Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

El Último Portador - Capítulo 10

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. El Último Portador
  4. Capítulo 10 - 10 La Mansión Secreta
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

10: La Mansión Secreta 10: La Mansión Secreta Ya comenzaba a caer la tarde.

El viento soplaba con fuerza sobre los acantilados y, uno a uno, todos los sobrevivientes fueron reuniéndose en un punto que previamente se había designado.

La señora Ciara, junto con el señor Dmitri, fueron los primeros en llegar a la mansión que se escondía al pie de los acantilados.

Desde allí se podían ver las olas chocar contra el puerto donde anclaban varios yates.

Dmitri le preguntó a la señora Ciara si se encontraba bien y, a su vez, le pidió disculpas por haber sido tan rudo al cargarla de aquella manera.

—Sé que fue una emergencia, no te disculpes.

Además, arriesgaste tu vida para protegerme.

Te estoy muy agradecida.

La señora Ciara inclinó la cabeza, demostrando respeto y agradecimiento.

—No haga eso —dijo de inmediato Dmitri—.

Aparte de ser mi deber como su guardián, usted es madre de mi esposa y la abuela de mis hijos.

—Cuidar de su vida no es solo una obligación… también es un honor.

Yo también soy miembro de la familia ÓBroin.

De pronto, se escuchó una voz: —Señora Ciara, señor Dmitri, ¿qué fue lo que sucedió en la mansión principal?

Preguntaba Arley, el encargado de la seguridad.

—Ya te lo diremos en su momento.

Por ahora, prepara todo; muchos vienen hacia aquí —dijo Dmitri—.

Pero primero lleva adentro a la señora y que la atiendan de inmediato para evaluar su condición.

—Me encuentro bien —respondió Ciara con rostro serio.

—Vamos, señora —dijo una de las chicas de seguridad—.

Ya la escoltaré al ala de servicios médicos.

—Bueno… está bien.

Antes de marcharse, la señora Ciara dijo en voz alta: —Desde este momento, este lugar es la nueva base de la familia ÓBroin.

—¡Estamos a su servicio!

—contestaron a una sola voz.

—De acuerdo —dijo Arley con voz firme.

Se tocó un brazalete que llevaba en la muñeca derecha y una luz púrpura comenzó a parpadear.

De pronto, un muro se mostró y una puerta se abrió frente a ellos.

Otro grupo de hombres y mujeres, vestidos con trajes idénticos, salió de la mansión y se dirigió a colocar sellos por todo el perímetro para evitar cualquier imprevisto.

Una vez que la señora Ciara y el señor Dmitri entraron, uno de los guardias comunicó por el intercomunicador: —Danta uno a base.

El grupo de rescate ya hizo contacto con los demás sobrevivientes.

Aproximadamente en unos diez minutos estaremos de regreso.

—Entendido —respondió Arley.

De inmediato tomó su comunicador.

—Área de enfermería, estén listos.

Ya vienen los sobrevivientes.

Un sonido de estática se escuchó y una voz respondió al otro lado: —Entendido, ya estamos preparados.

Era el doctor Patrick, el médico de la familia ÓBroin, quien los esperaba con todo su personal listo.

Aproximadamente diez a doce minutos después, varios camiones comenzaron a llegar con todos los que lograron escapar.

Arley se dirigió a una chica que estaba parada junto a él, sosteniendo una tablet.

—Quiero una lista con los nombres de todas estas personas, incluyendo a los jefes principales.

—Otra con todas las personas que estaban en la mansión a la hora del ataque.

—Necesito saber quiénes sobrevivieron y quiénes están desaparecidos.

Lo más rápido que puedas.

—Sí, señor —respondió la chica.

Orla, Daniel y la señora Maeve fueron atendidos de inmediato.

Media hora después, el doctor Patrick les comunicó que todos se encontraban bien y que la jefa Ciara los esperaba en la sala de reuniones.

Todo el muro exterior fue cubierto con sellos mágicos.

La mansión era segura… al menos por el momento.

—Mis guardias crearon una barrera externa con un perímetro de cuatrocientos metros alrededor de la mansión —informó Dmitri—.

Así no podrá salir ni entrar nada, al menos por los próximos diez u once meses, que es lo que esperamos que el sello resista.

Ciara, con una mirada grave, dijo: —Tenemos que mantener la calma.

—No sabemos aún si hay otros sobrevivientes.

No podemos permitir que el miedo nos paralice.

Orla, con el rostro aún empapado de lágrimas, preguntó: —¿Y los demás?

¿Hay noticias de quién logró sobrevivir?

—Si me permiten, les informaré los datos que ya tenemos —respondió Arley—.

—Excluyendo a los presentes, tenemos un total de diecisiete personas que escaparon.

Con ustedes serían veintidós.

—Al momento del ataque, setenta personas se encontraban en la mansión, lo que nos deja con cuarenta y ocho personas desaparecidas.

—Entre los desaparecidos se encuentran guardias, sirvientes y varios familiares de los mismos.

—Afortunadamente, sobrevivieron los más importantes: la señora Ciara, actual jefa de la familia; Dmitri, su guardián; la señora Maeve; el joven Daniel y la señorita Orla.

Así concluyó el reporte de sobrevivientes y desaparecidos.

—Creemos que algunos pudieron escapar por los pasajes del ala norte —añadió Natasha, la asistente—.

Estos conducen a lo largo de un kilómetro bajo tierra y su salida está casi frente a la carretera principal.

—Pero no sabemos quiénes fueron ni dónde están ahora mismo.

