El Último Portador - Capítulo 31
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Capítulo 31: La ruptura del equilibrio
Mientras las flotas chinas combatían en el Pacífico, algo más ocurría miles de kilómetros al norte.
Dos días antes, en la mansión de los Sevianko.
La marca en la espalda de Noah ardía de forma descontrolada.
El dolor lo hizo caer de rodillas.
Eleonor lo sostuvo antes de que tocara el suelo.
—¿Qué sucede?
Mikhail no apartó la vista del brazo de Eleonor.
La marca se movía bajo su piel como si tuviera vida propia.
—Estamos en problemas.
Eleonor apretó los dientes.
—¿Qué es todo esto?
Mikhail respondió con gravedad.
—El equilibrio mágico está colapsando.
De pronto, la puerta se abrió con brusquedad.
Sophie entró, sin aliento.
—Esto es malo… la mansión Minamoto fue devastada.
El silencio cayó sobre la sala.
Noah respiraba con dificultad.
Eleonor levantó la vista.
—¿Qué estás diciendo? —preguntó, muy asombrada.
Sophie respiró hondo antes de responder.
—Se recibió una señal de auxilio de emergencia. Reportaban que el perímetro había sido violado.
Hizo una pausa breve.
—Después, todas las comunicaciones se cortaron.
—¿Identificación del enemigo? —preguntó Mikhail.
—No. Solo combate confirmado dentro de la mansión.
Eleonor miró a Mikhail.
No necesitaban más detalles.
—Entonces empezó —murmuró ella.
Mikhail sostuvo la mirada unos segundos.
—El robo en Recife desestabilizó el flujo mágico.
—Si Japón cayó ahora…
No terminó la frase.
No era necesario.
El ardor en la espalda de Noah no disminuía.
La marca de Eleonor seguía reaccionando.
Sophie observó el mapa una última vez.
Mikhail asintió y habló por el intercomunicador.
—Sala de comunicaciones, activen alerta Omega. Estamos en guerra. Repito: estamos en guerra.
Su voz fue firme.
—Que todas las fuerzas de la familia Sevianko se preparen para luchar. Que todo el personal disponible en la mansión esté listo en quince minutos.
Hizo una pausa mínima antes de dar la siguiente orden.
—Nos moveremos a la base naval.
La orden de Mikhail aún resonaba en el intercomunicador cuando la puerta volvió a abrirse.
Irina entró casi corriendo.
Sus ojos brillaban con el tono azul característico de su magia de visión.
—Contactos —dijo sin rodeos.
Todos se giraron hacia ella.
—¿Dónde? —preguntó Mikhail.
Irina cerró los ojos un instante.
Cuando los abrió, el brillo azul se intensificó.
—Perímetro norte.
Su mirada parecía atravesar los muros de la mansión.
—Más de cien firmas de calor.
Las alarmas mágicas se activaron en ese mismo momento.
Un sonido grave recorrió toda la mansión Sevianko.
Las barreras de protección comenzaron a vibrar.
—Intrusión confirmada —añadió Irina.
Mikhail no dudó.
—Posiciones defensivas.
Irina volvió a enfocar su visión hacia el exterior.
Su expresión se tensó.
—No son humanos.
Una pausa breve.
—Claimoor.
El primer impacto llegó segundos después.
Algo golpeó la barrera exterior con una fuerza brutal.
El suelo tembló bajo sus pies.
Las luces del corredor parpadearon.
Desde el patio exterior llegaron disparos.
Luego un grito.
Y después el sonido inconfundible del combate.
Mikhail avanzó hacia la salida.
—Nos atacan.
Eleonor ya lo seguía.
Noah se obligó a levantarse.
El dolor en su espalda seguía quemando, pero algo frío comenzaba a extenderse por su cuerpo.
Cuando salieron al patio central, el combate ya estaba en marcha.
Anton había desplegado un sello defensivo en el suelo.
El círculo de energía brillaba bajo sus pies, extendiéndose por el patio como una red luminosa.
Los primeros enemigos que intentaron cruzarlo fueron repelidos por la descarga del sello.
Anton mantuvo la posición.
—¡Mantengo el perímetro! —gritó.
La presión aumentó.
Un tentáculo golpeó la barrera.
Luego otro.
La superficie del sello comenzó a agrietarse.
