El Último Portador - Capítulo 33
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Capítulo 33: El verdadero poder de Noah
Sophie e Irina siguieron avanzando y formaron un muro defensivo junto a los demás guardias.
Sophie disparaba sin parar con su arma mágica. Lanzó una ráfaga y pulverizó a dos Claimoor en instantes.
Irina, en cambio, era más calmada. Su visión mágica le daba la precisión de un francotirador, con la ventaja de que podía disparar en movimiento. Un tiro en la cabeza bastaba para acabar con su objetivo.
Los demás guardias las acompañaban. Nadie retrocedía.
Un grupo de emergencia llegó y se llevó los cuerpos de Sergei y Anton.
En ese mismo momento escuché que me hablaban.
—Joven, nosotros nos encargaremos de la señorita Eleonor.
Volteé a ver.
Dos jovencitas con trajes negros estaban detrás de mí.
—Somos del personal de seguridad —dijo una de ellas—. La llevaremos al centro médico para que traten su herida.
Sophie e Irina no esperaron órdenes.
En el momento en que el siguiente grupo de Claimoor cruzó la brecha de la muralla, ambas reaccionaron casi al mismo tiempo.
—¡Tres conmigo! —ordenó Sophie con voz firme.
Tres guardias se colocaron inmediatamente a su lado.
—¡Formación de avance! ¡No los dejen acercarse a Mikhail!
Sophie levantó su arma mágica y disparó una ráfaga brillante que atravesó el aire como un relámpago azul. Dos Claimoor fueron pulverizados antes de tocar el suelo del patio.
Los guardias que la acompañaban avanzaron detrás de ella, formando una línea compacta.
—¡Fuego continuo! —ordenó.
Las descargas mágicas iluminaron el patio mientras su pequeño equipo empujaba a las criaturas hacia atrás.
Al mismo tiempo, Irina se movía con una calma completamente diferente.
—Ustedes tres, conmigo —dijo sin levantar la voz.
Tres guardias se posicionaron a su alrededor.
Irina cerró los ojos un segundo. Cuando los abrió, el brillo azul de su visión mágica apareció nuevamente.
—Objetivos a la izquierda… dos detrás de la estatua… otro entrando por la brecha.
Levantó su arma.
Disparó una sola vez.
El Claimoor que intentaba trepar por el muro cayó con la cabeza destruida.
—Siguiente objetivo… detrás de Sophie —dijo con tranquilidad.
Uno de los guardias giró y disparó justo a tiempo para derribar a la criatura que intentaba atacarla por la espalda.
Irina continuó avanzando con pasos medidos, disparando con precisión casi quirúrgica.
En el centro del patio, Mikhail seguía luchando.
El hielo se extendía a su alrededor como una tormenta viva, mientras su tigre espectral destrozaba a los monstruos que intentaban rodearlo.
Pero ahora ya no estaba solo.
A cada lado del campo de batalla, los dos pequeños equipos liderados por Sophie e Irina mantenían la línea.
Los Claimoor seguían llegando.
Pero cada paso que daban dentro del patio les costaba caro.
Porque ahora la defensa de la mansión Sevianko estaba completamente organizada.
Y nadie pensaba retroceder.
De pronto, Irina gritó:
—¡Esto es malo! Puedo detectar que se aproximan más.
En ese mismo instante se sintió una onda expansiva que recorrió todo el patio.
Un segundo después, dos rugidos ensordecedores sacudieron el lugar.
Todos giramos la cabeza al mismo tiempo.
Y lo que vimos nos dejó sin aliento.
Dos bestias gigantes de energía estaban de pie a cada lado de Noah.
Un oso.
Y un lobo.
Sus cuerpos brillaban con una luz tan blanca y pura que parecía como si el cielo mismo se hubiera desgarrado sobre nosotros.
Noah estaba en el centro.
De su cuerpo emanaba una luz intensa, y sus ojos resplandecían con un dorado cegador.
Entonces gritó:
—¡Ataquen!
Las dos bestias guardianas avanzaron al unísono.
Saltaron por encima de nosotros.
Eran tan enormes que el tigre espectral de Mikhail parecía un cachorro a su lado.
La luz de su resplandor iluminó todo el patio casi como si fuera de día.
Durante unos instantes pudimos ver claramente cómo el resto de los Claimoor era destrozado sin piedad.
Los monstruos intentaron resistir.
Pero no pudieron hacer nada.
Las dos criaturas de energía atravesaban sus cuerpos, despedazándolos como si fueran simples sombras.
En cuestión de minutos, todo había terminado.
El silencio cayó sobre el patio de la mansión Sevianko.
Los últimos fragmentos de hielo y energía aún flotaban en el aire.
Entonces ocurrió.
Noah se desplomó.
Su cuerpo cayó al suelo sin fuerzas.
—¡Noah! —gritó Sophie.
Corrió hacia él y lo tomó entre sus brazos.
—¡Noah, resiste!
El muchacho abrió los ojos apenas un momento.
La miró.
Sus labios se movieron con dificultad.
—Eleonor…
Sophie apretó los dientes.
—Eleonor está bien —respondió con firmeza—. Está siendo atendida.
Noah pareció escucharla.
Una leve calma cruzó su rostro.
Y entonces perdió el conocimiento.
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