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El Último Portador - Capítulo 23

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Capítulo 23: Un pasado oculto

La puerta de la Cámara de la Memoria permanecía abierta frente a mí.

Oscuridad total. Silencio absoluto. Como si al otro lado no existiera el tiempo.

Respiré hondo.

Antes de dar el paso, mi mente comenzó a retroceder sola. No fue un recuerdo claro ni ordenado… solo fragmentos.

Canadá.

El viento helado en Yellowknife.

La llamada de la tía Maeve.

El primer Claimoor frente a mí.

Luego Eleonor. Siempre Eleonor.

Su mirada dura en la academia.

Las palabras que me rompieron.

La noche en que decidí huir.

Después el caos reciente: explosiones, persecuciones, el brazalete activándose, las bases cayendo una tras otra. Rusia. Vayegi. El combate contra los Claimoor. La retirada.

Todo eso había ocurrido en apenas días.

Y ahora estaba aquí.

No parecía real.

Durante años pensé que huir era libertad.

Ahora entendía que solo estaba posponiendo este momento.

Miré mis manos. Ya no temblaban.

—Es curioso —murmuré para mí—. Pensé que nunca regresaría… y terminé en el centro de todo.

Un último recuerdo apareció, inesperado:

Mi padre, antes de la academia, colocando su mano sobre mi cabeza.

“Ser fuerte no significa no tener miedo. Significa avanzar aunque lo tengas.”

Sonreí levemente.

—Bueno… supongo que ya entendí.

Di un paso hacia la oscuridad.

Y la puerta comenzó a cerrarse detrás de mí.

Mientras tanto…

En la nueva base principal de la familia ÓBroin, la sala de comunicaciones estaba completamente activa por primera vez desde el ataque.

No había una mesa física ocupada por los líderes, sino una mesa holográfica circular en cuyo centro flotaban proyecciones en tiempo real. Pantallas suspendidas, sellos de privacidad activos y un campo de interferencia mágica aseguraban que la transmisión no pudiera ser interceptada.

Ciara presidía la reunión desde Irlanda. Su imagen holográfica se proyectaba con nitidez; su postura era firme, aunque el cansancio se notaba en sus ojos. A su derecha, en la proyección, aparecía Dmitri; a su izquierda, Maeve. Frente a ellos, conectados desde distintos puntos del mundo, estaban los representantes de las otras familias.

El primero en hablar fue el líder de la familia japonesa.

Un hombre de unos cincuenta años, cabello oscuro recogido y mirada extremadamente serena.

Hiroshi Minamoto.

Su figura se estabilizó en la proyección antes de que hablara.

—La situación mundial está deteriorándose más rápido de lo previsto. Los gobiernos ya no pueden ocultar lo ocurrido. Satélites, civiles, militares… todos han visto algo.

A continuación se activó otra proyección.

Era la líder brasileña.

Una mujer alta, piel morena, cabello rizado recogido en una trenza larga y uniforme táctico verde oscuro.

Isabela Cavalcanti.

Su voz se transmitía con leve distorsión digital, pero su tono seguía siendo firme.

—En Sudamérica la situación es inestable. Hay pánico en algunas zonas y negación total en otras. Si no damos una explicación pronto, los gobiernos empezarán a actuar sin información… y eso puede empeorar todo.

Una tercera imagen apareció desde Marsella.

Étienne Orleans, acompañado por Elena y Kenji, analistas de Atlas.

—Coincido —dijo Étienne—. Ya no es viable mantener el secreto. La pregunta no es si contarlo… sino cómo hacerlo sin provocar un colapso global.

Ciara entrelazó las manos frente a sí, aun sabiendo que nadie podía verla físicamente.

—Durante cinco mil años protegimos a la humanidad manteniendo el equilibrio en secreto. Nuestros antepasados aceptaron ese deber. Pero la situación actual ya superó nuestra capacidad de contención aislada.

Hiroshi asintió lentamente desde su conexión.

—Si revelamos todo de golpe, algunos gobiernos reaccionarán con agresividad. Podrían intentar usar armamento nuclear contra amenazas que no comprenden.

—Y eso rompería los sellos restantes —añadió Kenji desde Marsella.

Isabela golpeó suavemente su mesa, el sonido apenas audible a través del enlace.

—Entonces la revelación debe ser gradual, estratégica. No mitos ni cuentos. Datos verificables, pruebas controladas, demostraciones limitadas.

Maeve intervino:

—Primero los líderes mundiales principales. ONU, potencias nucleares, alianzas estratégicas. Después, preparación civil coordinada.

Dmitri frunció el ceño.

—También debemos aclarar algo desde el inicio: los ejércitos humanos convencionales no pueden enfrentar solos a los Kartnod ni a los nuevos Claimoor.

El silencio que siguió se sintió incluso a través de la conexión.

Porque todos sabían lo que eso implicaba.

Dependían del portador.

Dependían de Noah.

Ciara respiró profundo antes de continuar.

—Hay otro punto crítico: la Nexus del Fin. Si esa información se filtra sin control, el pánico sería total.

Étienne asintió desde la pantalla.

—Esa información debe mantenerse clasificada incluso entre gobiernos. Solo un círculo muy reducido debe conocerla.

Isabela cruzó los brazos.

—Entonces la narrativa debe ser clara: existe una amenaza global antigua, estamos trabajando juntos para contenerla y necesitamos cooperación internacional inmediata.

Hiroshi añadió:

—Y disciplina. Si los gobiernos empiezan a competir por reliquias o tecnología mágica, el conflicto humano interno podría ser tan peligroso como los Kartnod.

Ciara observó cada proyección uno por uno.

—Hace cinco mil años sobrevivimos porque luchamos juntos.

Esta vez no tenemos ese lujo… tenemos un mundo entero que convencer.

Nadie respondió.

Porque todos entendían la magnitud de lo que se avecinaba.

Muy lejos de allí, en la Cámara de la Memoria, Noah estaba a punto de descubrir por qué él había sido elegido.

Y quizá… qué parte de su pasado aún permanecía oculta.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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