El Último Portador - Capítulo 35
- Inicio
- Todas las novelas
- El Último Portador
- Capítulo 35 - Capítulo 35: Después de la batalla
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 35: Después de la batalla
La enfermería de la mansión Sevianko estaba en silencio.
Las luces blancas iluminaban la sala mientras varias doctoras de la familia trabajaban con rapidez alrededor de la camilla donde yacía Eleonor.
Su armadura había sido retirada. La herida en su hombro había sido estabilizada por el hielo de Noah, pero el daño seguía siendo grave.
—La hemorragia está controlada —dijo una de las doctoras.
Sophie observaba desde el otro lado de la habitación con los brazos cruzados.
—¿Sobrevivirá?
La doctora no respondió de inmediato.
—Sí —dijo finalmente—. Pero necesitará tiempo.
En otra camilla cercana, Noah permanecía inconsciente.
Su respiración era estable, pero la marca en su espalda seguía brillando débilmente bajo las vendas.
Mikhail lo observaba en silencio.
Había visto muchas cosas en su vida.
Pero lo que ocurrió en el patio de la mansión…
no tenía explicación dentro de ningún registro de las familias guardianas.
—El portador… —murmuró.
Y por primera vez en décadas, Mikhail Sevianko sintió algo parecido al miedo.
El miedo que nace cuando uno comprende que algo acaba de cambiar.
Y no sabes qué esperar de ese cambio.
La doctora principal colocó el último punto de sutura sobre el hombro de Eleonor. La marca en su brazo se estabilizó lentamente.
—Congelar la herida fue de gran ayuda —dijo con seriedad—. Si el hielo hubiera sido más débil, habría muerto desangrada.
Sophie entrelazó los dedos como en una breve plegaria.
Luego volvió a mirar a Noah.
La piel del muchacho estaba pálida. Tenía pequeñas quemaduras por fricción mágica en los antebrazos. Su propio cuerpo había sido afectado por su magia.
Aquello dejaba claro que todavía no estaba preparado para soportarla.
De pronto, la marca en su espalda dejó de brillar.
La respiración de Noah volvió a la normalidad.
Sophie dejó escapar el aire lentamente.
—¿Puede hacer que descanse toda la noche?
—Claro que sí —respondió la doctora, bajando el tono—. Su cuerpo está en shock. No es solo cansancio. Es como si sus circuitos mágicos se hubieran reconfigurado por la fuerza.
Hizo una pausa antes de continuar.
—Dormir lo ayudará. Y para su seguridad yo misma cuidaré de ello.
Mikhail dio un paso hacia la cama donde estaba Noah.
Observó con atención el monitor mágico conectado a su cuerpo.
Luego habló con voz seca.
—¿Qué significa esto?
La doctora dudó un instante, como si no quisiera decirlo.
—Significa que no usó su poder al máximo.
El silencio cayó en la sala.
Mikhail no reaccionó de inmediato, pero la tensión en su rostro fue evidente.
Sophie sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
El monitor mostraba números que no tenían sentido.
Los circuitos mágicos de Noah aparecían en la pantalla como si fueran venas luminosas. No mostraban señales de desgaste, a pesar de toda la magia que había utilizado durante el combate.
Y aun así…
los indicadores de energía marcaban niveles extremadamente altos.
Pasaron un par de horas.
La calma regresó lentamente a la mansión.
Guardias corrían por los pasillos.
Se escuchaban órdenes cortas.
Puertas que se abrían y cerraban con rapidez.
La batalla había terminado.
La puerta de la enfermería se abrió.
Irina entró con paso controlado, pero con la mirada tensa.
Sus ojos no brillaban ahora.
Su visión mágica estaba apagada.
Eso, por sí solo, era una buena señal.
Irina no apagaba su visión si el peligro aún estaba cerca.
—Perímetro asegurado —informó—. No hay firmas cercanas. Pero…
Sophie levantó la mirada.
—Pero…
Irina se acercó hasta quedar frente a Mikhail.
—La brecha por donde entraron no fue un simple golpe al muro. Es un punto debilitado. Un lugar donde el perímetro fue saboteado.
Mikhail frunció el ceño.
—¿Quieres decir que el sello fue desactivado desde dentro?
—No me atrevo a decirlo con certeza —respondió Irina—. Pero se siente… distinto.
Miró a su alrededor.
—Como si la mansión estuviera más expuesta.
Sophie apretó los dientes.
Mikhail giró lentamente hacia ella.
—Tienes algo que decir, niña.
Sophie miró primero a Eleonor.
Luego a Noah.
Finalmente habló.
—Cuando recibimos el aviso de que la mansión Minamoto estaba bajo ataque, la comunicación no solo se cortó.
Respiró hondo.
—Fue como si algo hubiera colapsado toda la red.
Mikhail entrecerró los ojos.
Sophie sostuvo su mirada.
—Atlas también lo detectó.
Una pausa.
—El sistema colapsó desde dentro.
Las palabras quedaron suspendidas en el aire.
