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El Último Portador - Capítulo 14

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  4. Capítulo 14 - 14 La verdad detrás de la División Atlas
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14: La verdad detrás de la División Atlas 14: La verdad detrás de la División Atlas La luz era tenue y el ambiente resultaba extrañamente tranquilo, interrumpido solo por el zumbido constante de los motores del avión.

No había sobresaltos ni voces elevadas, solo ese murmullo mecánico que marcaba el paso del tiempo mientras avanzábamos entre las nubes.

Habíamos salido de Canadá cuando el sol comenzaba a descender, a media tarde.

Ahora, varias horas después, el cielo seguía oscuro, pero no era una noche cerrada.

A través de la ventanilla aún se distinguía una franja azul en el horizonte, un resto de luz que se resistía a desaparecer.

Eleonor revisaba informes que llegaban sin pausa a su tableta.

Sophie permanecía sentada frente a una de las pantallas laterales, absorta en la información que se desplegaba ante ella.

Yo observaba el reflejo del brazalete en el cristal, intentando ordenar pensamientos que parecían llegar siempre tarde.

Había demasiadas cosas que no sabía.

Demasiadas verdades que nunca me fueron dichas.

Rompí el silencio.

Les pregunté si podían decirme qué era la División Atlas, porque yo nunca había sabido de su existencia.

Sophie levantó la vista y me miró con atención.

No hubo sorpresa en su expresión, solo una calma medida.

Dijo que era normal que no supiera de ellos, que su existencia solo era conocida por los miembros más altos de cada familia.

Hizo una breve pausa antes de continuar y añadió que, además, yo olvidaba que hacía tres años había abandonado la familia.

Esa era la razón principal por la que nunca había escuchado nada al respecto.

Sentí el peso de esas palabras más de lo que esperaba.

No sonaban a regaño.

Eleonor alzó la vista apenas un instante y comentó que, como no terminé mi entrenamiento, había muchas cosas que no sabía.

No lo dijo con dureza, solo como una realidad innegable.

Sophie continuó.

La División Atlas nació al final de la gran guerra humana del siglo pasado, cuando el mundo estaba al borde de la locura y la información se movía sin control.

No fue el resultado de algo planeado, sino producto de la casualidad, como la gran mayoría de las cosas que han cambiado el mundo.

Durante la guerra, un grupo de la avanzada nazi, mientras realizaba redadas en busca de espías, encontró una instalación de la familia Orleans.

Era un lugar pequeño, con vigilancia mínima y documentos incompletos.

Podría decirse que era basura en comparación con la magnitud de cosas que esas familias manejan.

Los nazis no comprendieron del todo lo que habían hallado, pero sí supieron que no era algo común.

Solo había apuntes, explicó Sophie.

Referencias vagas a las Cinco Familias, anotaciones incompletas sobre reliquias y símbolos sin contexto.

Nada que representara una amenaza inmediata.

También encontraron en esos registros especificaciones vagas de armas superavanzadas, naves de combate muy por encima de las que ya tenían y varios artefactos que contenían grabaciones de cómo construir todo eso.

Incluso hablaban de una nueva tecnología que superaba por completo su entendimiento.

El diseño y uso de armas mágicas, dije.

Sophie respondió que era correcto, incluso bromeó diciendo que tenía un diez.

Eleonor intervino sin levantar la vista de la tableta y añadió que no se limitaron a observar, sino que pusieron casi todos sus recursos en ello.

Sophie asintió y explicó que redirigieron personal, materiales y tiempo.

Construyeron laboratorios ocultos y pequeñas fábricas dedicadas únicamente a intentar replicar aquello que no entendían por completo.

Durante un tiempo, estuvieron peligrosamente cerca de lograrlo.

Demasiado cerca.

A mediados de la guerra, continuó Sophie, la familia ÓBroin intervino.

Localizaron esos laboratorios y fábricas y los desmantelaron uno por uno antes de que el daño fuera irreversible.

No fue una masacre.

Fue una operación precisa.

Eleonor añadió que detuvieron a todos los involucrados.

A los que comprendieron el error y se opusieron a continuar, los reclutaron.

A los que se negaron a cooperar, los neutralizaron.

Así se formó Atlas.

Personas que sabían demasiado.

Personas que habían visto cosas que no debían verse.

Sophie explicó que Atlas no responde a ningún país, ni a gobiernos ni a banderas.

Su misión siempre fue clara: vigilar el mundo, contener amenazas y asegurarse de que nadie volviera a intentar replicar ese poder.

Durante décadas funcionó.

El mundo siguió avanzando, convencido de que todo era normal.

Respiré hondo antes de hacer la pregunta que llevaba tiempo formándose en mi mente.

Entonces pregunté qué sabíamos de los que nos atacaron en Canadá.

Eleonor dejó la tableta a un lado y cruzó las manos.

Dijo que podían asegurar que había sido algo planeado deliberadamente.

Le pregunté si tenía alguna idea más concreta.

Respondió que sí, y añadió que no buscaban matarme.

Sophie intervino mencionando el símbolo del águila.

Explicó que ese emblema correspondía a una facción que la familia ÓBroin había neutralizado hacía unos ochenta años y que, oficialmente, había sido desmantelada por completo.

Repetí la palabra oficialmente en voz baja.

Sophie confirmó que alguien estaba usando ese símbolo para esconderse y desviar la atención, y que quien estuviera detrás conocía muy bien su historia.

Sentí un nudo en el estómago.

Pregunté si eso significaba que quienes estaban tratando de liberar a los Kartnod podían ser miembros de alguna de las Cinco Familias.

En ese momento, Sophie mostró una imagen en la pantalla y continuó explicando que Atlas seguía operativo, con una estructura clara y un complejo sistema de mando.

Dijo que su líder actual no respondía a ninguna familia en particular y mantenía una postura estrictamente neutral.

Eleonor añadió que era muy competente y que Atlas se mantenía estable bajo su mando porque priorizaba el equilibrio por encima de cualquier interés personal.

No hubo más comentarios.

No hacían falta.

En ese momento, una voz se escuchó por el intercomunicador anunciando que estábamos entrando en el espacio aéreo de Alaska y que aterrizaríamos en pocos minutos para reabastecimiento.

El avión comenzó el descenso de forma suave.

A través de la ventanilla se veían luces aisladas y estructuras bajas cubiertas de escarcha.

No era una ciudad, solo una base discreta, invisible para el mundo exterior.

El tren de aterrizaje tocó tierra.

Respiré hondo.

Todavía me dolía un poco el cuerpo, pero la mente estaba clara.

Por primera vez desde que todo comenzó, me sentía un poco relajado.

Muy lejos de allí, alguien observaba cómo viejos símbolos volvían a aparecer donde no deberían existir.

Y la tormenta apenas estaba comenzando.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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