El Último Portador - Capítulo 18
- Inicio
- Todas las novelas
- El Último Portador
- Capítulo 18 - 18 Todavía no estaba preparado
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
18: Todavía no estaba preparado 18: Todavía no estaba preparado Sergei Malenkov fue el primero en reaccionar.
Se llevó dos dedos al comunicador interno y habló con tono seco.
Perímetro comprometido en varios puntos.
No están entrando por una sola vía.
Anton Volodin ya estaba activando sellos portátiles, incrustándolos en el suelo con movimientos rápidos y precisos.
Confirmo movimiento pesado al norte.
Irina Kovalchuk cerró los ojos por un segundo.
Cuando los abrió, brillaban con un tono azulado.
Puedo verlos.
Cuarenta y siete marcas de calor entrando por el área de los hangares.
Sophie habló de inmediato, sin levantar la voz, pero con un tono cargado de certeza.
Creo que son los mismos que nos atacaron en Canadá.
Los Claimoor comenzaron a avanzar desde distintos flancos.
Entre ellos, figuras humanas vestidas de negro se movían a gran velocidad.
Armamento mágico, visores activos, los rostros cubiertos.
Mikhail hizo una seña breve con la mano.
Nos movimos.
El exterior era un campo amplio, cubierto de nieve compacta.
No había estructuras altas, solo terreno abierto y luces lejanas marcando el perímetro de la base.
El viento cortaba la piel y el frío se filtraba incluso a través de la ropa reforzada.
Para nosotros no era un problema mayor, pero Sophie no era compatible con la magia de hielo; de hecho, no era usuaria de magia.
Formación abierta, ordenó.
No dejen que nos rodeen.
Dos unidades de quince hombres cada una se formaron enfrente de nosotros.
Sergei disparó primero.
Sus proyectiles impactaron con precisión absoluta.
Un Claimoor cayó antes de poder reaccionar, perforado en el centro del torso.
Anton se colocó a mi izquierda, activando barreras móviles que se desplazaban con nosotros, absorbiendo impactos directos.
No te separes, me dijo sin mirarme.
Irina extendió ambas manos.
El terreno frente a nosotros vibró levemente, alterado por un campo mágico que ralentizó el avance enemigo.
Eleonor avanzó sin dudar.
Su escudo se desplegó en el brazo izquierdo y su lanza trazó un arco perfecto.
Dos Claimoor fueron atravesados con movimientos limpios, sin desperdicio.
Intenté seguir su ritmo.
El hielo respondió.
Pero el costo fue inmediato.
Una punzada profunda atravesó mi pecho y se extendió hacia la espalda.
Sentí cómo la Marca reaccionaba, no con fuerza, sino con advertencia.
El cuarenta por ciento.
Ese era el límite.
Forzarlo otra vez no sería un error táctico.
Sería un suicidio.
Di un paso atrás, respirando con dificultad.
Noah, dijo Eleonor sin girarse.
¿Estás bien?
Asentí.
Uno de los atacantes se lanzó directo hacia mí.
Disparó su arma.
Traté de moverme, pero mi cuerpo no reaccionó.
Antes de que pudiera reaccionar, Sergei se interpuso.
Un disparo.
El cuerpo cayó sin emitir sonido alguno.
Más unidades desplegándose.
Uno de los enemigos levantó el brazo y emitió una señal.
Tres Claimoor cambiaron de dirección al mismo tiempo.
Mikhail avanzó.
La marca en su antebrazo brilló y el tigre se materializó con un rugido contenido.
El choque fue brutal.
Nieve y energía se elevaron al impactar contra las criaturas.
Dos fueron destrozados.
Anton lo inmovilizó con un sello y, en el mismo instante, Irina lo desintegró con una descarga directa.
Yo sentía el pulso descontrolarse.
No por miedo.
Por límite.
Cada intento de usar magia era como empujar una pared que ya no cedía.
Eleonor se acercó lo suficiente para que pudiera escucharla entre el ruido del combate.
No cruces esa línea, me dijo.
No esta vez.
La creí.
Un enemigo logró atravesar la cobertura y apuntó directo hacia ella.
No pensé.
No forcé poder.
Me moví.
Bloqueé el ataque con una hoja mínima de hielo, apenas suficiente para desviar el impacto.
El retroceso me lanzó contra la nieve.
El dolor fue inmediato.
Pero seguía consciente.
Sergei y Anton cerraron el espacio y eliminaron al atacante en segundos.
Eso fue innecesario, dijo Anton.
Pero funcionó, respondí, jadeando.
El combate se extendió varios minutos más.
No hubo un golpe final ni una victoria clara.
Fue desgaste.
Presión constante.
Hasta que, uno a uno, comenzaron a retirarse.
No huyeron.
Se replegaron.
No lo creo dijo Mikhail desactivó su marca lentamente.
El campo quedó cubierto de marcas de energía, cuerpos inmóviles y silencio.
Sophie miro el monitor de su brazo.
Esto no lo puedo creer; dijo.
Me acaban de confirmar, añadió.
La base en Varsovia cayó.
Nadie habló.
Miré mis manos.
El temblor no había desaparecido.
La reliquia estaba en silencio ahora, como si hubiera marcado su límite con absoluta claridad.
Entendí entonces algo que no quería aceptar.
No era cuestión de poder.
Era de resistencia.
Y yo todavía no estaba preparado.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com