El Último Portador - Capítulo 24
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Capítulo 24: Pistas del pasado oculto del portador
Mientras las familias debatían las formas de develar la verdad al mundo, yo estaba entrando a la Cámara de la Memoria.
La oscuridad no era simplemente ausencia de luz.
Era memoria sin forma.
Cuando la puerta terminó de cerrarse, el silencio se volvió más denso, casi físico. Sentí un leve pulso en el brazalete… luego otro. De pronto un enorme flujo de magia circuló por todo mi cuerpo. Sentí como si mi cuerpo se contrajera y al mismo tiempo se expandiera. Era un dolor como nunca antes había sentido o incluso imaginado. Y de pronto una calma… todo quedó en la nada de nuevo, y fue cuando escuché una voz que me llamaba.
—Estoy aquí —susurré, sin saber a quién.
Entonces apareció la primera imagen.
No era un recuerdo reciente. Lo supe de inmediato.
Un niño.
No era yo.
No estaba ni en Irlanda.
Era otro lugar. Piedra antigua. Símbolos en las paredes. Antorchas azules, no fuego normal. Frente a mí estaban varios adultos con capas oscuras. No veía sus rostros, solo sus voces.
—El vínculo ya es estable.
—Es demasiado pronto.
—No hay alternativa.
Había un hombre muy parecido a mi padre. Estaba tenso… preocupado.
La imagen cambió antes de que pudiera acercarme.
Otra escena.
Una mesa circular, muy similar a la de las familias actuales, pero mucho más antigua. Símbolos que reconocí vagamente: los sellos originales.
Y escuché una frase que no recordaba haber oído jamás:
—Si el portador despierta antes del tiempo previsto, deberá ser sellado —dijo otro hombre—. Tenemos que hacer que la marca se transfiera entre recipientes hasta que llegue el momento. Por su seguridad… y por la nuestra.
El brazalete vibró con más fuerza.
Sentí un dolor breve en la sien. Como si algo estuviera intentando romper una barrera.
Fragmentos sueltos empezaron a surgir:
Un entrenamiento que nunca recordé haber recibido.
Una voz femenina enseñándome a controlar energía.
Y una frase repetida muchas veces:
“Debes olvidar hasta que llegue el momento.”
Respiré agitado.
La cámara respondió.
La oscuridad frente a mí comenzó a abrirse como una grieta luminosa. No cegadora, sino cálida… casi familiar.
No entendía qué estaba pasando, quién es el portador.
Muy lejos de allí, mientras mis recuerdos olvidados comenzaban a despertar dentro de la Cámara de la Memoria, algo también estaba ocurriendo entre las familias.
No lo vi directamente. Pero luego supe lo que pasó.
Mientras planeaban cómo comunicarse con los líderes mundiales, Kenji interrumpió de repente.
—Disculpen que interrumpa, pero hay algo que estamos dejando pasar… y es muy importante.
—¿Qué sucede? —preguntó Étienne.
Kenji respondió:
—En la Mansión ÓBroin, los protocolos de seguridad estaban diseñados para detectar cualquier intrusión mágica, tecnológica o biológica. Nada entraba sin ser registrado. Nada.
Cuando me contaron esto después, entendí lo que todos pensaron en ese momento.
Si se habían infiltrado tan fácil…
entonces alguien ya estaba dentro.
Ciara fue la primera en reaccionar.
—Quiero una auditoría completa de comunicaciones internas. Sin filtros.
Horas después empezaron a aparecer patrones.
Nada obvio. Nada que activara alarmas automáticas. Precisamente por eso era preocupante.
Retrasos mínimos en transmisiones críticas.
Accesos autorizados en horarios atípicos.
Archivos consultados sin motivo operativo claro.
Maeve fue directa:
—Alguien conoce nuestros protocolos mejor que nosotros.
Dmitri asintió.
—O alguien ayudó a diseñarlos.
Eso significaba algo peor.
No era una infiltración reciente.
Era algo antiguo.
Luego llegaron informes de otras familias.
Desde Japón, Hiroshi detectó alteraciones pequeñas pero constantes en registros históricos. Más de veinte años atrás.
Desde Brasil, Isabela reportó dos agentes desaparecidos sin rastro energético. Transferencias oficiales que nadie había autorizado realmente.
Marsella confirmó la tendencia.
Cuando escuché todo esto después, entendí la gravedad.
No intentaban destruirnos desde fuera.
Estaban dentro.
Y desde hacía años.
Tal vez décadas.
Lo más inquietante era que no había sabotajes claros. Ni ataques. Ni robo masivo de información.
Solo observación.
Seguimiento.
Preparación.
Como si esperaran algo.
O a alguien.
Y entonces hicieron la pregunta que, tarde o temprano, también iba a alcanzarme a mí.
Ciara fue quien la formuló:
—¿Desde cuándo saben sobre Noah exactamente?
Silencio total.
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