Anton intentó reforzarlo.
Demasiados.
El tercer impacto rompió el círculo.
La energía estalló en fragmentos de luz.
Antes de que pudiera retroceder, un tentáculo lo golpeó en el pecho.
El impacto lo lanzó contra la pared.
Anton cayó al suelo sin volver a moverse.
El sello se apagó.
El perímetro había sido abierto.
Sergei abrió fuego inmediatamente.
Sus disparos fueron precisos.
Cinco Claimoor cayeron destrozados bajo la ráfaga de proyectiles.
Pero uno logró evitar el ataque.
La criatura avanzó con una velocidad imposible.
Sergei intentó reposicionarse.
El impacto llegó un segundo después.
Su escudo defensivo se activó al instante.
Aun así, la fuerza del golpe fue brutal.
Sergei salió despedido por el aire.
Su cuerpo chocó contra el muro de contención del patio.
El impacto resonó en toda la estructura.
Sergei cayó al suelo sin volver a levantarse.
Eleonor ya estaba en movimiento.
La marca en su brazo brilló con intensidad.
Un sello se formó frente a ella.
El aullido espectral de un lobo sacudió el patio.
Mikhail activó el suyo un instante después.
El rugido de un tigre resonó con fuerza.
Las dos bestias de energía surgieron al mismo tiempo.
El lobo se lanzó contra los Claimoor con velocidad brutal.
El tigre avanzó detrás, rompiendo la formación enemiga.
Las criaturas retrocedieron bajo el impacto.
Durante un instante, el frente de ataque pareció romperse.
Eleonor avanzó un paso más, lista para rematar.
Entonces el espacio detrás de ella se rasgó.
Un portal dimensional se abrió a su espalda.
Dos tentáculos emergieron desde la oscuridad con una velocidad brutal.
Eleonor no tuvo tiempo de reaccionar.
Uno de ellos atravesó su hombro.
El golpe la lanzó hacia adelante.
Eleonor cayó de rodillas.
El portal se cerró tan rápido como había aparecido.
La sangre comenzó a correr por su brazo.
El enemigo levantó la garra para rematarla.
Entonces el aire se congeló.
La temperatura cayó bruscamente.
Noah levantó la mano.
El hielo apareció en el aire como una explosión blanca.
Una lanza de cristal atravesó al Claimoor.
El cuerpo quedó inmóvil.
Un segundo después el hielo estalló.
La criatura se rompió en fragmentos.
Eleonor respiraba con dificultad.
La sangre corría por su brazo.
Noah estaba frente a ella.
El frío aún giraba a su alrededor.
Mikhail observó el patio cubierto de hielo y sangre.
Más sombras se movían más allá del muro destruido.
Los Claimoor seguían avanzando.
La guerra había llegado a su puerta.
Y aquello apenas estaba comenzando.
Cuando escuché las alarmas mágicas activarse, todavía mi cuerpo me dolía.
Sentía como si mi corazón fuera a explotar dentro de mi pecho.Pero no podía quedarme ahí.Como pude, me levanté y corrí hacia el patio.Mikhail y Eleonor ya habían salido.Cuando llegué, lo que vi me heló la sangre.Los cuerpos de Sergei y Anton yacían en el suelo, inmóviles.Por un instante mi mente se negó a aceptar lo que estaba viendo.
Entonces ocurrió.
Vi cómo un tentáculo atravesaba la espalda de Eleonor.
Todo pasó en un segundo.
Y aun así, para mí el tiempo pareció detenerse.
Fue como volver a aquel momento de hace doce años.
El instante en que vi morir a mi padre.
La misma sensación.La misma impotencia.La misma rabia.
Entonces algo cambió dentro de mí.
Sentí un viento recorrer mi cuerpo, como si una corriente helada atravesara cada uno de mis circuitos mágicos.
El dolor desapareció por un instante.
Cuando levanté la vista, lo vi.
Una enorme estaca de hielo flotaba frente a mí.
No tuve tiempo de pensar.
La tomé.
Y la lancé con todas mis fuerzas contra el Claimoor que intentaba rematar a Eleonor.
El Claimoor se congeló en un instante.
El hielo lo cubrió como si el invierno hubiera caído sobre él de golpe.
Un segundo después su cuerpo estalló en cientos de fragmentos.
Corrí tan rápido como pude hacia donde estaba Eleonor.
Su hombro mostraba una herida enorme.
El tentáculo la había atravesado por completo y la sangre corría sin detenerse.
—¡Congélame la herida! —gritó—. ¡Detén el sangrado!
Intentó levantar la mano, pero el dolor la hizo temblar.
—Yo no puedo… —murmuró entre dientes—. El dolor no me deja concentrar mi magia.
En ese momento un rayo azul pasó rozando mi cabeza.
Un Claimoor estalló a unos pocos pasos de nosotros.
Otros dos cayeron inmediatamente después.
—¡Noah, apúrate! ¡Nosotras lo cubrimos! —escuché una voz.
Giré la cabeza un instante.
Eran Sophie e Irina, disparando con sus armas mágicas.
Detrás de ellas un grupo de guardias de la mansión avanzaba hacia el patio, enfrentándose a los Claimoor que seguían entrando.
Volví a mirar la herida de Eleonor.
La sangre no dejaba de salir.
Extendí la mano.
El frío respondió de inmediato.
Pero dudé un segundo.
Si congelaba demasiado… podría destrozar la carne.
Si no lo hacía…
Eleonor se desangraría allí mismo.
Respiré hondo.
Entonces dejé que el hielo fluyera.
El frío se extendió desde mi mano hasta la herida.
La sangre comenzó a endurecerse.
El hielo selló el tejido abierto.
Eleonor apretó los dientes con fuerza.
Sus dedos se clavaron en el suelo de piedra.
No gritó.
Pero su respiración se volvió irregular.
El hielo terminó de cerrar la herida.
Cuando retiré la mano, el sangrado se había detenido.
La miré directamente a los ojos.
—Tienes que sobrevivir —le dije.
Mi voz apenas salió de mi garganta.
—No puedes morir aquí.
Eleonor no respondió de inmediato.
Su respiración seguía siendo irregular, pero el sangrado se había detenido. El hielo mantenía cerrada la herida.
Un rugido sacudió el patio.
Levanté la cabeza.
La batalla seguía desatada a nuestro alrededor.
Los Claimoor continuaban entrando por la brecha en la muralla exterior.
Y en medio del caos, Mikhail seguía luchando.
Mikhail no dejó de moverse.
El frío giraba a su alrededor como una tormenta viva.
Extendió la mano y el suelo del patio se cubrió de escarcha en un instante. Tres Claimoor quedaron atrapados en una capa de hielo que se cerró sobre ellos como una prisión.
Un segundo después, el hielo se contrajo.
Los cuerpos de las criaturas se quebraron con un sonido seco.
A su lado, el tigre espectral rugió y se lanzó contra otro grupo de monstruos. Sus garras de energía atravesaron el torso de un Claimoor y lo arrojaron contra el muro del patio con una violencia brutal.
Pero seguían llegando.
Sombras deformes atravesaban la brecha en la muralla exterior.
Mikhail levantó otra barrera de hielo, bloqueando el paso de dos criaturas más.
Entonces ocurrió.
Sintió un frío repentino recorrer el aire.
No era el suyo.
Era más profundo.
Más denso.
Por un instante su propio aliento se congeló frente a su rostro.
Mikhail se detuvo.
Para alguien que dominaba la magia de hielo desde hacía décadas, aquella sensación fue perturbadora.
Era como si el invierno mismo hubiera descendido sobre el patio.
Giró la cabeza.
Y entonces lo vio.
Noah estaba de pie frente a Eleonor.
El Claimoor que intentaba rematarla quedó inmóvil en el aire, atrapado dentro de una masa de hielo cristalino.
Un segundo después el cuerpo del monstruo explotó en fragmentos que se dispersaron por el suelo del patio.
Mikhail observó la escena en silencio.
Su tigre espectral continuaba destrozando a los enemigos que intentaban avanzar.
Pero por un instante toda su atención quedó fija en Noah.
El aire alrededor del muchacho seguía vibrando con una energía helada que Mikhail no había sentido nunca antes.
Y por primera vez desde que comenzó el ataque, él comprendió algo inquietante.
El poder del portador estaba despertando.
Y quizás… era mucho más grande de lo que cualquiera de ellos había imaginado.
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