El Último Portador - Capítulo 34
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Capítulo 34: Una decisión que cambiará el mundo
Londres — dos días antes del combate en las costas de China.
Las alarmas comenzaron a sonar casi al mismo tiempo que los primeros mensajes de emergencia aparecieron en las pantallas de los asistentes. En cuestión de segundos, el ambiente en el complejo donde se reunían los líderes mundiales cambió por completo. Los teléfonos vibraban sin descanso, los comunicadores cifrados parpadeaban con notificaciones urgentes y los asesores se desplazaban con rapidez entre las filas de representantes.
Ninguno de los mandatarios presentes entendía aun lo que estaba ocurriendo.
Las miradas se cruzaban entre delegaciones mientras cada líder recibía fragmentos de información transmitidos por sus propios equipos de inteligencia. Algunos escuchaban con el ceño fruncido; otros exigían explicaciones inmediatas. Los asistentes murmuraban reportes entrecortados: anomalías energéticas detectadas por satélites y movimientos inusuales registrados en distintos sistemas de monitoreo global.
Mientras los líderes intentaban comprender la magnitud de lo que estaba ocurriendo, Ciara ÓBroin abandonó discretamente la sala principal. Dmitri caminaba a su lado con paso firme, observando cada rincón del corredor mientras avanzaban hacia la zona privada reservada para los representantes de las familias guardianas.
Las puertas blindadas se cerraron detrás de ellos cuando entraron en sus habitaciones asignadas.
—Es hora de hablar con Maeve —dijo con calma.
Dmitri aseguró la puerta y activó las medidas de privacidad antes de que Ciara iniciara la comunicación con Irlanda.
Ciara tomó su teléfono y marcó el número de su hija.
Maeve respondió casi de inmediato.
—Madre, ya estás al tanto de lo que está pasando.
—Sí, lo sé —respondió Ciara con calma—. Recibimos los reportes de la división de comunicaciones de Atlas. Reúne a todos en la sala principal. Me conectaré con el sello de transmisión en diez minutos. Tenemos que tomar decisiones muy urgentes.
—Entendido —dijo Maeve antes de cortar la comunicación.
Diez minutos después, la sala principal de la mansión en Irlanda ya estaba ocupada.
Maeve estaba sentada junto a la mesa central. Daniel y Orla habían llegado pocos minutos antes. Arley revisaba los últimos informes en una pantalla mientras Natasha permanecía en silencio, observando el mapa proyectado frente a todos.
Un instante después, el sello de transmisión se activó sobre la mesa.
La figura de Ciara apareció frente a ellos. Todos se pusieron de pie.
—Tenemos poco tiempo —dijo sin rodeos—. Así que iré directo al punto.
Arley asintió y tomó la palabra.
—Natasha, muéstranos lo que se sabe hasta ahora.
Natasha asintió, tomó su tablet y prosiguió.
—La mansión Minamoto fue atacada. Las últimas señales indican combate dentro del perímetro.
—Y se han registrado múltiples intentos de infiltración en instalaciones vinculadas a las familias.
La sala quedó en silencio.
Ciara observó a todos uno por uno antes de hablar nuevamente.
—Esto confirma lo que temíamos —dijo con serenidad—. Si logran romper el sello de la mansión Minamoto, la armada Kartnod quedará libre, y ya no podemos posponerlo más. Que quede registrado: yo, Ciara Milesnova de ÓBroin, como líder de la familia, doy la orden de desactivar el velo mágico y que se activen todas las fuerzas armadas mágicas de las cinco familias. Que la orden sea dada de inmediato.
—Como usted diga, señora —respondieron todos al unísono.
Luego miró directamente a Maeve.
—Maeve, te dejo a cargo de la flota familiar. Serás la almirante en jefe. Orla y Daniel, ustedes serán sus segundos. Yo todavía tengo cosas que hacer. Prepárense, porque estamos en guerra.
REGISTRO DE LA FAMILIA ÓBROIN
A las nueve horas con diez minutos del día catorce de diciembre del año tres mil cincuenta y cuatro, la señora Ciara Milesnova de ÓBroin, en su posición de cabeza de la familia ÓBroin y líder suprema de las familias guardianas, autorizó la desactivación del velo mágico que durante milenios había ocultado la magia a las personas comunes.
En la misma orden se dispuso la activación inmediata de las fuerzas mágicas marítimas, aéreas y terrestres desplegadas en distintos puntos del planeta, guardadas durante generaciones como medida de contención en caso de ruptura total del equilibrio.
El sello de transmisión se apagó y la imagen de Ciara desapareció de la mesa.
Durante unos segundos nadie habló.
