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El Último Portador - Capítulo 1

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1: Crónicas de la Marca 1: Crónicas de la Marca CANADÁ, año tres mil cincuenta y cuatro.

El viento del amanecer silbaba entre los pinos cuando abrí la ventana de mi pequeño departamento en el pueblo de Yellowknife.

Era comienzos de invierno y, sin embargo, el frío no era el mismo de costumbre.

Miré la salida del sol y saqué el brazo a través de la ventana; sentí el viento como una caricia, como si reconociera mi sangre.

Tranquilo, murmuré para mí mismo.

Extendí la mano como si tratara de sostener algo en la palma.

Unas partículas de escarcha formaron remolinos plateados que flotaban sobre mi piel.

Era un truco simple, básico para cualquiera de la familia ÓBroin.

Pero yo era el único que vivía en Canadá… y el único que no quiso seguir con las responsabilidades de su familia.

Solté un suspiro y dejé que el hielo se desvaneciera.

Mi teléfono celular sonó y vibró sobre la mesa.

Mi tía Maeve llamaba desde Irlanda, donde vivía el resto de la familia.

Tomé el teléfono.

—Hola, tía.

¿Cómo has estado?

—¿Has sentido la perturbación esta madrugada?

Si fue así, no la ignores.

Creo que el sello se está debilitando —dijo casi gritándome.

Fruncí el ceño.

Había sentido algo, como una onda de choque en el aire, pero pensé que se debía a una detonación en la mina, ya que no estaba muy lejos del área de departamentos donde vivíamos los trabajadores.

—No otra vez —gruñí mientras tomaba mi chaqueta.

Vivía intentando ser normal: tenía trabajo en la mina, iba a clases nocturnas y me mantenía lejos de mi familia, la misma encargada de custodiar la historia entre el mundo actual y el mundo antiguo para que no se descubriera la terrible guerra que se libró milenios atrás.

A su vez, cargaban con una responsabilidad mucho más grande.

Pensé por un momento y le respondí: —¿Estás segura?

—Sí —dijo mi tía con voz muy seria—.

Ya hace doce años que ellos se sacrificaron para volver a activar el sello.

—Yo solo quiero vivir como un joven normal.

—Tú sabes que eso no puede ser así —me respondió mi tía—.

Deberías regresar a Irlanda.

Si estás con nosotros, podremos protegerte y, en el peor de los casos, ayudarte a escapar.

—Lo pensaré.

Ahora te dejo, ya me tengo que ir a trabajar.

Mi tía se despidió y la llamada terminó.

Me puse la chaqueta, tomé mi termo, ya lleno con café, y me dirigí, como todos los días, a mi lugar de trabajo.

Mientras caminaba hacia la estación para tomar el camión que nos llevaba a la mina, pensaba: ¿por qué los descendientes tienen que cargar con las responsabilidades de sus antepasados?

Muchas personas viven una vida miserable por la historia y el apellido de su familia.

Yo nunca quise tener esta responsabilidad en mis hombros.

La oficina y el estacionamiento donde los trabajadores abordaban los camiones que los transportaban a la entrada de la mina estaban a unos diez minutos de mi departamento.

Estaba acostumbrado a recorrer ese trayecto todos los días.

Cuando estaba por llegar, noté algo extraño.

Mis compañeros caminaban sin preocupaciones, pero yo sentía una vibración bajo el suelo.

Una pulsación… un eco.

Era la misma sensación de aquel día fatídico.

Entonces lo vi.

Frente a mí apareció una criatura gris, mirándome directamente a los ojos.

Su presencia me intimidó.

Tenía una forma humanoide, pero sus ojos no tenían pupilas, solo un blanco brillante.

Al verlos, mi cuerpo se paralizó.

Sentí cómo cada músculo se tensaba, al mismo tiempo que un escalofrío recorría mi espalda y un dolor profundo me atravesaba el pecho.

La criatura sonrió de forma siniestra.

El aire a su alrededor se volvió aún más frío.

Una grieta oscura se abrió detrás de ella.

No puede ser, me dije.

Alguien volvió a intentar romper el sello.

Sentí cómo mi pulso se aceleraba.

La criatura dio un paso hacia adelante.

No era humana; algo se deslizaba bajo su piel.

Cuatro tentáculos emergieron de su espalda.

Retrocedí un par de pasos y levanté la mano derecha.

Un rayo de hielo salió disparado, parecido a electricidad.

El rayo golpeó el suelo entre ambos, formando una línea brillante tan intensa que la criatura tuvo que cerrar los ojos.

En un instante, la línea azul se elevó y se transformó en un muro de hielo que nos separó.

La criatura volvió a abrir los ojos, observó el muro y dijo con voz siniestra: —Encontrado.

Luego emitió un gruñido tan fuerte que me dolieron los tímpanos.

Los demás trabajadores a mi alrededor no veían ni escuchaban nada.

Solo observaban a un joven aterrorizado mirando al vacío.

Nadie veía el hielo.

Nadie escuchaba los gruñidos.

Nadie notaba los tentáculos.

De pronto, se escuchó un sonido como si se rompieran miles de cristales, y un viento con la fuerza de un tornado comenzó a azotar el lugar.

—Esto no puede estar pasando —dije, completamente aterrado.

El escudo que mantenía separado este mundo de la dimensión donde esas cosas estaban encerradas se había roto.

Al mismo tiempo que el muro de hielo se formaba, eché a correr.

Corrí tan rápido como pude, sintiendo cómo mi respiración se aceleraba.

Sabía que mi vida corría un peligro extremo.

Si esa cosa me había encontrado, solo significaba una cosa: el sello había sido destruido y la familia Kartnod había sido liberada de su encierro.

Mientras corría hacia mi departamento, mi celular volvió a sonar.

Lo saqué con manos temblorosas.

Era mi tía otra vez.

—Noah, escucha con atención.

Ya no estás a salvo.

El sello se rompió y la familia Kartnod está por ser liberada.

—Ya lo sé.

Estoy escapando de un Claimoor.

—Debes huir como sea —gritó mi tía—.

Tienes que ir a ese lugar, sin importar cómo lo consigas.

Recuerda: no importa qué o a quién sacrifiques, ellos jamás deben atraparte.

Tú eres la última esperanza.

—¿Eso significa que el mundo, tal como lo conocemos, dejará de existir?

—grité.

—Tienes que sobrevivir, como sea —repitió ella.

En ese momento, la llamada se cortó.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Jose_Ch76 Esta fue el primer capitilo, espero que sea de su agrado!

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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