El Último Portador - Capítulo 29
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Capítulo 29: Y así da inicio la guerra
HOKKAIDO, JAPÓN.
La nieve caía con una calma engañosa sobre los pinos altos que rodeaban la mansión Minamoto. Era una nevada limpia, silenciosa, de esas que amortiguan el sonido y hacen que el mundo parezca dormido. Pero detrás de esa calma perfecta vendría una de las catástrofes más grandes que la humanidad hubiera experimentado.
Tanaka Minamoto lo sintió antes que cualquiera.
No fue un presentimiento. Fue un mensaje directo del sello. Él era el cuarto Guardián.
El suelo bajo el patio interno emitió un sonido como el de una bestia herida. La marca en su brazo izquierdo comenzó a brillar. El símbolo —un dragón estilizado, antiguo— parecía moverse sobre su antebrazo.
—El sello está reaccionando —gritó en voz alta.
En la reunión global habían acordado reforzar las zonas donde estaban los sellos dimensionales. Crear nuevos protocolos de seguridad, luego de descubrir que la seguridad interna había sido comprometida por traidores, aunque todavía no sabían quiénes eran los responsables.
Tanaka apretó los dientes.
La mansión Minamoto no era solo una residencia ancestral. Era uno de los puntos de mayor seguridad del mundo.
En lo que hoy se conoce como Hokkaido, al terminar la Gran Guerra, los Seres Supremos encerraron la avanzada marítima de los Karnot: tropas preparadas para dominar los océanos, una fuerza naval imposible de imaginar.
Según los documentos ancestrales, la flota del Pacífico constaba de mil cruceros de combate, tan avanzados que hoy ni siquiera las películas de ciencia ficción podrían describirlos con precisión.
La idea de que eso fuera liberado le heló la sangre.
De pronto, las alarmas mágicas comenzaron a activarse en todo el complejo.
—Activen protocolo de emergencia —ordenó por comunicador—. Todo el personal a posiciones. Cierre del ala sur. Refuerzo en la cámara del sello.
Las respuestas llegaron de inmediato, pero antes de que alguien pudiera desplegarse completamente, los comunicadores tácticos en las muñecas comenzaron a vibrar con fuerza.
Era la señal que nadie quería escuchar:
Amenaza directa al sello.
Guardias intercambiaron miradas. Nadie necesitaba explicación.
Las luces de emergencia se encendieron. Los sellos de detección comenzaron a brillar sobre los muros de piedra.
Las olas empezaron a golpear los muros de contención.
El caos comenzaba a tomar forma.
Entonces ocurrió el primer impacto.
La ventana superior del ala este estalló. Cuerpos cayeron calcinados. Portales comenzaron a abrirse sobre los muros.
—¡Claimoor! ¡Prepárense para pelear! —gritó Tanaka.
Cruzó los brazos frente al pecho e invocó a su guardián.
Un círculo verde de energía se formó en el suelo. Un enorme dragón emergió y atacó inmediatamente a los Claimoor que intentaban llegar a la cámara del sello.
De pronto, una nave silenciosa se posó sobre la mansión y disparó un rayo de energía.
El impacto rompió parte de los sellos protectores. Figuras con trajes tácticos negros comenzaron a descender.
Disparos de energía. Barreras atravesadas. Guardias cayendo.
—¡Claimoor entrando por el ala oeste! —gritó un guardia—. ¡Esos sujetos están usando tecnología mágica!
—¿Quién diablos son? —preguntó Haruto Yamada, encargado de seguridad.
Antes de responder, la nave volvió a disparar, impactando la torre sur, donde estaban las defensas aéreas.
Entonces, desde el bosque, surgieron más atacantes.
La entrada principal colapsó.
—¡Yokohama! —gritó Tanaka—. ¡Eres el traidor!
El líder de los atacantes respondió:
—No lo llames traición. Llámalo cambio de poder.
—Yo, Masumoto Yokohama, seré uno de los nuevos líderes.
—¿Cuánto tiempo llevan planeando esto?
—Generaciones.
Mientras tanto, en Londres…
La reunión continuaba bajo máxima seguridad.
El presidente de China habló con voz grave:
—Si solo tenemos un año… ¿qué debemos hacer?
Ciara, jefa de la familia O’Broin, respondió sin titubeos:
—Una armada global. Ya no hay vuelta atrás.
Las miradas se tensaron.
—El sello bajo nuestro cuidado ya fue comprometido en Irlanda. En Brasil rompieron el segundo. Como dijo Markus… si atacan Japón y rompen ese sello, estaremos en guerra abierta.
Respiró hondo antes de continuar:
—Y créanme… ninguno de sus gobiernos está listo para esta guerra.
