El Último Portador - Capítulo 22
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- Capítulo 22 - 22 La Cámara de la Memoria
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22: La Cámara de la Memoria 22: La Cámara de la Memoria Mientras el señor Étienne y la señora Ciara se preparaban para revelar lo que en verdad estaba pasando, yo también me preparaba para enfrentar una prueba personal: la Cámara de la Memoria.
Eleonor no me dio tiempo de terminar ni el desayuno; me tomó del brazo y casi a rastras me llevó a los aposentos del señor Mikhail.
Yo todavía estaba muy confundido.
Le pregunté qué era la Cámara de la Memoria y, sin parar de caminar, me respondió.
—Es donde la magia converge; para simplificarlo, es como una intersección natural.
En ella, las líneas ley de magia se cruzan.
Son como venas volcánicas, pero solo las personas que tienen afinidad a la magia lo pueden sentir.
—¿Así como nosotros?
—pregunté.
—No precisamente.
Mira a Sophia; ella no es usuaria de magia, pero puede usar armas mágicas.
Eso es ser afín a la magia.
Personas así no corren peligro de una sobrecarga en sus pulsos mágicos.
—¿Por qué las personas que no son usuarias de magia no corren peligro?
—pregunté.
Eleonor se detuvo.
—Los usuarios de magia somos como receptores.
Para poder usar nuestros poderes, utilizamos los flujos mágicos del ambiente y los materializamos.
—Dime, ¿cómo te has sentido desde que llegamos aquí?
—Mmm… siento que mi poder es más fuerte.
—Así es.
Eso es porque tu afinidad es la magia de hielo.
En las zonas polares, la concentración ambiental de magia de hielo es más densa.
Por eso los Sevianko somos tan poderosos en magia de hielo, y más aún en este entorno.
—¿Sabes?
Me da coraje tener que explicarte todo esto.
Perdón… sé que debí haberlo aprendido en la academia.
—No es eso.
Tu cuerpo no está listo para recibir tanto poder, y corres el riesgo de una sobredosis… y de morir.
—¿Cómo que puedo morir?
—le dije, muy asustado.
En ese momento nos topamos con el señor Mikhail.
Eleonor, sin siquiera saludar, le dijo: —Abuelo, ocupamos que Noah entre a la Cámara de la Memoria.
Según el informe que recibimos, esto es más complicado de lo que pensamos.
Después te lo explico.
—Está bien —respondió Mikhail—.
Si tú lo dices, acompáñenme.
Caminamos por un pasillo amplio, decorado de una forma muy lujosa.
En él había cuadros y fotografías de muchas personas, y entre ellas vi la foto del padre de Eleonor y una foto de mi madre.
Tal vez debía de tener unos diecisiete años.
Ella era prima del padre de Eleonor, la hija mayor de uno de los hermanos de Mikhail.
De pronto nos topamos con una puerta enorme.
En el centro se podía ver la figura de un tigre.
—Aquí es.
Como tú eres usuario de magia de hielo, puedes entrar en ella.
Y te lo diré, niño: este punto es uno sin retorno.
—Cuando entres, tardarás dos días ahí dentro.
La puerta se sella por sí sola y solo se abre cuando se termina el ciclo.
—Debiste haberlo hecho en la mansión de los ÓBroin, pero abandonaste tu entrenamiento.
Ahora corres el riesgo de que tu cuerpo no lo resista.
—¿Recuerdas lo que sentiste cuando te pusiste la reliquia por primera vez?
—Sí, lo recuerdo muy bien.
—Multiplícalo por diez.
—Comenzarás absorbiendo poder mágico.
Tu cuerpo lo asimilará, pero será muy doloroso físicamente.
—Además, entrarás en un estado de trance.
Tu mente viajará y verás los recuerdos de los demás portadores, y sabrás por qué fuiste elegido para ser el portador de la Marca.
—Debes saberlo, según los registros históricos.
—Así que, si te quieres retirar, este es el momento.
Es tu decisión.
Ya nadie te juzgará más, porque lo que está sucediendo no da margen para echar más culpas.
Lo pensé por un momento y dije: —Lo haré.
Ya no hay vuelta atrás.
Si esto me ayuda a poder entender por qué fui elegido y a ser más fuerte, lo voy a hacer.
—Entonces espero que todo salga bien —me dijo Eleonor—.
Te estaré esperando aquí en dos días.
El señor Mikhail colocó la palma de su mano izquierda.
La marca de su brazo comenzó a brillar y un sonido seco se escuchó.
La puerta comenzó a subir.
Un fondo oscuro era todo lo que se veía y, aunque tenía miedo, sabía que ya no podía correr más.
Tenía que enfrentarme a mi destino, y este era el momento.
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