Mikhail caminó hacia una mesa lateral donde reposaban varios dispositivos de comunicación.
Tomó uno de los comunicadores de emergencia.
—Quiero contacto con la sala de comunicaciones.
Irina asintió y salió de inmediato.
Sophie caminó hasta la cama de Eleonor y acomodó el cobertor sobre su hombro sano.
La piel de Eleonor estaba fría.
No por el hielo de Noah.
Sino por el desgaste.
Sophie habló en voz baja.
—No te mueras.
La doctora escuchó aquellas palabras, pero no dijo nada.
Mikhail se acercó a la cama de Eleonor.
Observó el movimiento lento de su respiración.
Había visto lo fuerte que su nieta se había vuelto.
Desde niña siempre había vivido al límite.
Pero lo ocurrido en el patio le recordó algo importante.
Por muy fuerte que fuera…
seguía siendo humana.
Luego miró a Noah.
Recordó la luz que había rodeado su cuerpo.
El brillo dorado de sus ojos.
La lanza de hielo.
Las bestias gigantes que había invocado.
Eso no había sido normal.
Tampoco un accidente.
Aquello pertenecía a la marca.
Y nunca había visto algo así… ni siquiera en su propia hija.
La puerta se abrió de nuevo.
Dos guardias entraron.
Sophie los observó con seriedad.
—Preparen los cuerpos —ordenó Mikhail con voz grave—. Yo mismo los entregaré a sus familias.
Hizo una pausa.
—Y espero que sus madres puedan perdonarme.
Irina regresó poco después acompañada de un operador de comunicaciones.
—Señor —dijo el operador—. Logramos abrir un canal cifrado.
—Comunícame con la mansión ÓBroin —ordenó Mikhail.
El operador activó el dispositivo.
Un pequeño holograma apareció sobre la mesa.
—Saludos, señor Sevianko —dijo una voz desde el otro lado.
—Estamos en alerta Omega —respondió Mikhail—. Tuvimos un ataque. Mi nieta resultó gravemente herida.
Miró a Eleonor.
—Pero ya logramos estabilizarla.
Respiró con fuerza.
—Necesito coordinar un traslado urgente a Francia. A la mansión Orléans.
—Copiado —respondió la operadora—. Espere respuesta en diez minutos.
La transmisión se cortó.
—¿A Francia? —preguntó Sophie.
—Sí —respondió Mikhail—. Deben continuar su viaje.
Respiró profundamente.
—Y en la mansión Orléans podrán decirle a ese muchacho la verdad sobre lo que carga.
Sus ojos se endurecieron.
—Nosotros debemos prepararnos para una batalla mucho más grande.
Sophie bajó la mirada.
—Confirmaron algo más.
Mikhail la miró.
—El sello cayó en Hokkaido.
Mikhail cerró los ojos por un instante.
En ese momento la comunicación volvió a activarse.
—Señor Sevianko, ¿me copia?
—Sí.
—El transporte está en camino. Llegará en una hora. La unidad especial Eco-55 fue enviada. Está equipada con soporte médico.
—Entendido.
Mikhail activó su comunicador interno.
—Todo el personal debe estar listo en cuarenta y cinco minutos para traslado inmediato a la base naval.
Su voz se volvió más dura.
—Esta mansión ya fue penetrada una vez.
—No voy a esperar a que ocurra por segunda vez.
Sophie volvió a mirar a Eleonor y a Noah.
—¿Será seguro moverlos?
La doctora respondió con calma.
—No es lo ideal.
Luego añadió:
—Pero con sellos de estabilidad y escolta médica sobrevivirán.
—Si se quedan aquí y vuelven a atacar… el riesgo sería mayor.
Mikhail asintió.
—Irina.
—Sí.
—Quiero una ruta segura hacia la base naval.
—Convoy completo.
—Todo el que respire y pueda sostener un arma.
—Entendido.
Mikhail caminó hacia la camilla de Eleonor.
Besó suavemente su frente.
—Cuídate mucho.
Durante un momento la observó en silencio.
En su mente apareció el recuerdo de su esposa.
—Eres la viva imagen de tu abuela.
Luego se acercó a Noah.
El muchacho estaba completamente inmóvil.
Demasiado joven.
Demasiado frágil para todo aquello.
Y aun así…
era el portador.
El mismo que había invocado un oso y un lobo gigantes en el patio.
El mismo que había cambiado el curso de la batalla.
—Despierta cuando puedas —murmuró.
En los pasillos comenzaron a escucharse órdenes en ruso.
La mansión estaba siendo evacuada.
Minutos después Irina regresó.
Sus ojos brillaban nuevamente con su visión mágica.
—Ruta confirmada. No hay firmas enemigas en diez kilómetros.
De pronto se detuvo.
Su expresión cambió.
—No puede ser…
—¿Qué sucede? —preguntó Sophie.
Irina miró hacia la ventana.
Su voz fue apenas un susurro.
—El velo…
Hizo una pausa.
—El velo mágico acaba de desaparecer.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com