En ese momento, todos los comunicadores comenzaron a sonar simultáneamente.
Un tono agudo.
Urgente.
Desde Atlas enviaban una alerta prioritaria.
Los dispositivos mostraron el mensaje:
HOKKAIDO BAJO ATAQUE.SELLO EN RIESGO.
El silencio fue absoluto.
Alemania – Base Central de Atlas
En el complejo principal de Atlas, oculto bajo instalaciones militares alemanas, decenas de analistas trabajaban frente a pantallas saturadas de datos.
Un mismo mensaje se repetía sin parar.
Lecturas energéticas anómalas.
Interferencias oceánicas.
—Confirmación visual satelital —dijo una analista—. Emergencia naval desconocida en el Pacífico.
—Esto no puede estar pasando —añadió otro—. No es una incursión.
—Es el despliegue de una armada gigante.
Atlas entró oficialmente en alerta máxima global.
—Alerten a todas las familias. Que todas las bases se preparen para luchar. Código negro. Japón ha caído.
—El sello ha sido roto.
Japón
Tanaka ya no tenía fuerzas. Había luchado durante más de una hora contra Claimoor y soldados enemigos.
Masumoto lo observó.
—Tienes mi respeto. No por nada fuiste elegido Guardián cuando mi hermano mayor falleció.
—Pero tu hora ha llegado. Te daré un final acorde a tu orgullo. Muere con dignidad.
Tanaka respondió con dificultad:
—Eres un necio. Crees que los Karnot te ayudarán… No conoces la historia. Lo que traerás a este mundo es la perdición.
El pulso mágico dejó de recorrer su cuerpo.
Su corazón se detuvo.
La marca del dragón desapareció.
La montaña tembló.
El océano pareció abrirse en dos.
A kilómetros de la costa, el mar comenzó a agitarse sin viento. El hielo se partió en placas gigantes.
Entonces emergió la primera nave.
Un acorazado tecnológico.
Oscuro. Angular. Imponente.
Su casco era de una aleación desconocida, sin reflejo. Líneas energéticas recorrían su estructura como circuitos vivos. Torres de artillería automatizada giraban lentamente.
No era un barco.
Era una fortaleza de guerra.
Luego emergió otro.
Más grande.
Luego un tercero.
Después una formación completa.
Acorazados, destructores y plataformas tácticas emergiendo desde el océano.
No una flota imaginable.
Una fuerza destructora.
El cielo se oscureció por la interferencia energética.
Satélites fallaron.
Las comunicaciones civiles colapsaron.
En la mansión Minamoto, la masacre fue total.
Claimoor avanzando.
Agentes de la facción Águila disparando.
Yokohama caminando entre los cuerpos.
Masumoto observó la flota a lo lejos.
—El mundo cambia esta noche.
El sello ya no brillaba.
Era ruptura total.
En la costa, el acorazado principal abrió una compuerta.
Una plataforma se elevó lentamente.
Un hombre apareció.
Alto. Vestía un traje color negro. En su pecho se mostraba una hidra de siete cabezas, el emblema de la familia Karnot.
Kaisel Karnot.
Almirante supremo de la armada.
Él fue sellado hacía cinco mil años.
Un subordinado se arrodilló.
—Almirante. Confirmación: sello neutralizado. Formación completa.
Kaisel observó la costa japonesa con calma absoluta.
—Por fin… cinco mil años han pasado.
—Pero parece que la humanidad retrocedió, en lugar de avanzar.
Ferdinan, segundo comandante de la flota, respondió:
—Todas las naves están listas.
Kaisel alzó la vista.
—Es hora de que paguen esos traidores.Los Seres Supremos cometieron el error de dejarnos con vida.
Miró el horizonte.
—Hermanos… esperen. Ya voy por ustedes.
Las naves comenzaron a alinearse.
Los sistemas energéticos alcanzaron máxima potencia.
En Alemania, Atlas confirmó la amenaza global.
En Irlanda, el parche del sello principal vibró.
En Brasil, la reliquia robada brilló.
Y en Rusia, la marca en la espalda de Noah comenzó a arder de forma descontrolada.
El dolor lo hizo caer de rodillas.
Eleanor lo sostuvo antes de que cayera al suelo.
—¿Qué sucede?
Mikhail respondió:
—Estamos en problemas. Mira tu brazo.
La marca de Eleanor parecía tener vida propia. El tigre se movía bajo la piel.
—¿Qué es todo esto?
—Lo que siempre temimos —respondió Mikhail—. Han roto uno de los sellos principales. El equilibrio mágico está colapsando.
Sophia llegó corriendo, sin aliento.
—Esto es malo… la mansión Minamoto fue devastada.
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