirse a sus respectivas capitales hasta nuevo aviso.

Las disciplinas Armonios y Kronos, a sus respectivos puestos.

Si pueden luchar, luchen.

Defiendan a sus familias… y mueran por la causa de proteger la vida.

Por la gloria.

Por Mayora.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES NovaSky Nota de Autor: ¿Qué les pareció este capítulo?

Me encantaría leer sus teorías, opiniones o incluso sus críticas —todas ayudan a mejorar y dar más vida a esta historia.

Déjenme sus comentarios abajo, que siempre los leo con atención.

-Eterna Pluma

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo