El Último Portador - Capítulo 30
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Capítulo 30: La batalla en las costa de china
La sala de mando de la nave principal de la flota de la familia Karnot era amplia y luminosa.
Pantallas holográficas y sistemas de visualización que no se podían imaginar. Mapas dimensionales de todo el planeta flotaban con precisión milimétrica mientras Kaisel Karnot los observaba, rodeado de sus almirantes; todos esperaban las órdenes y las instrucciones que deberían seguir.
Uno de los oficiales que se encontraba manipulando un panel de control habló.
—Nos hemos conectado a su red de comunicación. Con esto podemos identificar cuáles son los puntos donde son fuertes en esta era. La distribución política y territorial ha cambiado.
Kaisel asintió levemente. No conocían nombres actuales. Para él, este mundo era algo totalmente nuevo.
Finalmente habló, observando los mapas que mostraban la distribución actual del mundo.
—Dividiremos la armada en cuatro rutas. Según lo que indican estos mapas de este tiempo, la división Yamashiro avanzará por aquí. Lo llaman Pacífico asiático. Esto antes era solo una zona sin mayor importancia… pero ahora parece ser un lugar muy poderoso.
Señaló otra región del holograma.
—La unidad Treiken cruzará el océano en esta dirección hacia lo que llaman el continente americano.
Se dividirán en dos fuerzas: una al sur y otra al norte.
El almirante Ilyan Sereth observó otra sección del mapa con evidente desagrado.
—La tercera rodeará por esta parte. Le llaman el norte ruso… Ahí siempre han estado las bases de los Cevianco. Esos malditos.
Lo dijo con un tono furioso.
Kaisel continuó:
—Y la flota principal vendrá conmigo hacia este lugar. Donde siempre debió estar nuestra mansión. Iremos a liberar al resto de nuestra familia.
A su alrededor, los almirantes Ferdinan Voss, Kael Draxor, Ilyan Sereth y Morvak Hale asintieron sin discutir. Las órdenes eran claras. Atacarían en varios frentes simultáneamente.
Horas después, la primera avanzada Karnot ya había pasado las defensas de Japón y se aproximaba a las costas de China.
El radar costero chino los detectó.
En el Centro Naval del Mar Amarillo, el almirante Li Wei permanecía de pie frente a la pantalla principal cuando las anomalías aparecieron. Las firmas energéticas no correspondían a nada conocido.
—Confirmen origen y posible dirección —ordenó con voz firme.
La comandante Zhang Rui, especialista en radares, respondió:
—Objetos múltiples aproximándose. Velocidad constante.
Silencio.
—Entonces es real —murmuró el capitán Chen Guoxiang.
No hubo tiempo para debates políticos ni diplomáticos. La orden fue inmediata:
—Movilización total. Que la flota salga al encuentro. No tocarán nuestras costas.
Las primeras naves de la flota Karnot rompieron el mar. Sus gigantes estructuras causaron asombro a la distancia. Angulares, sin marcas reconocibles, irradiaban una energía que interfería con las comunicaciones.
El vicealmirante Wang Jian lideró el primer grupo de destructores chinos. A su lado navegaban fragatas, submarinos y unidades aéreas de apoyo. Tecnología humana moderna enfrentándose a algo claramente superior.
En el puente de mando, la estratega Lin Xiaoyu habló por el canal interno, sin apartar la vista de la pantalla táctica.
—De esto es de lo que nos informaron. Esa flota hizo caer a Japón en menos de un día… pero no será lo mismo con nosotros.
El almirante Li Wei respondió sin titubear:
—Entonces que nos vean.
El primer disparo provino de una de las naves Karnot. Cruzó el cielo como un relámpago azul.
Un destructor chino explotó en segundos.
Sin aviso.
Sin negociación.
La batalla comenzó.
La flota china respondió con todo lo disponible: misiles hipersónicos, torpedos guiados, artillería naval pesada y drones de combate.
Durante unos cuarenta minutos, pareció que podían mantener distancia. Algunas naves enemigas incluso mostraron daños visibles.
Pero la diferencia tecnológica pronto se hizo evidente.
Las barreras energéticas y mágicas con las que contaba la flota de la familia Karnot eran algo irreal. Absorbían impactos que habrían destruido cualquier barco normal. Sus sistemas de puntería eran casi perfectos. Sus proyectiles atravesaban blindajes como si fueran papel.
La proporción de daño se volvió brutal.
—No podremos sostener esto mucho tiempo —advirtió Chen Guoxiang.
—Debemos ganar tiempo —respondió Li Wei—. Estamos aquí para que en tierra se preparen para la batalla de verdad.
La aviación naval china entró entonces en combate. Escuadrones completos de cazas lanzaron ataques coordinados para saturar los escudos enemigos.
Uno de los escuadrones logró dañar la nave principal de la flota. Sus sensores se apagaron durante unos segundos. La flota invasora redujo la velocidad para reorganizarse.
Ese pequeño retraso cambió todo.
En tierra, las baterías costeras chinas se activaron simultáneamente. Misiles antibuque, cañones electromagnéticos experimentales y sistemas de defensa aérea saturaron la zona.
No podían destruirlos.
Pero sí pudieron obligarlos a retroceder.
Y eso significaba tiempo.
La batalla se volvió un choque de resistencia.
Lo que quedó de la flota china retrocedió sin romper formación. Cada minuto ganado permitía evacuar ciudades costeras, preparar las defensas y coordinar la respuesta internacional.
En la cámara principal, Kael Draxor observaba los reportes.
—Estos son persistentes. No tienen magia ni tecnología que se compare con la nuestra… pero nos han hecho retroceder.
Ferdinan Voss respondió:
—Eso es peligroso. No debemos subestimarlos.
Mientras tanto, Kaisel Karnot escuchó el informe completo sin mostrar alteración alguna.
—Interesante —dijo con calma—. Estas nuevas generaciones no son como esperaba.
Miró el mapa holográfico una vez más.
—Conque ahora le llaman Irlanda —se dijo para sí mismo mientras observaba el holograma.
Y en una sala muy lejana, Valerios sonreía. La guerra apenas comenzaba. Todo marchaba de acuerdo con mi plan.
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