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El Último Portador - Capítulo 17

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  4. Capítulo 17 - 17 Reencuentro
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17: Reencuentro 17: Reencuentro El avión descendió sobre la pista de Anádyer sin sobresaltos.

El aterrizaje fue limpio y preciso.

Una vez detenido, el entorno permaneció en silencio, con el viento recorriendo la pista.

Observé el exterior desde la ventanilla.

El paisaje estaba cubierto por nieve compacta y estructuras bajas de diseño utilitario.

No había movimiento innecesario.

Todo parecía calculado, contenido.

Sophia se levantó y tomó su abrigo.

Yo permanecí sentado unos segundos más, con la mano izquierda apoyada sobre la muñeca.

La reliquia seguía ahí, presente, silenciosa.

Cuando la escotilla se abrió, el aire frío entró de inmediato.

Al descender, quedó claro que el aeropuerto no funcionaba como uno civil.

Cada persona parecía saber exactamente qué hacer y hacia dónde moverse.

A unos metros de la pista, un hombre nos esperaba.

No llevaba uniforme formal ni insignias visibles.

Eleonor avanzó un paso y lo llamó abuelo.

Mikhail la recibió con un abrazo breve.

Luego saludó a Sophia y finalmente me observó a mí, con una mirada firme, analítica.

Dijo que sería mejor continuar y que ese no era el mejor lugar para conversar.

El vehículo nos llevó a través de la ciudad.

Calles despejadas, iluminación directa, edificios bajos.

Todo transmitía una sensación de control absoluto.

Mikhail explicó que allí tenían una base de la familia y que, según informes, habían sido atacados por los Claimoor al mismo tiempo en distintos puntos.

Sophia escuchaba con atención.

Mikhail continuó diciendo que, hacía tres semanas, un escuadrón de élite había intentado infiltrarse en la mansión de Vayegi y que creían que buscaban pistas sobre dónde tenían resguardada a Nathasha.

Mikhail me observó con detenimiento y dijo que eso indicaba que no buscaban solo información.

El vehículo llegó a la base.

El acceso estaba completamente controlado.

Al ingresar, los controles fueron exhaustivos, meticulosos, casi invasivos.

En una sala de reuniones sencilla, Mikhail se apoyó en la mesa y fue directo.

Dijo que no habíamos venido hasta allí solo por seguridad.

Eleonor le pidió que entonces dijera el motivo.

Mikhail afirmó que veníamos en busca del segundo guardián.

Sophia cruzó los brazos y dijo que necesitaba hacer una llamada.

Mikhail respondió que tendría una línea segura.

Sophia salió y regresó minutos después.

Confirmó que los que habían intentado secuestrarme en Canadá eran los mismos que estaban siendo reportados allí.

Eleonor miró a su abuelo y dijo que le habría gustado que, después de diez años de no verlos, no fuera en esas circunstancias.

Sus palabras quedaron flotando en la sala.

Nadie respondió de inmediato.

Observé a Mikhail.

No apartó la mirada de ella.

No había sorpresa en su expresión, solo una calma contenida, como si desde hace tiempo hubiera asumido que ese reencuentro no ocurriría en condiciones favorables.

Antes de que pudiera decir algo, un sonido grave atravesó la base.

No fue una explosión.

Fue una vibración profunda y constante que recorrió las paredes como una onda lenta.

Las luces del techo parpadearon una vez.

Luego, todas a la vez, se encendieron en rojo.

Una alarma grave comenzó a resonar en toda la instalación.

Sophia reaccionó al instante y anunció que era una alarma mágica.

Claimoors.

Mikhail ya estaba de pie.

Ordenó activar los sellos internos porque el perímetro estaba comprometido.

El suelo tembló levemente.

Una segunda vibración sacudió el edificio.

Sophia informó que no era uno solo, sino varios.

El aire en la sala cambió.

Se volvió más frío, más denso.

Una grieta oscura se abrió en una de las paredes laterales.

Luego otra.

Y otra más.

De ellas comenzaron a emerger figuras conocidas.

Claimoors.

Tres al principio.

Luego cinco.

Mikhail ordenó formación.

Eleonor avanzó sin dudar.

En un solo movimiento activó su escudo en el brazo izquierdo y su magia comenzó a concentrarse en su reliquia.

Yo di un paso al frente también.

El primer Claimoor atacó.

Levanté la mano instintivamente.

El hielo respondió de inmediato.

El impacto atravesó el torso de la criatura y la congeló antes de que pudiera reaccionar.

El cuerpo se fragmentó al tocar el suelo.

Parpadeé.

El segundo Claimoor se lanzó hacia mí.

Giré el cuerpo, creé una hoja de hielo y bloqueé el ataque de los tentáculos.

Sentí el impacto recorrerme el brazo hasta el hombro.

Aguanté.

Empujé con fuerza y contraataqué con una descarga directa que atravesó su cabeza.

El tercero fue detenido por Eleonor.

Avanzó dos pasos y clavó su lanza de energía en el suelo.

El aire a su alrededor vibró.

El fuego y el hielo se mezclaron, formando un círculo complejo bajo sus pies.

Nos ordenó retroceder.

Obedecí.

Eleonor cerró los ojos.

El círculo brilló con intensidad dorada.

Del centro emergió una figura.

Un lobo.

No era de hielo ni de fuego.

Era una manifestación de energía pura, dorada.

El lobo lanzó un aullido que hizo vibrar toda la base.

Luego se movió.

No atacó con fuerza bruta, sino con una precisión absoluta.

Cada salto era un golpe letal.

Cada mordida, una desintegración controlada.

En segundos tres Claimoors fueron destrozados.

Sophia disparaba desde atrás, cubriendo los flancos.

Informó que dos más entraban por el ala este.

Mikhail caminó hacia el centro de la sala con calma absoluta.

Lo observé de reojo y sentí un estremecimiento que venía de la reliquia.

En su antebrazo izquierdo, una marca comenzó a brillar.

La forma se definió con claridad: un tigre siberiano, de líneas poderosas, completamente blanco.

Nos ordenó mantenernos atrás.

El suelo bajo sus pies se resquebrajó levemente cuando avanzó.

Un Claimoor cargó directo hacia él.

Mikhail no esquivó.

Un tigre blanco se materializó frente a él.

Con un solo movimiento lo despedazó.

Otro Claimoor intentó flanquearlo.

El tigre giró, atacó, y la criatura desapareció en una explosión de energía contenida.

La batalla terminó tan rápido como había comenzado.

Las grietas se cerraron una a una.

Las alarmas cesaron.

El silencio volvió a la base.

Tres figuras se acercaron desde el pasillo principal.

Dos hombres y una mujer, todos vestidos con ropa táctica oscura.

Mikhail explicó que trabajaban para su sobrina y que habían mantenido esa base operativa durante años.

Sus nombres eran Sergei Malenkov, encargado de la seguridad perimetral; Anton Volodin, responsable de operaciones internas; e Irina Kovalchuk, inteligencia y soporte mágico.

Eleonor los observó con atención y comentó que habían llegado justo a tiempo.

Mikhail se volvió hacia todos y dijo que debíamos darnos prisa, que se estaban acercando.

Apreté el puño lentamente.

La reliquia seguía activa.

Demasiado activa.

No tenemos tiempo que perder.

Respiré hondo.

Pensé que, esta vez, pude luchar con más facilidad.

Desde una habitación en un lugar lejano, Valerius observaba el combate a través de un dispositivo mágico.

La imagen era estable, clara.

Vaya, no esperaba menos de los Sevianko.

Esa niña me puede dar problemas.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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