El silencio que quedó en la sala no era de duda. Era el tipo de silencio que aparece cuando todos comprenden, al mismo tiempo, que algo irreversible acaba de ocurrir.
Todos comprendieron que el momento que durante generaciones habían intentado impedir finalmente había llegado.
Maeve respiró hondo y se puso de pie.
—Entonces comenzamos.
Arley ya estaba trabajando sobre la consola de comunicaciones.
—Las líneas seguras están abiertas —informó mientras múltiples sellos de enlace aparecían sobre la mesa—. Puedo contactar a todas las casas principales.
—Hazlo.
Los canales se activaron al instante.
Uno tras otro, los sellos de comunicación comenzaron a abrirse en distintos puntos del mundo. Sobre la mesa aparecieron los emblemas de las familias guardianas mientras la red de Atlas transmitía los mensajes cifrados.
Maeve habló con voz firme.
—Aquí ÓBroin. Por orden directa de Ciara Milesnova de ÓBroin, líder suprema de las familias guardianas, el velo mágico será desactivado de inmediato.
Hizo una breve pausa antes de continuar.
—Todas las fuerzas mágicas marítimas, aéreas y terrestres entran en movilización total. Repito: movilización total.
Las confirmaciones comenzaron a llegar en cuestión de segundos.
En Rusia, antiguos sistemas de defensa se activaban bajo instalaciones militares ocultas.
En Japón, las bases de la familia Minamoto comenzaban a desplegar sus protocolos de combate.
En Estados Unidos, centros de investigación vinculados a Atlas abrían cámaras selladas durante décadas.
En Canadá, varias instalaciones ocultas en el norte iniciaban el despertar de sistemas mágicos de contención.
En México, complejos subterráneos conectados a antiguos nodos energéticos comenzaron a activarse.
En el sur de África, estaciones ocultas en zonas desérticas despertaban redes de defensa dimensional.
Y en Australia, instalaciones aisladas en el interior del continente iniciaban la preparación de sus escuadrones aéreos.
Sistemas que habían permanecido inactivos durante generaciones comenzaban a despertar.
Maeve cerró el canal.
—Es hora.
Minutos después, varios vehículos abandonaban la mansión rumbo a la costa.
El trayecto fue corto.
A unos diez minutos de la residencia principal se encontraba una pequeña isla rocosa que apenas aparecía en los mapas civiles. Desde la distancia parecía una formación natural perdida en medio del Atlántico.
Pero en su centro se encontraba uno de los mecanismos más antiguos del mundo.
El sello que mantenía activo el velo mágico.
El helicóptero descendió sobre la plataforma de piedra.
Maeve fue la primera en bajar.
Daniel y Orla descendieron detrás de ella, seguidos por varios guardias de la familia.
El viento del océano golpeaba las rocas mientras caminaban hacia el centro de la isla.
Allí, incrustado en la piedra negra, se encontraba el círculo del sello.
Runas antiguas recorrían la superficie formando un entramado perfecto de energía.
Durante cinco mil años este sello mantuvo oculta la magia del resto de la humanidad.
Maeve se detuvo frente al símbolo central.
Miró a sus hijos un instante.
Luego extendió su mano izquierda.
Uno de los guardias le entregó la daga ceremonial.
Sin vacilar, Maeve se cortó la muñeca.
La sangre cayó sobre el centro del sello.
Durante un segundo no ocurrió nada.
Entonces las runas reaccionaron.
La luz recorrió el círculo completo como si el propio sello despertara después de siglos de silencio.
La sangre de Maeve se extendió por los surcos de la piedra mientras el sistema comenzaba a activarse.
El suelo vibró.
Una onda de energía recorrió la isla y se expandió hacia el océano.
A lo lejos, en el horizonte, la superficie del mar comenzó a distorsionarse.
Primero apareció una silueta.
Luego otra.
Y otra más.
Las enormes estructuras de acero comenzaron a emerger de su camuflaje dimensional.
Uno tras otro, cincuenta destructores aparecieron frente a la costa, alineándose como una muralla flotante.
Detrás de ellos, una estructura mucho mayor comenzó a materializarse lentamente sobre el océano.
Un enorme portaaviones emergió de la distorsión dimensional, seguido por varias naves de apoyo que tomaban posición alrededor de la flota.
Sobre su cubierta podían verse alineados varios aviones de combate de diseño avanzado, preparados para despegar en cuanto recibieran la orden.
Mientras el sello continuaba brillando con intensidad, la flota completa terminaba de aparecer frente a la costa.
El velo mágico estaba desapareciendo.
Maeve observó el horizonte iluminado por las luces de la flota mientras el viento del Atlántico agitaba su cabello.
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