Daniel permanecía en silencio, observando una foto donde aparecía junto a su mejor amigo, el guardia que se sacrificó para activar el sello de emergencia.

Ciara asintió y se giró hacia los presentes.

—Aseguraremos la mansión y la zona circundante con sellos de protección.

Luego buscaremos a los que escaparon y prepararemos un plan.

Mientras hablaban, una sensación de vacío llenaba la sala.

El ataque había dejado profundas heridas psicológicas.

Las sombras de la noche traían recuerdos de aquella jornada fatídica.

—Tenemos que actuar rápido —dijo Dmitri con voz grave—.

—No sabemos cuántos Claimoor escaparon.

—Debemos reorganizarnos y buscar a los sobrevivientes.

Ciara, con voz firme, concluyó: —Los que quedamos debemos ser fuertes.

Reuniremos a los sobrevivientes y cumpliremos la misión encomendada a la familia ÓBroin.

—La guerra apenas ha comenzado.

Todos los presentes entendieron que su lucha era por la supervivencia de toda la humanidad.

De pronto, la mansión quedó en silencio.

Los sobrevivientes de la masacre aún lidiaban con la pérdida de sus seres queridos.

Entonces, el silencio fue roto por el sonido de un teléfono.

La señora Maeve lo tomó con evidente preocupación.

—¿Hola?

—respondió.

La voz al otro lado era clara y firme.

Era Eleonor.

—Tía Maeve… —dijo con urgencia—.

Qué bueno que sigas con vida.

Soltó un suspiro de alivio.

—¿Cómo estás tú?

¿Cómo está Noah?

—preguntó Maeve con impaciencia.

—Tranquilízate —respondió Eleonor—.

Lo pude salvar, pero si hubiera llegado cinco minutos tarde, creo que todo estaría perdido.

—Ahora dime, ¿cómo están ustedes?

Maeve suspiró profundamente.

—La mansión principal se perdió.

El ataque fue tan repentino que nadie pudo defenderse.

Lo único que pudimos hacer fue escapar.

—Aún no sé cuántos murieron ni quiénes siguen con vida.

Por un instante, la noticia dejó sin aliento a Eleonor.

No podía creer lo que escuchaba.

Solo había pasado un año desde que se mudó en secreto a Canadá para cuidar al inútil de Noah.

La tragedia de hacía doce años se repetía, pero con el doble de daño.

—Nosotros vamos a estar bien —continuó Maeve—.

Las defensas de esta mansión son igual de buenas y todos los trabajadores fueron escaneados con el dispositivo de percepción.

Nadie podrá infiltrarse de nuevo.

—Ahora será nuestro turno.

Eleonor notó el tono serio de su tía y comprendió que algo grave estaba por suceder.

—Tía… no me digas que están pensando en desactivar el sello y la barrera.

—Tal cual como lo dices —respondió Maeve—.

Esto no fue un simple ataque.

Estamos en guerra.

—Al desactivar el sello y la barrera, todas nuestras fuerzas podrán usar sus poderes al máximo, pero también las personas normales podrán ver lo que sucede.

—Es inevitable —continuó—.

Esta guerra se ha pospuesto durante siglos.

Nuestros antepasados protegieron a la humanidad y resguardaron el secreto de lo que ocurrió cuando la familia Kartnod se rebeló contra los mandatos de las Deidades Supremas.

—Hace cinco mil años ocurrió aquella guerra brutal.

Las Deidades Supremas no querían intervenir, pero ante el pedido de los primeros jefes y al aceptar la responsabilidad de ser guardianes, la Deidad del Cosmos los selló.

—Fue clara: si llegaban a escapar por nuestra culpa, asumiríamos toda la responsabilidad de detenerlos.

—¿Entonces qué debemos hacer ahora?

—preguntó Eleonor.

—Tú y Noah deben dirigirse a Rusia y buscar al segundo guardián.

Luego irán a Francia para contactar con la base principal de la familia Orleans.

—Ellos conservan todos los registros, el conocimiento de las demás familias, la ubicación de las bases, los otros tres guardianes y, lo más importante, el punto exacto donde se encuentra la Néxus del Fin.

Al escuchar ese nombre, la respiración de Eleonor se cortó por un instante.

—Está bien —respondió con su tono característico—.

Noah aún no se ha recuperado del todo.

Tuvo que usar la reliquia y su cuerpo lo resintió, pero no es nada grave.

—Ahora mismo descansa en mi apartamento, tan seguro como nuestra mansión.

Me comunicaré con Sophie para que prepare el avión.

Viajaremos primero a Anádyer y luego a Vayegi.

Maeve respiró hondo y cerró los ojos por unos segundos.

—¿Cómo es posible que sepas todo eso?

—No has olvidado quiénes fueron mis padres —respondió Eleonor.

—Tienes razón… discúlpame.

—Recuerda: esta misión es crucial.

No solo debes proteger a Noah.

No solo el destino de nuestras familias está en juego… el destino de la humanidad depende de ustedes.

—Lo entiendo, tía —dijo Eleonor con firmeza—.

No fallaremos.

Tras finalizar la llamada, Eleonor respiró profundamente y miró al horizonte.

La misión que los esperaba en Rusia sería peligrosa, pero ahora tenían un objetivo claro, y la esperanza de que, juntos, podrían enfrentarlo todo la llenaba de determinación.

Mientras tanto, en Irlanda, Maeve observaba por la ventana con el corazón latiendo con fuerza.

Saber que Noah seguía con vida era una chispa de luz en medio de tanta oscuridad.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Acerca de
  • Inicio
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo