El Último Portador - Capítulo 32
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Capítulo 32: Inicio del despertar
Cuando escuché las alarmas mágicas activarse, todavía mi cuerpo me dolía.
Sentía como si mi corazón fuera a explotar dentro de mi pecho.Pero no podía quedarme ahí.Como pude, me levanté y corrí hacia el patio.Mikhail y Eleonor ya habían salido.Cuando llegué, lo que vi me heló la sangre.Los cuerpos de Sergei y Anton yacían en el suelo, inmóviles.Por un instante mi mente se negó a aceptar lo que estaba viendo.
Entonces ocurrió.
Vi cómo un tentáculo atravesaba la espalda de Eleonor.
Todo pasó en un segundo.
Y aun así, para mí el tiempo pareció detenerse.
Fue como volver a aquel momento de hace doce años.
El instante en que vi morir a mi padre.
La misma sensación.La misma impotencia.La misma rabia.
Entonces algo cambió dentro de mí.
Sentí un viento recorrer mi cuerpo, como si una corriente helada atravesara cada uno de mis circuitos mágicos.
El dolor desapareció por un instante.
Cuando levanté la vista, lo vi.
Una enorme estaca de hielo flotaba frente a mí.
No tuve tiempo de pensar.
La tomé.
Y la lancé con todas mis fuerzas contra el Claimoor que intentaba rematar a Eleonor.
El Claimoor se congeló en un instante.
El hielo lo cubrió como si el invierno hubiera caído sobre él de golpe.
Un segundo después su cuerpo estalló en cientos de fragmentos.
Corrí tan rápido como pude hacia donde estaba Eleonor.
Su hombro mostraba una herida enorme.
El tentáculo la había atravesado por completo y la sangre corría sin detenerse.
—¡Congélame la herida! —gritó—. ¡Detén el sangrado!
Intentó levantar la mano, pero el dolor la hizo temblar.
—Yo no puedo… —murmuró entre dientes—. El dolor no me deja concentrar mi magia.
En ese momento un rayo azul pasó rozando mi cabeza.
Un Claimoor estalló a unos pocos pasos de nosotros.
Otros dos cayeron inmediatamente después.
—¡Noah, apúrate! ¡Nosotras lo cubrimos! —escuché una voz.
Giré la cabeza un instante.
Eran Sophie e Irina, disparando con sus armas mágicas.
Detrás de ellas un grupo de guardias de la mansión avanzaba hacia el patio, enfrentándose a los Claimoor que seguían entrando.
Volví a mirar la herida de Eleonor.
La sangre no dejaba de salir.
Extendí la mano.
El frío respondió de inmediato.
Pero dudé un segundo.
Si congelaba demasiado… podría destrozar la carne.
Si no lo hacía…
Eleonor se desangraría allí mismo.
Respiré hondo.
Entonces dejé que el hielo fluyera.
El frío se extendió desde mi mano hasta la herida.
La sangre comenzó a endurecerse.
El hielo selló el tejido abierto.
Eleonor apretó los dientes con fuerza.
Sus dedos se clavaron en el suelo de piedra.
No gritó.
Pero su respiración se volvió irregular.
El hielo terminó de cerrar la herida.
Cuando retiré la mano, el sangrado se había detenido.
La miré directamente a los ojos.
—Tienes que sobrevivir —le dije.
Mi voz apenas salió de mi garganta.
—No puedes morir aquí.
Eleonor no respondió de inmediato.
Su respiración seguía siendo irregular, pero el sangrado se había detenido. El hielo mantenía cerrada la herida.
Un rugido sacudió el patio.
Levanté la cabeza.
La batalla seguía desatada a nuestro alrededor.
Los Claimoor continuaban entrando por la brecha en la muralla exterior.
Y en medio del caos, Mikhail seguía luchando.
Mikhail no dejó de moverse.
El frío giraba a su alrededor como una tormenta viva.
Extendió la mano y el suelo del patio se cubrió de escarcha en un instante. Tres Claimoor quedaron atrapados en una capa de hielo que se cerró sobre ellos como una prisión.
Un segundo después, el hielo se contrajo.
Los cuerpos de las criaturas se quebraron con un sonido seco.
A su lado, el tigre espectral rugió y se lanzó contra otro grupo de monstruos. Sus garras de energía atravesaron el torso de un Claimoor y lo arrojaron contra el muro del patio con una violencia brutal.
Pero seguían llegando.
Sombras deformes atravesaban la brecha en la muralla exterior.
Mikhail levantó otra barrera de hielo, bloqueando el paso de dos criaturas más.
Entonces ocurrió.
Sintió un frío repentino recorrer el aire.
No era el suyo.
Era más profundo.
Más denso.
Por un instante su propio aliento se congeló frente a su rostro.
Mikhail se detuvo.
Para alguien que dominaba la magia de hielo desde hacía décadas, aquella sensación fue perturbadora.
Era como si el invierno mismo hubiera descendido sobre el patio.
Giró la cabeza.
Y entonces lo vio.
Noah estaba de pie frente a Eleonor.
El Claimoor que intentaba rematarla quedó inmóvil en el aire, atrapado dentro de una masa de hielo cristalino.
Un segundo después el cuerpo del monstruo explotó en fragmentos que se dispersaron por el suelo del patio.
Mikhail observó la escena en silencio.
Su tigre espectral continuaba destrozando a los enemigos que intentaban avanzar.
Pero por un instante toda su atención quedó fija en Noah.
El aire alrededor del muchacho seguía vibrando con una energía helada que Mikhail no había sentido nunca antes.
Y por primera vez desde que comenzó el ataque, él comprendió algo inquietante.
El poder del portador estaba despertando.
Y quizás… era mucho más grande de lo que cualquiera de ellos había imaginado.
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