El Último Portador - Capítulo 20
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
20: Después Del Ruido 20: Después Del Ruido No recuerdo exactamente cuándo dejamos la base de Vayegi.
Solo el movimiento constante del transporte y el sonido del viento golpeando el metal.
Nada más.
No hubo palabras, ni órdenes, ni revisiones.
Simplemente nos fuimos.
Me recosté contra el arnés del asiento y cerré los ojos un momento, mientras la vibración constante del helicóptero me recorría el cuerpo.
Al respirar, sentía dolor en el pecho.
No lo suficiente como para preocuparme, pero sí como para no olvidarlo.
La reliquia se sentía fría en mi muñeca.
Eleonor se sentó frente a mí en algún punto del trayecto.
No me habló de inmediato.
—No estás dormido —dijo al final.
Abrí los ojos.
—No —respondí—.
Solo estaba… quieto.
Asintió, como si eso fuera suficiente explicación.
El viaje terminó sin incidentes.
Cuando llegamos a la mansión principal, nadie se apresuró.
No había alarmas ni urgencias.
Solo gente moviéndose con la eficiencia tranquila de quien sabe que, por ahora, ya pasó lo peor.
Me dejaron en un cuarto pequeño pero cómodo; sus paredes estaban pintadas de blanco.
Era bastante adecuado, por así decirlo.
Me senté en el borde de la cama y miré mis manos.
Todavía temblaban un poco.
No por miedo.
Más bien por cansancio acumulado.
Once minutos.
Eso había durado todo.
Pensado así, casi parecía poco.
La puerta se abrió y Mikhail entró.
—Mañana descansarás —.
—¿Descansar?
—pregunté—.
¿Así nada más?
—Sí.
—¿Por qué?
Se apoyó en la pared, cruzando los brazos.
—Tu cuerpo está casi destrozado por dentro.
Nada grave, pero usaste demasiado poder en muy poco tiempo.
Necesitas al menos un día para que los pulsos mágicos se acomoden.
Asentí.
—Tiene sentido.
Mikhail me observó una vez más y luego se fue.
A la mañana siguiente desperté con el cuerpo aún pesado.
No era un dolor insoportable.
Más bien una rigidez persistente, como si cada músculo recordara lo que había pasado antes que yo.
Fui al baño y me lavé la cara.
Al mirarme en el espejo vi a alguien que todavía estaba intentando asimilar lo ocurrido.
Eleonor tocó a la puerta.
—Noah, ¿ya estás despierto?
¿Qué le pasa a esta mujer, acaso no duerme?
—Sí —respondí—.
Dame unos minutos.
—Te estaremos esperando para desayunar.
Date prisa.
Sophia tiene algo que decirnos.
Cinco minutos después llegué al salón.
Sergei estaba de pie junto a la ventana.
Anton apoyado en la mesa, revisando algo en su comunicador.
Irina sentada, con los brazos cruzados, observando el ambiente con atención tranquila.
Sophia estaba al fondo, sosteniendo una tablet.
Los saludé con un gesto.
Casi al unísono me devolvieron el saludo.
Sophia no esperó.
—Algo muy extraño ocurrió en la base de Varsovia.
—¿A qué te refieres?
—preguntó Anton.
—Esta mañana recibí el informe oficial —continuó—.
La base fue totalmente destruida.
Hizo una pausa breve.
—Pero no encontraron sobrevivientes.
Tampoco cuerpos.
El silencio se volvió más denso.
—¿Nada?
—preguntó Irina.
—Nada —confirmó Sophia—.
Ni personal.
Ni registros.
Ni computadoras.
Ni restos.
—¿Quieres decir que se llevaron todo?
—dijo Irina, esta vez con un tono de preocupación.
Sophia asintió.
—Como si nunca hubiera estado allí.
Sophia negó con la cabeza.
—Esto no me gusta.
Ya tenemos demasiados problemas, y si tus sospechas son ciertas, alguien acaba de obtener una cantidad de información que podría dejarnos en una desventaja inmensa.
Se giró y me miró.
—Noah, lo siento, pero hoy no podrás descansar.
—¿Qué?
—pregunté.
—Ya no tenemos tiempo.
Vamos a hablar con mi abuelo para que abra la Cámara de la Memoria.
—¿De qué estás hablando?
—Es una cámara donde la magia del ambiente converge —explicó—.
Puede ayudarte a estabilizar el flujo en tu cuerpo.
Hizo una pausa.
—Es arriesgado.
No te voy a mentir.
—¿En serio?
—dije—.
¿Eso se tuviste que hacerlo hace dos años en la academia?
Sophia me miró de arriba abajo.
—De verdad no hiciste nada de tu entrenamiento, ¿verdad?
Me sorprende que tu cuerpo no haya estallado cuando te pusiste la pulsera la primera vez.
—Eso ya no importa —intervino Eleonor—.
Vamos.
No hay tiempo que perder.
Y así, sin más ceremonias, me preparaba para retomar algo que había dejado atrás.
El final de un entrenamiento que abandoné.
Algo que el destino me devolvía ahora, sin preguntar si estaba listo.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com